Francisco Louçã, fundador del Bloque de Izquierda en Portugal:

“La UE es un proyecto fallido”

Acaba el verano europeo y todas las fuerzas políticas y las instituciones se alistan para un otoño lleno de novedades

Acaba el verano europeo y todas las fuerzas políticas y las instituciones se alistan para un otoño lleno de novedades: el Brexit el 31 de octubre y el cambio de dirección en la Comisión Europea y en el Banco Central Europeo, el 1 de noviembre. En Portugal, habrá elecciones el 6 de octubre.

Francisco Louçã, profesor de Economía en la Universidad de Lisboa, fue fundador del Bloco de Esquerda y su coordinador entre 2005 y 2012. Diputado entre 1999-2013, actualmente es miembro del Consejo de Estado, elegido por el parlamento.

Nos recibe en la sede del Bloque, en Lisboa. Hace cuatro años un acuerdo con el Bloque y de los comunistas permitió a los socialistas gobernar. El acuerdo ha vuelto a ganar actualidad.

Rusia en realidad, ha sido históricamente parte de la vida europea. China tiene otra dimensión económica, será una potencia esencial en el siglo XXI

Francisco Louçã

Relativamente exitoso en Portugal, hay quienes sugieren repetir la experiencia en España, donde la formación de gobierno se ha empantanado. Louçã recomienda prudencia. Portugal no es un mapa de nacionalidades, como España, lo que complica las opciones políticas en el vecino.

Él mismo conoce las dificultades del acuerdo en Portugal. El Bloque pagó un precio por la negociación con los socialistas, que se materializó en febrero pasado con la renuncia al partido de 26 militantes, entre ellos dos de sus hermanos.

Louçã habla también de Europa: “La UE es un proyecto fallido”, asegura. Luego lo explica. Las políticas de austeridad han sido devastadoras. En su opinión, las instituciones europeas, que ayudaron a profundizar esa crisis, no serán capaces de responder a los nuevos desafíos.

Esta es la transcripción de nuestra conversación en Lisboa, con Francisco Louçã.

El Bloque de Izquierda logró un acuerdo que permitió a los socialistas formar gobierno hace cuatro años. La base eran algunas medidas que contrarrestaban las políticas europeas de austeridad. En su opinión, ¿el acuerdo funcionó, satisfizo las expectativas del BE?

— Sí, funcionó, interrumpió la política de austeridad. Permitió subir los salarios, crear empleo y evitar el chantaje social, que era la política de austeridad. Hubo avances importantes en áreas como educación, el aumento de los salarios mínimos y medidas para enfrentar la precariedad de los empleos para los jóvenes.

Naturalmente, hubo tensiones en torno a cómo administrar el sistema financiero, por ejemplo. Pero, en conjunto, estos cuatro años representaron un cambio político importante en Portugal.

En poco más de un mes habrá elecciones generales en Portugal. Usted ha mencionado las aspiraciones del Bloque, la posibilidad de que se transforme en la segunda fuerza política del país, detrás de los socialistas, ¿puede ocurrir en estas elecciones?

— Estamos a casi un mes de las elecciones del próximo 6 de octubre. Lo que hoy sabemos es que el Partido Socialista (actualmente en el gobierno) espera una fuerte victoria electoral, que quiere transformar en mayoría absoluta para evitar un acuerdo con la izquierda.

Los dos partidos de derecha (PSD y CDS) están en una crisis muy profunda, mientras que ha habido un crecimiento importante de la izquierda. Aunque es difícil que eso permita al Bloque de Izquierda lograr el segundo lugar en estas elecciones. Pero hay una disputa importante.

Para el Bloque lo más ventajoso sería consolidar un proyecto alternativo de defensa de los salarios, de las pensiones y poner fin a la precarización del trabajo que promovió el neoliberalismo.

La UE enfrenta renovados desafíos en todos los escenarios, desde el económico, con el euro transformado en una camisa de fuerza para la Europa no alemana, hasta las políticas de austeridad o la crisis migratoria. ¿Hacia dónde orientar una política europea capaz de enfrentar esos desafíos?

— La UE es un proyecto fallido. Dio consistencia al neoliberalismo más agresivo; el liderazgo alemán penalizó las naciones del sur, creó problemas sociales crecientes en el centro de Europa, como en Francia. En las recientes elecciones europeas, la extrema derecha ganó en Francia, Italia, Reino Unido, República Checa, Hungría y Polonia.

La izquierda europea está ahora más debilitada. En algunos países importantes es muy minoritaria.

Portugal y España son las dos excepciones en este escenario. Si se pudiera formar una gran alianza entre la izquierda, ambientalistas, feministas, anticapitalistas en general sería posible un renacer de la izquierda en Europa.

Resultado de las recientes elecciones europeas, una alemana y una francesa han sido designadas para conducir dos de las instituciones europeas más importantes: la Comisión y el Banco Central Europeo. Son, además, dos mujeres muy conservadoras. ¿Estarán, en su opinión, en condiciones de reencauzar las políticas europeas, tanto las económicas como las sociales, o terminarán por profundizar las tensiones en la Unión Europea?

— Esta Comisión es un camino hacia contradicciones mayores. La nueva presidente, la alemana Ursula von der Leyen, es una elección de última hora, una solución débil.

El Banco Central europeo (BCE) tuvo una dirección fuerte en los últimos ocho años, con el italiano Mario Draghi. La directora-gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, busca mantener la misma consistencia, con la tradición de la política conservadora del Fondo, en un contexto en el que el BCE, esencial en los últimos años, ya no tiene ese poder, porque ya no es posible bajar más las tasas de interés. Draghi dijo que ahora es necesario subir los salarios y esto el sector financiero no lo acepta.

Son nombramientos para que Berlín y París sigan imponiendo sus criterios. Lo que pasa es que tanto la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés François Macron están debilitados.

En las últimas semanas ha habido una discusión intensa sobre una eventual próxima crisis financiera. Muchos países, entre ellos Brasil, México, o el Reino Unido, están ya al borde de una recesión. Si la guerra comercial entre Estados Unidos y China agrava la inestabilidad y el miedo crece puede haber una crisis financiera.

Ante esto estas instituciones –la Comisión Europea y el BCE–, que ayudaron a profundizar la crisis, son incapaces de responder.

Si bien en Italia y en países del este europeo se plantean diversos desafíos a las políticas europeas, probablemente nada amenaza más el proceso de integración que el Brexit. A solo dos meses de la fecha de salida de Gran Bretaña, ¿cómo se puede evaluar todo lo ocurrido hasta ahora? ¿Qué consecuencias prevé Ud. que tendrá para Europa?

— El Brexit, que ocurrirá a finales de octubre, probablemente de una forma conflictiva, es un síntoma de la desagregación europea. El Brexit nace del apoyo europeo a una maniobra interna de los conservadores británicos y del primer ministro David Cameron, que prometió una consulta sobre la pertenencia de Inglaterra a la Unión Europea para tratar de mantenerse en el poder.

Esto dejó en evidencia la falta de legitimidad de la situación europea. Hoy Trump procura dividir la UE y Merkel trata de someterla a los intereses alemanes. La UE dejó de ser una política de unión.

Las presiones migratorias africanas hacia Europa han creado un escenario caótico, desestabilizador. ¿Cuáles deberían ser las políticas europeas para enfrentar este problema?

— La UE es más una causa que una consecuencia. Francia, Reino Unido y Alemania continúan vendiendo armas a los países africanos en conflictos. Tuvieron un papel relevante en la destrucción de Libia, en la guerra de Afganistán. Algunas de esas guerras provocan olas de refugiados.

Deberíamos preguntarnos si con un cambio de política, si la UE contribuyese a la paz y no a la guerra, esas personas podrían vivir en sus propios países con seguridad.

Dicho eso, habría que agregar que los refugiados deberían ser recibidos en Europa por una regla de humanidad. El Mediterráneo no puede ser transformado en una fosa común. Ni debemos pagar al presidente turco Tayip Erdogan para contener a los refugiados en las fronteras de Europa.

En el escenario internacional, la elección de Donald Trump ha trastocado las relaciones de Estados Unidos con Europa, pero también todo el escenario internacional, desde las normas comerciales hasta los equilibrios militares o los esfuerzos ambientales. ¿Qué quiere decir usted cuando afirma que el “efecto Trump o Steve Bannon va a ser muy profundo en las derechas”?

— Estamos asistiendo a una evolución muy rápida de la extrema derecha, a partir de sectores de la derecha clásica. La derecha se ha radicalizado a partir de un discurso de odio del presidente norteamericano. Bolsonaro no hubiese podido ganar las elecciones en Brasil sin el impulso que representó el triunfo de Trump en Estados Unidos.

Esa radicalización, el odio racista, el ataque a los derechos sociales, a las minorías, la confrontación social, el rechazo a las medidas ambientales, el privilegio absoluto del poder financiero, han contribuido a conformar un mundo salvaje.

También en Brasil la elección de Bolsonaro ha creado un escenario con el que es difícil de convivir, donde se elogia la tortura, se avanza en la privatización de las empresas públicas y se destruye el ambiente. ¿Cómo se ve la situación desde Portugal, incluyendo los esfuerzos por la libertad del expresidente Lula, después de un juicio cuyas irregularidades son ya notorias?

— La desaparición de partidos como el PSDB, o el PMDB permitió el crecimiento de la coalición bolsonarista, una de las expresiones de la transformación de las derechas. Es cierto que Brasil no es un régimen fascista, pero Bolsonaro es la representación del odio como política.

500 días después, el caso judicial que llevó a la prisión de Lula, que ya era frágil, colapsó luego de las revelaciones de la Vaza-Jato. Lula fue condenado por el juego político de una justicia partidaria que abrió el camino para la victoria de un fascista.

Me parece que Europa se acomoda mal al papel de Rusia y China en el nuevo escenario internacional ¿Qué papel debería jugar Europa en ese escenario?

— Rusia, en realidad, ha sido históricamente parte de la vida europea. China tiene otra dimensión económica, será una potencia esencial en el siglo XXI.

Europa ha cedido siempre a las posiciones norteamericanas en los lineamientos estratégicos; se ha sometido a su lógica, aun cuando esa lógica pretende dividir Europa.

Finalmente, hay un esfuerzo por reconstruir las políticas progresistas a nivel mundial, una propuesta que ha contado con líderes hasta cierto punto inesperados, como el griego Yannis Varoufakis o el norteamericano Bernie Sanders. ¿Tienen futuro estos esfuerzos?, ¿usted participa de ellos?

— Son dos cosas muy distintas. Varoufakis se presentó en una lista a las elecciones europeas que no tuvo éxito. Su visión de crear una federación europea está condenada al fracaso.

Es necesario que haya una unión y una convergencia, pero no puede ser una Europa que nos domine, sometida a los intereses alemanes.

Sanders es otra cosa, representa el resurgimiento de un espíritu socialista en Estados Unidos. La palabra socialista ha vuelto a tener sentido en Estados Unidos y eso es un cambio profundo.

El combate al privilegio del 1% dueño de la riqueza en ese país expresa una rebelión democrática de la mayor importancia.


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