75 aniversario de las bombas de Hiroshima y Nagasaki

El país que sufrió un ataque nuclear sigue sin firmar el tratado de armas

Mientras en Japón se pedía ratificar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, en Líbano una desastrosa explosión “parecida a Hiroshima” derrumbaba al gobierno seis días después.

Tres ciudades desiertas: Hiroshima, Nagasaki y Beirut. Llenas de muertos. Como las víctimas de la pandemia del COVID-19, que se extiende por todo el mundo. Con 20 millones de contagiados: casi 5,5 millones en Estados Unidos y 170 mil muertos; más de 3 millones en Brasil, más de 100 mil muertos; 2,5 millones, en la India, 45 mil muertos. Cerca de 750 mil muertos en todo el mundo, en algo más de siete meses, sin que se pueda vislumbrar su fin. 

Las ciudades desiertas

Fue hace 75 años, un 6 de agosto. A las 8:15 a.m. Una guerra que llegaba a su fin, pero se anunciaba la próxima. 

Las campanas volvieron a sonar la semana pasada en Hiroshima. Recordaban que hace 75 años dispararon aquí la primera bomba nuclear en la historia de la humanidad, cuando el B-29 estadounidense Enola Gay la dejó caer y arrasó la ciudad. 

«A las 8:14 era un día soleado, a las 8:15 era un infierno», dice Kathleen Sullivan, directora de Hibakusha Stories, una organización que recopila testimonios de sobrevivientes de las bombas. Son los hibakushas. Todavía hay sobrevivientes.

De manera inmediata, sufrieron quemaduras que les arrancaron la piel y los tejidos.

«De repente me enfrenté a una gigantesca bola de fuego… Luego vino un ruido ensordecedor. Era el sonido del universo explotando», contó Shinji Mikamo, sobreviviente de Hiroshima, a la BBC. «Sentí un dolor punzante que se extendió por todo mi cuerpo. Fue como si un balde de agua hirviendo cayera sobre mí y me restregara la piel». 

Difícil calcular las cifras. Cerca de un tercio de la población pudo haber muerto casi de inmediato en Hiroshima. Unas 100 mil personas, quizás, de las 350 mil que vivían en la ciudad. Otras miles murieron más tarde como consecuencias de las heridas y quemaduras, o de cáncer, resultado de las radiaciones de la bomba. Dos tercios de los edificios de la ciudad quedaron reducidos a escombros.

Con el tiempo, algunas personas desarrollaron cataratas y tumores malignos. En los cinco años posteriores a los ataques, entre los habitantes de Hiroshima y Nagasaki aumentaron drásticamente los casos de leucemia.

Un mar de fuego, el infierno 

El 16 de julio Estados Unidos había ensayado con éxito la bomba Trinity, la primera arma nuclear que se detonaba en el mundo, recuerda el periodista de la BBC, Carlos Serrano.

El primer blanco elegido fue Hiroshima. Como la ciudad no había sido bombardeada antes, era un buen lugar para evaluar los efectos de la bomba. Además, era la sede de una base militar. 

Tres días después le tocó a Nagasaki. Sigue contando Serrano: “Nagasaki no estaba en la lista de objetivos prioritarios. Entre los objetivos principales estaba Kokura, una ciudad con zonas industriales y urbanas en terrenos relativamente planos. El día del ataque, sin embargo, Kokura estaba cubierta de bruma y humo, según el reporte de los pilotos”. Fue su salvación.

En Nagasaki cerca del 40% de la ciudad quedó en ruinas. Se calcula que pueden haber muerto cerca de 50 mil personas el día de la explosión.

Tres semanas después, el 2 de septiembre, Japón firmaba su rendición incondicional. «Hemos decidido allanar el camino para una gran paz para todas las generaciones venideras, soportando lo insoportable y sufriendo lo insufrible», dijo el emperador japonés Hirohito.

 Las armas nucleares

El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, pidió al gobierno de Japón “acatar el llamamiento de los ‘hibakusha‘ para firmar, ratificar y ser parte del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares».

El único país que ha sufrido un ataque atómico no ha querido hacerlo hasta ahora. El primer ministro, Shinzo Abe, habló después. Evitó conversar del Tratado.

Aprobado en las Naciones Unidas, el 7 de julio de 2017, por 122 estados miembros, no ha entrado en vigor. Para eso necesita que por lo menos 50 naciones lo ratifiquen. Hasta hoy solo lo han hecho 40.

Al contrario, como si no hubiese memoria, Estados Unidos ha venido denunciando diversos tratados vigentes de control de armas. El último, en mayo, el Tratado de Cielos Abiertos, suscrito por el presidente George Bush en 1992.

El acuerdo permite a Estados Unidos, Rusia y a otros 33 países realizar vuelos de observación con aeronaves desarmadas sobre los territorios de los demás países para contribuir a reducir el riesgo de guerra.

El enviado de Trump a las negociaciones sobre control de armas, Marshall Billingslea, advirtió que Estados Unidos tiene “experiencia suficiente y comprobada. Sabemos cómo ganar estas carreras y cómo invertir más recursos que el enemigo, “hasta perderlos de vista”.

 Beirut

Hay momentos en la historia de una nación que quedan congelados para siempre, dijo uno de los periodistas occidentales de más larga trayectoria en Medio Oriente, el británico Robert Fisk.

Hablaba de la explosión que sacudió Beirut el pasado martes, 4 de agosto. Un desastre nacional “parecido a Hiroshima» cuyo origen está en investigación, dijo el gobernador de Beirut, Marwan Abboud. “Puede que no sean las peores catástrofes sufridas por sus pueblos. Ni la más política. Pero resumen la tragedia sin fin de esa sociedad”, afirmó Fisk.

Karina Sukkar, una diseñadora y arquitecta libanesa, observa desde el balcón de su apartamento, tras la colosal explosión. (Foto: agencia AFP)

Las primeras versiones hablan del almacenamiento inseguro, durante años, de 2.750 toneladas del altamente explosivo nitrato de amonio, junto con fuegos de artificio. Pero el gobierno no descarta otras posibilidades como causa de la explosión. 

El saldo de víctimas no paraba de crecer. El fin de semana se hablaba de más de 150 muertos, cerca de cinco mil heridos y unas 300 mil personas sin hogar. La zona del puerto había dejado de existir. Las fotos mostraban el puerto devastado, ennegrecido. La Cruz Roja libanesa estimaba que decenas de personas, sobre todo trabajadores portuarios, estaban todavía enterrados bajo los escombros. 

Las imágenes, de fuego, de tormenta, de apocalipsis –dijo Fisk– son las de una pintura medieval. Sugieren el horror de la pestilencia, de la guerra, del hambre, de la muerte.

A lo que hay que agregar el contexto. “Hay una opacidad en el lugar, una falta de responsabilidad política tan endémica que ya se hizo habitual”. 

Crecía la ira de la gente. El sábado se hizo una gigantesca marcha de protesta en la ciudad. “Ellos piensan que se van a librar de esto otra vez. Pero no se van a librar. No esta vez, afirmaban los afectados, refiriéndose a los gobernantes y a la corrupción extendida en el gobierno. 

Miles de airados libaneses pedían la renuncia del gobierno, mientras el primer ministro, Hassan Diab, hablaba de posibles elecciones anticipadas. 

Seis días después de la explosión, el primer ministro, Hassan Diah, anunciaba la renuncia de su gobierno este lunes 10 de agosto, tras la partida de varios ministros y las protestas sucesivas por la devastadora explosión.

La catástrofe solo vino a desnudar las carencias acumuladas. 500 camas de hospitales desaparecieron. Contenedores con miles de equipos de protección para el personal de salud que combate el nuevo coronavirus se perdieron, dijo la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La explosión ocurre cuando el Líbano enfrenta su peor crisis económica en muchos años, que provocó las enormes protestas en octubre pasado que le costaron el cargo a la entonces primera ministra, Saad Hariri, con un desempleo del 25% e hiperinflación. 

Por primera vez en su historia, el Líbano no podrá cumplir con sus compromisos de deuda externa. Todo el grano almacenado en el puerto –una de las áreas más habitadas y empobrecidas de la ciudad– se perdió. 

Estamos tan cansados…

“Estamos todavía tan cansados…”, dijo la doctora Sara Gayoso al diario británico The Guardian, mientras una segunda ola de la pandemia amenaza toda Europa. En las últimas dos semanas un récord de 35 mil casos desató en España todos los temores. 

“Si hay otra ola como la de marzo o abril podría ser una catástrofe”, agregó la doctora Gayoso.

Inglaterra amenaza con incluir nuevos países en la lista de ingreso restringido. El próximo podría ser Francia. Bélgica y Andorra ya fueron incluidas en la lista. En pleno período de vacaciones en Europa, viajeros provenientes de esos países serán sometidos a dos semanas de cuarentena obligatoria.

En Francia, el presidente, Emmanuel Macron, convocó al Consejo de Defensa para analizar el aumento del contagio de la COVID-19: un 33% en la semana entre el 27 de julio y el 2 de agosto. La economía se desplomó un 13,8% en el segundo trimestre.

El gobierno polaco ordenó cuarentena nacional, después de que un récord de 809 casos nuevos se registró en el país el pasado viernes.

Noruega advierte a sus ciudadanos que “las vacaciones han terminado”, que no deben viajar fuera del país, incluso donde los casos registrados son pocos.

En Alemania, los casos diarios llegan a casi mil, por primera vez desde mayo. Mucho menos que el récord de 6 mil registrados hace un par de meses, pero el ministro de Salud advierte que el ritmo de contagios se está acelerando otra vez.

En Australia, la policía vigila las calles vacías de Melbourne, mientras el virus se expande.

India se transformó en el país con más casos en el mundo en agosto, ligeramente por encima de Estados Unidos, superando también a Brasil, acercándose a los 2,5 millones afectados, mientras los trabajadores del área de salud se manifiestan, exigiendo mejores condiciones de trabajo. El viernes 7, el país superó los 60 mil casos y registró 926 muertes, la cifra más alta hasta entonces para un solo día. Pero dos días después esa cifra ya superaba las mil. India es ya el tercer país con más casos en el mundo.

América Latina: la caída de los intocables

“La caída de un intocable”, tituló el periodista Felipe Restrepo su artículo en el Washington Post sobre la prisión del expresidente Álvaro Uribe, ordenada por la Corte Suprema de Justicia de Colombia.

De larga trayectoria política, desde que fue gobernador del departamento de Antioquía (95-97), Uribe ha hecho política vinculado a grupos paramilitares como las Autodefensas Unidas de Colombia, un hecho documentado ampliamente en el país. 

Ya presidente, sus jefes militares se encargaron de reclutar campesinos a los que asesinaban para presentarlos luego como guerrilleros caídos en combate. Eran los “falsos positivos” con que el ejército presentaba sus victorias en la lucha contra la guerrilla. Generales y civiles, aliados de Uribe, están presos en Estados Unidos acusados de narcotráfico. Ahora senador, encabezó la lucha contra los acuerdos de paz. 

Lo cierto es que Uribe, junto a otros líderes latinoamericanos, se parecen más a la casta de los “intocables” de la India. 

Como su colega argentino, Mauricio Macri, que la semana pasada fue declarado “non grato” por una Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia (ACAF).

Macri, que tiene también nacionalidad italiana, tenía previsto pasar en Francia los 14 días de cuarentena que exige Suiza, su próximo destino, donde va a asumir la presidencia de la Fundación FIFA, en Zurich. “Intocable, se alojó en París en el muy exclusivo hotel La Reserve”, mientras los miembros de la ACAF lo denunciaban por la inflación, la pobreza, el endeudamiento desenfrenado y el desempleo, agravados en Argentina durante su mandato (2015-2019).

Una deuda imposible

El martes 4 de agosto, el gobierno de Argentina llegó a un acuerdo con tres grupos de acreedores extranjeros para reestructurar una deuda privada de $65 mil millones, en gran parte herencia del gobierno de Macri. 

Con negociaciones que parecían imposibles, después de que el expresidente pagó en 2017 a los fondos buitres más de $15 mil millones y volvió a endeudar a Argentina a niveles insostenibles, este nuevo acuerdo permitiría al país salir de la condición de cesación de pagos en que se encuentra desde mayo.

«Resolvimos una deuda imposible, en la mayor crisis económica que se recuerde y en el medio de una pandemia», dijo el presidente Alberto Fernández, que heredó un país en recesión, con una inflación de casi 54% en 2019 y que, desde 2018, no tenía acceso a los mercados para financiarse.

Por otro lado, en el vecino Brasil, el expresidente Luis Inácio Lula da Silva sigue avanzando en su lucha por demostrar que lo actuado en su contra por el exjuez y exministro, Sergio Moro, estaba determinado por intereses políticos más que jurídicos. Moro le impuso condena de cárcel y logró sacarlo de la pasada contienda electoral, en la que era amplio favorito,

En un fallo del Supremo Tribunal Federal, el ministro Ricardo Lewandowski criticó esas decisiones, asegurando que estaban orientadas a influenciar el proceso electoral, y lo acusó de violar el sistema acusatorio, las garantías constitucionales y los derechos de la defensa en el caso del expresidente Lula.

El cambio en el escenario político brasileño lo resumió el columnista Merval Pereira, del Consejo Editorial del grupo Globo. Se trata del medio conservador más importante de Brasil, que no solo contribuyó de manera decisiva al impeachment de la expresidente Dilma Roussef, sino que encabezó una campaña permanente de desprestigio del Partido de los Trabajadores y de Lula.

Hasta ahora. En su columna del pasado jueves 6, Pereira especuló sobre las elecciones del 2022, que podrían ser “una de las más interesantes de los últimos tiempos”, con Moro, Lula y el actual presidente Jair Bolsonaro enfrentándose en las urnas. 

“Está en las manos del Supremo Tribunal Federal el destino del rompe-cabezas político-electoral que definirá la carrera presidencial de 2022 y que ya está en desarrollo”.

Protestas en Bolivia

La semana terminó con protestas en Bolivia, con el país paralizado por manifestantes que piden la celebración de elecciones y contra un nuevo plazo establecido para 18 octubre, el cual fue decidido por el Tribunal Supremo Electoral. 

El objetivo del paro es exigir que se establezca por ley una fecha fija para las elecciones, postergadas ya en dos ocasiones. 

Los bloqueos se han ido extendiendo a más de 150 lugares en distintos puntos del país, mientras crecen los rumores de un nuevo golpe militar, resurgen grupos paramilitares y se nombra como nuevo ministro de Planificación a Branco Marinkovic.

“Marinkovic es un terrateniente croata, del fascismo Ustacha y separatista. Vivió en Brasil 10 años debido a que se fugó de la justicia boliviana, porque fue uno de los impulsores de “La medialuna” (integrado por los departamentos Pando, Beni, Santa Cruz, Tarija) con quienes llevó adelante el intento frustrado de golpe de Estado en el 2008”, recordó la periodista Verónica Zapata, en un artículo publicado el domingo 9 de agosto, titulado “La situación dramática de Bolivia, Evo advierte de otra masacre”.

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