Quizás creer que realmente se trataba del fin de la historia la última década del siglo XX, con la caída del bloque socialista europeo, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el fin de la Guerra Fría que daban paso a la instauración de la globalización, fue el mayor error de apreciación a que ha conducido la soberbia occidental.
El sueño de un mundo unipolar regido por el modelo occidental capitalista, en realidad, no fue solvente nunca más que en los delirios arrogantes de algunos enfebrecidos.
Por el contrario, parece que la voracidad del fundamentalismo neoliberal precipitó las crisis de un sistema de acumulación que prescindía de mecanismos de autorregulación. Estas crisis no eran solo financieras, sino económicas y estructurales.

Migraciones, cambio climático, destrucción ambiental, hambre, violencia, desigualdad, empezaron a ser un malestar insoslayable de las sociedades contemporáneas que reclamaban una atención inmediata. Pero la forma de abordarlo de las potencias occidentales dominantes se sustentó en un modelo hegemónico en el que permeó profundamente el discurso neoliberal.
Las reglas del libre comercio mundial y la globalización se volvieron en su contra y su hegemonía insostenible. Si no tuvieran el contrapeso de China como una economía próspera, un sistema sociopolítico funcional y una potencia responsable, las potencias occidentales ya habrían arrastrado el mundo al caos.
“Estamos preparados para usar cada herramienta de nuestro arsenal de defensa comercial para proteger nuestro mercado único, nuestros productores y consumidores”, Maros Sefcovic, comisario europeo de Comercio.
En el complejo escenario contemporáneo, el diálogo, el respeto, la comprensión y una actitud realista y pragmática es indispensable para definir el rumbo de este reacomodo del orden mundial, los desmanes del actual presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump son solo un síntoma de algo mucho más complejo y profundo.
Generar crisis con amenazas
La idea que quieren vender es que las crisis en las bolsas son resultado de los aranceles, pero eso no es cierto, sino que son resultado del anuncio de aranceles, pues su volatilidad es causada por la incertidumbre. Otros efectos que sí son posibles y más preocupantes son la inflación y los efectos colaterales en otros mercados. Por ejemplo, en economías más pequeñas que podrían verse inundadas de productos que no se logran colocar en otros mercados.
El alarmismo bursátil parece responder más a un viejo fantasma de hace 100 años, cuando el crack de la bolsa en EE.UU. desató una crisis mundial.

En la actualidad, las bolsas son en realidad una fotografía de lo que ocurre en los mercados, pero no su determinante. El comportamiento o índices bursátiles son importantes para los inversionistas y para las empresas que pueden incluso sucumbir ante movimientos bruscos en el mercado, pero no para las economías que se adaptan cada vez más rápidamente.
En el caso de la presente amenaza de una guerra arancelaria mundial, bruscamente lanzada por el presidente Trump, aunque muy anunciada, pretende obligar a un nuevo orden mundial desglobalizado o, al menos, donde EE.UU. pueda recobrar sus mecanismos proteccionistas sin perder su significativo peso en el mercado internacional.
Esto lo puede hacer porque cuenta con el mayor mercado mundial y es socio comercial principal de muchas y diversas economías nacionales.
Las amenazas de Trump hay que escucharlas con cabeza fría, como dijo la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, pero no se puede tomar a la ligera ninguno de sus exabruptos, pues más que responder a alardes de un desequilibrado, cada vez está más claro que responden a un plan determinado cuyo resultado, exitoso o no, aún cuesta mucho vislumbrar.

El arma arancelaria
Siendo la economía más grande del mundo, el producto interno bruto (PIB) per cápita de EE.UU. se calcula en $76.000, mientras que el de China, la segunda potencia mundial, es de $12.500.
La paridad del poder adquisitivo (PPA) es una herramienta utilizada para comparar el valor relativo de las monedas teniendo en cuenta el costo de los bienes y servicios en diferentes países. En cuanto al PPA per cápita en dólares, el de EE.UU. es de $76.000, el de la Unión Europea (UE) de $50.000 y el de China de $20.000.
Esto quiere decir que EE.UU. todavía tiene mucha cuerda para presionar a sus socios comerciales para ajustar la balanza de intercambio con ellos.
La jugada es audaz y peligrosa, pero la administración actual en Washington se juega el riesgo y calcula que la respuesta contraarancelaria solo perjudicaría más a sus rivales.
A partir de 2022, el PIB nominal de China había alcanzado casi el 80% del de los EE.UU., lo que explica la desesperación por contener a un rival que en muy corto tiempo empata y da muestras claras de que va a ganar.
Esto no quiere decir que EE.UU. va dejar de ser la potencia que es ni el enorme mercado que controla, pero sí que la forma en que está compitiendo lo llevará a perder rápidamente su hegemonía.
La desunión europea
Mientras tanto, en una reunión este lunes en Luxemburgo, los ministros de Comercio de la UE buscaban maneras de responder al “cambio de paradigma” del sistema global de comercio, a raíz de los aranceles anunciados por EE.UU.
La reunión del lunes se centró en cómo se adaptará el bloque “a lo que yo describiría como un cambio de paradigma del sistema global de comercio”, dijo el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic.
En la discusión, quedó en evidencia una división entre los países que prefieren un enfoque calmo y gradual, y los que no descartan una respuesta rápida y enérgica.
“Estamos preparados para usar cada herramienta de nuestro arsenal de defensa comercial para proteger nuestro mercado único, nuestros productores y consumidores”, aseguró.
Una de las herramientas más poderosas de la UE es el denominado “mecanismo anticoerción”, adoptado en 2023 y que directamente veta el acceso a los mercados públicos del bloque.
China contraataca
Por su parte, China anunció aranceles del 34% a todos los productos estadounidenses a partir del 10 de abril. Y además impuso controles de exportación a siete minerales raros, incluido el gadolinio, que se utiliza para las resonancias magnéticas, y el itrio, utilizado en productos electrónicos de consumo.
La reacción china posiblemente provocó un impacto más fuerte en las bolsas internacionales que los mismos anuncios de Trump. Los analistas sugieren que estos altos aranceles tendrán un impacto severo y sin precedentes en las naciones pobres con estructuras económicas simples y alta dependencia de las exportaciones, informó la agencia china Xinhua.
La imposición unilateral de “aranceles recíprocos” por parte de Estados Unidos priva efectivamente a los países, en particular a los del Sur Global, de su derecho al desarrollo, y seguramente enfrentará una oposición generalizada de la comunidad internacional, afirmó Lin Jian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China.
Latinoamérica
Este miércoles se celebra en Honduras la IX Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), integrada por 33 países, donde participarán al menos una decena de presidentes, entre ellos los de Brasil, Colombia y México, que se espera que aborden una postura conjunta respecto del tema arancelario de EE.UU., cuyo gobierno anunció un arancel generalizado del 10%, pero que en casos como Brasil, México, Venezuela y Nicaragua se amplía considerablemente.
También, han confirmado su asistencia los presidentes de Bolivia, Uruguay, Cuba y Haití, mientras que los otros países serán representados por sus cancilleres y vicecancilleres.

Medio Oriente
Las amenazas encendidas contra Irán y los bombardeos a Yemen, así como la visita este lunes del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, a la Casa Blanca, muestran un creciente involucramiento de Trump en el conflicto en Medio Oriente.
No obstante, el mismo Trump anunció, sin entrar en detalles, que su gobierno hablaría este sábado con líderes iraníes para empezar nuevas discusiones para un acuerdo nuclear.
La importancia de la sociedad de EE.UU. con Israel va más allá de la influencia del lobby judío en Washington como pueden pensar algunos. Se trata de un intrincado mecanismo de influencia y control de la conflictividad en uno de los puntos más sensibles de la economía mundial.
Medio Oriente ha sido tradicionalmente, en particular desde los años 1970, un punto para controlar los movimientos del mercado, pues es la zona donde se produce o circula la mayor parte de la energía que mueve las economías y también una vía principal del tránsito de productos.
Controlar la conflictividad en la región siempre ha sido un instrumento útil para interferir en los mercados y en otras economías rivales o emergentes, aunque se trate de socios.
Independientemente de ideologías, religiones o historia, el Oriente Medio es un punto estratégico para controlar o al menos incidir de forma directa en el mercado mundial.
La amenaza de una pacificación o acuerdos en la región siempre ha sido combatida con toda suerte de componendas estratégicas que van desde la participación militar directa con cualquier excusa, como las imaginarias armas de destrucción masiva, hasta el asesinato de líderes clave, como el de diversos dirigentes palestinos o incluso el del primer ministro israelí Isaac Rabin el sábado 4 de noviembre de 1995, o la promoción y financiamiento de grupos extremistas y terroristas, como el que actualmente gobierna Siria.
Los acuerdos de Oslo de 1993 que firmó el líder palestino Yasir Arafat con el entonces primer ministro israelí Isaac Rabin eran el primer paso hacia una pacificación entre los grupos más beligerantes y a la posibilidad de la creación de un Estado palestino que podría dar estabilidad y seguridad a la región y sacar del juego una de las principales excusas para la violencia y la inestabilidad en la zona.
