Costarricense preside debates:

El mundo discute qué hacer con las armas nucleares

Poca atención de los medios, intenso debate sobre su efectividad y complejas negociaciones sobre su contenido.

Poca atención de los medios, intenso debate sobre su efectividad y complejas negociaciones sobre su contenido. Esos son algunos de los desafíos que enfrenta la representante costarricense en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, Elayne Whyte, que preside el debate sobre un tratado de prohibición de armas nucleares.

Las negociaciones, aprobadas por mayoría –123 países a favor, 38 en contra y 16 abstenciones– en la pasada Asamblea General de las Naciones Unidas, en noviembre del 2016, iniciaron formalmente en marzo.

El gráfico muestra el porcentaje en que cada país participa del gasto militar mundial. Estados Unidos, con el 36%, gasta tres veces más que el país que lo sigue, China

El 22 de mayo Whyte presentó un borrador de tratado para su discusión en una segunda sesión de trabajo que deberá concluir el 7 de julio en Nueva York.

Lo decidido por la Asamblea General el año pasado fue la negociación de un tratado en el que los Estados miembros se comprometieran a no usar armas nucleares, a no desarrollarlas, producirlas, tenerlas o almacenarlas. Un paso que los miembros del grupo que impulsa el desarme estima fundamental en el esfuerzo para prohibir el uso de estas armas de destrucción masiva y para su eventual eliminación.

Camino empedrado

Pese a los avances en la negociación del tratado, no necesariamente se está más cerca de lograr un mayor control sobre la fabricación y eventual uso de armas nucleares.

Entre los 38 países que votaron contra esta iniciativa en la Asamblea General están cuatro de las cinco potencias nucleares reconocidas por el Tratado de No Proliferación (NPT) de 1970: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia. El quinto, China, se abstuvo, junto con India y Pakistán. También votó en contra Israel, potencia nuclear que no es parte del NPT.

Se estima que existen hoy en el mundo cerca de 15 mil cabezas nucleares, un arma que las potencias están empeñadas en perfeccionar. En setiembre del 2014, el New York Times relataba los planes de la administración Obama para revitalizar su programa nuclear, incluyendo los medios de transportes y lanzamiento de estas armas, cuyo costo se estimaba en un millón de millones de dólares en las próximas tres décadas.

El artículo estimaba que, con Rusia en un plan bélico, China presionando por sus demandas territoriales, Paquistán expandiendo su arsenal, la posibilidad de que la herencia de Obama en materia de desarme fuera positiva parecía cada vez menos optimista. Entre sus planes estaba la construcción de 12 nuevos submarinos con capacidad para lanzar misiles nucleares, cien bombarderos y 400 misiles emplazados en tierra, nuevos o reconstruidos.

La administración Obama decía no ver contradicción entre modernizar la capacidad atómica del país y hacer el mundo menos dependiente de las armas nucleares. Mientras tengamos armas militares, afirmó Daniel Poneman, el segundo en la Secretaría de Energía de la administración Obama, lo más importante es asegurarnos de que estas armas sean seguras y confiables.

Con la llegada de la administración Trump, a ese escenario ya tenso se sumó la escalada del conflicto con Corea del Norte y la pretensión de revisar el acuerdo nuclear con Irán.

De modo que no extraña la posición adoptada por la representante norteamericana en Naciones Unidas, Nikki Haley. El mundo es demasiado inseguro para que renunciemos a las armas nucleares, afirmó.

“Yo soy madre, esposa, hija. Siempre he pensado que lo primero es mi familia. Nuestra tarea es proteger nuestro pueblo y nuestro país. Mantenerlo seguro. Mantener la paz”, comentó.

La manera de lograr esos objetivos está, sin embargo, en discusión.

Un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores de Inglaterra explicó el voto negativo de su país a la negociación del nuevo tratado afirmando que las negociaciones no conducirán a un progreso en el desarme nuclear.

“Creemos firmemente que la mejor manera de lograr un mundo sin armas nucleares es mediante la negociación de un desarme multilateral gradual, paso a paso, y en el marco internacional ya existente”.

Lo cierto es que todos parecen estar de acuerdo en avanzar hacia un mundo desnuclearizado. Pero las discrepancias sobre cómo lograrlo son tantas que, pese a las disposiciones sobre desarme existentes en el Tratado de No Proliferación nuclear, y a las evaluaciones que se hacen cada cinco años sobre su aplicación, las negociaciones en ese sentido no han avanzado.

Australia, un país que se ha puesto bajo el paraguas defensivo de Estados Unidos y cuyo gobierno también votó en contra de la negociación del nuevo tratado, argumentó que estas no contribuirán al desarme nuclear y que, por el contrario, podrían debilitar el NPT, creando ambigüedad y confusión sobre los compromisos adoptados por cada país.

Los partidarios del nuevo tratado rechazan esas afirmaciones y recuerdan que el tratado de prohibición de armas nucleares es similar a otros, como el que prohibió las armas químicas o biológicas y las minas antipersonales.

“Llegó el momento de ilegalizar las armas nucleares también, junto con otras armas de destrucción masiva”, argumentan.

En todo caso, tampoco hay acuerdo entre ellos en todos los aspectos y todavía tienen que resolver algunos problemas como la prohibición de los ensayos nucleares, o el tránsito de armas nucleares por su territorio.

Pero aunque los Estados nucleares no participen en la negociación, ni estén dispuestos a firmar el tratado, sus partidarios estiman que con su aprobación se incrementaría la presión política y diplomática para avanzar de manera más efectiva hacia el desarme nuclear.

Enormes gastos

En medio de un escenario internacional tenso, los gastos militares alcanzan sumas estratosféricas en el mundo. Más de un tercio de todos esos gastos (36%) corren por cuenta de Estados Unidos, como se puede ver en el gráfico adjunto. Le sigue China, con 13%, y Arabia Saudita, con 5,2%. El gasto de Rusia, en cuarto lugar, representa apenas el 4%.

En artículo publicado en setiembre pasado en la revista Foreign Affairs, Michael O’Hanlon, de Brookings Institution, y el general David Petraeus, exdirector de la CIA, aseguran que las fuerzas armadas de Estados Unidos juegan “en otra liga” en materia militar en el mundo y que esa situación no tiene visos de cambiar en un futuro previsible, ya que el país gasta cerca de tres veces más en ese rubro que su más cercano competidor, China. Más de 600 mil millones de dólares según el presupuesto actual.

Las negociaciones actuales reflejan la frustración de los países que no disponen de capacidad nuclear ante esta realidad. Las potencias nucleares no están negociando de buena fe, de acuerdo con las disposiciones del NPT, para reducir sus arsenales, argumentan.

Algunos, como Sudáfrica, que en algún momento contaron con esa capacidad, renunciaron luego a ella. América Latina es la única región del mundo donde las armas nucleares están proscritas por un tratado, pese a que países como Argentina, o Brasil, disponen de capacidad científica e industrial para incursionar en ese terreno, si quisieran.

El borrador del tratado, presentado por la embajadora Whyte, estará en discusión esta semana y se espera que pueda ser presentado en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, el 7 de julio, fecha prevista para el fin de las negociaciones.

Habrá que ver entonces hasta dónde fue posible el acuerdo y cuántos países estarán dispuestos a firmarlo, pese a la presión en contra que irán a ejercer las potencias nucleares.

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