El “delito” de informar en Nicaragua

Cuatro periodistas nicaragüenses se vieron obligados a exiliarse por reportear verazmente la crisis sociopolítica en su país.

Con cuatro camisas y dos pantalones en la maleta, el 23 de diciembre Leticia Gaitán abandonó Nicaragua por un punto ciego en la frontera con Costa Rica. Dos días antes las instalaciones del canal independiente de televisión en el que trabajaba, 100% Noticias, habían sido brutalmente allanadas. Esa noche las autoridades bajo el mando de Daniel Ortega secuestraron a tres periodistas arbitrariamente, dos de ellos no han sido liberados.

Ese mismo día Gaitán tuvo que salir de su hogar, según explicó, porque era la siguiente en la lista de capturas. Tenía razón: un día después la Policía Nacional ya visitaba las casas de sus familiares en su búsqueda. Horas más tarde, cruzaba la frontera hacia Costa Rica.

En este país no tiene nada que pueda llamar suyo. De 100 dólares en efectivo que pudo traer, le quedan apenas 40, pero aún así dice tener el espíritu alto.

Decía el cantante Jorge Drexler: “La migración nunca es un acto placentero”. Lo es mucho menos cuando, como Leticia, se tiene que salir ilegal y perseguido a un país desconocido, donde no le espera ninguna garantía ni social ni económica. Igual que ella, al menos 60 periodistas han salido de Nicaragua desde que inició la crisis sociopolítica, en abril del año pasado.

Leticia sigue haciendo periodismo. Participa en Nicaragua Investiga, un pequeño medio digital con periodistas exiliados que abordan el contexto nicaragüense. No recibe paga, porque el proyecto no ha logrado generar suficiente dinero para calificarlo como un salario. Ella,  junto a sus otros colegas, Yesling Espinoza, Héctor Rosales y Gerall Chavez, han vivido la precariedad de la migración.

Los periodistas de Nicaragua Investiga salieron del país por una razón común: tenían miedo que el gobierno de Ortega atentara contra sus vidas.

Meses antes de su salida, por ejemplo, a Gerall le pintaron las paredes de su casa con la leyenda “Plomo, FSLN, No olvidamos”. A Héctor lo interceptaron para reventarle la boca a golpes y Yesling diariamente recibía amenazas de muerte por redes sociales. “Nadie se va porque quiere, por gusto. Menos nosotros que estamos tan comprometidos con nuestro país”, sostuvo Yesling.

Salir de Nicaragua

En Nicaragua, Gerall y Héctor trabajaban en el mismo canal de televisión. Cuando anunciaron que pensaban irse del país, no tuvieron el apoyo que esperaban de sus patrones, aunque ambos estuvieron cubriendo constantemente las protestas en el país y se sabía muy bien que eran víctimas de amenazas.

Salieron en vísperas de año nuevo, sin tener planes de qué llegar a hacer, ni un hogar seguro donde vivir. Ninguno tenía ningún contacto en el periodismo costarricense y tampoco pensaban volver a trabajar en su profesión en el extranjero. En ese momento, lo único seguro que tenían era un plato de comida que la madre de Gerall le había empacado antes de partir.

Casa del periodista Gerall Chávez vandalizada por simpatizantes de Daniel Ortega, meses atrás. Tomada de Facebook

La propuesta de realizar el proyecto fue una casualidad que no dudaron en tomar.

“Después del encarcelamiento de los periodistas de 100% Noticias nos dimos cuenta de que ya no habían garantías dentro del Estado represor de Nicaragua. En redes sociales habían imágenes con mi cara que decía que era el siguiente, porque supuestamente yo era responsable de promover el “odio”. Yo no quería irme, yo quisiera estar en Nicaragua, pero mi familia me rogó que saliera. Puse la renuncia, la aceptaron y me fui a los dos días”, expresó Gerall.

Yesling, por su parte, tuvo que irse porque cree que en Nicaragua se perdió el poco respeto que se le tenían a la prensa. Ver a periodistas encarcelados y medios allanados, junto a las amenazas diarias que recibía, le dieron la última razón para escapar.

“Recibía mensajes que me explicaban cómo me iban a matar. El periodismo independiente que cuenta las cosas como son los incomodó y por eso me decían que me iban a cortar la lengua sin anestesia”, afirmó el joven.

Aunque para él no fue fácil cruzar. Las personas que lo ayudaron a cruzar por poco fueron atrapados por la policía migratoria costarricense, se escondieron por horas dentro de una pequeña bodega fronteriza, junto a otros migrantes nicaragüenses y africanos. Aún así, explica, no sintió el miedo que vivía diariamente en su país.

Para un nicaragüense, la transición económica entre Managua y San José puede ser exorbitante. Costa Rica es un país caro, y vivir de liquidaciones provenientes de Nicaragua, como lo hacen estos periodistas -a excepción de Leticia que debido a la captura de Miguel Mora, su jefe, el canal fue suspendido sin poder pagarle a sus trabajadores- no ha sido factible.

Al menos dos de ellos viven dentro una casa con más de ocho personas, también exiliadas. Duermen sobre colchones de aire en cuartos compartidos. El dinero que les queda se acaba poco a poco. Sin embargo, logran sobrevivir, afirman, aunque sea a base de pan y gallopinto. Con que uno que lleve los sobres de café instantáneo y que el otro pueda comprar natilla para el desayuno, es más que suficiente.

Es que todo el proyecto ha sido un terreno bastante nuevo. En Nicaragua eran los rostros comunes que aparecían en los canales televisivos más grandes, donde se les proveía todo para hacer su labor.

La “redacción” donde trabajan está dentro de un cuarto que no mide más de dos metros de largo y que también sirve de comedor, estudio de grabación y sala de reuniones. Solo tienen dos computadoras, una Canon fotográfica que usan para grabar, una luz de estudio amateur, donada por un lector, y dos mesas de plástico multiusos. Es difícil movilizarse dentro del pequeño espacio, más cuando tratan de intercambiarse las computadoras cuando alguien no la ha usado en bastante tiempo. “Esto que ves es lo que hay y así hacemos que sirva”, dice Héctor, aspirando las eses con su acento.

El diminuto espacio es prestado e inestable, no saben si pueden permanecer ahí, pero tampoco quieren. Costa Rica para ellos es una pausa forzada de sus “vidas de verdad”, como le llaman. Su esperanza es regresar a Nicaragua en cuanto Ortega se vaya del poder, y esperan que sea pronto.

Aún así, diariamente sacan un noticiero en YouTube y constantemente actualizan su sitio web con noticias de última hora sobre la situación en el país vecino, aunque les cuesta.

“Allá (reportear) es difícil, porque tenés la amenaza del rifle, de la escopeta, que te partan la cabeza con un Dragunov. Aquí es difícil porque uno no se puede traer las fuentes al bolso, uno no puede ir al lugar de los hechos, pero las llamadas y mensajes nos han ayudado para hacer nuestro trabajo. No es fácil, pero se hace”, explicó Yesling.

Para Leticia es difícil recordar cómo tener estabilidad. En dos meses ha vivido en al menos tres casas distintas. Aunque sabe que eventualmente tendrá que buscar algo que le genere más ingresos para pagar su estadía en el país, no puede buscar un trabajo debido a que aunque ya solicitó asilo ante las autoridades costarricenses y no ha tenido, siquiera, la primera cita que le otorgue el carné de solicitante de refugio. Así es el estatus de todos ellos.

Cuando se le pregunta sobre sueños o metas, ella contesta: “¿metas? No sabría decirte. No tengo metas aquí, o bien, no sé qué va a pasar conmigo entonces no puedo tener metas ahora. Yo tengo una familia, mi situación es diferente a la de otros. Estoy buscando cómo trabajar para poder reunirnos. Uno sabe que tampoco va a vivir solo de la caridad de las personas. Mi objetivo es seguir dentro de periodismo porque es lo que sé hacer”, dice firmemente.

Días antes de esta publicación, se notificó que Nicaragua Investiga será suspendido temporalmente por falta de recursos económicos. El futuro es incierto para estos periodistas, que su único delito ha sido informar. Por ahora, quizás, sobrevivir es su única meta.

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