Cubrebocas pueden reutilizarse para evitar uso de plástico

Mascarillas de tela: una opción sostenible en medio de la pandemia

Diversos estudios demuestran la efectividad de las mascarillas de tela para aminorar el contagio por el nuevo coronavirus. Esta también es una buena noticia para el planeta, ya que los cubrebocas descartables están contaminando ríos, parques, playas y océanos.

En agosto, a través de redes sociales, los funcionarios del Parque Nacional Volcán Irazú denunciaron haber encontrado mascarillas en las zonas verdes y senderos de esta área silvestre protegida.

Semanas atrás, la organización francesa Opération Mer Propre (Operación Mar Limpio) mostró imágenes subacuáticas donde las mascarillas y guantes de látex sustituían a los peces en el mar Mediterráneo. “Sabiendo que se han comprado más de 2.000 millones de mascarillas desechables, pronto podría haber más mascarillas que medusas en estas aguas», alertó la organización en sus redes sociales.

Las autoridades sanitarias han recomendado el uso de mascarillas como medida ante el COVID-19. Sin embargo, la mala disposición de los cubrebocas está causando que estos se acumulen en áreas verdes, parques y playas, también en los ríos, mares y océanos. En otras palabras, la contaminación por plástico descartable está convirtiéndose en un daño colateral de la pandemia.

Una mascarilla quirúrgica demora 450 años en degradarse, ya que se confeccionan con tela no tejida de polipropileno (un polímero termoplástico) que deviene del etileno, el cual es un compuesto químico derivado del petróleo.

Estos cubrebocas no son biodegradables, tampoco compostables y no se pueden reciclar porque las instalaciones dedicadas a ello no cuentan con el equipo necesario para separar las múltiples capas de los distintos tipos de plástico con que fueron elaborados.

Además, y debido a la pandemia, las mascarillas quirúrgicas son catalogadas como residuos bioinfecciosos que deben tener una disposición y tratamiento especial para no convertirse en foco de contagio para otros, siendo las personas que trabajan en la recolección de materiales valorizables y centros de acopio las más vulnerables.

Ante este panorama, el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) instó a las personas a confeccionar o adquirir mascarillas de tela que sean reutilizables.

Esta medida fue apoyada por el Ministerio de Salud (Minsa), siempre y cuando la confección de los cubrebocas cumpla con las especificaciones brindadas por esta entidad, por ejemplo, tener mínimo dos capas (una de algodón y otra de tela antifluidos).

Asimismo, y según el Minsa, las mascarillas de tela se pueden reutilizar siempre y cuando se laven con agua y jabón después de cada uso.

Pero, ¿son realmente efectivas las mascarillas de tela para aminorar el contagio? Diversos estudios científicos así lo demuestran. Eso sí, la efectividad depende de los materiales que se emplean, el número de capas, el diseño y, sobre todo, la colocación correcta del cubrebocas.

Esto fue lo que hallaron los guardaparques, el pasado 17 de agosto, en los senderos del volcán Irazú. (Foto: Sinac).

Efectividad

El SARS-CoV-2, el virus causante de COVID-19, se propaga a través de gotículas respiratorias exhaladas por una persona infectada al respirar, hablar, estornudar o toser. Estas gotículas se propagan en una amplia diversidad de tamaños. A las más pequeñas se les llama aerosoles, los cuales pueden colarse entre las fibras de ciertas telas.

Esto llevó a investigadores de la Universidad de Duke (EE. UU.) a evaluar la efectividad de 14 tipos diferentes de mascarillas. Para ello diseñaron un experimento en el que pedían a una persona decir una frase determinada mientras usaban diferentes cubrebocas en una habitación oscura. La acción se grabó en video y, posteriormente, gracias a un algoritmo de computadora, se contaron las gotículas.

En su estudio, publicado en Science Advances, los investigadores hallaron que las mascarillas de algodón de confección casera pueden bloquear gran parte del spray que se produce cuando los portadores del virus hablan, mientras que las pañoletas, bandanas y bufandas proveen muy poca protección, ya que los aerosoles pueden traspasar estos materiales con facilidad.

“Se requiere más trabajo para investigar las variaciones de las mascarillas y la forma en que la gente las usa. También queremos extender nuestro método a otras acciones generadoras de gotículas, como la tos y los estornudos. Además queremos explorar los efectos de la colocación incorrecta y la saturación de humedad”, mencionó Emma Fischer, autora principal, en un comunicado.

Otro estudio, publicado en Physics of Fluids, sí utilizó visualizaciones de tos y estornudos emulados para examinar cómo las decisiones de materiales y diseño afectan el grado de obstrucción de las exhalaciones de gotículas respiratorias.

“Las mascarillas con pliegues sueltos y las cubiertas tipo bandana proporcionan una capacidad mínima de detención para las gotitas más pequeñas. Las mascarillas caseras bien ajustadas, con múltiples capas de tela de acolchado, demostraron ser las más eficaces para reducir la dispersión de las gotas. Estas mascarillas fueron capaces de reducir la velocidad y el alcance de los chorros respiratorios de manera significativa, aunque con algunas fugas a través del material y pequeños huecos a lo largo de los bordes”, se lee en el artículo científico.

Con respecto a esto último, el investigador Siddhartha Verma recalcó la importancia del uso que se le dé a la mascarilla en combinación con otras medidas sanitarias, ya que el cubrebocas no es infalible. “Es importante entender que las mascarillas no son 100% efectivas en el bloqueo de patógenos respiratorios. Por eso es imperativo que utilicemos una combinación de distanciamiento social, coberturas faciales, lavado de manos y otras recomendaciones dadas por los funcionarios de salud hasta que se cuente con una vacuna efectiva”, destacó Verma.

Materiales

Investigadores de la Universidad de Chicago (EE. UU.) se dieron a la tarea de evaluar la capacidad de los tejidos comunes, solos o en combinación, para filtrar aerosoles. Para ello emplearon un ventilador que sopló aerosoles a través de varias muestras de tela mientras se medía el número y el tamaño de las partículas en el aire antes y después de pasar por cada material.

En su estudio, publicado en ACS Nano, los científicos reportaron que una combinación de algodón con seda natural o gasa o chifón puede filtrar eficazmente los aerosoles si el ajuste es bueno.

“Una capa de una sábana de algodón fuertemente tejida combinada con dos capas de gasa de poliéster-spandex, una tela transparente que se usa a menudo en los trajes de noche, filtró la mayoría de las partículas del aerosol (80-99%, dependiendo del tamaño de las partículas). La sustitución del chifón por seda natural o franela, o simplemente el uso de una colcha de algodón con bateas de algodón-poliéster, produjo resultados similares”, detallaron los investigadores en un comunicado.

Otro hallazgo del estudio es que “las telas con tejidos más apretados, como el algodón con un mayor número de hilos, pueden actuar como barreras mecánicas para las partículas, mientras que las telas que mantienen una carga estática, como la seda natural, pueden posiblemente proporcionar efectos de filtrado electrostático”.

Por otra parte, investigadores del Instituto Indio de Tecnología de Bombay recomendaron fabricar mascarillas con materiales hidrófilos, en los que las gotículas se secan más rápidamente, ya que estos podrían reducir el riesgo de infección.

Su estudio, publicado en Physics of Fluids, también mostró que, adaptando la humedad de la superficie y el tiempo de secado, las posibilidades de infección pueden reducirse. “Al hacer una superficie más hidrófila se reduce el tiempo de secado. Es aconsejable utilizarla para las mascarillas, los equipos de protección personal (PPE) y las superficies que se tocan con frecuencia, donde es más probable que se produzcan brotes”, comentó Amit Agrawala, uno de los autores.

Diseño

nvestigadores de la Universidad Atlántica de Florida (EE.UU.) experimentaron con diferentes opciones de materiales y diseños para determinar cómo las mascarillas bloquean las gotículas al salir de la boca. Para ello utilizaron un láser que siguió la trayectoria de las gotas expelidas por un maniquí como si este tosiera o estornudara. (Foto: S.Verma, M.Dhanak y J.Frankenfield).

Aunque se recomienda un mínimo de dos capas, lo preferible es que sean tres para prevenir la dispersión de las gotículas respiratorias; así lo demostró un estudio de caso realizado por investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), aún sin revisión por pares, publicado en la revista Thorax.

En su experimento, los investigadores compararon la eficacia de los cobertores faciales de tela de una o dos capas con una mascarilla de tres capas. Para ello utilizaron un sistema de iluminación LED adaptado y una cámara de alta velocidad para filmar la dispersión de las gotículas exhaladas por una persona sana mientras hablaba, tosía y estornudaba a la vez que usaba cada tipo de mascarilla.

La grabación mostró que la mascarilla de tres capas era la más eficaz, seguida por la de dos capas. “Las directrices sobre las máscaras de tela caseras deben estipular múltiples capas”, concluyeron.

No es milagrosa

Ya lo declaró el ministro de Salud, Daniel Salas, en una conferencia de prensa: “hay que ser enfáticos en que el uso de mascarillas no sustituye nuestras reglas de oro de distanciamiento social, el protocolo de estornudo y tos, el lavado de manos y el quedarse en casa tanto como sea posible. Que el uso de mascarilla no se convierta en una falsa seguridad que nos relaje en las medidas de prevención que siempre deben estar presentes”.

La evidencia científica respalda a Salas. En su estudio, publicado en Journal of Hospital Infection, investigadores de la Universidad de Arizona (EE. UU.) reunieron datos de diversas investigaciones sobre la eficacia de las mascarillas y crearon un modelo informático para simular el riesgo de infección, teniendo en cuenta diversos factores como tiempo de exposición, número de personas alrededor y la distancia a la que se encuentran, también el tamaño de las gotículas, ya que las gotas más grandes y pesadas caen más rápidamente que las más pequeñas y ligeras.

El tamaño del aerosol también puede verse afectado por la humedad. “Si el aire es más seco, entonces los aerosoles se vuelven más pequeños más rápidamente. Si la humedad es mayor, entonces los aerosoles se mantendrán más grandes por un período más largo de tiempo, cayendo más rápido. Eso puede sonar bien al principio, pero luego esos aerosoles caen sobre las superficies y ese objeto se convierte en otra posible ruta de exposición”, explicó Amanda Wilson, autora principal del estudio, en un comunicado.

En su análisis, los científicos demostraron que cuanto más tiempo permanece una persona en un ambiente donde el virus está presente, menos efectiva se vuelve la mascarilla.

“No vayas a un bar por cuatro horas y pienses que estás libre de riesgo porque estás usando una mascarilla. Quédese en casa tanto como sea posible, lávese las manos a menudo, use mascarilla cuando esté fuera y no se toque la cara”, recalcó Wilson.

Otro hallazgo del análisis está dado por los materiales. “Cuanto más densas son las fibras de un material, mejor es el filtrado. Es por eso que un mayor número de hilos conduce a una mayor eficacia. Simplemente hay más para bloquear el virus. Pero algunas mascarillas (como las de seda) también tienen propiedades electrostáticas, que pueden atraer partículas más pequeñas e impedir que pasen a través de la mascarilla también”, explicó la investigadora.

Wilson también recalcó la importancia de que el cubrebocas cuente con un buen sello que se ajuste a la nariz.

“El uso adecuado de las mascarillas es muy importante. Si bien nos centramos en las mascarillas para proteger al que las usa, estas son más importantes para proteger a los que te rodean si estás infectado. Si pones menos virus en el aire, creas un ambiente menos contaminado a tu alrededor. Como muestra nuestro modelo, la cantidad de virus infecciosos a los que te expones tiene un gran impacto en tu riesgo de infección y el potencial de las mascarillas de los otros para protegerlos también”, dijo Wilson.

 

 

 

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