2018 inicia al ritmo de los tambores de guerra

Primer año de la presidencia de Trump ha sido ampliamente corrosivo advierte Hal Brabds, profesor de asuntos internacionales en la Universidad John Hopkins.

Para ponerlo claramente, “el primer año de Trump ha sido bastante malo, pero podría haber causado más daño todavía”. Si el 2017 fue malo, solo debemos esperar para ver lo que será el 2018, advierte Hal Brabds, profesor de asuntos internacionales en la Universidad John Hopkins.

“El primer año de la presidencia de Trump ha sido ampliamente corrosivo para el poder y la influencia de los Estados Unidos porque Trump ha socavado sistemáticamente determinados atributos que hicieron efectiva la forma de gobierno norteamericana en el pasado”, estimó Brabds.

Visión diversa

No es difícil encontrar balances de fin de año. Este es solo uno, pero es casi imposible encontrar alguno en tono esperanzador u optimista. La sensación de desastre no es solo regional. La referencia a la guerra está presente en prácticamente todos los análisis.

En un detallado estudio, el Centre for Research on Globalization, con sede en Montreal, analizó las tendencias militares y políticas del 2017 a las que habrá que poner atención en el 2018.

En resumen destaca que en el 2017 el mundo fue testigo de diversas crisis, entre ellas las continuadas guerras en Medio Oriente y la expansión del terrorismo, las crisis humanitarias en África y Asia, la creciente tensión militar en torno a los misiles y el programa nuclear de Corea del Norte, la militarización del mar del sur de China o las tensiones en Europa del Este.

Fuimos testigos, durante todo el año, de cómo potencias regionales y globales estuvieron reiteradamente al borde de un conflicto militar abierto, “cada uno de los cuales nos puede llevar todavía a grandes guerras regionales”, dice el estudio.

Es evidente, dice el análisis, que 2017 “ha sido un año difícil para toda la humanidad”. Desgraciadamente, agrega, “esto nos impide hacer un diagnóstico halagüeño para el 2018. El mundo no será más seguro. Las relaciones entre los principales poderes globales seguirán siendo extremadamente tensas”.

El conflicto de Corea ha recibido atención más permanente de los medios nacionales e internacionales; no así el aumento de las tensiones en Europa del Este, en particular en torno al de Ucrania, donde las potencias occidentales se enfrentan a Rusia.

Del mismo modo las tensiones en el mar del sur de China pone frente a frente a China y Estados Unidos. En la primera semana del año el presidente Xi Jinping, que también encabeza la Comisión Militar Central, presidió un formidable ejercicio militar en el que, en un discurso de solo dos minutos, exhortó a los militares chinos a estar listos para la guerra y a no temer a la muerte.

El pronóstico es similar, visto desde otro ángulo del mundo. “2017 ha sido un verdadero campo en ruinas con una militarización del mundo asustadora”, en opinión del antropólogo tunecino Kerim Bouzouita, expresada en una larga entrevista en el L’economiste Maghrebin.

“El derecho internacional retrocede inexorablemente, al punto de que algunos ponen en duda la utilidad de ciertas organizaciones internacionales. Y la historia nos enseña que en este tipo de situación corremos el riesgo de una guerra de todos contra todos”.

En todos los escenarios la tensión aumenta. En Medio Oriente, pese a la derrota de ISIS, Siria seguirá siendo un campo de batalla de intereses geopolíticos regionales, con la alianza de Rusia e Irán, enfrentado a la conformada por Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita.

Ante el aumento de las tensiones, el propio presidente francés, Emmanuel Macron, sugirió a Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel moderar su retórica en torno a Irán debido a que esta puede llevar a un conflicto armado. El tono de los comentarios de esos países sobre Teherán ha sido “cercano a uno que nos conduciría a una guerra”, y debería ser sustituido por un diálogo con las autoridades iraníes, dijo Macron.

Europa

Para la consultora de riesgo Euro Group, citada por el diario El País, “no presenta buenas perspectivas el recién estrenado 2018. El riesgo de una crisis geopolítica severa, el ‘equivalente a la crisis financiera internacional de 2008’, es muy elevado”.

“No estamos al borde de una tercera guerra mundial”, agrega, pero en “ausencia de un garante de la seguridad global, con la proliferación de actores regionales y privados con capacidad de desestabilización, el mundo es un lugar mucho más peligroso”.

Las tensiones, en todo caso, no caracterizan solo la situación de la periferia del primer mundo. Europa es uno de los escenarios más inciertos en el año que se inicia. Podemos observar, dice el Centre for Research on Globalization, la permanente decadencia de las instituciones europeas.

Crisis como las de Cataluña, o la incapacidad de los líderes europeos para manejar la crisis de los inmigrantes del norte de África y de Oriente Medio son, en opinión del medio, síntomas claros de esa decadencia. Para tratar de hacer frente a esto han intensificado sus esfuerzos para crear un sistema de seguridad colectivo y la base de un ejército europeo.

Pero, además, están las negociaciones del Brexit, que deberá definir este año el tipo de relación que se establecerá en el futuro entre Gran Bretaña y la UE. A esto se suma la consolidación de tendencias xenófobas no solo en los países de Europa central, como el grupo de Visegrado (integrado por Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), sino también en Alemania, Austria y probablemente en Italia, luego de las elecciones del 4 de marzo próximo.

El grupo de Visegrado amenaza el eje franco-alemán en torno al cual ha girado la UE, escribió el periodista Emmanuel Garessus en el diario francés Les Temps, en un artículo sobre la crisis polaca, provocada por las políticas de un Gobierno que la UE estima contrarias a las normas liberales del grupo. Cualquier intento de sancionar a Polonia será, sin embargo, inútil, pues Hungría lo vetará, evitando la necesaria unanimidad que la medida demanda, escribe Garessus.

América Latina

El expresidente chileno Ricardo Lagos, cercano a la “tercera vía” con que líderes socialdemócratas europeos derivaron hacia un centro más conservador su línea política, estimó que el 2017 nos deja una herencia que los historiadores podrían ver, en el futuro, “como un punto de quiebre en el devenir mundial”.

Lagos escribió, la semana pasada, en el diario argentino Clarín, cercano al Gobierno del presidente Mauricio Macri, un artículo en el que analiza el papel de América Latina en un mundo donde los jugadores están cambiando no solo de roles, sino también de peso unos con otros. Naturalmente se refiere, en primer lugar, a las dos potencias, Estados Unidos y China.

En su criterio, China emerge, tras el último Congreso del Partido Comunista, “con un liderazgo fuerte y un plan a largo plazo”. Estados Unidos, en cambio, tiene el “presidente más inusual” en su historia desde su independencia, transformado en un país “que se mira hacia adentro”, “menosprecia el multilateralismo” y “niega la existencia del cambio climático”.

Europa enfrenta renovados problemas, con la negociación de la salida de gran Bretaña, dificultades en Alemania para formar Gobierno y las perspectivas de que la derecha, en su forma más tradicional, aliada con otras, más xenófobas, vuelva al poder en las elecciones de marzo próximo en Italia. Una coalición que ganó las elecciones del año pasado en Sicilia, considerada la antesala de las generales de marzo.

Lagos llama a América Latina a hablar unida, un llamado que difícilmente tendrá eco en una región donde cambios recientes han servido más bien para desarticularla, eliminando del escenario a las fuerzas que contribuyeron a dar voz al continente.

El excanciller brasileño, Celso Amorim, se refirió al tema en reciente entrevista. Amorim se lamentaba del actual escenario regional. Nunca había visto un presidente norteamericano amenazar a un país sudamericano con el uso de la fuerza, afirmó, refiriéndose a las declaraciones de Trump contra Venezuela. “Por la primera vez, desde la segunda guerra mundial, Estados Unidos no tiene un proyecto para el mundo”, agregó.

Pero eso no está siendo aprovechado por América Latina. Brasil tenía protagonismo, creamos la Unión sudamericana, los Brics, Bush hablaba con Lula sobre la creación del G-20. “Nada de eso existe hoy, estamos totalmente sin liderazgo”, se lamentó.

¿Y México, Argentina, Chile o Colombia no tienen fuerza para promover este proyecto? le preguntaron.

–No tienen. México está muy cerca de Estados Unidos, tienen esa limitación geográfica. Los otros tienen peso, pero no el de Brasil, que es la mitad de América del Sur en territorio, población y cerca de 35% a 40% del PIB regional.

En la visión del excanciller, Brasil enfrenta un año decisivo, con amenazas de la extrema derecha creciendo en las artes, en la cultura, en las universidades, en una dirección coercitiva “con el fascismo tocando la puerta”.

¿Cuáles serán los desafíos?

Kerim Bouzouita los resumió así: “Los que describen lo que pasa en su país solo a partir de una perspectiva local no pueden percibir los grandes desafíos. 2017 fue un verdadero campo en ruinas, con una asustadora militarización del mundo. Los presupuestos de defensa y de armamentos están en su apogeo”.

¿Podrá el 2018 cambiar esta tendencia? Por ahora, los pronósticos, como hemos visto, no son optimistas.

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