Mundo OTAN-G7 versus BRICS+

La guerra fría global, oficialmente declarada

El nuevo orden mundial ya puso cartas sobre la mesa. La guerra en Ucrania se convierte en el principal acontecimiento político en lo que va del siglo XXI. Una guerra que pudo y debió haberse evitado, parece forzar un reacomodo donde las potencias occidentales lideradas por EE. UU. intentan mantener su hegemonía, mientras apuntan como sus principales antagonistas a Rusia y China.

Parece que jugar las cartas de la guerra y la polarización fue la única salida que encontraron los líderes occidentales para intentar sustentar su desgastada y amenazada hegemonía.

Ciertamente el poder de Occidente inició el declive frente a una China que, en medio siglo, se convirtió en la segunda economía del mundo, con el crecimiento sin precedente que alguna vez haya registrado algún país. También frente a una Rusia que en 25 años revivió de las cenizas de la extinta Unión Soviética hasta convertirse en una nueva potencia con una economía también pujante.

“La hegemonía de Occidente no solo se empieza a tambalear porque su modelo resulta anacrónico en un mundo global, sino por el pésimo liderazgo que muestran sus gobernantes.”

Mientras la Unión Europea mordió más de lo que podía masticar al absorber a la Europa del Este y los EE. UU. se durmieron en los laureles, creyéndose la potencia unipolar en un mundo globalizado y alentando el modelo corporativo, el propio modelo neoliberal les abrió campo a economías planificadas centralizadas.

La hegemonía que se había sustentado, primero, en la explotación de colonias y luego de países ricos en recursos, pero débiles en su institucionalidad, empezó a hacer aguas cuando el polarizante argumento de la Guerra Fría, que justificaba dictaduras, golpes de estado, sanciones económicas inhumanas, intervenciones militares, o incluso saqueos, se vino abajo.

 

El nuevo orden

La pérdida de hegemonía de Occidente se evidencia en que desde 2009 las siete potencias económicas occidentales (EE. UU., Alemania, Francia, Italia, Canadá, Gran Bretaña y Japón) pasaron de ser el 52% del Producto Bruto Global (PBG), a ser menos del 41% en la actualidad, mientras las economías emergentes del grupo BRICS (Brasil, Rusia, China y Sudáfrica), creado ese mismo 2009, ya supera el 25% PBG.

Se observa al primer ministro italiano Mario Draghi; la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen; el presidente de EE. UU., Joe Biden; el canciller alemán y anfitrión, Olaf Scholz; el primer ministro británico, Boris Johnson; el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau; el primer ministro de Japón, Fumio Kishida; el presidente francés, Emmanuel Macron; y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en el Castillo de Elmau, Alemania en junio 2022.

La semana anterior se realizó la XIV Cumbre del grupo BRICS, donde se discutió la posibilidad de sumar nuevos países, las candidaturas principales son las de Irán y Argentina.

Con un modelo de cooperación más sustentado en la multipolaridad, el grupo advierte que la polarización no es más que una forma de mantener el modelo hegemónico de Occidente.

“Necesitamos persistir en solidarizarnos y salvaguardar la paz y la tranquilidad mundiales. En nuestro mundo de hoy, no se han despejado las sombras de la mentalidad

de Guerra Fría y la política de la fuerza, a que se suma la constante aparición de las amenazas de seguridad tradicionales y no tradicionales”, expresó el presidente Xi Jinping al final de la cumbre, la semana anterior.

“Algunos países intentan obtener la seguridad absoluta mediante la ampliación de las alianzas militares, fraguan la confrontación entre bloques coaccionando a otros países a tomar partido y procuran la supremacía unilateral a expensas de los derechos e intereses de otros”, agregó.

La vehemencia del mandatario chino responde a las constantes provocaciones de Occidente liderado por EE. UU. Así como a la guerra en Ucrania ante la cual ha expresado su amistad sin límites con Rusia.

Las protestas en Madrid al inicio de la Cumbre de la OTAN no solo eran contra la guerra, sino que pedían la disolución de ese organismo militar.

G7-OTAN

La respuesta no se hizo esperar. La semana pasada, en el Castillo de Elmau en Alemania, se reunieron los mandatarios del grupo de las 7 economías más poderosas de Occidente (EE. UU., Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Canadá y Japón) denominado G7.

Aunque la crisis mundial actual, que inició con la pandemia y las medidas aplicadas para evitar su contagio y se agravó con la evitable guerra en Ucrania, demanda atención inmediata a temas como la inflación galopante, el incontenible aumento en el precio de los combustibles, la crisis alimentaria, el cambio climático y las migraciones, los líderes occidentales se concentraron en apuntar a sus enemigos, Rusia y, ahora también, China.

Los tópicos principales luego de una reunión de tres días es la forma en que enfrentarán a esos dos rivales a los que consideran la clave de todos sus males.

La inflación se ha propagado por Occidente más rápido de lo que lo hizo el coronavirus y ahora amenaza todas sus economías y a los pueblos más pobres los acecha la hambruna.

Las sanciones que Occidente impuso a Rusia impiden el flujo comercial al amenazar a terceros. Europa dice simplemente haber respondido a la acción agresiva de Rusia y su intolerable invasión a Ucrania, pero cada vez está más claro que esta fue una guerra provocada, aunque mal calculada.

Para EE. UU. la estrategia fue extender la polarización por la guerra comercial que ya advertía perdida con China, para lo cual era necesario crear un ambiente de Guerra Fría Global. Con su aparato de propaganda convirtió a sus adversarios en “enemigos del mundo”.

La obcecación del presidente estadounidense Biden por sacar del poder al presidente ruso Vladimir Putin fue seguida alegremente por los líderes europeos.

Pero la guerra se prolongó, Putin no cayó, y China se puso al frente de una diplomacia basada en la economía y la cooperación, cuando el mundo más lo necesita.

Recientemente, el expresidente uruguayo José Mujica llamaba la atención a los líderes europeos que no querían ver la responsabilidad histórica que tenían, al haberse empeñado en una guerra que además de matar a miles de personas de pueblos hermanos en un conflicto y que pudo y debió haberse evitado, condena a millones de inocentes al hambre.

Acusando a las potencias occidentales de su irresponsabilidad decía que esos líderes “seguramente no van a pasar hambre, seguramente que tienen sus despesas aseguradas. Sería bueno que tengan un poco de mirada y piensen en la responsabilidad que tiene con el mundo entero”, sentenciaba el exmandatario uruguayo.

La crisis de alimentaria

La guerra ha impedido la distribución de los granos, pero no porque los rusos bloqueen los puertos.

Rusia, que antes de la guerra necesitaba la salida al mar Negro mediante Crimea, su único puerto que no se congela en algún momento del año, ahora cuenta además con los puertos en el mar de Azov, en Mariupol, y con las repúblicas del Donbas, Donetsk y Luhansk.

Pero las sanciones de Occidente dificultan la comercialización de sus granos, que representan más del 20% del total mundial.

Por su parte, Ucrania, que representa cerca del 8%, no puede sacar sus granos al mar Negro porque tiene minado su puerto de Odessa y no puede desminarlo por temor a que también sea tomado por los rusos, aunque sí tiene garantía de que se le respete la navegación por el mar Negro, gracias a los acuerdos con Turquía.

Los otros en disputa

En ambos encuentros de las potencias económicas del mundo (BRICS y G7), estuvo como invitado Argentina, que no solo es uno de los mayores productores de granos del mundo, sino que es el presidente pro tempore del Consejo de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), con lo que cumplió una función de vocero del subcontinente. También India, que le compra el petróleo a Rusia para refinarlo y vendérselo a Europa, fue invitada a la cumbre del G7.

El hecho de que países como Senegal, presidente de la Unión Africana, Argentina e India asistieran como invitados a la cumbre del G7, así como que Francia solicitara un mayor acercamiento al petróleo iraní y venezolano, y que Alemania pidiera que se considere un incremento en la ayuda a los países africanos evidenció la estrategia de las potencias occidentales por volver a atraer a otras economías a su lado. Pero quizás ya sea demasiado tarde para eso.

Como acuerdo de la reunión del G7 se decidió una inversión de $600 mil millones para infraestructura, como una forma de contrarrestar la enorme inversión china en la estrategia llamada “Nuevas Rutas de la Seda”, que impulsa proyectos en Oriente Medio, Asia, África y América Latina.

El mismo lunes 27 de junio una delegación de EE. UU. llegó a Venezuela para “discutir temas bilaterales”.

Multilateralismo urgente

Tanto las medidas militares como las sanciones económicas no consideran a los pueblos de ambos países en conflicto, que son los que sufren las consecuencias de una guerra que tarde o temprano se tendrá que resolver en una negociación. Tampoco han considerado a los pueblos que no tienen nada que ver en el conflicto, pero que se ven condenados al hambre por las medidas de bloqueo al comercio internacional. Ni siquiera consideran a sus propios pueblos que son golpeados por la inflación como no se había visto en décadas, unida al incremento en los combustibles.

La guerra en Ucrania ha empobrecido al mundo entero, a países y pueblos a los que ni siquiera se les tomó el parecer.

Un mundo globalizado, interconectado, no puede ser regido por un grupo de economías poderosas, sino por organismos multilaterales, sin imponer culturas, ni modos de vida, sino respetando la diferencia e integrando las culturas.

La visión civilizatoria de Occidente ya acortó su horizonte. Pero a la luz de los acuerdos alcanzados en las cumbres del G7 y de la OTAN, parece que la tradición hegemónica de les puede estar haciendo ver otro espejismo.

El recurso de la guerra

La hegemonía de Occidente no solo se empieza a tambalear porque su modelo resulta anacrónico en un mundo global, sino por el pésimo liderazgo que muestran sus gobernantes.

Con gran ostentación, los líderes europeos anuncian el incremento en el gasto militar.

Alemania está forjando el mayor ejército convencional de Europa dentro de la OTAN, dijo el martes el jefe de gobierno Olaf Scholz, al referirse a las grandes inversiones realizadas tras la invasión rusa de Ucrania, informó AFP.

Alemania es, actualmente, «sin duda la mayor contribución» a la Alianza Atlántica junto a Estados Unidos, dijo el líder socialdemócrata en una entrevista en la televisión pública ARD tras la cumbre del G7.

«Se está forjando el mayor ejército convencional de Europa en el marco de la OTAN y eso es importante para la capacidad de defensa de la OTAN en su conjunto», añadió.

Por su parte, el recientemente reelecto secretario general de la alianza militar el noruego Jens Stoltenberg dijo que: «Mejoraremos nuestros grupos de batalla en la parte Este de la alianza, hasta niveles de brigada. Transformaremos la Fuerza de Respuesta de la OTAN y aumentaremos el número de nuestras fuerzas de alta disponibilidad a más de 300.000».

«Creo que los aliados dejarán claro en Madrid que ven a Rusia como la mayor y más directa amenaza para nuestra seguridad», señaló el funcionario noruego al presentar los principales temas y desafíos de la cumbre de la OTAN.

La cumbre inició el martes 28 con la noticia de que la OTAN admitió las candidaturas de Suecia y Finlandia con la mirada puesta en frenar a Rusia.

«Me complace anunciar que tenemos ya un acuerdo que allana el camino para que Finlandia y Suecia se unan a la OTAN», anunció el secretario general Stoltenberg, al inaugurar en Madrid una cumbre de la Alianza.

Los dos países nórdicos habían mantenido durante décadas una posición neutral, pero, a partir de la invasión rusa a Ucrania, varias consultas populares hicieron ver que la mayoría de la población prefería la unión a la alianza.

Como miembro de la OTAN, Turquía bloqueó durante varios meses esa posibilidad, que debía ser unánime, alegando que Suecia toleraba en su territorio a grupos opositores considerados por el gobierno de Ankara como terroristas. Tras un acuerdo, alcanzado en los días precedentes a la cumbre, se logró un acuerdo y el beneplácito turco.

El entusiasmo belicista de los gobernantes parece contrastar con las inquietudes cada vez mayores de sus gobernados.

Las protestas callejeras en Madrid en vísperas del inicio de la cumbre pedían el fin a la guerra, pero también la disolución de la OTAN.

El soberano

Pese a que, una vez más, la guerra se está peleando lejos de su territorio, los EE. UU. están sintiendo esta vez, en un mundo globalizado, los efectos de sus actos. El desesperante aumento en el precio de los combustibles, una inflación como no la sufría hace cuatro décadas y las drásticas medidas de la Reserva Federal por contenerla, que asoman el fantasma de la recesión, aprietan a la población estadounidense que apenas empezaba a acomodarse tras la crisis provocada por la pandemia.

Los comportamientos prepotentes con sus vecinos tampoco le ayudan a sustentar su predominio tradicional en el hemisferio, como se evidenció en la reciente Cumbre de las Américas, donde como anfitrión resultó un fiasco y su liderazgo disipado.

Mientras los gobernantes de las potencias occidentales se parapetan, armándose hasta los dientes y señalando enemigos formidables, los pueblos padecen importantes premuras en sus propios países. La inflación empieza a ahogar sus economías, el costo de la vida sube y, pese a la enorme maquinaria propagandística, la gente empieza a preguntarse si era tan necesario atacar a Rusia, si no bastaba con negarle a Ucrania la entrada a la OTAN, exigir a las partes que se respetaran los acuerdos de Minsk II, optar por la cooperación entre los países y que las potencias se comprometieran en temas tan apremiantes como la salud pública, la alimentación, las migraciones y el cambio climático.

Pero Occidente se juega algo más que no está acostumbrado a ceder.

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