Mundo

Bolsonaro: la triste figura de un político mediocre

Las manifestaciones convocadas por el presidente Jair Bolsonaro el pasado 7 de setiembre en Brasil sumieron el país en una crisis política y obligó al presidente a desdecirse de sus amenazas contra el Supremo Tribunal Federal.

Los discursos del presidente Jair Bolsonaro en Brasilia y São Paulo el pasado siete de setiembre “revelan la triste figura y la distorsionada mente autocrática de un político mediocre”, dijo Celso de Mello, expresidente del Supremo Tribunal Federal (STF).

El martes 7, en São Paulo, Bolsonaro llamó de “canalla” al juez Alexandre de Moraes, miembro del STF que investiga causas que involucran a él y a sus hijos por difusión de noticias falsas y apología de la dictadura (después se retractó). Y afirmó que no cumpliría ninguna de sus órdenes.

Manifestantes convocados por el ala radical de derecha formaron parte de las protestas que piden un juicio político (impeachment) contra Jair Bolsonaro (Foto: AFP).

El jueves 9, en medio del caos provocado por los camioneros que lo apoyaban, quienes cerraron carreteras por todo el país, y la preocupación de sus aliados (incluyendo los militares) por el rumbo anticonstitucional que tomaban las cosas, dijo que sus palabras contundentes eran resultado “del calor del momento”.

“Voy a cumplir 80 años y hace 60, más o menos, acompaño de cerca la política internacional. Nunca vi a Brasil de la forma en que está, en ningún aspecto”, Celso Amorim.

Hablaba, como dijo el columnista Moisés Mendes, al lado de tres generales de cuatro estrellas, todos de la reserva: el vicepresidente Hamilton Mourão y los ministros Braga Netto, jefe de gabinete de la presidencia, y Luis Eduardo Ramos, jefe de la Secretaría de Gobierno.

“Subió a las tarimas bajo la protección de sus militares”, dijo Mendes, y no llevó la preparación del golpe a una nueva etapa porque el mecanismo que desataría el caos no funcionó. Si hubiese funcionado, no habría pedido tregua”.

Sin el apoyo político que esperaba, con las carreteras tomadas, la bolsa cayendo, el dólar subiendo y el desabastecimiento amenazando a la población, Bolsonaro ordenó a los camioneros –la punta de lanza del operativo–, esta vez con voz mansa, abandonar las calles.

La alternativa era sacar a los militares a las calles, pero no para apoyar su proyecto, sino para matar camioneros, sus aliados, y abrir las carreteras. Una tarea que algún militar en el gobierno podía, quizás, ver con simpatía, pero que los de la activa –encargados de la tarea– probablemente no.

Con la crisis saliéndose de control, el presidente decidió desactivarla con una nota de diez puntos, difundida el jueves.

El genio había salido de la botella

Camioneros venidos de diversas partes del país habían ocupado la explanada de los ministerios, en Brasilia, para conmemorar la fecha de la independencia, el 7 de setiembre. La idea era asaltar el Supremo Tribunal Federal (STF), donde Bolsonaro y sus hijos enfrentan investigaciones que los pueden llevar a la cárcel.

Bolsonaro habló primero, en Brasilia; luego tomó un avión y se fue a São Paulo, donde subió el tono.

El día siguiente, miércoles 8, el país amaneció con bloqueos de carreteras en por lo menos 16 estados.

En la madrugada del jueves, en un video difundido por las redes, aparecían imágenes de los grupos de manifestantes que apoyaban a Bolsonaro, instalados en la explanada de los ministerios, en Brasilia. Al frente está el Supremo Tribunal Federal (STF). Bolsonaro empezó a tratar de disuadirlos de continuar. En audio, en tono coloquial, algo sumiso, habla a un emisario, que les va a pedir que abandonen sus protestas.

“Diga a los camioneros que son nuestros aliados, pero estos bloqueos complican nuestra economía. Provocan desabastecimiento, inflación, perjudican a todos, sobre todo a los más pobres.

“Entonces diga a la gente que, si es posible, libere, normalice. Que nos dejen negociar aquí en Brasilia; no es fácil negociar aquí con otras autoridades, pero vamos a hacer lo que nos corresponde, vamos a buscar una solución, ¿ok? Aproveche y dele un abrazo a todos los camioneros de mi parte”.

Los camioneros no creían que el audio, de verdad, fuera de Bolsonaro. Podían ser fake news. Exigieron garantías.

Bolsonaro pidió entonces al ministro de Infraestructura, Tarcísio de Freitas, confirmar que era él quien pedía cancelar la protesta y abrir las carreteras.

El ministro aparece en un video y habla: –Hola, hoy es ocho de septiembre, pasadas las 10:38 de la noche. Muchos camioneros están cuestionando si un audio del presidente de la República es real y si es de hoy. Sí, es real y es de hoy, y muestra la preocupación del presidente con la paralización de los camioneros. Esa paralización va a agravar los efectos de la inflación en la economía, va a afectar a los más pobres…

Truenos

Zé Trovão (Antonio Pereira Gomes), uno de los dirigentes de los camioneros más radicales, con su barba y su sombrero, es buscado por la policía, acusado de amenazas contra el Congreso y el Supremo Tribunal Federal.

Conocido el audio del presidente, confirmada su veracidad, grabó su propio video. No se sabe de dónde habla. La policía lo busca.

Después se supo que había huido hacia México. Dice que es pasada la una y media de la mañana del jueves 9 de setiembre.

–Ustedes pueden ver mi cara de cansancio, hemos estado todo el día luchando y ahora circula por redes sociales que el presidente de la República grabó un audio pidiendo que los camioneros abrieran y volvieran a trabajar.

“Ese audio puede ser falso, puede ser verdadero, o lo que sea”, afirmó. Y dijo, dirigiéndose a Bolsonaro: –Presidente de la República, si usted quiere, de verdad, que abramos las carreteras, que volvamos a trabajar, tengo dos cosas que decirle: primero, que mi vida está destruida, porque estoy siendo perseguido políticamente, con mandato de prisión y riesgo de no volver a ver mi familia, porque no voy a ir a la cárcel, porque no soy criminal.

“Lo otro, Presidente, es que queremos que usted le hable al pueblo brasileño, que grabe un video, que diga la fecha, el día, y nos pida abrir. Entonces le pediremos a los camioneros que abran”.

Cuando la policía empezó a tratar de desalojar la explanada de los ministerios, los camioneros se volvieron locos. No lo podían creer.

Vestidos de verde-amarillo, se lamentaban:

–El presidente no vino. Yo soy bolsonarista. Dejé a mi familia para defender mi patria, pero no vino ninguno de los hijos del presidente (Bolsonaro tiene tres en la política: uno, Carlos, munícipe en Río de Janeiro; otro, Eduardo, diputado; y un tercero, Flávio, senador). El Presidente no dijo una palabra hasta ahora para nosotros, y el pueblo continúa aquí, fiel, al lado del Presidente.

El manifestante se dirige entonces directamente a Bolsonaro: “Presidente, lo necesitamos, diga una palabra de estímulo a quienes estamos aquí”.

Aparece otro hablando en el mismo video: –¡Vea, nosotros no hemos salido a la calle para jugar!

“¡Presidente!, le dice, apuntando con el dedo a la cámara. –Nosotros no vamos a acatar esa orden, nos vamos a quedar aquí, no vamos a salir de la calle.

“Ustedes, camioneros, que está en la orilla de la carretera, sin baño, no salgan. Paren todo. Vamos a hacer que la gente de la ciudad entienda que son el agronegocio y el transporte los que mueven a Brasil”.

Luego habló Bolsonaro. En una declaración de diez puntos, difundida al mediodía del jueves, recula. “Nunca tuve intención de agredir a cualquiera de los poderes”. “Mis palabras, a veces contundentes, derivan del calor del momento”. Luego de haber afirmado en las manifestaciones del martes, que no acataría nuevas resoluciones del juez del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, le reconoce “sus cualidades como jurista y profesor”, con el que tiene normales divergencias, y termina reiterando su respeto por “las instituciones de la república”.

La ruptura

El largo diálogo no termina. Zé Trovão habla en un nuevo video. Ya se sabe que está en México.

¡Ponga atención!, afirma, dirigiéndose a sus compañeros.

“Nuestra lucha –voy a repetir una vez más– es contra los desastres del STF, es contra Alexandre de Moraes; nuestra lucha es contra la corrupción, contra el bandidaje. Nosotros no estamos, de ninguna manera, defendiendo al presidente Bolsonaro. Ni en contra, ni a favor. ¡Nosotros estamos luchando por Brasil! ¡Brasil!”

“Las manifestaciones necesitan pancartas con la cara de Alexandre de Moraes, pidiendo su impeachment. ¡Vamos! Saquen las pancartas en las que esté escrito Bolsonaro. ¡Saquen esas pancartas, por el amor de dios! ¡Vamos a luchar por lo correcto!

Habían anunciado que lo iban a arrestar, luego de ubicarlo en la capital mexicana. Él se iba a entregar. Pero ha cambiado de idea.

“De nuevo tengo que huir. Yo quería entregarme, pero nadie quiere que lo haga”, afirma.

“¿Por qué quiero entregarme? El pueblo brasileño tiene que saber que yo estoy de su lado. Pero todo el mundo me pide que no lo haga.

Entonces ayúdenos. ¡Vamos para la calle ahora! ¡Vamos a parar todo! Empresarios, ¡cierren sus empresas! ¡Vamos para las calles! ¡Vamos a salvar nuestro Brasil! Todavía estamos a tiempo. ¡Cuento con ustedes!

Bolsonaro pide paciencia. “Algunos quieren una acción más inmediata. Ya me están dando con todo. Natural. Paciencia”. Y les pidió que le dieran dos o tres días más. No se sabe bien para qué.

No está muerto

Para Tarso Genro, exministro de Justicia, de Educación y de Relaciones Institucionales durante los gobiernos de Lula, las manifestaciones promovidas por Bolsonaro quedaron muy lejos de lo que pretendía.

“No logró crear la condición de histeria necesaria en su base para avanzar más allá de límites razonables”. Pero –agregó– “no creo que Bolsonaro esté terminado y sea un fracaso. Bolsonaro tiene una vanguardia organizada, financiada por personas patológicamente desequilibradas, sociópatas o adoctrinadas, que se mueven de forma ordenada mediante inyecciones de recursos de sectores de las clases dominantes brasileñas”.

Esta vanguardia –advierte– “está armada”. No debemos subestimarlo; fracasó en sus intentos, pero no está muerto.

En agosto pasado, Eduardo Bolsonaro, el diputado hijo del presidente, viajó a Dakota del Sur. Fue a participar de una conferencia sobre “fraude electoral”, organizada por “dos de los mayores golpistas de Estados Unidos: Steve Bannon y Mike Lindell”.

Eduardo fue presentado como “el tercer hijo del Trump de los trópicos”, mientras Bannon calificaba a Lula como “el izquierdista más peligroso del mundo” y las elecciones brasileñas del año próximo como “la más importante de la historia de América del Sur”.

La visita no mejoró en nada las relaciones del gobierno brasileño con el norteamericano, pues se enmarca en la misma política de cuestionamiento del sistema electoral que Trump y sus partidarios siguen difundiendo en Estados Unidos. Bolsonaro exige el voto impreso (no solo electrónico) en las elecciones del 2022, una exigencia que ya fue rechazada por el Congreso. Es tema resuelto, dijo el presidente de la cámara, Arthur Lira, un aliado de Bolsonaro.

La visita de Eduardo Bolsonaro a ese reducto de la extrema derecha norteamericana confirma la alianza del presidente con Bannon, de cara a las próximas elecciones.

“Va a haber tumulto en las elecciones del 2022”, estimó el periodista João Filho, de Intercept Brasil.

Desastre absoluto

“Voy a cumplir 80 años y hace 60, más o menos, acompaño de cerca la política internacional. Nunca vi a Brasil de la forma en que está, en ningún aspecto”, dijo el excanciller y exministro de Defensa, Celso Amorim. Al cumplirse cinco años del golpe parlamentario que, en 2016, sacó a la presidenta Dilma Rousseff del poder, “el resultado es un desastre absoluto”, afirmó. “El país está ubicado fuera del sistema internacional”.

En opinión del cientista político Ronaldo Tadeu de Souza, el Estado está siendo refundado, los derechos de los trabajadores devastados, avanzan las privatizaciones, se destruyen los ministerios de Educación y Cultura.

El exministro de Hacienda de los gobiernos del Partido de los Trabajadores, Guido Mantega, recuerda que, después de la operación Lava Jato –creada para investigar la corrupción en la petrolera brasileña Petrobrás– la empresa invierte hoy solo un tercio de lo que invertía hace cinco años. El operativo terminó sirviendo para meter a la cárcel a Lula, sacarlo de las elecciones del 2018, en las que era claro favorito, y llevar a Bolsonaro al poder, con apoyo militar.

“Es un escenario realmente dramático”, dice el economista Paulo Gala: el PIB cae 0,1%, el desempleo supera 14% y la inflación anda en 9%. “Nuestra industria opera hoy con un nivel de producción 10% inferior al que tenía en 2014”, asegura.

Para el diario alemán Handelsblatt, en un artículo titulado “La pesadilla brasileña”, Bolsonaro no solo estimula las protestas contra el Poder Judicial, sino que promueve la violencia. “Él se transformó en el mayor riesgo económico para la principal economía Latinoamericana”, afirma el periódico.

Por su parte, el Süddeutsche Zeitung reitera el mal estado de la economía, con el aumento del desempleo y de la pobreza. “Hace tiempo que el hambre volvió a Brasil, un país que hace algunos años era considerado un modelo en ascenso”.

Ir al contenido