Presidente de Argentina, Mauricio Macri, en agosto

“No pasa nada, tranquilos”

Parece que fue hace muchas semanas. “No pasa nada”, contestó el presidente argentino, Mauricio Macri, a la pregunta de un periodista, a mediados de agosto, cuando entraba a su despacho en la Casa de Gobierno.

Parece que fue hace muchas semanas. “No pasa nada”, contestó el presidente argentino, Mauricio Macri, a la pregunta de un periodista, a mediados de agosto, cuando entraba a su despacho en la Casa de Gobierno. Ya el dólar había iniciado su escalada. “Tranquilos”, agregó.

Desde entonces, la caída del peso se aceleró hasta pasar, en pocos días, de 30 a 40 por dólar. Una corrida cambiaria que, en opinión del economista argentino Claudio Katz, acelera “un dramático desenlace de la crisis” en la que está sumida la economía argentina.

Con una inflación que podría llegar a 40% a fin de año, una economía que pasó de previsiones optimistas de crecimiento del 3% a una caída prevista de más del 2% y tasas de interés de 60%, la más alta del mundo (única forma de atraer capitales al país en medio de la pérdida de confianza de los mercados), el barco hace agua.

“Es un resultado directo de un modelo neoliberal que exportó ahorro e importó deuda”, afirmó Katz, para quien la única forma de evitar despidos masivos, la pulverización del salario y la contracción del nivel de actividad es la suspensión del pago de la deuda.

Un panorama que asusta a los argentinos, quienes todavía recuerdan las consecuencias de default cuando, en 2001, el país no pudo seguir pagando sus deudas. Las consecuencias fueron dramáticas. Primero con el llamado “corralito”, que limitó el acceso de los argentinos a sus fondos depositados en los bancos locales.

Luego, el Gobierno ofreció un canje de los bonos de la deuda externa, aceptado por cerca del 93% de los acreedores, pero resistido por los fondos buitres, en una disputa que le cerró el acceso a los mercados financieros internacionales.

El acuerdo con esos fondos fue el primer paso del gobierno de Macri para la puesta en marcha de la nueva política económica basada en la atracción de recursos externos. Para eso, endeudó el país en $15 mil millones.

“Los términos que Macri acordó con los ‘buitres’, el enorme obsequio después de que Argentina sacrificó tanto, creo que fue desmesurado y le planteó a Argentina un problema a futuro. Y luego los términos en los que pides prestado también son inquietantes”, afirmó el premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, en una entrevista con la BBC.

Debía empezar entonces una nueva época de crecimiento, anunciada por el gobierno de Macri. El entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, acudió rápidamente a Buenos Aires para alabar el regreso de Argentina a los mercados de capital, y luego Macri recibió el apoyo de la canciller alemana, Angela Merkel, también de visita en Buenos Aires, en junio del año pasado. Las políticas económicas del Gobierno argentino parecían el modelo a seguir.

Optimismo duró poco

Pero el optimismo duró poco. Dos años después, el país se enfrenta a un escenario parecido al de hace casi dos décadas.

Macri tiene que ser un mago, o Argentina corre el riesgo de volver a la economía cerrada de la administración de Cristina Kirchner, escribió la semana pasada Kenneth Rapoza en la revista de negocios Forbes.

Macri quiso resolver la excesiva inflación y el déficit heredados del gobierno de Cristina Kirchner de la mano del mercado: saldando cuentas, emitiendo deuda y convirtiendo a Argentina en un destino de turismo financiero, expresó, por su parte, el corresponsal de la BBC en Buenos Aires.

No funcionó. El Gobierno no pudo frenar los déficits fiscal y comercial, la inflación se disparó a 30% (se espera que llegue a 40% a fines de año) y el peso perdió 50% de su valor en seis meses.

La deuda pública, de $250 mil millones, es cinco veces mayor que las reservas internacionales del país. La huida de capitales, estimulada por el aumento de los intereses en los Estados Unidos, contribuye a la devaluación del peso y, mientras eleva el monto de la deuda, alimenta la inflación.

Para hacer frente a esta situación, el Banco Central no tuvo más alternativa que aumentar la tasa de interés para tratar de seguir atrayendo capitales.

El Gobierno también acudió al Fondo Monetario Internacional (FMI), al que pidió un préstamo de $50 mil millones a ser desembolsados en cuotas, y que debía ofrecerle un colchón para sostener la economía hasta las elecciones del año próximo.

Tampoco funcionó. El Gobierno se vio obligado a acudir a Washington para acelerar esos desembolsos, negociaciones que están en pleno desarrollo.

Déficit cero

Al mismo tiempo, Macri anunció nuevas medidas que implican un cambio en la política de reducción gradual del déficit fiscal. El objetivo ahora es lograr un déficit cero el próximo año.

Para eso, el Gobierno deberá negociar el presupuesto en el Congreso, con medidas drásticas de contención del gasto. Entre ellas, la eliminación de doce de los 22 ministerios, la cual deberá dejar a miles de personas sin empleo y eliminar subsidios e inversión en obras públicas.

“Las medidas de austeridad que parece estar imponiendo obviamente ralentizarán la economía e impondrán nuevamente un alto costo en la gente común”, afirmó Stiglitz. Macri “confió demasiado en la idea de que habría un ingreso de capital de inversión extranjera y cometió un gran error al recortar los impuestos a la exportación, que eran una importante fuente de ingresos”, agregó.

Sin embargo, Macri era muy crítico de esos impuestos y su eliminación fue una de las primeras medidas adoptadas por su administración. Ahora tuvo que reimplantarlas dada la urgencia de la crisis, como justificó en un discurso televisado el pasado lunes 3 de setiembre.

“Lograr un consenso en torno a la ley de presupuesto para el año próximo es el gran desafío de la hora. No será un presupuesto más. Será, más que nunca, la ley de leyes. Por primera vez en muchos años se propicia un equilibrio fiscal primario” (o sea, antes del pago de los intereses de la deuda), afirmó Fernando Laborda, comentarista del conservador diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 7 de setiembre.

Alarmas

Hay poca confianza en que lo pueda lograr. Más bien, lo que se lee en los más diversos medios son voces de alarma en torno a la crisis. “¿Estalla?”, se preguntó José Natanson en un editorial de la edición del Cono Sur de Le Monde Diplomatique.

“El sistema que conspira para que Macri no termine su mandato”, expresó, a su vez, Ernesto Tenembaum en Infobae.

Para la revista uruguaya Caras y Caretas, Macri es el jefe de Estado más “inepto, cínico y corrupto”. “El Presidente más corrupto del planeta, dueño de una fortuna hecha a la sombra de la dictadura, lidera un grupo de oligarcas ineptos que en tan solo dos años y medio arrasaron las conquistas sociales y económicas del gobierno anterior”, afirmó la revista.

Katz, por su parte, tituló su artículo “Al borde del abismo”. Crítico de las política neoliberales de la administración argentina, estimó que la “impotencia del gobierno frente a la corrida cambiaria acelera un dramático desenlace de la crisis”.

Para Katz, “el bienio de fantasías solventado en un alocado endeudamiento ha quedado definitivamente sepultado. La abrupta extinción del acuerdo concertado hace sólo 90 días con el FMI ilustra la gravedad de la coyuntura”.

“La única función de este desmadre –agregó– es asegurar el pago de la deuda. La restauración de la famosa ‘confianza’ está exclusivamente centrada en develar si permitirá asegurar el pago de la deuda”. Su propuesta, de suspender el pago de la deuda, parece una medida impensable para el actual equipo económico argentino.

“Basar el modelo en deuda externa no es eterno”, dijo el diputado Marco Lavagna, representante de un peronismo conservador, alejado de la expresidente Cristina Kirchner. “La salida estaba en fortalecer la actividad económica y no al sector financiero. No se tomaron las medidas que había que tomar por especulación política. Hoy estamos todos desilusionados”, afirmó.

Con la crisis económica ha caído también la aprobación del Gobierno, de un 50% en enero a solo 39% en la actualidad. Y pocos creen que el equipo económico de Macri esté en condiciones de enderezar una barca que ha perdido el rumbo.


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