Palestina

“Gaza decidió alzarse contra la perspectiva de una muerte lenta y tomar la iniciativa en sus propias manos”

No canten victoria todavía. Si bien Hamas –la organización palestina que controla la franja de Gaza

No canten victoria todavía. Si bien Hamas –la organización palestina que controla la franja de Gaza– aceptó el alto al fuego negociado por Egipto, la tregua es frágil.

La advertencia la lanzó el diario británico The Guardian la semana pasada, cuando la amenaza de una nueva guerra entre Hamas e Israel se cernía sobre Gaza.

Sometida desde hace once años a un bloqueo que se ha ido intensificando, la vida de unos dos millones de palestinos que viven en esa franja al sur de Israel, de solo 365 km cuadrados, se ha hecho inviable. Entre otras cosas, por la calidad del agua que consumen, con todas las consecuencias que eso tiene para sus habitantes, particularmente los niños.

Atallah Fayoumi, un muchacho de 18 años desempleado, participa en las protestas: “Nunca había estado tan cerca de la valla como ahora. Este es un logro que no tiene precio.

El agua proveniente del acuífero de Gaza, que chisporrotea en los grifos de sus casas, es demasiado salada. Prácticamente ya nadie la bebe en Gaza, dice Sandy Tolan, profesor de la Escuela Annenberg de Periodismo y Comunicación en la Universidad del Sur de California.

Autor de Children of the Stone, un libro acerca del proyecto de crear escuelas de música en Palestina bajo la ocupación militar israelí, Tolan cita un estudio de la Rand Corporation que atribuye a la mala calidad del agua el aumento de la mortalidad infantil en Gaza.

“La escasa y contaminada agua potable de Gaza, debido al bloqueo económico impuesto por Israel, sus continuos bombardeos de la infraestructura de alcantarillado y el colapso de un acuífero de tan mala calidad que el 97% del agua potable de Gaza está por debajo de los criterios sanitarios mínimos para consumo humano”, afirma Tolan.

A esto hay que agregar que en Gaza solo hay electricidad unas cuatro horas al día, que los bombardeos han destruido plantas de tratamiento de aguas residuales y tuberías, y que el bloqueo a que está sometida la franja impide reconstruir lo destruido. Como consecuencia se ha agravado la catástrofe humanitaria que vive la franja de Gaza.

“Si no se interviene urgentemente se producirá un colapso descomunal”, dijo Adnan Abu Hasna, portavoz en Gaza de la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA), la misma a la que Donald Trump quitó recientemente todo el financiamiento norteamericano.

Las previsiones son de que Gaza se volverá inhabitable en 2020. Pero, para Muhammad Shehada, un escritor y activista de la franja de Gaza que escribe en el diario israelita Haaretz, “Gaza ya es actualmente invivible”, con sectores crecientes de la población en extrema pobreza y dependietes de los paquetes de comida y ayuda humanitaria para sobrevivir. Por eso, “Gaza decidió alzarse contra la perspectiva de una muerte lenta y tomar la iniciativa en sus propias manos”.

El mapa muestra, en líneas rojas, el muro que invade el territorio palestino en Cisjordania y separa los asentamientos judíos de los árabes.

Protestas

La nueva ola de protestas se inició en marzo, cuando los palestinos empezaron a marchar, todos los viernes, hacia el muro del apartheid que Israel construyó en sus fronteras con Palestina, tanto en Gaza como en Cisjordania, y que se extiende por más de 700 km.

La protesta revivió nuevos y viejos reclamos, como el fin del bloqueo que ahoga la franja, pero también la reivindicación del regreso a sus pueblos históricos, de los que fueron expulsados los palestinos después de la creación del Estado de Israel, en 1948. Se estima de unos 1,3 millones de los habitantes de Gaza son refugiados de esa época. El resultado de estas protestas ha sido de 233 palestinos y dos soldados israelíes muertos.

Atallah Fayoumi, un muchacho de 18 años desempleado, participa en las protestas: “Nunca había estado tan cerca de la valla como ahora. Este es un logro que no tiene precio, que nuestros sacrificios permitan que nos devuelvan las millas que antes fueron prohibidas y para que las zonas fronterizas se pueblen de vida. Esta marcha debe continuar, incluso si pierdo mi segunda pierna, pero debemos obtener logros reales como vive el mundo libre”.

Para Sumayyah Ahmad, de 54 años, otra manifestante, ”Israel debe darnos la oportunidad de vivir libremente poniendo fin al bloqueo de once años que afecta los empleos, la escasez de energía, el tratamiento médico y las aguas residuales que nos ahogan. No importa si los manifestantes pueden perder sus piernas o sus vidas. Luego una nueva generación vivirá dignamente después de terminar con la última ocupación del mundo”.

La Franja de Gaza está sometida a un bloqueo por parte de Israel desde el 2007, luego del triunfo de Hamas en las elecciones. Israel considera Hamas una organización terrorista cuyo objetivo es destruir el Estado judío.

Para los sectores israelitas más radicales, no hay ninguna diferencia ente Hamas y Al-Qaeda, ISIS y Boko Haram, el llamado Estado Islámico en África Occidental, como se puede leer en un editorial de Israel Noticias titulado “ONU habilita la máquina de guerra terrorista de Hamas”, publicado el 13 de agosto pasado.

El triunfo de Hamas creó, además, una división entre los mismos palestinos, representados en Cisjordania por la organización Fatah y su presidente, Mahmoud Abbas, quien también ejerce la presidencia de la Autoridad Palestina. Abbas se ha sumado a las sanciones a Hamas, en un intento por obligarlos a deponer su resistencia y las protestas armadas contra Israel, lo que intensificó las consecuencias del bloqueo a la franja de Gaza. Para eso retuvo los salarios de los funcionarios de Gaza y suspendió los subsidios de electricidad a la franja en junio, agravando los efectos de los cortes eléctricos durante el verano.

Desde el triunfo de Hamas en Gaza Israel ha librado tres guerras en su contra. La última, en 2014, fue la más larga (duró 50 días, hasta que Israel suspendió sus ataques) y sangrienta (dejó unos 2.250 palestinos y 74 israelíes muertos, casi todos soldados y seis civiles). Significó también la destrucción de instalaciones civiles y dejó sin viviendas a por lo menos cien mil personas.

La escalada de la última semana fue consecuencia de un operativo de tropas israelíes en Gaza, cuyo objetivo habría sido el de matar a dirigentes de Hamas, incluyendo a uno de sus comandantes.

Informaciones posteriores de Hamas afirman que el comando israelí estaba instalando equipos de espionaje en el territorio de Gaza cuando fueron descubiertos, desatándose una confrontación en la que murió un soldado israelí. Luego se desataron nuevas confrontaciones, con el lanzamiento de cohetes contra Israel y el bombardeo de Gaza por la aviación y la artillería israelí.

Ahora, sectores más radicales del Gobierno, incluyendo el ministro de Defensa Avigdor Lirberman –que, en protesta, renunció a su cargo– recriminan al primer ministro Benjamin Netanyahu por haber aceptado un alto al fuego, desatando un debate sobre los objetivos de la política de Israel hacia la franja de Gaza.

“Llegó la hora de comprender lo que cualquier niño de Gaza sabe: el primer ministro Benjamin Netanyahu quiere que Hamas permanezca en el poder, porque las alternativas a Hamas no le gustan”, afirmó el periodista israelita Nahum Barnea, para quien la decisión de suspender los ataques a Gaza y evitar tomar el control de la franja responde a la dificultad de definir qué hacer el día siguiente.

“Israel no tiene interés en derrotar a Hamas totalmente, ya que eso significaría tener que asumir la responsabilidad por 1,8 millones de árabes palestinos que odian a muerte al Estado judío”, afirma David Mandel, en un artículo publicado en Noticias de Israel el pasado 15 de noviembre.

El más derechista

Para Juan Carlos Sanz, corresponsal del diario español El País en Jerusalén, el actual Gobierno israelí es considerado como el más derechista en la historia del Estado hebreo.

Sin embargo, las alternativas parecen ser todavía más radicales, como recordó el periodista Gideon Levy, en artículo publicado en el diario Haaretz también el 15 de noviembre. “Imagínese el líder del partido Yesh Atid, Yair Lapid, como primer ministro. El ejército podría estar ya en las afueras de Rafah en el sur de la franja de Gaza. Los pilotos podrían estar bombardeando y la artillería también. Gaza estaría en ruinas”, indicó. O a Avi Gabbay, líder del Partido Laborista, o la exministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, todos partidarios de una posición aun más radical en el conflicto en opinión de Levy.

Control del territorio

El conflicto armado en Gaza apenas oculta el objetivo de la política israelí de ir ampliando su control del territorio palestino en Cisjordania, pese a la actitud negociadora del presidente Mahmoud Abbas, como recordó Sanz.

“El ámbito territorial de su jurisdicción ha sido menguante. Tras los Acuerdo de Oslo de 1993, que él contribuyó a negociar, la Autoridad Palestina solo mantiene el control exclusivo formal sobre la llamada área A –las grandes ciudades y su entorno–, que representa un 18% de Cisjordania. Las tropas israelíes siguen penetrando a su antojo, sin embargo, dentro de ese perímetro por razones de seguridad. En otro 21% del territorio los palestinos asumen la gestión civil mientras el Ejército se ocupa de vigilar la llamada área B, que incluye poblaciones menores. El restante 61%, el área C, se halla por completo en manos de Israel”, afirmó en artículo publicado en mayo pasado.

La expectativa en torno a la ampliación del control de Israel sobre Cisjordania está centrada ahora en la anunciada demolición de la aldea de Khan al-Ahmar, en el estratégico valle del Jordán.

“La población de Khan al-Ahmar está formada por unas 250 personas. Es un enclave que se encuentra en la gobernación de Jerusalén, pero, a su vez, también se encuentra ubicada entre dos asentamientos israelíes. El objetivo del gobierno de Israel es expulsar a esta población beduina de Khan al-Ahmar para conectar los dos asentamientos de colonos y seguir ganando territorio para Israel”, escribió el senador de la colación española Unidos Podemos Iñaki Bernal, después de una visita a la zona. Bernal recordó que desplazar una población bajo un régimen de ocupación “es un crimen de guerra”, según la legislación internacional. “La consecuencia de esta unión –agregó– sería el que se separaría la ciudad de Jerusalén este y Cisjordania (ambas gobernadas por la autoridad palestina).

“Geográficamente, el valle del Jordán divide Cisjordania en dos. La inminente demolición de Khan al-Ahmar se debe en parte a su ubicación junto a la autopista Jerusalén-Jericó. Israel desea utilizar esta área para la expansión de asentamientos como parte de un plan general, el plan E1, para conectar la parte de Jerusalén ilegalmente anexada con el valle del Jordán, rodeando la ciudad con asentamientos y dividiendo Cisjordania en dos. El área también posee un tercio de las reservas de agua de Cisjordania”, explica Annelis Verbeek, una periodista belga que vive en Ramallah.

Khan al-Ahmar queda entre los asentamientos judíos de Maaleh Adumim e Kfar Adumim. Este territorio al este de Jerusalém, la llamada zona E1, es donde Israel planea ampliar el mega asentamiento de Maaleh Adumim, completando la separación de las zonas nortes y sur de Cisjordania y rodeando Jerusalám con asentamientos”, agregó la periodista Tamara Nassar.

La demolición de Khan al-Ahmar estaba anunciada para el domingo 21 de octubre. Ante las presiones internacionales fue pospuesta, para tratar de convencer a los habitantes a aceptar una evacuación voluntaria, que fracasó.

Pero Natanyahu se apresuró a aclarar que la postergación sería breve. “Khan al-Ahmar será evacuada, es nuestra política y será aplicada”, afirmó.

“Necesitamos remover esta comunidad”, dijo la viceministra de Relaciones Exteriores Tzipi Hotovely. “La comunidad internacional contribuiría mucho si no usara a los beduinos como arma política”, agregó.

Crimen de guerra

La fiscal de la Corte Penal internacional, Fatou Bensouda, recordó, sin embargo, que la destrucción de propiedades y transferencia de poblaciones en territorio ocupados, sin que haya una necesidad militar para ello, constituye un crimen de guerra.

Pero no se trata solo de la aldea de Khan al-Ahmar. Con la atención enfocada en la demolición planificada de la aldea de Khan al-Ahmar quedó fuera del centro de atención la consolidación de Israel sobre el valle del Jordán, que “continúa a ritmo acelerado”. El mes pasado el ejército israelí demolió varias estructuras palestinas en las comunidades de al-Hadidiva y en el área de al-Musafa al este de la aldea de Jiftlik”, señaló Verbeek.

“En al-Hadidiya, en el norte del valle del Jordán, las excavadoras llegaron la mañana del 11 de octubre dejando a Omar Arif Bisharat y ocho familiares, entre ellos cinco niños, sin hogar. Bisharat y la comunidad de 112 miembros de al-Hadidiya se quedan ahora tratando de forjarse una vida con los pocos recursos que tienen estos ganaderos. Los aldeanos viven en chozas y carpas de chapa metálica debido a la falta de permisos de construcción y recursos limitados. La amenaza de demolición de viviendas es un peligro siempre presente para los palestinos en el Valle del Jordán, parte de la llamada Área C de la Cisjordania ocupada sobre la cual Israel mantiene el control civil y militar.

“¿Qué puedo hacer?”, se preguntó Bisharat. “Dondequiera que me mueva habrá una ocupación racista. Los israelíes no están interesados ​​en los derechos palestinos sobre la tierra, no quieren la convivencia. Solo quieren un estado judío”, agregó.

Dos realidades distintas

Son dos realidades distintas: las de Cisjordania y las de la Franja de Gaza, cercada por un muro que recrea un verdadero apartheid, descrito por el periodista Roberto Fisk, del diario británico The Independent. El artículo, titulado “I asked Israel’s only journalist in Palestine to show me something shocking – and this is what I saw”, fue publicado el 20 de setiembre pasado. En Cisjordania, al mismo tiempo en que un muro de ocho metros de altura rodea las comunidades palestina, Israel va ampliando la ocupación del territorio con nuevos asentamientos judíos en tierras palestinas, ilegales según las leyes internacionales.

Para el cantante británico Roger Waters, creador del grupo Pink Floyd y de gira esta semana por Costa Rica, Israel “no va a parar hasta eliminar al último palestino de la tierra histórica de Palestina”. Waters estimó que ese país “nunca tuvo la intención de construir un Estado palestino”, como alguna vez se negoció en la capital de Noruega.

En Gaza, donde no tiene interés en controlar el territorio, su acción está orientada a hacer imposible la administración por parte de Hamas, creando una situación insostenible. “Es imposible que se mantenga el statu quo en la franja. Tenemos dos opciones: o se levanta el asedio actual impuesto sobre Gaza, o Israel actúa para ocupar y controlar Gaza por completo, opción por la que se pagaría un alto precio militar, político y económico”, estimó la periodista Soleman Saad Abu Sitta.


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