Pedro Charbel, del Movimiento BDS

“Existir en Palestina es resistir”

Coordinador para América Latina del boicot contra Israel aseveró que la iniciativa lucha contra toda forma de discriminación.

Pedro Ferraracio Charbel se vinculó con el Movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) cuando se percató que la universidad donde estudiaba tenía vínculos con la universidad israelí Ariel, ubicada en un asentamiento ilegal en Cisjordania.

Esa iniciativa busca que en todo el mundo, personas que compartan la convicción de derrotar lo que llamó un régimen de apartheid en Israel contra la población palestina dejen de comprar productos de ese país, así como presionar a empresas para que no tengan vínculos con ese Estado y que tanto artistas como universidades no lo apoyen.

Hoy en día funge como coordinador para América Latina del Movimiento BDS, el cual, según dijo, es conducido por el Comité Nacional Palestino, ubicado en Ramalah. “Yo hago el puente entre los movimientos palestinos y los de nuestra región”.

¿Qué lectura hace de la situación en Cisjordania y en Gaza?

-No se trata solo de Cisjordania y Gaza, más de la mitad del pueblo palestino no está en Palestina ni Israel, son refugiados en todo el mundo. Tienen el derecho de volver a sus hogares como estipula el derecho internacional y resoluciones específicas de Naciones Unidas.

Dentro de Cisjordania y la franja de Gaza lo que tenemos es ocupación militar y una serie de leyes discriminatorias en contra de no judíos. Hay colonias exclusivas para judíos, sistemas de agua distintos para judíos y para los palestinos que viven en Cisjordania. Gaza ya sabemos que es una gran prisión a cielo abierto, un bloqueo ilegal que ya lleva años y condenado por la comunidad internacional, pero poco ha cambiado.

El 20% de la población de Israel es palestina, conformada por ciudadanos de tercera clase que no tienen los mismos derechos que los israelís judíos, hay decenas de leyes discriminatorias. Por ejemplo los comités de admisibilidad, los barrios dentro de Israel pueden elegir quién tiene el derecho de vivir allá, con ello impiden que la población palestina se desarrolle en estas partes.

Es muy parecido a lo que hacía el apartheid en Sudáfrica: con leyes discriminatorias y segregacionistas iban echando a la población y aislando a quienes no son deseados por el Estado.

Todo esto lo ha dicho recientemente una Comisión de la ONU que concluyó que Israel practica el crimen de apartheid, incluso lo dicen sudafricanos que visitan Israel y Palestina.

Se da el crimen de apartheid según lo tipifica el derecho internacional. La definición es muy clara: leyes distintas según criterios étnico-raciales.

Entonces después de años de colonización de las tierras palestinas y la expansión de los asentamientos, de la limpieza étnica -más de la mitad de la población de Palestina fue echada de sus casas cuando Israel fue creado en 1948- y después de años de apartheid, los palestinos hacen un llamado a la sociedad civil internacional para hacer presión internacional no violenta, para que Israel respete el derecho internacional.

Si la situación en Palestina es muy mala, hoy las campañas internacionales de solidaridad por boicot, desinversión y sanciones, son las que dan esperanza al pueblo palestino.

El secretario general de Naciones Unidas se negó a acoger ese informe sobre el apartheid; en febrero, el parlamento israelí pasó una ley que “legaliza” retroactivamente la construcción de unas 4.000 casas en territorio palestino y se acaba de aprobar otra ley que prohíbe la entrada a Israel de quien se manifieste en favor del Movimiento BDS. ¿Qué tan efectivo es el movimiento?

-Los intentos de Israel por frenar y criminalizar el Movimiento MDS son quizás uno de los mayores indicadores de que el movimiento es efectivo. O sea, Israel entiende el Movimiento BDS como una amenaza a su régimen de apartheid.

Es importante aclarar que no se trata de una amenaza a la existencia del Estado de Israel, mucho menos a la religión o al pueblo judío, el Movimiento es en contra de cualquier forma de discriminación -incluso el antisemitismo-, lo que plantea es muy claro: tres derechos previstos por el derecho internacional. El primero es el derecho de retorno de los refugiados, según la Resolución 194 de la ONU; fin de la ocupación de Cisjordania y Gaza y derechos iguales para palestinas y palestinos dentro de Israel.

Empresas como Orange y Veolia -multinacionales gigantescas- perdieron cantidad de contratos en todo el mundo, porque estaban vinculadas con Israel y su régimen de apartheid. Veolia hacía el tren que conectaba las colonias ilegales con Israel, por eso alrededor del mundo y en Europa, sobre todo, el Movimiento BDS hizo campañas contra esta empresa, al punto que Veolia y Orange salieron en un 100% del mercado israelí.

En el 2014 un observatorio de Naciones Unidas sobre inversiones internacionales, apuntó una reducción de 46% de inversiones internacionales en Israel por el BDS y la ofensiva de Israel en la franja de Gaza ese año.

El Movimiento es muy efectivo desde el punto de vista económico y desde el punto de vista simbólico, porque quita la máscara de normalidad que el Gobierno de Israel intenta promover.

Gandhi decía que primero te ignoran, luego te difaman y después intentan frenarte. Israel ha hecho las tres cosas con nosotros. Primero dijeron que no iba a pasar nada. Luego intentaron difamar al movimiento diciendo que era antisemita. Ahora intentan frenar al Movimiento con criminalización, pero estos intentos nos dan más fuerza. Es un intento de frenar el Movimiento que al final da visibilidad.

El simple hecho de que los palestinos existan, es resistencia. Existir en Palestina es resistir y nosotros que estamos fuera, tenemos la posibilidad de hacer más, escuchar el llamado de palestinas y palestinos, escuchar el llamado de los oprimidos y luchar con ellos, como una vez luchamos con Sudáfrica.

A nivel latinoamericano, ¿qué obstáculos particulares ha encontrado el Movimiento BDS?

-En Latinoamérica hay muchos judíos que apoyan al Movimiento BDS y muchos que apoyan la lucha palestina. Hay un movimiento político de apoyo al Estado de Israel pero no tiene que ver con la religión judía, es una distinción muy importante.

El mayor desafío es en primer lugar la información sobre lo que pasa allá y acercar el tema a la gente. Por ejemplo, en Brasil la Policía Militar utiliza tecnología israelí y el entrenamiento de las empresas israelíes para matar a la población pobre y negra. Cuando llevamos esta información a la gente, se ve conectada con la cuestión palestina.

El otro desafío es la idea de que basta con que los gobiernos hablen en favor de Palestina o reconozcan al Estado palestino. Eso pasó con Brasil, en el 2014 retiró el Embajador en Israel como protesta ante la matanza en la franja de Gaza, pero desde ese año y hasta hoy es el quinto mayor comprador de armas de Israel en el mundo. Si uno apoya los derechos humanos y una paz justa y no quiere más violencia, no puede seguir financiando a la industria que es responsable de todo eso.

Los asentamientos de colonos en Cisjordania son ilegales, pero continúan e incluso duplican su tamaño. La argumentación israelí es que se trata de una tierra que consideran que históricamente les pertenece, porque una parte de su religión se desarrolló ahí. Es similar a la argumentación detrás de la fundación del Estado de Israel. ¿Qué opinión le merece?

-Hay que hacer una distinción entre el Israel bíblico y el Estado de Israel, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Incluso esto es lo que Israel intenta hacer, conectarse con la religión para confundir a la gente.

Lo que pasa hoy no es un conflicto religioso, incluso judíos vivían en la Palestina histórica antes de la creación del Estado de Israel, tenemos que luchar contra el antisemitismo en todo el mundo para que los judíos puedan vivir donde quieran, sin importar dónde.

Lo que no se puede aceptar, es que hagan un estado solamente judío y para eso tengan leyes racistas en contra de quiénes no son judíos. El Movimiento BDS está contra la discriminación, del apartheid, la colonización y la ocupación, no en contra de la existencia de judíos y judías en la región.

Los asentamientos no son una política de un gobierno u otro -mucha gente habla como si fuera de un problema del Gobierno de extrema derecha de ahora-, pero la mayor expansión de los asentamientos ilegales fue en un gobierno laborista. Es un proyecto del Estado, un problema de régimen de colonización y por eso la importancia de hacer presión internacional para frenar eso antes de que sea tarde.


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