Celebración de 39 aniversario sandinista en Nicaragua

Ortega amenaza y acusa a los obispos de “golpistas”

Sus partidarios celebraron ataque virulento lanzado en cadena nacional de TV

Las viejas y habituales consignas revolucionarias pasaron a segundo plano ante el nuevo grito de los simpatizantes sandinistas este 19 de julio en Plaza la Fe: “¡Daniel se queda, Daniel se queda!”. El comandante Daniel Ortega recibió los vítores de su masa fiel sonriente. De inmediato, lanzó un discurso virulento contra los obispos de la Conferencia Episcopal, a quienes acusó de promover un “golpe de Estado” en su contra. El mandatario celebró el 39 aniversario de la Revolución Sandinista interpretando a su conveniencia la crisis sociopolítica que vive Nicaragua. Pese a los más de 300 muertes registradas en estos meses de protestas, Ortega solo habló de los policías caídos, e incluso llamó “héroe” a uno de los oficiales asesinado en Managua. El comandante Ortega se mostró cruel, confrontativo y, en ciertos pasajes de su arenga, hasta burlesco.

“Yo pensaba que eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan con los golpistas”, dijo Ortega con aplomo, en referencia a la propuesta de la agenda del Diálogo Nacional que los religiosos le presentaron al caudillo sandinista el siete de junio pasado en Casa de los Pueblos. Los obispos mediadores del diálogo nacional le plantearon Ortega una hoja de ruta democratizadora, en la que los miembros del Diálogo resaltan la necesidad de hacer profundas reformas políticas, en el sistema electoral y judicial, para poder celebrar elecciones anticipadas en marzo de 2019.

Ortega dijo que “la cartilla” leída por los obispos lo impresionó. “Sacaron la estrategia y allí decían: hay que cambiar ya, nos daban un plazo de dos días…Hay que cambiar ya al Poder Judicial, al Poder Electoral, a la Contraloría, a todos los poderes del Estado, a la Asamblea Nacional y hay que quitar al Presidente y adelantar las elecciones. Yo cuando recibí el documento dije, bueno, esto es lo que quieren realmente”, narró Ortega para señalar a los obispos “de golpismo”. Cada vez que el mandatario conjugaba el verbo “golpe”, la masa roja y negra enloquecía.

Ortega aseguró que a lo interno de la Conferencia Episcopal hay obispos “confrontativos” y otros más “moderados”. Mientras el mandatario arremetía contra los religiosos, el nuncio de El Vaticano, Nuncio Waldemar Sommetarg, permanecía en la tarima izquierda muy serio en su sitio. El embajador del Papa Francisco tenía el rostro severo oyendo las interpretaciones del dictador. Ortega se apoyaba sobre un podio transparente cada vez que pausaba su discurso para recibir la ovación de sus simpatizantes. No mencionó, en ningún momento de sus calumnias contra los religiosos, el ataque que el propio nuncio sufrió junto a los obispos en la ciudad de Diriamba y los ataques a balazos contra la iglesia de la Divina Misericordia.

“Me duele mucho decir esto porque le tengo aprecio a los obispos, les respeto, soy católico. Pero ellos tienen posiciones y desgraciadamente siempre se impone la línea de confrontación, no de mediación”, dijo Ortega.

Ortega se refirió a la jornada de ayuno y oración de exorcismo convocada por la Conferencia Episcopal: “Que exorcicen a los demonios que tienen ahí… que les digan que tenemos que restablecer la paz y estabilidad para que el país siga creciendo”. Ortega terminó su discurso en medio del nuevo grito que se sobrepuso a las viejas consignas revolucionarias: “¡Daniel se queda, Daniel se queda!”. Ortega se presentó como el presidente que había ganado una cruzada armada, cuando lo que ha dirigido es un ataque sistemático contra la rebelión cívica que exige su salida del poder.

Todd Robinson, consejero para America Central del Departamento de Estado, dijo este jueves que Estados Unidos apoya plenamente a los obispos como mediadores y garantes del diálogo nacional.

“Seguimos apoyando los esfuerzos de la Conferencia Episcopal orientados a resolver el conflicto actual, restablecer el respeto de los derechos humanos, y asegurar un futuro más próspero y democrático para todos los nicaragüenses. Valoramos el rol de mediación clave que realiza la iglesia”, aseguró Robinson. “No obstante, nos preocupa que estén siendo objeto de agresiones físicas y desacreditados por el gobierno de Ortega y sus partidarios”.

El funcionario del gobierno de Donald Trump insistió en que la “senda para la paz duradera en Nicaragua sigue siendo las elecciones anticipadas, libres, justas y transparentes”. “Instamos a Ortega a sumarse al diálogo de paz liderado por la iglesia y entablar negociaciones de buena fe”, dijo Robinson.

Huecos tapados con banderas

El acto del 39 aniversario de la Revolución Sandinista fue convocado a las dos de la tarde. La Plaza de la Fe tardó dos horas en llenarse de simpatizantes. Aunque estuvo concurrida, no se desbordó como en 19 de julios anteriores. Los huecos que quedaban eran ocultados con tres banderas enormes (dos roja y negra y una de Nicaragua) para que las cámaras de los canales oficialistas mostraran un lleno sensacional. Al menos en el Ministerio de Gobernación, donde se acreditó a la prensa, los empleados de esa dependencia llegaron a mediodía a reportarse para asistir a la plaza. Los hacían ingresar por el portón trasero del edificio para verificar la asistencia, y luego salieron hacia la concentración partidaria. Ortega aclaró que se trataba de una celebración no solo de los municipios de Managua, y que el 39 aniversario de la Revolución se estaba celebrando en simultáneo en los departamentos del país.

 

Ortega entró a la plaza con un enorme despliegue de soldados élite de tu tropa de ocupación, una caravana de 6 camionetas rebalsadas de agentes mostrando los cañones de sus fusiles, mientras decenas de antimotines trotaban, fusil al pecho, escoltando su Mercedes. ¿Tiene miedo?

La pareja presidencial ingresó de sorpresa a la Plaza la Fe abordo del Mercedes Benz modelo G63 V8 AMG. Iban de pie, sobresaliendo por el hueco del techo movible del auto. Saludaban a los simpatizantes. Ortega con más efusividad que Murillo. El mandatario, no muy conocido por su carisma popular, se esforzaba por parecer cercano ante sus bases. Presidente y vicepresidenta, marido y esposa, eran escoltados por un contingente de élite: Seis patrullas cargadas de oficiales encapuchados dejando entre ver los cañones de sus fusiles, y otro grupo de antimotines al trote rodeaban el Mercedes del “presidente de los pobres”.

En la tarima central había flores y miembros de la Juventud Sandinista con pañuelitos rojo y negro; los agitaban en coordinación. Fidel Moreno, el secretario de la comuna capitalina y recién sancionado por Estados Unidos, dirigía la puesta en escena con Walkie-talkie en mano. Mientras que Carlos Mejicano, el fiel escudero de Murillo, discutía con el programador de la música para que sonara la pieza adecuada cuando Ortega ya estaba en la tarima saludando a la plaza.

Daniel se queda, Daniel se queda…
Aunque te duela, Daniel se queda.

Sonaba el estribillo de la nueva cumbia de la dictadura, pieza musical que desde hace semanas sus seguidores bailan y publican en las redes sociales bajo la etiqueta “#DanielSeQuedaChallenge”. Aplausos y vítores para el comandante a quien no lo acompañaba ni un jefe de Estado en el acto del 19 de julio. De sus aliados incondicionales, Cuba y Venezuela, vinieron sus cancilleres. De la isla Bruno Rodríguez, un tipo con un discurso anclado al hilo conductor del antiimperialismo. Rodríguez fue el único que mencionó la resolución de condena al régimen de Ortega aprobada este miércoles por la Organización de Estados Americanos (OEA). El canciller de los Castro deslegitimó al organismo interamericano.

Más joven que el Cubano, Jorge Arreaza, alta ficha del chavismo. Arreaza comparó la crisis nicaragüense “con la que vivimos el año pasado en Venezuela”. El canciller chavista culpó a todos en su país por la violencia que dejó 112 muertos en 100 días de protestas, menos al gobierno de Maduro. Incluso, Arreaza —que detesta el intervencionismo yanki— prometió que los chavistas estarían dispuestos a venir a Nicaragua a defender la soberanía.

Al acto también asistieron los diputados orteguistas, encabezados por Wilfredo Navarro. Representantes de los poderes del Estado, y la comandancia del Ejército de Nicaragua que se ha mantenido al margen de la crisis, según ellos han insistido. La jefatura de la Policía Nacional no podía haber faltado. El sancionado por Estados Unidos, el comisionado mayor Francisco Díaz, estaba muy quieto en su asiento. Cuando Murillo presentó a los invitados especiales y mencionó a la Policía, la multitud ovacionó a los uniformados, sobre quienes pesan la mayoría de las denuncias de los asesinatos de manifestantes pacíficos.

Ortega leyó los nombres de los oficiales caídos durante esta crisis. “Fíjense bien, dicen que la lucha de ellos era cívica, que la protesta de ellos era cívica, entonces… ¿Quién mató al Comisionado Mayor Luis Emilio López Bustos de la Policía Nacional?”, preguntó el mandatario. La masa respondió al unísono “los golpistas”. Así sucedió con cada nombre de los oficiales caídos. En la lista de Ortega no hubo espacio para ninguno de los estudiantes y ciudadanos asesinados por policías y paramilitares.

En cambio, Ortega siguió señalando a los obispos y acusó a la iglesia de ser cómplice de la violencia. “Hay que decir la verdad, yo no sé si todos los obispos, quiero creer que no todos los obispos, quiero creer que el Cardenal (Brenes) no sabía nada de esto, pero muchos templos fueron ocupados como cuarteles para guardar armamentos, para guardar bombas y de ahí salir a atacar, y asesinar”, dijo Ortega.

Llamado a las “autodefensas”

La vicepresidenta Rosario Murillo presentó en el acto Amada Pineda Arauz, madre de Francisco Ramón Pineda, asesinado en Managua, el mismo día que la familia Pavón fue quemada viva en el barrio Carlos Marx.

Ortega entregó a Amada Pineda Arauz la Orden Augusto Sandino, y llamó “héroe” al paramilitar asesinado. Aunque Ortega no menciona por su nombre a estos grupos irregulares, si lanzó un exhorto a ellos: “Hay que luchar por la paz con inteligencia, hay que luchar por la paz sin odio; hay que luchar por la paz fortaleciendo los mecanismos de autodefensa, para que no sean asesinadas nunca más las familias sandinistas, ni sean incendiadas nunca más las casas de los sandinistas”.

El dictador también se refirió a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, pero de forma breve. “Es la cara falsa de los golpistas, es la máscara de los golpistas”, la definió. Sin embargo, el grueso del ataque se lo llevaron los obispos. Cuando no atacó a los religiosos, se burló de ellos.

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