Andrea Vargas, medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe

“Si no fuera por la Federación y el Comité Olímpico, no podría salir del país”

Vargas se prepara para cerrar la temporada al aire libre en el Iberoamericano en Trujillo, Perú.
Alterna sus entrenamientos, entre Puriscal y el Estadio Nacional, con sus labores como abogada de familia y su entorno familiar

Andrea Carolina Vargas Mena es la atleta costarricense del momento, no solo por haber obtenido la única medalla de oro para Costa Rica en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018, sino también por hacerlo en una especialidad inédita: los 100 metros vallas, dominio normal de los países del Caribe. Los 12,90 segundos con que concluyó la prueba le valieron para imponerse en las justas, pero tendrá que bajar por lo menos tres o cuatro décimas más si desea llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio en dos años, para lo cual tiene desde inicios de 2019 hasta junio de 2020.

Pero antes, Vargas tiene dos competencias más por este año: la del Campeonato Norte, Centroamérica y Caribe (Nacac), en la ciudad canadiense de Toronto, entre el 12 y el 14 de agosto; y el Campeonato Iberoamericano, en Trujillo, Perú, del 24 al 26 del mismo mes.

Fuera de las pistas, esta joven de 22 años surgió de un hogar dependiente de una única fuente de ingreso; formó otro parecido a sus 18 años con su esposo David Jiménez. Ahora debe dividirse entre entrenamientos en los estadios Luis Ángel Calderón de Puriscal y Nacional de La Sabana, algunos juicios y audiencias a los que asiste como abogada de familia y el cuido de su hija Avril, de solo tres años, junto con Jiménez.

UNIVERSIDAD conversó con ella en el homenaje que le realizó el Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu) a ella y a otras mujeres que ganaron medalla en las justas regionales en el Hotel Holiday Inn de San José. En esta entrevista, Vargas cuenta acerca de cómo se financia sus competencias, las condiciones en las que entrena en ambos estadios y la combinación que ha hecho entre el atletismo, el trabajo y su vida familiar.

¿Cuáles son las peripecias que usted ha tenido que sortear durante todo este proceso?

–He tenido muchas cosas antes de este proceso, y muchas cosas nuevas. La preparación antes de este proceso de Barranquilla fue muy dura, muy ardua, de mucha dedicación y mucho esfuerzo. Levantarse todos los días sin pensarlo e ir a entrenar. Después de Barranquilla ha sido algo muy nuevo; mucha gente me ha hecho entrevistas, muchas personas se interesan en mí. Entonces he estado más ocupada de la cuenta, y muy feliz de que todos hayan visto este logro y de que todos hayan visto mi competencia, y de poder representar más al país en un futuro, y poder obtener más logros.

¿Cómo financia sus competencias, siendo que la entrena su mamá?

–En este caso, mi mamá casi nunca puede acompañarme en las competencias por el costo económico que representa el viaje, la estadía y la alimentación. Cuando voy a representar al país fuera, ya sea en campeonatos de la IAAF, o en campeonatos de atletismo, la Federación o el Comité Olímpico me pagan los viajes. Este año tuve dos viajes que me costeó el Comité Olímpico, y que gracias a Dios sí pudo ir mi entrenadora conmigo, a poder ayudarme, guiarme con el proceso antes de la competencia, y varios otros torneos que sí me los ha podido costear la Federación, o el Comité Olímpico. Ha sido un año de muchas competencias, y si no fuera por ellos, no habría podido ir a las competencias fuera del país, porque no tengo los recursos necesarios o suficientes para poder ir por mis propios medios afuera.

Sabemos que su proceso de preparación incluye ciertos días de entrenamiento en Puriscal y otros en el Estadio Nacional. ¿Cuán diferentes son las condiciones en ambos lugares?

–Son muy diferentes. En Puriscal entreno en una pista de asfalto que está quebrada, con grietas, debido a los movimientos de placas (tectónicas), que son muy constantes en Puriscal. Hay que tener mucho cuidado de no tropezarse, de no caer en una grieta para no doblarse un tobillo y no tener ninguna lesión, pero por comodidad voy ahí en varios días. Y también voy al Estadio Nacional, viajo tres veces a la semana para poder ir a entrenar, y ahí sí hay mejores condiciones, está la pista de tartán, están las vallas con las que yo compito, las reglamentarias; en Puriscal tengo que entrenar, a veces, con las que la Federación me donó, y, a veces, con vallas de PVC. Ya en el Estadio Nacional sí tengo todas las condiciones para entrenar.

¿Cómo ha sido este proceso en su familia de origen para dividir los gastos de financiamiento entre dos, considerando que también su hermana Noelia es atleta?

–Entre tres, porque incluye los gastos de mi hermano que va a la universidad. Mi papá se tiene que ordenar muy bien económicamente para poder financiarlo, más que todo ahora, con mi hermana, que está viviendo con ellos. Es la que recibe apoyo de él más directo, a mí también pero yo ya salí, ya estoy casada, el apoyo lo recibo más de mi esposo, y mi papá desde muy pequeñas nos ha tenido que financiar todo, la alimentación, las fisioterapias, que es muy importante en el atletismo. La nutrición y la psicología nunca habíamos podido pagarlas hasta ahora, que recibo del Comité Olímpico, porque al estar dos en atletismo sale muy caro. En cuanto a viajes, cuesta mucho que él lo pueda financiar porque sale considerablemente caro. Dos que salgan del país, un fogueo, que en Centroamérica no rinde, entonces habría que ir a Estados Unidos o el Caribe y sale más caro todavía. Nunca hemos tenido apoyo de la empresa privada, solo de mi papá, ahora de mi esposo, el Icoder y el CON, entonces me voy ayudando un poco.

Usted ya está ejerciendo como abogada, ¿cómo se acomoda en este aspecto?

–Ya soy abogada, saqué la licenciatura en Derecho, en enero de 2018 me incorporé al Colegio de Abogados, y este año he estado llevando ciertos casos, pero no trabajo a tiempo completo. Me dedico a estudiar, porque siempre hay que estar actualizado en esto; a atender a mi hija Avril; a ir a entrenar, porque ahora me estoy dedicando de manera más profesional al atletismo; y llevar los casos. Entonces, un día que tengo una audiencia, tengo que ir a entrenar a tal hora.

Luego de esos juegos vienen los de Nacac de Toronto y el Iberoamericano para terminar la temporada de pista al aire libre. ¿Cuánto le sirvió ganar la medalla de oro de aliciente para estos dos torneos?

–Tengo más confianza en mí, me ha ayudado a creer que sí puedo, y bueno, sí sigo para el Nacac seguramente voy a competir este viernes o sábado, y, luego, dentro de quince días voy a competir el Iberoamericano que se va a realizar en Perú. Espero realizar esto de la mejor forma posible, tratar de bajar los tiempos y obtener el podio también.

Hay una oferta en Estados Unidos para que pueda dedicarse de forma completa al atletismo, ¿Qué aspectos considera que se pueden negociar y cuáles definitivamente no a la hora de decidir si aceptar esa oferta o no?

–En realidad no sé nada de eso por ahora. No me lo han comunicado a mí directamente, no sé si a la Federación o alguien en particular. Tengo a mi familia, a mi entrenadora y todo, entonces sí tendría que considerarlo bastante bien. Si me fuera a radicar allá por completo sí sería con mi familia porque no puedo dejarlos de lado; tengo un esposo, una hija. Con mi entrenadora sí me podría adaptar, pero tendría que considerarlo bastante bien.

 

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