Mercosur-UE

Firma de un acuerdo comercial con la Unión Europea desata polémica en Sudamérica

Más de 20 años de negociaciones terminaron de repente con un acuerdo inesperado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE),

Más de 20 años de negociaciones terminaron de repente con un acuerdo inesperado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), anunciado en la pasada cumbre del G-20 celebrada el 28 de junio en la ciudad japonesa de Osaka.

Sin que se conozcan aún los detalles del acuerdo, pendiente de una necesaria tramitación parlamentaria entre los países firmantes, ha despertado el entusiasmo de quienes estiman que esa es la ruta para el desarrollo y la crítica de aquellos que ven en estos tratados una amenaza para ese desarrollo.

Es el mismo dilema por el que atravesó Centroamérica hace ya más de diez años, cuando la discusión del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos despertó expectativas que, diez años después, no pudieron ser satisfechas.

La página oficial de la Unión Europea celebró el acuerdo señalando que eliminaría el 91% de los aranceles que los países miembros exportan al Mercosur en un plazo de diez años.

El acuerdo hará más fácil para las empresas de la UE proveer servicios para los países del Mercosur, un mercado que está en rápida expansión, y que ofrecerá nuevas oportunidades de inversión para los capitales europeos, tanto en el área de servicios como del sector manufactureros. Por primera vez, los países del Mercosur abrirán a los capitales extranjeros sus compras gubernamentales, un acuerdo que no afecta solo a los gobiernos centrales, sino también a los regionales y locales. Las empresas de la UE podrían competir en las licitaciones gubernamentales en igualdad de condiciones con las empresas locales, celebró la UE.

Un desastre

En Brasil, el exministro Luiz Carlos Bresser Pereira estimó que el acuerdo sería un “desastre”, un paso más en el sentido de desindustrializar el país y transformarlo en un mero exportador de commodities.

Bresser Pereira fue ministro de Hacienda por un corto período en 1987 y luego ocupó diversas carteras en los dos períodos de gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), que se caracterizó por la privatización de grandes empresas brasileñas, en cuyo gobierno se dio inicio a la negociación de este tratado.

El exministro afirmó que, con esas políticas, el país seguiría creciendo apenas al 1% anual, quedándose rezagado no solo ante los países ricos, sino también en relación a los países en desarrollo. “Al firmar este acuerdo están condenando la economía brasileña y su industria al atraso”, enfatizó Bresser Pereira.

Celso Amorim, excanciller brasileño y exministro de Defensa en los gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), expresó su preocupación por un acuerdo que fue firmado “en el peor momento posible”, cuando los países del Mercosur, especialmente Brasil y Argentina, “están fragilizados política y económicamente”. Por eso la UE se apuró a firmarlo ahora, agregó.

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, tuvo un papel importante en impulsar la firma del acuerdo ahora y el presidente brasileño, que estimaba irrelevante el papel del Mercosur, ha visto la posibilidad  de aprobar ese acuerdo bajo el marco de esta organización.

Amorim recordó que en 2004, cuando dirigió las negociaciones durante el gobierno de Lula, el sector industrial brasileño estaba opuesto al acuerdo y que el gobierno estimó que las ventajas ofrecidas en el sector agrícola no compensaban las desventajas en otros sectores.

Además de criticar la falta de transparencia en las negociaciones, similar a la forma como se negoció el Nafta en Centroamérica, Amorim citó las que, en su opinión, son las áreas más sensibles del acuerdo: garantías en materia de inversiones, propiedad intelectual, compras gubernamentales y servicios.

El analista argentino Raúl Dellatorre estimó que “el acuerdo no solo implica una apertura comercial desigual de mercados para bienes industriales europeos. También representa abrir las licitaciones de compras públicas a la participación de empresas de la UE, extender plazos de protección del derecho de patentes (particularmente en agroquímicos y medicamentos), otorgarle la libre circulación en mares y ríos internos del Mercosur a la flota europea, y el reconocimiento de exclusividad del uso de denominaciones de productos con indicaciones geográficas”.

Optimismo

Una visión distinta, optimista frente al acuerdo, manifestó el diario conservador Folha de São Paulo, para quien el acuerdo tiene una “gran dimensión histórica, tanto por el largo período de negociaciones como por su significado en el actual contexto mundial de crecientes presiones proteccionistas”.

Quizás aún más importante es la visión de que eso implicará una reorientación del Mercosur, que dejaría de ser un espacio proteccionista para transformarse en “una plataforma de integración con el resto del mundo”. Lo que implicaría, según el periódico, ganancias en productividad y acceso a nuevos mercados para el país.

Cono Sur

La agrupación de centrales sindicales de Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela advirtió, por su parte, contra el impacto que el acuerdo tendrá “para el sistema productivo de la región en general y para ciertas ramas de producción estratégica en particular”.

Entre los sectores afectados citaron los de “tecnología, sistema marítimo y fluvial, obras públicas, compras del Estado, laboratorios medicinales, industria automotriz y economías regionales”.

Expresaron también particular preocupación por las negociaciones de reglas flexibles para la determinación de origen de los productos, lo que permitirá la triangulación de productos elaborados en países con bajísimos salarios, donde no se respetan los derechos laborales, y que, mediante mecanismos sencillos de etiquetado, podrían gozar de las preferencias del tratado.

El opositor partido peronista argentino estimó que “los cambios de gobiernos en Argentina y Brasil marcaron el punto de inflexión en las negociaciones” del tratado.

Lo peronistas afirman que se otorgaron “importantes concesiones unilaterales” a la UE por parte del Mercosur, que afectarán el sector laboral, pero también “importantes sectores de la producción nacional, en particular de la industria y de las economías regionales”.

Dellatorre agregó que el “acuerdo se presenta como supuestamente balanceado porque a las firmas argentinas se le abren similares condiciones en la Unión Europea”. Pero ocurre que es “escasa o nula la capacidad de las firmas argentinas, en particular, que tengan patentes, flota fluvial o productos con indicación geográfica” y que puedan sacar provecho de esta apertura. “El plano de la negociación parece demasiado inclinado”, estimó.

Perdedores de siempre

“Los perdedores de siempre” es el título que Alejandro Frenkel y Luciana Ghiotto le dan a su artículo publicado en la revista Nueva Sociedad, en el que analizan el acuerdo.

Sin una reconversión, afirman, “es altamente probable que buena parte de las empresas industriales de Argentina y Brasil deban cerrar sus puertas ante la libre competencia”.

Frenkel y Ghiotto estiman que es en el área de servicios y compras públicas donde están los mayores perjuicios para el bloque latinoamericano: “las empresas de los países del Mercosur dejarán de tener un trato prioritario en la construcción de infraestructuras estratégicas, como carreteras, líneas ferroviarias, puertos y fibra óptica; y en la provisión de insumos al Estado en áreas como medicamentos, vehículos y tractores.

En todo caso, tampoco en Europa el acuerdo ha sido recibido con entusiasmo, especialmente por el sector agrícola que, en Francia, anunció manifestaciones con los tractores en las calles para expresar su desacuerdo con el tratado.

Nada garantiza que el preacuerdo firmado el pasado 28 de junio se hará realidad algún día, dice, por su parte, el columnista brasileño Antonio Martins. “Si fuera así, habrá un retroceso secular. Felizmente, agrega, ya se anuncian resistencias, y no solo en Sudamérica.

La ratificación en los congresos nacionales podría tardar hasta dos años y la rapidez de su aprobación dependerá de las resistencias que puedan surgir en cada país.


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