Macron:

“Nuestro mundo nunca ha estado tan dividido”

“La cumbre del G20 fue un gran éxito”, dijo el presidente estadounidense, Donald Trump, al dejar la ciudad alemana de Hamburgo,

“La cumbre del G20 fue un gran éxito”, dijo el presidente estadounidense, Donald Trump, al dejar la ciudad alemana de Hamburgo, donde se celebró, la semana pasada, la reunión de los países con las 20 economías más importantes del mundo. La primera a la que asistía desde que llegó a la Casa Blanca.

Era su opinión, no necesariamente compartida con los demás participantes. Para otro que se estrenaba en estas lides, el presidente francés Emmanuel Macron: “Nuestro mundo nunca ha estado tan dividido”. Las fuerzas centrípetas nunca fueron tan poderosas, agregó, ni nuestros valores comunes tan amenazados, “no cederé un paso en la dirección de los que están empujando contra el multilateralismo”.

La decisión de Estados Unidos de retirarse del Acuerdo de París sobre cambio climático aisló a Trump y dificultó los acuerdos políticos del bloque occidental.

En palabras de la jefa de gobierno alemán, Angela Merkel, al final, estas negociaciones reflejaron la disidencia: “todos en contra de Estados Unidos de América”.

Pero es quizás su propuesta política, resumida en la consigna “América primero”, la que creó mayores dificultades al acuerdo de ese bloque. Mientras Macron reivindicaba más coordinación entre los diversos países para enfrentar una crisis económica que se arrastra ya por una década, su mensaje –según un análisis de la británica BBC– “contrastaba con la política económica del gobierno de Trump que ha dejado en claro que los intereses económicos de Estados Unidos estarán por encima de los acuerdos multilaterales”.

Una política que se refleja también en la decisión de abandonar el Acuerdo de París, que Trump considera una limitación para el desarrollo de la economía norteamericana, en particular para la explotación de fuentes de energía particularmente contaminantes.

En todo caso, la posición de Washington logró colarse en la declaración final, con una referencia al “derecho de los países a proteger sus mercados”, lo suficientemente vaga y general como para dejar las manos libres a cada uno, para que la interprete y aplique a su manera.

En todo caso, para los corresponsales del Washington Post, Trump sembró en los líderes del G20 el temor sobre el futuro de esas cumbres.

Rusia y China

Del otro lado de la mesa, dos actores clave jugaban su papel con un tono distinto al de las tensiones en el bando occidental.

Las relaciones con Rusia, complicadas desde que, en Estados Unidos, se especula con una supuesta intervención del gobierno de Putin para favorecer la candidatura de Trump, se plantearían en un nuevo escenario. Por primera vez ambos se encontrarían como jefes de gobierno de sus países. El resultado del encuentro, según Putin, fue el de una explicación satisfactoria sobre este punto, una opinión que no necesariamente convencerá a los senadores demócratas que exigían a Trump una posición más firme frente a Putin.

Si bien el debate sobre esa eventual interferencia en las pasadas elecciones presidenciales en los Estados Unidos encandila la discusión de las relaciones entre los dos países, ese no fue el único tema tratado. En el encuentro también se negoció un alto al fuego en el sur de Siria, ratificado por ambos países y Jordania.

Pero Trump planteó su visión sobre el papel de Rusia en otro escenario mundial: en una visita a Polonia, antes de la cumbre del G-20.

En un notable discurso en la capital polaca, escenario del encuentro de los países ribereños de los “Tres Mares” –El Adriático, el Báltico, el Negro– Trump se sumó a una iniciativa que pretende consolidar un amplio bloque de países de Europa central, todos ellos, salvo Austria, miembros del antiguo bloque soviético: Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria, los tres países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), Croacia, Eslovenia y Austria. Una iniciativa a la que los rusos no podrán mirar sin darle cuidadoso seguimiento.

Lanzada el año pasado por Polonia y Croacia, se trata de crear una infraestructura que ofrezca a esos países una alternativa de abastecimiento energético menos dependiente de Rusia, como en la actualidad. Para eso Trump ha ofrecido abastecerlos con gas natural de Estados Unidos y Polonia y Croacia están construyendo terminales para recibirlo.

Algunos de los países que participan en el proyecto están gobernados por la extrema derecha, como Polonia, o Hungría, y mantienen una tensa relación con la Unión Europea, entre otras cosas por sus políticas migratorias.

En su discurso en una plaza pública, en Varsovia, Trump no perdió la oportunidad para encender los sentimientos nacionalistas contra los rusos, recordando hechos de la II Guerra Mundial en que Polonia se vio atrapada entre las fuerzas nazis y soviéticas.

Este monumento –dijo Trump, señalando la plaza donde se celebraba el evento– “recuerda los más de 150 mil polacos muertos durante la lucha desesperada por librarse de la opresión. Del otro lado del río, las fuerzas armadas soviéticas pararon y esperaron. Miraban como los nazis destruían sin piedad la ciudad, asesinando de manera perversa a hombres, mujeres y niños”.

Estaba tocando las fibras más sensibles del nacionalismo y renovando los viejos argumentos de la Guerra Fría. “Durante cuatro décadas de gobierno comunista, Polonia y otras naciones cautivas de Europa enfrentaron una campaña brutal para destruir la libertad, su fe, sus leyes, su historia, su identidad”, agregó, un discurso permeado por una decena de referencias a Dios, en la particularmente católica Polonia.

También urgió a Rusia a “cesar sus actividades desestabilizadoras en Ucrania y en otros lugares, y su apoyo a regímenes hostiles –incluyendo Sira e Irán– y, en vez de eso, sumarse a la comunidad de naciones responsables en nuestra lucha contra el enemigo común y la defensa de la civilización misma”.

El gobierno ruso rechazó esas acusaciones que, hasta donde se sabe, no fueron tema de las discusiones con Putin.

El otro gran participante, pero de tono mucho más discreto, fue el presidente chino Xi Jinping. En su discurso reivindicó el esfuerzo del G20 para reactivar la economía mundial. Las previsiones de los organismos internacionales son de un crecimiento del 3,5% en 2017, “el mejor desempeño que hemos visto en muchos años”, afirmó Xi.

Para asegurar la continuidad de este proceso, el presidente chino propuso cuatro iniciativas: primero, un compromiso del G20 con una economía global abierta, que estimó vital para asegurar el crecimiento; segundo, buscar nuevas fuentes de crecimiento, particularmente las vinculadas a Internet, donde se desarrolla ya el 95% de los negocios mundiales; tercero, un esfuerzo común para garantizar un crecimiento económico más inclusivo, que permita enfrentar con un necesario equilibrio el desarrollo tecnológico y la destrucción de empleo; y, cuarto, continuar promoviendo un sistema global de administración de la economía que implique la reforma de las instituciones financieras internacionales, una regulación internacional más rigurosa y el combate al fraude fiscal.

Xi recordó, finalmente, la reunión llevada a cabo en Beijing en mayo pasado para promover el ambicioso proyecto de la Ruta de la Seda, que se propone unir en una vasta red de infraestructura, comercio y finanzas los países de Asia, Europa y África.

Xi Jinping sostuvo conversaciones al final de la cumbre con Trump,  donde se discutieron la complicada situación creada por el desarrollo de las capacidades nucleares y misilísticas de Corea del Norte, sin que se conozca el resultado de esas conversaciones.

Protestas

La cumbre se desarrolló en medio de grandes protestas en las calles de Hamburgo, escenario de enfrentamientos entre manifestantes y la policía que dejaron unos 150 detenidos y más de 200 policías heridos, con quemas de vehículos en las calles de Hamburgo, la construcción de barricadas y el saqueo de tiendas en la ciudad.

(Créditos: Foto de archivo)


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