Crisis tras fallido golpe de Estado

“La nueva Turquía debe redefinir su rol en el mundo”

La frase es atribuida a Basheer Nafi, un académico que propone una fusión del nacionalismo y el islamismo en Turquía, entusiasta simpatizante del AKP

La frase es atribuida a Basheer Nafi, un académico que propone una fusión del nacionalismo y el islamismo en Turquía, entusiasta simpatizante del AKP, el partido gobernante, del presidente Recep Tayyip Erdogan: la nueva Turquía debe redefinir su papel en la región y en el mundo.

La reunión de Erdogan con el presidente ruso Vladimir Putin el pasado 9 de agosto fue el más reciente paso en esa dirección.

La renovada amistad entre los dos es algo extraño, dijo Leonid Bershidsky en una columna en el periódico Bloomberg. Después de las tensiones provocadas por el derribo de un caza ruso en noviembre pasado, al que Turquía acusó de violar su espacio aéreo, el encuentro ha permitido avanzar en el deshielo de las relaciones entre los dos países.

Mientras esperaba unas disculpas turcas (que Erdogan le hizo llegar en junio pasado), Putin impuso severas restricciones al comercio, al turismo y a importantes proyectos energéticos con Turquía, entre ellos la construcción de una planta nuclear y de un gaseoducto que llevaría gas natural ruso al sur de Europa vía Turquía.

Siria

Pero las relaciones entre los dos países eran demasiado importantes para permanecer demasiado tiempo suspendidas. En opinión de Bershidsky,  aun más importante que lo simplemente económico: lo que está realmente en juego en este momento es lo que está pasando en Siria.

Un día antes de encontrarse con Erdogan, Putin lo hizo con el presidente de Irán, Hassan Rouhani. Aunque los detalles de esas conversaciones no fueron divulgados, coinciden con los esfuerzos rusos e iraníes para ayudar a las fuerzas del presidente sirio, Bashar al-Assad, a mantener el cerco a los rebeldes en al sitiada ciudad de Alepo.

Se trata de una batalla clave, en la que los rebeldes han logrado aliviar el cerco a que están sometidos por las tropas del ejército sirio gracias a armas y dinero recibidos de Arabia Saudita y Qatar a través de un pasillo por territorio turco, afirma Bershidsky.

Este sería solo un hecho más que deja en evidencia la compleja situación regional, donde los intereses de Erdogan y Putin no necesariamente coinciden. En Siria, el presidente turco apoya a los rebeldes contra el presidente Assad y contra los curdos sirios.

“Putin quiere que Erdogan corte ese apoyo a los rebeldes, pero eso podría ser más de lo que el presidente turco está dispuesto a hacer”, concluye Bershidsky.

Hay coincidencia en que le principal escollo para el acercamiento entre ambos es Siria. Moscú y Ankara discrepan fuertemente sobre la integración de la delegación siria opositora que debe negociar con el gobierno de Assad en las negociaciones de paz en Ginebra. Rusia insiste en la participación de los kurdos sirios, algo inaceptable para Turquía.

Riesgos y límites

Juan Antonio Sacaluga escribía en el periódico español Nueva Tribuna sobre los riesgos y límites del acercamiento ruso-turco. “La visita oficial del presidente turco Erdogan a Moscú no ha sido una sorpresa”, afirmó.

No se trata de “una cita precipitada o improvisada, ni tiene que ver con el clima imperante en Turquía después de fallido golpe. Se venía gestando desde finales de junio”. Las disculpas de Erdogan a Putin por el derribo del caza ruso fue el movimiento más claro en ese sentido.

Pese a los intereses enfrentados sobre Siria, el momento del acercamiento entre los dos países “es especialmente propicio”, estima Sacaluga, ya que Erdogan mantiene “una escalada verbal con sus aliados occidentales”.

Turquía acusa a Estados Unidos de haber apoyado el reciente intento de golpe, cuyo liderazgo el gobierno turco atribuye al clérigo Fethullah Gulen, residente en ese país, cuya extradición exige. Algo que Washington no parece dispuesto a conceder.

Por otra parte, las tensiones con la Unión Europea tienen que ver con las crecientes dificultades para negociar el ingreso de Turquía al grupo. La represión a los golpistas y la eventual reintroducción de la pena de muerte para sus responsables solo ha contribuido a agravar esas dificultades.

Pero Turquía es también la puerta de entrada a Europa de millones de refugiados, sobre todo sirios, y la Unión Europea negoció con Ankara un acuerdo para que se hiciera cargo de esos refugiados a cambio de seis mil millones de euros.

Occidente

Pese a esas tensiones, Turquía mantiene lazos estrechos con occidente. Por un lado, no solo es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino que tiene uno de los mayores ejércitos de los países miembros.

Por el otro, las relaciones con Estados Unidos han sido también estratégicas. De la base de la OTAN en Incirlik parten los aviones norteamericanos para sus misiones en Siria.

La reunión de Erdogan con Putin fue suficientemente inquietante para que, en una nota, el Wall St. Journal destacara un “muy poco común” comunicado de la OTAN, la semana pasada, en el que se destacaba el papel de Turquía en la alianza, que “confronta los mayores desafíos de seguridad en una generación”.

La portavoz del Departamento de Estado, Elizabeth Trudeau, también se refirió al tema, destacando que tanto Turquía como Rusia son miembros de la coalición que lucha contra el Estado Islámico, así como ambos han estado involucrados en los esfuerzos para poner fin a la guerra civil en Siria.

“Hay muchos objetivos e intereses comunes allí”, afirmó. “No creo que nuestra relación con Turquía pueda debilitarse por todo esto. Nuestras relaciones con Turquía son fuertes”.

Pero los sectores conservadores en Estados Unidos muestran mayor preocupación.

Para el Wall St. Journal la política de la administración Obama, de retirarse de Irak y renunciar a una mayor intervención en Siria “creó un vacío que Putin está utilizando para su beneficio estratégico. Obama ha respondido inclinando la política norteamericana en Siria hacia los deseos rusos. Esta es la disminuida influencia norteamericana que el próximo presidente heredará”.

Ya en febrero del año pasado (mucho antes del incidente entre Turquía y Rusia de noviembre), Robert Kaplan, del también conservador Center for a New Americana Security había escrito un artículo alarmista en el que advertía que la amistad entre Putin y Erdogan facilitaba la influencia rusa en los Balcanes y en Europa.

Se peleaba entonces fuertemente en Ucrania, mientras estaba prevista una cumbre entre Putin y líderes europeos en Minsk.

Kaplan aseguraba que el apoyo de Rusia a los separatistas en Ucrania era “parte de una estrategia más amplia de Moscú” y pedía a Obama intensificar las sanciones económicas para dificultarle hacer negocios con los bancos norteamericanos, ayudar a los aliados a construir terminales de gas licuado para reducir su dependencia energética de Rusia, ofrecerles más herramientas para enfrentar los ciberataques rusos y fortalecer las capacidades militares y administrativas de Ucrania.

“La mejor defensa de Ucrania frente a Rusia es transformarse en un Estado cada vez más occidentalizado”, concluía Kaplan.

Sensible

El delicado papel de Turquía en el escenario regional e internacional no ha sido objeto de atención solo en Estados Unidos o Europa.

Anshel Pfeffer se refiere al tema en el diario israelí Haaretz. La repentina amistad entre Putin y Erdogan puede haber removido la amenaza de una confrontación entre los dos países, “pero eso no es necesariamente una buena noticia para Occidente”. La relación entre el gobierno de Erdogan y los principales países occidentales “se ha deteriorado desde el golpe”, afirmó.

Pfeffer destaca que el acercamiento entre Rusia y Turquía es solo otro paso en la política de Erdogan, tratando de “mejorar sus relaciones con otros países de la región, incluyendo Israel, mientras arregla sus problemas con Rusia”.

En todo caso –destaca– la visita de Erdogan sigue el trillo abierto hace algunos meses por el presidente de Egipto, Abdel-Fattah al-Sissi, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quienes también fueron a tocar las puertas de Moscú.

Días después se reunieron en la capital turca los ministros de Relaciones Exteriores de ese país, Mevlut Cavusoglu, y de Irán, Mohammad Javad Zarif. No sería sorprendente ver, en los próximos meses, cambios importantes en el papel de Turquía en el escenario regional.


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