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Brasil: La batalla de dos discursos titánicos

El 16 de agosto, inició oficialmente la campaña electoral 2022 en Brasil. De 11 candidatos ya inscritos formalmente, 2 polarizan radicalmente el espectro electoral en Brasil de cara a las votaciones del 2 de octubre al acaparar las mayores simpatías y exaltar los más antagónicos discursos.

El ultraderechista presidente Jair Bolsonaro enarbola el anacrónico estandarte del anticomunismo, se envuelve en los cánticos de los evangélicos, confía en las redes sociales, pero desconfía a muerte del voto electrónico y enarbola el estandarte: «Dios, patria, familia y libertad».

El presidente Jair Bolsonaro busca su reelección lanzando una imagen de fuerza y vitalidad a sus 67 años.

Frente a él, el expresidente (2003-2010) izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, con su exitoso legado de gobierno que logró sacar a más de 30 millones de brasileños de la pobreza, con el respaldo popular que no perdió ni aun cuando estuvo preso víctima de la componenda jurídico política con que lo acecharon sus adversarios. Lula habla de recuperar el país, de volver a ayudar a los más necesitados y acusa al presidente de su irresponsable manejo de la pandemia que dejó el dolor de, al menos, 680 mil muertos, lo que lo convierte en el segundo país más afectado del mundo, después de EE. UU.

La polarización como recurso

El presidente brasileño ve amenazadas seriamente sus posibilidades.

En julio 2021 la desaprobación de su gobierno llegó al 51% lo cual era desastroso, una serie de medidas asistencialistas se han ejecutado para intentar superarlo. Ahora, el rechazo llega al 43%.

Según una encuesta de Datafolha, publicada el pasado mes de junio, solo el 36% de los evangélicos tiene intención de volver a votar por Bolsonaro este año.

Mientras, según una encuesta de Datafolha, publicada el pasado mes de junio, solo el 36% de los evangélicos tiene intención de volver a votar por Bolsonaro este año.

En los últimos meses, como un recurso desesperado, Bolsonaro aumentó el gasto social a la vez que emprendió una fuerte campaña en contra de las autoridades electorales acusando de inseguro el voto electrónico, lo cual, según analistas podría ser un preargumento para desconocer una eventual derrota.

El asistencialismo social, en un país golpeado fuertemente por la crisis económica y la pandemia, le rindió algunos dividendos y lo hizo subir más de cuatro puntos en las encuestas.

En julio se veía a 7% de Lula, lo cual era la distancia más corta que había logrado.

Lula con la vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez quienes tienen grandes coincidencias en su lucha por los más desfavorecidos.

Por otra parte, el discurso polarizador antisistema lo que ha cosechado hasta ahora es un grado de intolerancia creciente en sus seguidores y un ambiente de tensión en la recién iniciada campaña.

Pero la encuesta publicada este lunes 15, de la consultora IPEC encargada por la TV Globo, indicó que Lula reúne 44% de las intenciones de voto, frente a un 32% de Bolsonaro, tendencia que se ha sostenido a lo largo de meses.

Mientras los analistas coinciden en que no habrá sorpresas como una tercera opción, sí se contempla la posibilidad de un triunfo de Lula en la primera vuelta.

Pero Lula, un político curtido por los más diversos avatares, no se duerme en sus laureles y se plantea esta campaña con una energía renovada y contagiosa. “Vamos a ganar, vamos a recuperar a Brasil, vamos a ganar porque el país nos necesita”, arenga a sus seguidores.

Desde 2020, Brasil volvió a formar parte del «mapa del hambre» de la ONU, después de haber conseguido salir de él bajo el gobierno de Dilma Rousseff (PT) en 2014.

Pero la campaña electoral que inició formalmente este martes no se limita a los dos líderes en las encuestas, sino que hay nueve candidatos más, aunque solo dos de ellos superan el 1%: el laborista Ciro Gomes, con el 6%, y Simone Tebet del Movimiento Democrático Brasileño, tradicional de centroderecha, con 2%.

Se ha rumoreado la posibilidad de que Gomes le diera su apoyo a Lula, lo cual casi aseguraría un triunfo en primera ronda, pero no ha sido confirmado por ninguna de las partes.

Bolsonaro con su esposa y líder evangélica Michelle, en la Marcha por Jesucristo, el 13 de agosto en Río de Janeiro. El voto evangélico es sustancial para el actual presidente, aunque éste se define como católico.

El gran espectro de la elección de octubre

Además del claro antagonismo y la polarización de los dos candidatos a presidente, Brasil también va a una elección que transformará el panorama político completo del país y en el que también se ven polarizaciones.

Según informa AgênciaBrasil, cerca de 28 mil personas compiten por un puesto en las elecciones de octubre.

La Justicia Electoral de Brasil informó que el plazo de inscripciones se cerró el lunes 15 a las 19 horas, momento al que se registraron 11 candidaturas para presidente, con sus correspondientes vicepresidentes, 223 para gobernadores y sus respectivos vicegobernadores, 231 senadores con primer y segundo suplentes, 10.258 diputados federales, 16.161 diputados de estado y 591 diputados de Distrito Federal.

Las solicitudes serán juzgadas en un plazo que se extiende hasta el 12 de setiembre, periodo en el cual la institución verifica que no existe algún impedimento legal, de haberlo, otros candidatos, opositores o el Ministerio Público Electoral puede pedir la impugnación.

Brasil tiene 156,4 millones de votantes, reconoce el voto voluntario de los jóvenes entre 16 y 18 años a partir de los cuales es obligatorio. En las elecciones de 2018 el abstencionismo fue de más del 20%.

El tercer candidato en intención de voto, Ciro Gomes del Partido Democrático Laborista (6%), podría decidir un triunfo de Lula en la primera ronda del 2 de octubre, si sus seguidores se suman.

Arranque incendiario

Tanto Bolsonaro como Lula decidieron hacer su respectivo primer acto de campaña este martes 16 de agosto, cargado de simbolismo.

El presidente Bolsonaro, de 67 años, realizó un nutrido mitin en la misma esquina en la que fue apuñalado en la campaña de 2018, en Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais (sudeste): «La ciudad donde renací», dijo.

«Juro de nuevo dar la vida para defender nuestra libertad», lanzó Bolsonaro bajo los vítores de una multitud de militantes convencidos, algunos de los cuales se dicen listos incluso a «luchar con armas» en caso de una derrota del presidente brasileño en las elecciones de octubre, según fue testigo AFP.

Bolsonaro, momentos después de ser apuñalado en plena campaña el 6 de setiembre de 2018 en Juiz de Fora, Minas Gerais, lugar donde decidió lanzar este año su campaña.

«No entreguemos nuestro país a las manos de nuestros enemigos», agregaba desde el escenario la primera dama, Michelle Bolsonaro, ovacionada por el público, asegura la agencia.

Por su parte, Lula acudió al Sindicato de Metalúrgicos en Sao Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de Sao Paulo, allí fue donde se inició en la política como obrero y sindicalista. El acto estuvo cargado de esperanza y entusiasmo.

«Fue aquí donde todo ocurrió: aquí aprendí a ser persona, adquirí conciencia política (…) en este día tan importante en mi vida, en el inicio de la campaña electoral, vine aquí a decirles que vamos a ganar la elección», aseguró el líder de las encuestas, vistiendo camisa blanca, desde una pequeña tarima rodeada de cientos de obreros metalúrgicos.

A pesar de sus 76 años, dijo sentirse «con la energía de 30» y que volverá al poder para «recuperar el país», al tiempo que criticó a Bolsonaro llamándolo «genocida» y «negacionista» por su gestión de la pandemia.

Los perfiles de los votantes de ambos candidatos muestran la importancia para Bolsonaro del sector evangélico, que representa el 30% del electorado en el país.

«Si hay alguien poseído por el demonio, ese es Bolsonaro», disparó el exmandatario, encendiendo la platea, según informó la agencia France Presse.

Según informó la agencia, Bolsonaro y Lula coincidieron en la noche del martes en Brasilia, en la investidura del juez Alexandre de Moraes como presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE). Sentados casi frente a frente, Bolsonaro en el estrado y Lula en primera fila en la platea, no cruzaron palabra, al menos delante de las cámaras.

«Somos una de las mayores democracias del mundo (…) pero somos la única que contabiliza y divulga los resultados en el mismo día, con agilidad, seguridad, competencia y transparencia. Eso es motivo de orgullo nacional», afirmó Moraes, blanco frecuente de las críticas de Bolsonaro.

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