Miguel Orozco, especialista nicaragüense en salud pública

“La clase gobernante quiere salvar las fortunas amasadas en una nación subyugada” 

Médico nicaraguense sentenció que la gestión que el régimen de Daniel Ortega hace del coronavirus va “más allá de la negación, ha llegado a acciones hasta de encubrimiento”. 

El doctor Miguel Orozco ha sido una de las voces más críticas desde la medicina y la ciencia ante el manejo de la emergencia sanitaria por el coronavirus en Nicaragua. Es un connotado médico nicaragüense que ha dedicado toda su vida profesional desde los años 80 a la promoción y formación de profesionales en la salud pública.

“La salud es tan compleja —aseveró— que amerita el concursos de los saberes científicos y ancestrales para su debido abordaje, que debe ser humanizado y basado en evidencia, nada de caprichos o paradigmas desfasados”.

Orozco desarrolló una prolífica carrera durante tres décadas en el Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud (CIES) de la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN), el cual dirigió durante 17 años, hasta que de manera muy escueta se anunció su destitución el pasado 24 de abril.

Su primera vocación fue como cirujano dentista, pero en 1986, apenas con un año de haberse graduado, se integró a los servicios médicos del ejército, “donde las misiones asignadas me introdujeron a la Salud Pública sin yo saberlo”.

Tras lograr una maestría en el CIES, partió a Montreal, Canadá. Años después llegó a ser director de ese centro donde desarrolló una vida académica y profesional ligada a aspectos como la formación de recursos humanos, epidemiología, fortalecimiento y promoción de políticas de la salud, “y un largo etcétera, justificado en los años de práctica y compromiso con la salud pública”.

Con el fin de entender mejor la situación que se vive en Nicaragua respecto del manejo que el régimen de Daniel Ortega hace del COVID-19, UNIVERSIDAD tuvo oportunidad de entrevistarle por escrito.

De acuerdo con datos divulgados por el Ministerio de Salud de Nicaragua este martes 26 de mayo, en el país se han registrado 759 casos y 35 decesos, esto con un salto en la cantidad de casos (505) desde la semana previa. ¿Qué opinión le merecen estas cifras?

—Con los datos de la pandemia en Nicaragua tenemos serias limitaciones y reservas. Se ha dado una política más allá de la negación y ha llegado a acciones hasta de encubrimiento, sin saber por qué razones, aunque se dispara la imaginación conociendo la cultura de la gestión actual del gobierno.

Estamos en franca alza de la pendiente y sospechamos que ante la negación, esta alza se mantendrá, sobre todo entre aquellos ciudadanos que siguen las orientaciones del gobierno de concentrarse, de negarse a protegerse, y a la gestión caótica de los servicios de salud. Lo caótico reside en que nadie sabe qué está pasando, cómo se están organizando, qué están orientando, solamente sabemos que la cúpula está aislada y protegida.

La percepción que se tiene fuera de Nicaragua es que el gobierno de Daniel Ortega no se tomó en serio el tema de la pandemia desde un principio, incluso ha propiciado concentraciones masivas de personas. ¿Cuáles considera han sido las principales faltas o errores en el manejo institucional de la crisis sanitaria?

—Aquí diferimos, pues es un sentir generalizado que el gobierno orientó este aparente desorden para fortalecer sus bases, para contener la demanda en los servicios y para escabullir sus responsabilidades. En el reciente Libro Blanco (informe del gobierno sobre el manejo de la COVID-19) publicado apenas este lunes, lo que hace es repartir responsabilidades, acusar hasta a otros gobiernos, donde descuella la acusación de Costa Rica como el hacedor de esta pandemia en lo que a Nicaragua respecta, con las “mentiras” vertidas en sus medios de comunicación, que no hacen más que recoger lo que acontece en Nicaragua preocupados por la proximidad del caos.

El pasado 24 de abril un escueto comunicado informó sobre su destitución como director del CIES y la de otras tres profesionales de ese centro. ¿A qué razones considera que se debió esa destitución?

—Es una decisión del Consejo Universitario de la UNAN Managua, del cual no tenemos razón alguna. Nada nos fue manifestado como causa, y así ha quedado. Sería más idóneo con la situación fortalecer una Escuela de Salud Pública de 38 años, pero no fue así, decidieron descabezarla para no entrar en conflicto con las líneas del gobierno, continuando con su política de negación y desarticulación de la Autonomía Universitaria que fue ganada en una lucha encarnizada ante el mismo dictador Somoza, y que ahora ha sido secuestrada.

Han trascendido imágenes de entierros realizados durante la noche. Recientemente, una carta de cuatro exministras y un exministro de Salud de Nicaragua a los directores de la OMS y la OPS denunció que se vive una situación de “riesgo extremo”, que los profesionales de la salud trabajan sin la protección necesaria y que se les presiona para “manipular la información sanitaria para negar o disminuir artificialmente el número de casos y de muertes por causa de la pandemia”. ¿Qué valoración hace de estas denuncias?

—Todas esas denuncias son ciertas, y son generadas por esa política desarticulada y caótica que se puede apreciar en la respuesta nacional al COVID-19. Es doloroso, es amenazante y por eso mismo forma parte de la política de terror con que se quiere tener a la población sometida a las líneas de imposición de la clase gobernante, que quiere salvar las fortunas amasadas en una nación subyugada, obediente, y ahora, quizá hasta diezmada.

Como experto en salud pública, ¿qué medidas considera que se deberían implementar en este momento de manera urgente? ¿Alguna ciudad o región del país le genera preocupación especial?

—Ha sido doloroso y lento el aprendizaje que la humanidad ha alcanzado con esta pandemia: desde la forma en que se comporta el virus, hasta las acciones para responder lo más humanizadamente a la pandemia, pasando por los tratamientos y la organización de los servicios de salud que deben atender a los contagiados.

A esta altura de la respuesta mundial, está claro lo que se debe hacer: cómo se deben organizar los servicios de salud, cómo deben ser gestionados los recursos humanos, de los cuales se ha abusado y se les ha expuesto con los turnos inhumanos y el caso de  Nicaragua con la falta de equipos de protección personal. También se ha avanzado mucho con los protocolos de atención, y qué maravilloso que aquí cerca, en Costa Rica, se ha logrado una respuesta de lo más exitosa y humanizada, con los recursos propios, con la mística de servicio a la comunidad, al que sufre, a quienes están expuestos.

Creo que solamente es cuestión de decidirse por la gente, por sus necesidades, y empezar como verdaderos estadistas a tomar las decisiones correctas. Pero eso está por verse, si quieren rescatar su imagen.

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