Encuesta a menores de 24 años en comunidades empobrecidas del istmo

La joven Centroamérica que sueña con huir

Mitad de personas entre 14 y 24 años de zonas marginales en las capitales centroamericanas se iría de su país… si pudiera.

Nueva Capital de Comayagüela, en Honduras, es un pueblo de casi sesenta mil personas sin acceso al agua potable, sin centros de atención de salud y con un colegio de secundaria fundado por un sacerdote, no por el Gobierno.

Comprar un barril de agua, necesario para el consumo de un día, puede costar cerca de 30 lempiras (alrededor de ₵750) y bajar de la loma para mover a una persona al centro más cercano de salud cuesta hasta el triple (más de 100 lempiras, o ₵2.500). Eso es difícil de pagar si se carece de un trabajo remunerado: algo común entre los vecinos de la zona.

“Los jóvenes de nuestra comunidad son marginados por la zona donde vivimos, porque en nuestra zona hay muchos grupos antisociales y se considera que todos los que vivimos aquí somos parte de esos grupos. Eso dificulta mucho que podamos obtener un empleo”, explicó Aníbal Martínez, vecino de 26 años, que trabaja como promotor de proyectos de prevención de la violencia en esa comunidad.

En este pueblo, ubicado a casi media hora de Tegucigalpa y fundado tras el paso del Huracán Mitch en 1998, no son inusuales los casos de zika o microcefalia. Entre la pobreza y el desempleo, tampoco es de extrañar que más de la mitad de los jóvenes afirmen haber visto graves situaciones de salud en su familia en el último año, que acepten el autoritarismo (con tal de que les resuelva sus problemas), o que quieran irse de su país.

Los datos de este barrio son similares a las de otras cuatro comunidades empobrecidas en las capitales de Centroamérica y entrevistadas por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica. La investigación consultó la opinión de 1501 jóvenes de cinco de los pueblos más marginados de la región, específicamente en La Carpio (Costa Rica), Jorge Dimitrov (Nicaragua), El Limón (Ciudad de Guatemala), Nueva Capital (Tegucigalpa) y Popotlán (San Salvador).

La información, recopilada durante finales de 2017 y publicada esta semana, refleja la opinión de miles de jóvenes desplazados, pesimistas sobre su futuro y con miedo, en entornos estigmatizados donde las organizaciones políticas y las instituciones de Gobierno no han logrado impactar.

Autoritarismo y religión: las últimas promesas

Para la mayoría de los jóvenes de estas zonas marginales el futuro es un concepto abstracto del que creen que no tienen dominio.

Más de la mitad de los habitantes jóvenes de La Carpio y seis de cada diez de los vecinos de Jorge Dimitrov, El Limón, Nueva Capital y Popotlán afirman tener “un destino que no depende de ellos”.


De hecho, si se les pregunta qué conceptos se les vienen a la mente cuando piensan en la palabra “poder”, dicen –en su mayoría– términos lejanos u oscuros como “autoridad”, “mandar”, “fuerza” o “dinero”: más relacionados con el Gobierno y las pandillas. Son pocos los que mencionan palabras más cercanas y personales como “salir adelante”, “lograr algo”, “confianza”, “ayudar” u “oportunidad”.

“Yo he vivido aquí toda mi vida y el principal problema son las pandillas”, dijo Ana Laura, vecina de El Limón de Guatemala, quien prefirió cambiar su nombre por seguridad. “La extorsión es muy fuerte. A los jóvenes que van al colegio los amenazan para que hagan cosas y terminan todos mal, la verdad. A veces por miedo lo hacen y terminan presos, o cosas peores. Cuesta mucho poner negocios porque ya están pidiendo dinero y extorsionan”, explica.

Allí, donde vive, fue más común que un joven dijera que un miembro de su casa había perdido la vida a que alguien en la familia hubiera experimentado un robo con violencia. Más de la mitad de los 299 consultados de esa comunidad dijeron sentir “miedo” o “mucho miedo”.

“También el desempleo es muy fuerte, porque sin estudio o por el lugar donde tú vives, o por tu vestimenta, la mayoría de gente no da trabajo”, agrega.

En todas las zonas encuestadas, casi la mitad de jóvenes dijeron no estudiar y no contar con acceso a Internet. Solo en Costa Rica la proporción de jóvenes que tenían acceso a ese servicio aumentaba a un 87%.

Todo eso, quizás, explique la forma en que los residentes de esas zonas ven la política. Por ejemplo, en estos pueblos de Centroamérica solo uno de cada diez afirma que “un Gobierno democrático es preferible a cualquier forma de Gobierno” (excepcionalmente, la proporción es de un 22% en La Carpio, de Costa Rica).

El resto y gran mayoría de los jóvenes coincidieron más con frases como “no importa si un Gobierno es o no democrático, lo importante es que resuelva los problemas”, o bien “en algunos casos, un Gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático” y “a la gente como uno, le da lo mismo un Gobierno democrático que uno autoritario”.

“En la medida en que hay pocas respuestas a las demandas ciudadanas crece el descontento. En las comunidades empobrecidas la institucionalidad pública y privada cuentan muy poco. Donde no hay Estado las organizaciones religiosas son muy importantes”, explicó el investigador Carlos Sandoval, coordinador general del proyecto de investigación.

De hecho, la participación en organizaciones políticas y sociales en estas comunidades es muy baja y alcanza a menos de un décimo de los jóvenes. Es más común entre ellos la participación en grupos deportivos o en iglesias cristianas, que alcanzan a casi la mitad de la población.

En Guatemala, que eligió en octubre de 2015 al humorista y predicador cristiano Jimmy Morales como presidente, la proporción de personas que participan en agrupaciones cristianas es particularmente alta.

En el caso de los jóvenes de El Limón esa participación era cercana al 51%, mucho mayor a la participación en agrupaciones católicas (22%) o en partidos políticos (4%). Esos porcentajes fueron levemente menores en el resto de comunidades entrevistadas.

Migrar como obligación

Ya pasaron más de tres décadas desde el 7 de agosto de 1987, día en que los Presidentes de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Costa Rica firmaron el acuerdo de Esquipulas II: un documento que pretendía asegurar la “Paz Firme y Duradera” en la región, impulsar la democratización, las elecciones libres y el fin de las hostilidades.

“Hoy vemos que se logró establecer la democracia electoral, y no es poca cosa. Pero nada de eso resolvió el tema de la inequidad”, opinó el investigador Sandoval. “Las nuevas generaciones no están viendo mejoradas sus condiciones de vida, y hoy vemos que la democracia electoral se queda corta frente a los grandes retos. Ahí las salidas populistas son las más fáciles y frecuentes”, consideró.

Sin una mirada regional –opina– será difícil que cualquier Gobierno de estos países logre resolver grandes retos como la desigualdad, o la delincuencia.

“Lo que uno puede reconocer en el acuerdo de hace treinta años es que se logró un acuerdo regional. Hoy no tenemos siquiera perspectivas de la posibilidad de un acuerdo político”, sostuvo.

En general, quizás la crisis de Centroamérica sea aún menos visible porque muchos vecinos optan por irse de sus países y enviar remesas a sus familiares.

Se estima que casi un millón de salvadoreños viven en California (Estados Unidos), la mayoría en Los Ángeles, que se ha convertido en una comunidad casi tan importante como la que vive en San Salvador. Según estimaciones de Naciones Unidas para el 2013, había más de 1,5 millones de salvadoreños fuera de su país y poco más de un millón de guatemaltecos fuera de esa nación.

No es coincidencia que un 88% de los jóvenes salvadoreños consultados dijeran que la distribución de la riqueza era injusta o muy injusta. Según los datos más recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ese país tiene los indicadores más graves de desigualdad en la distribución de los recursos.

Según el estudio, una abrumadora proporción del 76% de los jóvenes salvadoreños dijo que migraría de su país si pudiera y casi el 60% dijo lo mismo en Honduras. La migración (que casi siempre es la última opción para cualquier persona) también pasa por la cabeza del  50% de los jóvenes de La Carpio (Costa Rica), Jorge Dimitrov (Nicaragua) y El Limón (Ciudad de Guatemala).

“Eso confirma lo difícil que es la vida en esos lugares”, dijo Sandoval. “En Centroamérica migrar no es una opción, sino una obligación. La gente que se ve obligada a migrar no es minoría: es un grupo enorme”, resumió.

Mientras tanto, la valentía y la esperanza se convierten en la única opción de los que se quedan.

“Hay que trabajar en el conformismo, en las zonas de confort, en la gente que está tranquila ‘mientras a mí no me maten’ y ‘mientras yo tenga algo que comer’… podemos con el tiempo mirar otra realidad. Va a tener que pasar mucho tiempo para que algo pueda cambiar. Hay que limpiar esa generación de gente que solo piensa en su propio bien. Realmente es difícil que la situación cambie. Tendrá que pasar para que encontremos claridad y un cambio en nuestra Honduras”, cerró Martínez.

Ficha metodológica

Un equipo de más de cien encuestadores se organizó en cinco países para recolectar información sobre la opinión de los jóvenes de 14 a 24 años en cinco de las comunidades más empobrecidas de las capitales de Centroamérica.

La Carpio (Costa Rica) del 29 de junio al 5 de julio (302 encuestas).

Jorge Dimitrov (Nicaragua) del 26 al 28 de julio (300 encuestas).

Popotlán (San Salvador) del 29 de agosto al 2 de setiembre (300 encuestas).

Nueva Capital (Honduras) del 24 al 28 de octubre (300 encuestas).

El Limón (Guatemala) del 3 al 6 de noviembre (299 encuestas).

Se utilizaron factores como edad, sexo y condición de estudio y trabajo para poder hacer un muestreo por cuotas. La mayoría de encuestas se realizaron domiciliariamente, excepto en El Salvador, donde el dominio territorial de las pandillas impidió hacer las consultas. Allí se procuró hacer las encuestas en sitios comunes a los que pudieran acceder los encuestadores, como iglesias, pulperías, entre otros.

 

 

(Créditos: AFP)


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