Ríos Montt: Un predicador tras la presidencia

Llevan dos horas bajo el sol, mientras los animadores tratan, desde la tarima, de mantener el entusiasmo de las cerca de 1.500 personas que

Llevan dos horas bajo el sol, mientras los animadores tratan, desde la tarima, de mantener el entusiasmo de las cerca de 1.500 personas que esperan la llegada del general Ríos Montt. En su discurso les dirá que deben cambiar su mentalidad de mozo o de peón por una de patrón y que una nueva actitud personal es la base para todo cambio en Guatemala.

¡Ahí está! Es el único de saco y corbata, en tonos grises. El resto de la delegación anda en jeans y sombreros estilo cowboy. Menos su hija, Zury, diputada de verbo encendido, elegante. Se sienta con aire satisfecho, pese al calor; se seca la frente con un pañuelo. Lo aclaman. Acaba de aterrizar en un helicóptero con el que recorre el país en plena campaña, a poco más de un mes de las elecciones, el próximo 9 de noviembre. Los pobladores de “La Democracia”, pequeño pueblo de Escuintla, a unos 80 km. de la capital, y los que han traído de las poblaciones cercanas, esperan desde temprano. Son ya las 11: 30 de la mañana del domingo 28 de septiembre.

 

LAS PRESIONES

El general Efraín Ríos Montt logró, finalmente, doblarle la mano a la norma constitucional que le impedía ser candidato. Se había decidido prohibir a quienes hubiesen llegado al poder mediante un golpe de estado aspirar constitucionalmente a la presidencia de la República. Pero la presión terminó por convencer a los jueces y ese general retirado, que en 1982 gobernó con mano de hierro y el apoyo de las paramilitares patrullas de autodefensa civil (PAC), trata ahora de colarse entre los dos primeros colocados, para disputar, el 27 de diciembre, una segunda vuelta electoral. En ese caso, el ambiente político podría ponerse tenso por el amedrentamiento que ejercen, sobre todo en el área rural, las antiguas patrullas de autodefensa, cuyas estructuras siguen vivas. No se descarta tampoco las posibilidades de fraude.

Por ahora, Oscar Berger, candidato de la Gran Alianza Nacional (GANA), integrada por tres partidos de muy reciente formación, lidera cómodamente las encuestas, con alrededor de 45% de las preferencias. Pero no alcanza el 50% exigido para triunfar en la primera vuelta. Y Ríos Montt viene subiendo, hasta pisarle los talones a Alvaro Colom, un empresario textil candidato de la UNE, Unidad Nacional de la Esperanza que, con una campaña sin brillo ni fuerza, podría ceder al Frente Republicano Guatemalteco (FRG), de Ríos Montt, el segundo lugar.

PREDICADOR

El general se mueve sin descanso. Habla y, de repente, da la sensación exacta de estar en el púlpito. Dialoga con su público, jóvenes, mujeres de pueblo dando el pecho a sus hijos, hombres curtidos por el sol, casi todos con las camisetas del partido, azul y blancas, como los colores nacionales.

Se inicia el diálogo, tratan de aplaudirle; el general levanta la mano, pide silencio: -“Calma, estamos platicando”, afirma. “El pueblo es soberano, el pueblo es el que paga, el pueblo es el poder”, dice. Y pregunta: -¿quién es el poder? La multitud grita: -¡El pueblo!, y aplaude. Hay que cambiar la mentalidad de mozo, de peón, para que el pueblo tenga la mentalidad de soberano, de patrón, insiste. “Guatemala va a cambiar cuando usted cambie. El espíritu de la nación está en usted. Guatemala es lo que usted es”, reitera.

Cita la Biblia, recorre sin cesar el escenario. Detrás, en un sofá de tres plazas, están sentados su candidato a vicepresidente, el exministro de agricultura Edin Barrientos y el alcalde del lugar, que aspira a la reelección. A los costados, en dos sillones individuales, el exguerrillero Pedro Palma Lau, “Pancho”, que se presenta como símbolo de la reconciliación; su hija, Zury, y otra diputada de la zona.

Todos han hablado, ahora lo hace el candidato.

-¡Dios es el señor!, dice Ríos Montt. La fidelidad y la lealtad es lo más importante, reitera. El discurso comienza a tomar un cariz moral, que ese hombre de lenguaje llano sabe hacer llegar a su pueblo: -“Varón que tiene más de una hembra está bueno para chucho”, asegura. Dice algo similar de la hembra que tiene más de un varón.

“¿Cómo va a cambiar Guatemala, si usted no cambia? El cambio tiene que comenzar en casa”, sugiere a sus partidarios.

Pero el discurso no se agota ahí. El general arremete contra las privatizaciones: la de la luz, la de los teléfonos. Asegura que, en un eventual gobierno suyo no habrá privatizaciones. Él sabe que los servicios no han mejorado, ni las tarifas han bajado . El pueblo aplaude, pues sabe que tiene razón.

“No queremos más privatizaciones”, había dicho, momentos antes, Pancho, para aclarar después que él, como exguerrillero, no estaba hablando de comunismo. “No estamos contra la empresa privada, pero los ricos deben respetar la ley, tienen que pagar salarios mínimos e impuestos”, afirma.

Ríos Montt insiste en el programa de fertilizantes baratos, que su partido promueve desde el congreso. Sabe que es un tema decisivo para los campesinos.

Pero aquí, en “la democracia”, esos campesinos tienen trabajo solo durante los cinco o seis meses de la cosecha de caña. Después, tienen que buscar vida en otra parte.

LOS PARAMILITARES

Las patrullas de autodefensa civil (PAC), una estructura paramilitar que sembró el campo de terror en el poco más de año y medio de gobierno de Ríos Montt, entre 1982 y 1983, están de nuevo en el escenario. Es que el gobierno de Alfonso Portillo, con el apoyo del FRG en el congreso, ha promovido su reagrupamiento y  ha ofrecido recompensar con fondos del presupuesto su “trabajo” de hace dos décadas.

“Yo también fui un PAC”, afirma, orgulloso, el candidato a vicepresidente, Barrientos. Pero, aclara, no ha recibido aun el dinero ofrecido.

El recuerdo de las PAC está vivo en aquellos lugares donde la represión fue más intensa y obligó a centenares de miles a buscar refugio en otras zonas o al otro lado de la frontera, en México, en las tierras zapatistas de Chiapas.

“Es un asesino que no tiene piedad. No sé como el pueblo puede estar apoyándolo. Le pido a Dios que el pueblo de Guatemala no vaya a votar por este señor, que no quiere pagar por las muertes que tuvo. Este señor viene con su discurso de moralista, de la Biblia. ¿Quién puede creerle?”. Valentín, el que nos habla en un rincón de la plaza, tiene 30 años y vive de un pequeño comercio. Se fue de aquí para conseguir trabajo.

El acto está por terminar. Duró más de una hora. Le recordaron al pueblo de “la democracia” las obras realizadas, sobre todo el polideportivo.

Mientras las palabras brotan en el escenario, en la pequeña plaza, frente a la iglesia, los brazos renegridos y sudorosos, curtidos, sostienen a los bebés. Otros levantan las banderitas de plástico, azul y blancas, con la mano que representa al FRG.

La distancia se hace abismal: las ofertas parecen muy distantes de la vida de esa gente. Un polideportivo es demasiado pequeño para saciar el hambre que tienen. Pero aquí están, con esperanzas renovadas. De política no se habla. El abismo entre los que estamos aquí abajo, en la plaza, casi tocándolos con las manos, y los de allá, en el escenario, se hace insondable. ¿Hasta cuándo seguirá esta política? ¿Hasta cuándo la soportarán sin estallar?

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