Senador Bernie Sanders: “La lucha es por el futuro de la democracia en América”

El presidente Barack Obama y el Partido Demócrata sufrieron un serio revés en las pasadas elecciones del 4 de noviembre. (Foto: DPA)La frase “The

El presidente Barack Obama y el Partido Demócrata sufrieron un serio revés en las pasadas elecciones del 4 de noviembre. (Foto: DPA)

La frase “The fight is for the future of democracy in America” (la lucha es por el futuro de la democracia en América) es del senador por Vermont, Bernie Sanders, un independiente que vota habitualmente con los demócratas.

Entrevistado por Bill Moyers tres días antes de las elecciones de medio período en Estados Unidos −el pasado 4 de noviembre−, Sanders repitió lo que ha venido diciendo desde hace un tiempo: Lo que está en juego es la democracia en Estados Unidos.

El senador venía de Richmond, California, una pequeña ciudad de 100.000 habitantes en el área de la bahía de San Francisco, donde la transnacional Chevron tiene una gran refinería. Hace dos años se produjo un gran incendio en ella, lo cual obligó a unas 15.000 personas a recibir tratamiento hospitalario.

La alcaldesa, Gayle McLaughlin, del Partido Verde, demandó a la compañía por lo que consideró una larga historia de negligencias. La respuesta de la empresa fue aportar $3 millones para tratar de derrotarla en estas elecciones y reemplazar su equipo por otro más afín a sus intereses. McLaughlin, que termina este año su segundo período como alcaldesa, era candidata para integrar el consejo municipal.

El intento de la empresa, al parecer, fracasó, ya que Tom Butt (del equipo de McLaughlin) habría obtenido 51,4% de los votos para alcalde, frente a 35,4% de Nat Bates, el candidato de Chevron. McLaughlin y dos compañeros de fórmula habrían ganado las tres plazas en disputa para el consejo municipal, según conteos aún provisionales.

“Me repugna y me enoja ver una enorme corporación transnacional como Chevron tratar de destruir un gobierno local que está de parte de la gente que trabaja, y del ambiente”, dijo Sanders al comentar el caso.

El senador ha reiterado su preocupación por la creciente brecha entre ricos y pobres y la paulatina desaparición de la clase media en Estados Unidos, así como el financiamiento sin medida por parte de grupos ultraconservadores a candidatos dispuestos a defender sus puntos de vista.

Sanders, en la mencionada entrevista, analizó el panorama electoral en Estados Unidos, en particular las elecciones del pasado 4 de noviembre.

Respecto a la actitud política de Chevron, Sanders criticó “la ilimitada suma de dinero” empleada por una de las mayores corporaciones del país para influir en los resultados electorales. Esto es lo que se está peleando en Richmond, acotó.

En su opinión, el tema que afecta a la gente, sobre el cual se hacen preguntas, es: ¿Por qué, a pesar del aumento de la productividad, la gente está trabajando más horas por salarios más bajos?

“El 1% es propietario del 37% de la riqueza en Estados Unidos. El 60% más pobre tiene 1,7%. Una familia, los Walton, dueños de Wal-Mart, tiene más riqueza que el 40% más pobre. ¿Ud. piensa que podemos discutir sobre este tema? No se puede llevar esta discusión a la TV”, aseguró Sanders, en referencia al papel de la prensa en las campañas.

A ese papel le atribuye que los trabajadores terminen votando por candidatos que están en contra del aumento del salario mínimo, que niegan servicios de salud a sus niños, que desplazan sus trabajos hacia China (donde la mano de obra es mucho más barata) o que quieren reducir los impuestos a las corporaciones.

BILLONARIOS

El senador criticó especialmente a los hermanos Koch, Charles y David, fundadores del movimiento de extrema derecha dentro del Partido Republicano, Tea Party. “Los trabajadores que votan por el Tea Party se desconciertan al saber que los fundadores del grupo, los hermanos Koch, quieren eliminar la seguridad social, Medicare, o el concepto de salario mínimo”, argumentó.

Ellos, o Paul Singer y Julian Robertson, otros billonarios dueños de “fondos buitres”, como los que quieren cobrar a Argentina, con sumas billonarias por bonos devaluados de la deuda externa, y que también financian candidatos favorables a sus puntos de vista.

“Estamos en una lucha muy dura. Es la lucha económica contra la clase billonaria que quiere todo. ¿Los podemos derrotar? Sí, podemos”, aseguró.

Sin embargo, cree que para lograrlo es necesario que el 80% de los trabajadores de bajos ingresos −que hoy no votan− se decidan a participar, lo mismo que el 60% de los electores en general, que conforman la gran masa abstencionista en las elecciones presidenciales norteamericanas.

“Para ser competitivos en el ambiente político actual −afirmó por su parte el analista Sam Pizzigati, en un artículo sobre la reciente campaña electoral−, los candidatos necesitan muchos amigotes como esos y por eso ellos cortejan obsesivamente a estos fantásticamente ricos y se preocupan por no darles ninguna causa de irritación”.

Por lo tanto –agregó–, no espere que ninguno de nuestros candidatos, financiados por estos billonarios, siquiera discuta la creciente concentración de la riqueza en Estados Unidos”.

Una encuesta elaborada por el Opinion Research Institute, de la Universidad de Minnesota, mostró que los candidatos cercanos a los billonarios podrían ganar el 98% de las elecciones, con el 2% restante inclinándose también hacia los billonarios.

“David Logsdon, quien supervisó la encuesta para la Universidad de Minnesota, dijo que el próximo martes (día de las elecciones) podría ser ‘el gran día para los oligarcas’ y que se podía esperar que las dos casas del Congreso se arrastrasen a los pies de esas fuentes inagotables de recursos, por lo menos en los próximos dos años”, destacó Andy Borowitz, en el semanario The New Yorker.

Al llamar “histórica” esa “farsa electoral de los billonarios”, Logsdon reprochó: “No habíamos visto a estos súper ricos mantener tal control del gobierno desde los días inmediatamente anteriores a la Revolución Francesa”, o sea, desde fines del siglo XVIII.

Eso ha sido posible porque en el 2010 la Corte Suprema norteamericana autorizó las contribuciones privadas ilimitadas a las campañas. El resultado es que solo 42 personas dieron $200 millones para estos comicios y un pequeño grupo de multimillonarios aportó cerca de un tercio del total de fondos recaudados por los comités de acción política de los partidos.

El Center for Responsive Politics (CRP) estimó que los partidos y sus candidatos gastaron, finalmente, $4.000 millones en la reciente campaña, cerca de 10% más de lo que gastaron en la misma campaña hace cuatro años.

LIMPIEZA DEL PADRÓN

Las iniciativas para “limpiar los padrones electorales” fueron otro “esfuerzo ambicioso”, característico de estas elecciones. Ian Millhiser, de ThinkProgress, señaló que “electores de las minorías racionales son el objetivo principal de esas purgas”.

La cadena de televisión catarí Al Jazeera realizó un estudio sobre el tema, ampliamente citado en medios internacionales. Después de examinar las listas de tres de los 27 estados donde se realizaron elecciones, la emisora llegó a la conclusión de que esas purgas estaban “fuertemente cargadas con nombres como Jackson, García, Patel y Kim, muy comunes entre las minorías, que votan mayoritariamente por los demócratas”.

El pretexto de esta limpieza es que cerca de siete millones de electores tendrían doble inscripción electoral, lo que les permitiría votar dos veces en la misma elección, algo que, como lo señalaron diversos analistas, es prácticamente imposible, por lo menos como forma masiva de fraude.

Celebradas las elecciones del pasado 4 de noviembre, el presidente Barack Obama y el Partido Demócrata sufrieron un duro revés. Con resultados todavía provisionales, los republicanos tenían ya 52 senadores (de 100 que integran esa cámara), contra 43 demócratas y dos independientes, con tres por definir. En el senado actual, los demócratas tenían mayoría con 52 senadores, mientras los republicanos contaban con apenas 45.

En la Cámara de Representantes, integrada por 435 miembros, los republicanos lograron 250, frente a solo 185 de los demócratas. Ampliaron,así, su mayoría, que es actualmente de 234 a 199, con dos cargos vacantes.

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