Liderazgos y confianza generan humos blancos en la Asamblea Legislativa

Algo extraño pasa entre los diputados: confían entre ellos y logran ponerse de acuerdo para aprobar proyectos relevantes. ¿Qué los picó?

“Uno ahí sudaba tacacos, porque si alguien zafaba la tabla se caía todo lo que habíamos trabajado por meses. Todos dependíamos de todos como en controles cruzados y no nos quedaba más que confiar”.

Así, emocionado, reconstruye el diputado Edgardo Araya, jefe de fracción de Frente Amplio (FA) la jornada del 30 de junio, el raro episodio de confianzas recíprocas entre las nueve fracciones legislativas que sirve para mostrar el favorable clima política que se experimenta en el Congreso ahora, llegados los 100 días de la actual legislatura.

En la tarde de ese jueves 30 de junio logró imponerse un acuerdo político entre las nueve bancadas (y sus diversos grupos internos) que permitió en cuestión de dos horas aprobar una vía rápida al plan de jubilaciones del Poder Judicial y al proyecto de la lucha contra el fraude fiscal, además de aprobar en primer debate recortes a pensiones del sector público.

Como se ve, no eran minucias, pero igual lograron sobreponerse al temor de que en esa jornada se activara una especie de ruleta rusa que matara las posibilidades de los partidos políticos de hacer algo productivo en este su tercer año del cuatrienio, el del “ahora o nunca”.

Todo salió a la perfección ese día. Todavía varios legisladores lo cuentan con una sonrisilla de nervios como los que hubo ese día y quizás en la opinión pública nadie dimensionó así: la Asamblea Legislativa se estaba poniendo de acuerdo y no lanzándose tomates retóricos.

Por eso fue noticia. O más bien, es noticia, porque el acuerdo no fue flor de un día. Amarillos y verdes, jóvenes y tradicionales, oficialistas, opositores, de derecha e izquierda, ateos o evangélicos, figurones o desconocidos coinciden en que la Asamblea Legislativa pasa por un buen momento.

Con la presidencia legislativa en manos de Antonio Álvarez Desanti, el nombre emergente ante los desacuerdos previos al 1° de mayo, el Congreso ha logrado identificar una agenda con proyectos negociables en medio de temas que sí pondrán a arder al plenario, los relacionados a impuestos o a las condiciones del empleo público.

Voces de diversos partidos elogian la manera hábil y ejecutiva de Álvarez Desanti, además del seguimiento que da a los diversos proyectos y de la buena coordinación con las jefaturas de las fracciones o, si es necesario, con los diputados miembros directamente.

Es más, entre sus formas se incluyen reuniones con los asesores de las distintas bancadas para ir palpando el terreno y llegar con ventaja ante los legisladores.

Los reconocimientos vienen incluso de parte de la fracción de Frente Amplio, a pesar de la adversidad ideológica entre ambas partes. “No vamos a ser mezquinos. La forma y el manejo de Antonio ayudan mucho. Es un carajo que se preocupa por cumpir las cosas y se ocupa de que usted sepa que está haciendo lo necesario. Es un tema de forma, pero que da confianza de alguna manera. Siempre es muy importante saber a qué atenerse. Hay que darle mérito en eso”, comentó Edgardo Araya.

Lo dice con un recuerdo. “Tengo muy fresco cuando se me acercó ese día (30 de junio) a la curul para decirme que iban a votar primero lo de ellos (vía rápida a pensiones), pero que garantizaba el apoyo a lo de nosotros (vía rápida a fraude fiscal). No quedaba más que confiar”.

Ya había un clima preparado, pues tanto Araya como Álvarez Desanti fueron dos de los actores relevantes en las negociaciones de una salida a la conflictiva reforma al Código Procesal Laboral aprobada a finales del año pasado, cuando el primero no jefeaba aún a Frente Amplio y el segundo ni pensaba en presidir el Congreso.

“Ya nos vamos conociendo y uno sabe a qué atenerse”, añadió Araya, para quien es notorio el aumento de la confianza entre bancadas reflejado en otras sesiones legislativas, tanto en plenario como en comisiones.

Por eso Desanti se da por satisfecho. “Hemos trabajado en establecer confianzas, que no implica estar de acuerdo, sino en saber cumplir lo que se promete y no prometer lo que sabemos no se va a cumplir. En esto todas las fracciones han puesto de su parte”.

Eso ha permitido establecer una agenda mínima común que permite superar los bloqueos en los temas peliagudos. Así han logrado sacar proyectos como el que modifica el uso de la Caja Única del Estado y el de Autonomía Personal de Personas con Discapacidad (aprobado con unanimidad después de siete años de atasco). También aprobaron un proyecto que pretende proteger a los accionistas minoritarios en el mercado de capitales.

“Aquí todos los días se aprueban proyectos”, explicaba el oficialista Ottón Solís, contento por el funcionamiento de un sistema que no duda en llamar “cogobierno”. Es decir, con el Partido Acción Ciudadana (PAC), en el Gobierno y con la Asamblea Legislativa en manos de una alianza de fuerzas opositoras.

“Todos los partidos políticos de Costa Rica son parte del cogobierno, porque los que no están en Ejecutivo están en el legislativo. Ningún partido podría liberarse de responsabilidades de gobierno desde la Asamblea Legislativa. Hay una convergencia de intereses hacia votar proyectos de ley relevantes”, agregó el excandidato presidencial y crítico de su propio partido.

Parece que las agrupaciones en serio se lo creen. Es este el último año de cosecha antes de entrar a las vísperas electorales del 2018, aunque ya se han calentado candidaturas.

Lo reconoce Edgardo Araya: “Querer demostrar una vocación de gobierno, que no llegamos solo a oponernos; tener nueve diputados es una responsabilidad mucho mayor al decidir el rumbo del país. Ya no es solo un diputado, cuando es más fácil tomar decisiones que acaban siendo más testimoniales, de denuncia, pero sin mayor incidencia en el país.

Todos sienten que están ganando. La agenda común lleva aportes de casi todas las agrupaciones que les permiten ir y mostrarlos a sus feudos. Álvarez Desanti parece estar teniendo ahora la posibilidad de desquitarse los fracasos políticos en años recientes como candidato presidencial, precandidato y jefe de la campaña liberacionista en 2014.

“Nadie puede decir que no es un hombre eficiente”, señala Ottón Solís antes de subrayar que todos se están jugando su prestigio, conscientes de que la Asamblea Legislativa es el depósito de los mayores descontentos populares con la clase política.

La estrategia blanda

El Gobierno también se juega sus posibilidades. Aunque no ha logrado acelerar la agenda fiscal que con tanta urgencia invocó el presidente Luis Guillermo Solís, en su discurso del 1° de mayo, sí ha logrado que avancen proyectos secundarios.

Lo logra el Ejecutivo al entender que las riendas legislativas las tiene la oposición y que no conviene tanta estridencia en las relaciones con las fracciones. La táctica ha sido más bien abrir las esclusas y que las aguas legislativas avancen por donde pueda, pero que avancen para todos.

No es que esté ausente el Ejecutivo. El viceministro Luis Paulino Mora funge como un asesor legislativo más y un mensajero a tiempo completo. Casi vive en Cuesta de Moras y eso lo ven bien las bancadas.

A él lo complementa la jefa de fracción del PAC, una señora lamada Laura Garro a quien pocos apostaban el 1° de mayo, pero a todos ha sorprendido con sus formas. También así, sin aspavientos, casi con ternura.

“Doña Laura es muy muy ordenada, muy clara, detallada, buena en la táctica y estratégica. En el día a día se trabaja de manera excelente con doña Laura, en el seguimiento a los proyectos”, opinó Álvarez Desanti.

No es una figura que incite a pelear con ella o a contradecirla porque sí, comentan otros diputados. Eso ya es ganancia en la coyuntura política fragmentada que se refleja en el Congreso.

Aunque no se logró hablar con ella para esta información, se sabe que el PAC parece también satisfecho con el buen momento legislativo, pues en él confía para impulsar pronto la agenda fiscal que se concreta sobre todo en los proyectos de reformas al impuesto de renta y al de ventas (IVA).

Otras fracciones apuestan más bien por un recorte de gastos, mediante el impulso de reformas en empleo público, tema que Edgardo Araya prefiere relegar porque considera polarizante.

Aún así, las partes confían en que el buen viento se prolongue al menos en lo que resta del 2016, antes de que los fuegos electorales llenen de humo el panorama legislativo.


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