Declaración que ofrece al Senado

Exdirector del FBI confirma presiones de Trump sobre caso Flynn

James Comey añade que “imploró” al Fiscal General que evitara cualquier comunicación directa entre él -Comey- y el Presidente.

El pasado 27 de enero, con apenas una semana de acceder al puesto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, invitó a cenar a la Casa Blanca al entonces director del Oficina Federal de Investigación (FBI), James Comey. La velada inició con Trump preguntándole al funcionario si quería seguir en su puesto y poco después, le dijo “yo necesito lealtad, espero lealtad”.

“No me moví, ni hablé ni cambié mi expresión facial de ningún modo durante el incómodo silencio que siguió. Simplemente nos miramos el uno al otro en silencio”, relata Comey en el texto de la declaración que ofrecerá mañana ante el Senado estadounidense y que ya está disponible en el sitio oficial del Comité de Inteligencia de esa cámara parlamentaria.

Esa cena constituyó la segunda de cinco “interacciones” directas entre ambos y descritas en el testimonio del exfuncionario. De acuerdo con Comey, durante esas conversaciones Trump entre otras cosas le solicitó que el FBI abandonara la investigación sobre el ahora exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn.

Flynn debió renunciar luego de que se revelara que no sólo que había mantenido conversaciones con el Embajador de Rusia a espaldas del gobierno de Barack Obama, sino que mintió al respecto al Vicepresidente Pence.

Precisamente los sospechosos vínculos con Rusia hicieron que Flynn sea objeto de investigación por parte del FBI. Comey fue removido de su puesto por Trump el 9 de mayo.

“QUIERO HABLAR SOBRE MIKE FLYNN”

La primera de esas “interacciones” se dio el 6 de enero en la llamada Torre Trump, antes de que el magnate de bienes raíces, casinos y canchas de golf ocupara su cargo como Presidente y en el contexto de una reunión con personal de alto nivel de inteligencia.

En esa ocasión, Comey fue designado para quedarse a solas con Trump y ponerlo al tanto sobre informes de inteligencia “personalmente sensibles” para el Presidente, aún cuando esa información era “salaz y no verificada”, pues sabían que iba a aparecer en medios de comunicación.

Se trata de los informes que fueron divulgados por varios medios en enero, en los que se consignó entre otras cosas que durante una visita a Rusia, Trump habría pagado a unas prostitutas para que orinaran.

En la institucionalidad estadounidense es inusual e incluso indeseable que el Presidente se comunique directamente con el jerarca del FBI, pues se considera que la independencia de esa agencia de investigación es primordial.

Probablemente por ello Comey se sintió obligado documentar la conversación en un memorando, que según relata empezó a escribir de inmediato en el automóvil del FBI en el que abandonó el edificio. Añade que desde ese momento asumió la práctica de “crear registros escritos inmediatamente después de conversaciones uno a uno con el señor Trump”.

Luego de la incómoda cena del 27 de enero, la siguiente ocasión en que Comey se vio obligado a reunirse a solas con Trump fue el 14 de febrero, en el mítico Despacho Oval.

Se trató de una reunión de anti terrorismo, en la que participaron también el vicepresidente Mike Pence, el subdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el director del Centro Nacional contra el Terrorismo, el Secretario de Seguridad Nacional y el Fiscal General.

De acuerdo con el relato de Comey, al final de la reunión Trump indicó que quería quedarse a solas con él, aún insistió en ello cuando el Fiscal General y el propio yerno de Trump hicieron el tanteo de quedarse en el despacho.

Una vez solos, Trump le dijo “quiero hablar sobre Mike Flynn”, quien había renunciado recién el día anterior. “Es un buen tipo y ha pasado por mucho”, expresó el Presidente y le dijo a Comey que “espero que tenga usted el camino despejado para dejar esto ir, dejar a Flynn ir. Es un buen tipo”. Según Comey, su única respuesta fue estar de acuerdo en que Flynn es “un buen tipo”.

“Entendí que el Presidente solicitó que abandonáramos cualquier investigación sobre Flynn, en conexión con declaraciones falsas sobre sus conversaciones con el Embajador ruso en Diciembre”, apunta el exdirector del FBI.

El testimonio añade que eso fue “muy preocupante, en vista del papel del FBI como una agencia independiente de investigación”. Así, Comey consideró necesario tratar el tema con la jerarquía de la institución y se acordó que “era importante no infectar al equipo de investigación con la solicitud del Presidente, la cual no pretendíamos tolerar”.

Comey y su equipo concluyeron también que en vista de que se había tratado de una conversación uno a uno con Trump y que no había evidencia que corroborara su versión, “tenía poco sentido informar al fiscal general (Jeff) Sessions”.

Sin embargo, esa evidencia bien podría existir de acuerdo con el mismo Trump, quien el pasado 12 de mayo en su cuenta de Twitter amenazó: “James Comey mejor espere que no existan “cintas” de nuestras conversaciones antes de que empiece a filtrar a la prensa!”.

(Fuente: Twitter)

Poco después, Comey conversó con Sessions y aprovechó la oportunidad para “implorar” al Fiscal General que “evitara cualquier comunicación directa en el futuro entre el Presidente y yo”.

Otra de las interacciones detalladas por Comey fue una llamada telefónica hecha por Trump el 30 de marzo, en la cual se refirió a la investigación sobre los vínculos de su equipo de campaña presidencial con Rusia como “una nube” que afectaba su trabajo por el país.

Escribe el exfuncionario que Trump “dijo que no tenía nada que ver con Rusia, que no se había involucrado con prostitutas en Rusia y que siempre asumió que era grabado cuando estaba en Rusia. Preguntó que podíamos hacer para remover esa nube”.

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