El fin de la impunidad, la herencia de la guerra de los Balcanes

Ratko Mladic apodado “el carnicero de Bosnia” fue condenado por el asesinato masivo de civiles durante la guerra de los Balcanes.

Creado en pleno conflicto de los Balcanes, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) cierra el mes próximo tras dedicar casi un cuarto de siglo a escuchar y juzgar a quienes cometieron los peores crímenes en Europa desde la Segunda Guerra mundial.

El tribunal, con sede en La Haya, condenó el miércoles a cadena perpetua a Ratko Mladic, exjefe militar de los serbios de Bosnia, por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, en su último veredicto en primera instancia.

Deja una herencia impresionante, según los expertos: ayudó a escribir la historia del conflicto, advirtió a los criminales de guerra del planeta que podrían también encontrarse en el banco de los acusados y esbozó los contornos de una jurisprudencia internacional para crímenes como el genocidio.

El TPIY mostró que sí era “posible llevar a la justicia a personalidades de alto nivel responsables de crímenes” en esta guerra, analiza Diana Goff, abogada internacional e investigadora del Instituto Clingendael.

Y “proporcionó un proyecto actualizado sobre cómo crear un Tribunal Penal Internacional en la era de la post Guerra Fría”, añadió.

Alertada en la época por las masacres, violaciones sistemáticas y la limpieza étnica registradas en una Yugoslavia tensada por rivalidades intercomunitarias tras la muerte del mariscal Tito, la comunidad internacional decidió reaccionar.

Pero, a falta de voluntad política para realizar una intervención militar, el Consejo de Seguridad de la ONU hizo un gesto en mayo de 1993, al crear, con la adopción de la resolución 827, un tribunal internacional “para poner fin a esos crímenes y llevar ante la justicia a las personas responsables”.

El TPIY fue el primer tribunal para crímenes de guerra establecido por Naciones Unidas y el primer tribunal internacional instalado tras los procesos de Nuremberg contra los dignatarios nazis.

– Expectativas no muy ambiciosas –

El tribunal debía también servir de modelo a los tribunales ad hoc similares encargados de procesar a los responsables del genocidio ruandés de 1994 y las atrocidades de Sierra Leona.

Pero al comienzo, “las expectativas no eran muy ambiciosas”, reconoció esta semana el procurador del TPIY, Serge Brammertz.

Los más escépticos aseguraban que no habría ni acusaciones, ni condenas, ni penas.

Pero ahora, cuando el tribunal se apresta a cerrar sus puertas el 31 de diciembre con un balance de 161 procesados, se celebra que haya instaurado parámetros para investigar, procesar y definir crímenes tan complejos como el genocidio.

Se convirtió en el primer tribunal internacional que inculpó a un jefe de Estado en funciones: el presidente serbio Slobodan Milosevic, en 1999.

Más de 4.000 testigos contaron sus historias a lo largo de los años. Y millones de páginas de archivos se han convertido en la actualidad en una biblioteca de referencia para el futuro.

“La herencia principal fueron los procesos en que centenares de personas rindieron testimonio y presentaron rastros irrefutables de crímenes masivos cometidos en la ex Yugoslavia por todos los bandos”, según Stephen Rapp, exembajador itinerante de Estados Unidos, encargado de crímenes de guerra.

– Falta de reconciliación –

El tribunal sigue siendo sin embargo objeto de críticas por haber fallado en su más noble ambición: asegurar la reconciliación en un contexto de aumento de los nacionalismos.

“Casi todas las partes en el conflicto creen que estaban demasiado en la mira del TPIY y que sus adversarios fueron menos” molestados, subraya Mark Kersten, investigador en derecho penal internacional en la universidad de Toronto.

Una crítica que acepta el fiscal. Aunque para Brammertz “un proceso judicial no puede lograr nunca la reconciliación”, que “debe surgir del interior de la propia sociedad”.

Exigir de una corte que logre la reconciliación, es “exigirle demasiado a la justicia”, indica Stephen Rapp, también exfiscal del Tribunal Especial para Sierra Leona.

El TPIY ayudó sin embargo a reducir los llamados a la venganza, provocados especialmente por “la falta de justicia para los crímenes de la Segunda Guerra mundial”, añade. “Los serbios pensaban que ‘los croatas eran fascistas, pues ellos cometieron crímenes horribles en contra de nosotros y nunca pagaron'”, puntualizó.

El veredicto contra Ratko Mladic “es una advertencia para los criminales de que no escaparán a la justicia, aunque sean muy poderosos” y que se tomará el tiempo necesario, dijo el miércoles el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Zeid Ra’ad Al Hussein, quien hizo parte de la fuerza de protección de la ONU para la ex Yugoslavia entre 1994 y 1996.

Gracias a este tribunal pronto disuelto, ahora es “seguro” que los criminales de guerra no quedarán impunes, subraya David Schwendiman, fiscal del tribunal especial para Kosovo.

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