2018

Año electoral en América Latina y de renovada ingeniería política en el mundo

En América Latina se vislumbra un intenso año electoral, con elecciones presidenciales en Paraguay, Cuba, Colombia, México, Brasil y Venezuela.

Un agitado año electoral cambiará este 2018 el rostro político de América Latina, con elecciones presidenciales en Paraguay, Cuba, Colombia, México, Brasil y Venezuela. Probablemente, a fin de año el escenario político regional será muy distinto al actual.

El primer acontecimiento relevante, en todo caso, no será una elección, sino la decisión del tribunal de segunda instancia que, en Brasil, confirmará o no, el próximo 24 de enero, la sentencia de prisión contra el expresidente Lula.

Candidato favorito en todas las encuestas, Lula no podría presentarse en las elecciones de octubre si el tribunal confirma la condena de nueve años y medio que el juez Sergio Moro le impuso en primera instancia.

Poca gente duda de que así será, pese a voces como la más reciente, del filósofo Roberto Romano, un duro opositor de Lula y del PT, que la semana pasada denunció los “métodos autoritarios” de investigación en el caso. Romano firmó un manifiesto, apoyado ya por unas 170 mil personas, titulado “Elecciones sin Lula es fraude”. En todo caso, en Brasil también se puede leer, por ejemplo, artículos en los que se afirma que “el lulismo hoy es un síntoma de la crisis del sistema político, no su solución”.

La segunda elección presidencial latinoamericana será la de Costa Rica, cuyo escenario incierto es bien conocido en el país. Siguen Paraguay, Colombia, México y Venezuela, esta probablemente en diciembre, sin que la fecha esté confirmada.

En marzo asume en Chile el presidente conservador Sebastián Piñera, lo que permitirá establecer un vínculo con su colega argentino Mauricio Macri.

En las elecciones generales de Paraguay, el 22 de abril, se enfrentarán el Partido Colorado, el mismo de la dictadura del general Alfredo Stroessner, que ha gobernado al país casi sin interrupción en los últimos 70 años, y la alianza de centro integrada por el Partido Liberal y el Movimiento Guasú, del derrocado expresidente Fernando Lugo.

En Colombia se celebrarán elecciones legislativas en marzo y presidenciales el 27 de mayo. Los seis candidatos con más posibilidades, según la revista Semana, se pueden agrupar en dos grandes bloques: los a favor y los en contra de los acuerdos de paz que el presidente Juan Manuel Santos firmó con las guerrillas de las FARC que, ahora como organización política electoral, también se presentan a los comicios.

El exgobernador de Antioquía, Sergio Fajardo, favorable a los acuerdos, encabezaba los sondeos. El negociador principal de esos acuerdos, Humberto de la Calle, y el exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro, conforman el trío de este lado. El uribista Iván Duque y la conservadora Marta Lucía Ramírez, están claramente del otro lado, con el exvicepresidente Germán Vargas Lleras en una posición que algunos estiman más ambigua.

En abril culminará, por otra parte, el proceso de renovación de autoridades en Cuba, con la elección del nuevo presidente de la República, que sustituirá al general Raúl Castro. Por ahora nadie ha sido postulado oficialmente, pero todas las miradas están puestas en Miguel Díaz-Canel, actual primer vicepresidente, sin que se pueda descartar otro nombre.

Las elecciones mexicanas serán el 1 de julio. Sin claro favorito, el opositor Andrés Manuel López Obrador encabeza las preferencias. El gobernante PRI lleva un candidato ajeno a sus filas, José Antonio Meade, el PAN, aliado en el Frente por México con el que alguna vez fuera el partido de López Obrador, el PRD, lleva como candidato a Ricardo Anaya.

Ante el posible triunfo de López Obrador, aumenta la presión de los sectores más conservadores, como el que representa el excanciller Jorge Castañeda quien, en un artículo publicado en el New York Times el 10 de enero, afirmó que “más allá de si las predicciones de que sería otro Hugo Chávez o Luis Echeverría —el presidente populista en México de la década de los setenta— sean válidas o no, la cuestión es si los inversionistas creen en ellas. También parece que sí y están retrasando sus proyectos en curso o posponiendo los nuevos hasta después de la elección”.

Luego vendrá Brasil, el 7 de octubre, unas elecciones que, como ya vimos, tendrán su primer acto el próximo 24 de enero en un tribunal de apelación de Porto Alegre.

Febril actividad internacional

En todo caso, estas elecciones y movimientos políticos sirven para poner la mirada en los desafíos que enfrenta cada país en un marco general de poco optimismo, de dificultades económicas o políticas, en un contexto internacional particularmente volátil.

El escenario internacional está también caracterizado por una actividad febril, con el presidente francés, Emmanuel Macron, de visita en China a inicios de enero, luego de recibir en París al presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

Pieza clave en el tablero regional, Erdogan se había reunido con el presidente ruso Vladimir Putin en diciembre, en una gira que este inició en Siria y siguió en Egipto. Miembro de la OTAN, el presidente turco oyó en París a Macron cerrarle la puerta a sus aspiraciones de ser aceptado en la Unión Europea.

En Alemania parecía acercarse, luego de casi cinco meses, la posibilidad de conformar un Gobierno integrado por la misma “gran coalición” entre demócrata cristianos y social demócratas que le ha valido a estos últimos una sostenida decadencia en el escenario político del país. Aunque las negociaciones no han finalizado, la base del acuerdo anunciada se centra en reformas para tratar de reflotar una Unión Europea cuyo barco hace agua.

En Estados Unidos, por otra parte, estaba pendiente la decisión del presidente Donald Trump sobre el acuerdo nuclear con Irán. En su opinión se trata de un pésimo acuerdo que quisiera denunciar, opinión expresamente rechazada por sus principales socios europeos. En vísperas del anuncio hecho el viernes por Trump, los Gobiernos de Alemania, Inglaterra y Francia le advirtieron de las consecuencias de no avalar el acuerdo actualmente vigente. Trump evitó hacerlo, pero dejando la puerta abierta para revisar esa decisión en un futuro cercano y adoptando nuevas sanciones contra personalidades iraníes.

En Washington se sigue presionando también para revisar el acuerdo de libre comercio con México y Canadá (Nafta), mientras las relaciones con Corea del Norte siguen generado enormes tensiones. En este escenario, en todo caso, el encuentro entre las autoridades del Norte y del Sur parece haber abierto una válvula de escape a las presiones. La evidencia de que una guerra tendría efectos devastadores sobre su país, pueden haber empujado a Corea del Sur a sentarse en la mesa con sus connacionales del Norte.

 

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