Potencias reviven carrera armamentista

El 2017 mira hacia el fondo del pozo

El compromiso de Estados Unidos con su fuerza militar “no tiene precedentes”. “Seguimos superando a nuestros competidores

El compromiso de Estados Unidos con su fuerza militar “no tiene precedentes”. “Seguimos superando a nuestros competidores, gastando más en nuestra defensa, en general, que todas las ocho naciones que nos siguen, juntas”, dijo, en julio pasado, el vicepresidente saliente de ese país, Joe Biden, en una conferencia en el Instituto Lowy, en Sidney, Australia.

Ya estaba en pleno desarrollo la campaña electoral en la que Donald Trump derrotó a la candidata demócrata Hilary Clinton.

Tanto el tema como el lugar elegido eran particularmente relevantes. Como lo revela una rápida revisión de algunos documentos de instituciones y personalidades del establishment norteamericano, tres son las áreas del escenario internacional que les merecen particular atención: Asia del Este (China), Europa (Rusia) y el Medio Oriente.

De cinco estudios analizados, dos se refieren a una visión global de los problemas internacionales desde la perspectiva de Estados Unidos. Los otros tres privilegian más directamente el análisis de las relaciones con China.

Todos se centran en el análisis de las diversas capacidades militares y las estrategias para intentar mantener el orden internacional tal como se estableció después de la II Guerra Mundial.

Repensando el Armagedón

El influyente Center for Strategic and Budgetary Assessments publicó el año pasado un trabajo en el que Andrew F. Krepinevich y Jacob Cohn analizaban lo que llaman el escenario de la segunda era nuclear.

El texto lo titularon “Repensando el Armagedón”. Esta segunda era, en su criterio, se caracteriza por la creciente importancia de las armas estratégicas no nucleares, el tránsito desde un escenario de confrontación bipolar (Estados Unidos – Unión Soviética) a un escenario multipolar, y diferentes alternativas para enfrentar una escalada de las tensiones.
En todo caso, todo el estudio se concentra en el análisis de supuestas necesidades militares para enfrentar los distintos escenarios, desde el arsenal nuclear y los vectores para su lanzamiento –particularmente importante en un eventual conflicto con China– hasta modernos armamentos no nucleares como armas de precisión, misiles de defensa o cyber municiones. Repensar el Armagedón, es lo que sugieren Krepinevich y Cohn.

Mayor compromiso

El Center for a New American Security (CNAS) presentó, también el año pasado, un estudio sobre las “Estrategias para Expandir el Compromiso Norteamericano en un Orden Mundial Competitivo”.

Encabezado por el neoconservador Robert Kagan y James Rubin, subsecretario de Estado en el gobierno Clinton, el grupo propone medidas para preservar el orden liberal surgido de la II Guerra Mundial, construido sobre la base del poder militar norteamericano, el dinamismo económico del país y su vasta red de alianzas en todo el mundo.

Contrario a las insinuaciones de Trump de limitar el papel de Estados Unidos en el escenario internacional, el grupo afirma que incluso quienes, en algún momento, criticaban el carácter hegemónico de la presencia norteamericana en el mundo, hoy están preocupados por su eventual retiro.

Desde este punto de vista –afirman– “es particularmente fuerte en las tres regiones donde Estados Unidos ha asumido el costo mayor de proveer seguridad desde la II Guerra Mundial: Asia del Este, Europa y Oriente Medio”.

En América Latina y en África también –aseguran– los aliados de Estados Unidos quieren un mayor compromiso del país, no menos, como en algún momento parece sugerir Trump.

En julio del 2015 el Departamento de Defensa publicó, por su parte, su propuesta sobre la “Estrategia de Seguridad Marítima en Asia-Pacífico”, donde propone cuatro líneas de trabajo. La primera es reforzar la capacidad militar de los Estados Unidos en la región.

Como recordó el vicepresidente Biden en su conferencia en Australia, en la misma línea enfatizada por el presidente Barack Obama, el compromiso de Washington era el de movilizar más de 60% de su flota en el Pacífico.
Finalmente Robert D. Blackwill y Ashley J. Tellis, del Council on Foreign Relations, presentaron, en marzo del 2015, un trabajo titulado “Revisando la Gran Estrategia de Estados Unidos hacia China”, mientras David C. Gompert, Astrid Stuth Cevallos y Cristina L. Garafola de Rand Corporation escribían sobre “Guerra con China. Pensando lo inimaginable”.

Para los primeros, China no ha “jugado limpio” y lejos de aceptar el actual orden de cosas en el escenario mundial y, particularmente, en Asia y el Pacífico, ha tratado de consolidar su poder internamente y más allá de sus fronteras tratando de reemplazar “a los Estados Unidos como el poder más importante en Asia”.

Lo que proponen es que Estados Unidos confronte ese creciente poder de Beijing, en vez de seguir simplemente contemplado su ascensión.

Finalmente, el trabajo de Rand Corporation advierte que pese a los enormes riesgos que representa para ambos, y para el mundo todo, una guerra entre Estados Unidos y China no es imposible. “Los dos países tienen grandes concentraciones de fuerzas militares operando muy próximas”, afirman.

No se trata, naturalmente, de fuerzas chinas bordeando los Estados Unidos, sino el despliegue de fuerzas norteamericanas en el Pacífico y en Asia del Este, en la línea impulsada por la actual administración y que podría ser, inclusive, acentuada en la de Trump.

Otra vuelta de tuerca

Las perspectivas, en todo caso, no parecen orientadas a reducir las tensiones, si nos atenemos a hechos recientes. El pasado 28 de diciembre el senador John McCain acusó, en declaraciones dadas desde Letonia, país fronterizo con Rusia, al presidente ruso, Vladmir Putin, de “socavar el orden internacional”.

Al mismo tiempo, Washington invitaba a periodistas europeos a Colorado Springs, donde nuevas unidades militares se preparaban para desplegarse en Europa del Este.

“Una brigada de hierro frente a la amenaza rusa”, tituló María R. Sahuquillo en el diario español El País el pasado 31 de diciembre. “En un par de semanas, los blindados y los inmensos depósitos metálicos estarán en suelo europeo. Como los casi 4.500 soldados estadounidenses procedentes de la base de Fort Carson que se posicionarán desde enero en los países del Este”.

“Estados Unidos prepara su mayor despliegue en Europa desde la Guerra Fría para mostrar su compromiso con la OTAN”, agregó.
Como editorializó en mayo del año pasado el Washington Post, luego de conocerse el estudio del Center for a New American Security, “el orden liberal internacional está amenazado. Los Estados Unidos deben defenderlo”.

Para eso no se trata de aplicar solo medidas militares. Estados Unidos promovió también la entrada en vigencia de un nuevo tratado comercial en la región, la Asociación Transpacífica (TPP), una medida que, según el Secretario de Defensa Ashton Carter, reforzará el poder económico de Washington.

Para la diplomática norteamericana Caroline Kennedy el tratado será un elemento clave de la estrategia de Estados Unidos para vincular más estrechamente el país al “conjunto de la región Asia-Pacífico”.

La otra cara

Ante esta realidad, ni China ni Rusia miran sin reaccionar. China envió su (por ahora) único portaviones, el “Liaoning”, al Pacífico, mientras su nuevo caza, el FC-31, realizaba su primer ensayo de vuelo.

El “Liaoning” navegó entre las dos islas japonesas de Miyako y Okinawa, donde Estados Unidos tiene instaladas bases militares, provocando la reacción de la fuera aérea japonesa.

Rusia, por su parte, ha mostrado en Siria sus capacidades, no solo militares sino políticas, en un escenario internacional tenso, sin que sea posible prever, por ahora, en que nivel volverán a reacomodarse las fuerzas en disputa.

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