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Ciencia gana terreno en batalla contra el cáncer

El desarrollo de las tecnologías moleculares ha permitido identificar mejor cuáles son las proteínas anormales que deben ser frenadas, lo que permitió el desarrollo de terapias selectivas, mientras con la inmunoterapia, los anticuerpos de síntesis, producidos en laboratorio, atacan una proteína en la superficie de las células cancerígenas y provocan una acción antitumoral ya sea de manera indirecta o a través de la estimulación del sistema inmunitario.

París, Francia

El cáncer, ese viejo enemigo de la especie humana, ha ido revelando sus secretos gracias a los espectaculares avances de la medicina, pero el campo de investigación es aún inmenso.

El cáncer es provocado por la transformación de células, que proliferan de manera anormal e incontrolada. Causa unos 10 millones de muertes al año en todo el mundo.

Tras décadas de investigación intensiva, se conoce mucho mejor sus orígenes y características. Por ejemplo, ahora se sabe que no hay “un” cáncer para un órgano, sino que puede manifestarse de forma diferente. Y que un mismo tipo de cáncer puede provocar tumores diferentes.

“Hablar de un cáncer de colon o de un cáncer de seno no quiere decir nada: el reto actualmente es definir a qué se parece un cáncer desde un punto de vista biológico”, explica a la AFP el médico Fabrice André, director de investigaciones del centro especializado francés de Gustave-Roussy.

Por ejemplo, existen tres grandes clases de cánceres de seno que no responden igual a un mismo tratamiento.

En los últimos años “el desarrollo de las tecnologías moleculares ha permitido identificar mejor cuáles son las proteínas anormales que deben ser frenadas” para cada tipo de tumor, añade el profesor André.

Esa mejor comprensión de la enfermedad permitió la emergencia en los años 2000 de terapias selectivas, cuyo objetivo es una mutación genética en particular.

Avances recientes

La quimioterapia fue durante años el único tratamiento viable, sin focalizarse en la zona concreta afectada. Los efectos secundarios solían ser severos.

Para algunos tipos de cánceres, como ciertas leucemias, “las terapias selectivas fueron una revolución”, destaca Bruno Quesnel, director de investigaciones e innovación del Instituto Nacional del Cáncer (Inca) en Francia.

En la última década fue la inmunoterapia la que aportó los progresos más importantes a la oncología.

Su principio es que el paciente se convierte en su propio medicamento.

A diferencia de las quimioterapias, ya no se ataca a las células cancerígenas en sí, sino que se refuerzan las células inmunitarias que las rodean, para que las destruyan.

Gracias a este descubrimiento James Allison, de la universidad de Texas, y Tasuku Honjo, de la universidad de Kyoto, ganaron el Nobel de Medicina en 2018.

En el caso de algunos cánceres, ese descubrimiento fue capital. Por ejemplo, antes de 2010, las posibilidades de supervivencia de un melanoma metastatizado (el cáncer de piel más grave) eran muy escasas. Gracias a la inmunoterapia, la esperanza de vida aumentó hasta diez años, en lugar de unos cuantos meses.

Sin embargo no todos los tumores responden positivamente a ese tratamiento, que también puede provocar efectos secundarios.

Inteligencia artificial

“Estamos apenas en el inicio de la inmunoterapia”, asegura Bruno Quesnel. Sus aplicaciones son variadas: anticuerpos bioespecíficos, terapias celulares y alogénicas (células CAR-T)…

“Ahora de lo que se trata es conseguir la correcta combinación de tratamientos”, advierte Pierre Saintigny, oncólogo del centro Léon Bérard de Lyon.

“Con la inmunoterapia hemos subido un peldaño en el tratamiento del cáncer, pero aún quedan otros muchos para aquellos pacientes que no tienen acceso” a ese tratamiento, explica.

Los investigadores tienen también a su disposición las biotecnologías para desarrollar nuevos medicamentos, cada vez más selectivos y menos tóxicos.

Y la última arma, recién llegada, es la inteligencia artificial (IA), que permite una mejor definición del pronóstico del cáncer.

Gracias a ella, “podremos identificar qué pacientes pueden beneficiarse de un tratamiento corto”, asegura Fabrice André. Su principal ventaja es la progresiva desescalada del tratamiento, y por ello, una reducción de costes.

El primer cáncer tratado con la ayuda de la AI fue el cáncer de seno.

Otra esperanza reside en la capacidad de detectar muy precozmente un tumor en el organismo.

“Ya se ha logrado en Estados Unidos, mediante el rastreo del ADN a partir de un simple análisis de sangre, pero aún aparecen demasiados falsos positivos”, advierte Fabrice André.

Con la generalización de esta técnica mejoraría sustancialmente la prevención, que sigue siendo la mejor manera de evitar una gran parte de los cánceres.

Poco diagnosticado y sin tratamiento durante siglos, el cáncer ha sido objeto de una revolución terapéutica en las últimas décadas. Las innovaciones se multiplican, aunque esto no signifique reemplazar a las terapias tradicionales.

La cirugía

El cáncer ha sido diagnosticado desde la época del antiguo Egipto. Más tarde el médico griego Hipócrates le puso un nombre: “karkinos”, cangrejo en griego.

Los primeros tratamientos, a finales del siglo XIX, se centraban en la cirugía, que consiste en extraer el tumor.

Actualmente, la cirugía sigue siendo “un arma terapéutica” importante, subraya el profesor Steven Le Gouill, onco-hematólogo al frente del grupo hospitalario del Instituto Curie de París. “Cáncer de seno, de colon, sarcoma… Muchos tumores quedan en manos de cirujanos”.

Pero la cirugía también es “una puerta de entrada en muchos cánceres, y es gracias a ella que disponemos de tejido tumoral que permite el diagnóstico”, agrega.

La radioterapia

La radioterapia surgió a partir de los avances del físico alemán Wilhelm Röntgen, quien descubrió los rayos X en 1895. Aún hoy en día continúa desempeñando un papel importante, ya que más del 70% de los tratamientos contra el cáncer incluyen sesiones de radioterapia. Esta consisten en enviar rayos (electrones, fotones, protones) que destruyen las células cancerígenas.

Su inconveniente es que dañan todos los tejidos que atraviesan. Muchas innovaciones intentan remediar este problema, entre ellas la irradiación de alta precisión con dosis fuerte. Se trata de ser “lo más preciso posible y enviar la dosis de radiación más fuerte posible al nivel del tumor, sin tocar los tejidos sanos”, explica Steven le Gouill.

La quimioterapia

Abarca medicamentos citotóxicos -varias moléculas utilizadas a menudo en combinación- que también van a destruir las células cancerígenas. Si a menudo es asociada con efectos secundarios importantes (como la caída del cabello), esta terapia continúa mostrando su eficacia, por ejemplo para la leucemia aguda.

Las vacunas

Existen dos vacunas para prevenir un cáncer cuando está vinculado con un virus: las vacunas contra los papilomas humanos y contra la hepatitis B (que puede provocar cáncer de hígado).

Desde hace años hay muchas investigaciones sobre “vacunas terapéuticas”. Se trata en este caso de producir antígenos tumorales -a través del ARN mensajero o de los virus-, que permitirán al sistema inmunitario activarse y producir la respuesta apropiada en los pacientes enfermos de cáncer.

La terapia selectiva

Desde hace un par de décadas, la terapia selectiva ha cambiado la vida de muchos pacientes. Se trata de moléculas químicas, concebidas específicamente para bloquear o interrumpir un mecanismo molecular indispensable para el avance, la proliferación o la supervivencia de las células tumorales.

La inmunoterapia

Es la gran revolución de estos últimos años. Consiste en potenciar el sistema inmunitario del paciente para ayudarlo a descubrir y matar las células cancerígenas.

La inmunoterapia se basa en los anticuerpos de síntesis, producidos en laboratorio, y son posibles varias modalidades.

Estos anticuerpos van a atacar, por ejemplo, una proteína en la superficie de las células cancerígenas. Al fijarse en la célula atacada, el anticuerpos provoca una acción antitumoral ya sea de manera indirecta o a través de la estimulación del sistema inmunitario.

Las células CAR-T

Se trata de una terapia celular cuyo principio es enseñarle a nuestro sistema inmunitario a reconocer y atacar las células cancerígenas.

Las células del sistema inmunitario del paciente (a menudo los linfocitos T) son extraídos, modificados genéticamente en laboratorio y luego reinyectados en la persona. Su tarea será atacar las células cancerígenas.

Empresas de biotecnología se lanzaron también en las células CAR-T llamadas alogénicas. En este caso los científicos van a modificar genéticamente células que no son del propio paciente sino de un portador sano.

Las CAR-T mostraron su eficacia en los cánceres de sangre como los linfomas, algunas formas de leucemias agudas y el mieloma múltiple. Pero esta terapia es muy costosa.

“El interés está en combinar todos estos enfoques y nuevas terapias para tener un plan personalizado para el paciente”, observa el profesor Le Gouill, que se muestra optimista.

“Pasamos una etapa en nuestra comprensión de la célula tumoral. El cáncer sigue siendo un desafío, pero se han hecho avances de manera exponencial”, dice.

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