Llevan cuatro meses sin operar

Academias de fútbol piden volver con protocolos

Al menos 500 empleos están en peligro y las academias en riesgo. Los ministerios de Deportes y Salud ven difíciles los permisos.

Tras cuatro meses del cese de funciones generado por la crisis del COVID-19, las academias de fútbol de Costa Rica solicitan al Gobierno que les permita su reapertura gradual, empezando con entrenamientos sin contacto, pues varias de ellas corren riesgo de cerrar definitivamente por la falta de ingresos para cubrir sus necesidades básicas. Gran parte del personal que labora en ellas depende exclusivamente de esa actividad, y eso les ha obligado a reinventarse o buscar otra labor hasta que abran.

Para presentar un protocolo sanitario unificado contra la pandemia, como lo mandan los Ministerios de Salud y Deportes, el 8 de junio se creó la Unión Nacional de Academias de Fútbol (Unacafut), que agrupa más de 150 academias.

Algunas de las medidas propuestas consisten en que solo quien dirija la práctica puede mover los equipos (escaleras, conos, discos, vallas o bolas); en trabajar con máximo 10 deportistas por sesión, quienes deberán llegar con sus uniformes de entrenamiento puestos, una toalla personal para higiene y otra camiseta que deberán ponerse antes de salir; en centrar los entrenamientos solo en acondicionamiento físico, técnica y táctica individuales; que cada clase dure una hora como máximo y que se dé un compás de 15 minutos entre cada sesión para la desinfección de los materiales.

El vocero y director de Unacafut, Luis Ramírez, estima en un alrededor de 500 el número de empleos que corren peligro. Considera que hay discriminación de parte del Poder Ejecutivo, pues aunque se ha permitido la vuelta de los entrenamientos sin contacto en ligas menores de otros deportes, no ha pasado lo mismo con las academias de fútbol ni les han dado una fecha para reabrir.

“El 21 o el 23 de mayo, en una conferencia de prensa el Ministro de Salud dijo textualmente que las academias de fútbol no están autorizadas a regresar. Sí sentimos que hay algo contra ellas. Si esperamos a la cuarta fase muchas van a quebrar, muchos niños ya no van a querer hacer deporte. Nos están dejando fuera de la ecuación, y lo que estamos proponiendo es ser incluidos en el plan de reactivación económica del gobierno”.

Ramírez, quien además es coordinador deportivo de La Mitad Más Uno, ha tenido que buscar la manera de generar sus ingresos para paliar sus deudas. “En mi caso yo vivo al 100% de academias. En 10 años nunca había pasado algo de esto, y he tenido que realizar mensajería y otros trabajos que puedan generarme ingresos, pero no es lo mismo; las deudas siguen, y los bancos las reactivaron luego de tres meses, y ya no tengo de dónde pagar”.

Mientras que la encargada de la Academia de Barcelona en Desamparados, Ana Rita González, explicó que recibió la academia por afinidad con el cuadro ibérico y por insistencia de su antiguo propietario, un socio costarricense del club que necesitaba tomar una oferta laboral en el exterior y no quería dejar la academia en manos de cualquiera que dañase la esencia azulgrana.

“El dueño de la escola (escuela en catalán) era José Dominos, que era socio del Barcelona, y la puso aquí hasta que un día le salió una oferta laboral en Panamá y entonces él me da esa academia a mí porque mi equipo es Barcelona; en dos ocasiones le dije que no, pero él se iba a ver obligado a cerrarla porque no quería venderla o dársela a cualquiera que no sintiera la misma pasión de él por el club, y a la tercera vez la acepté”.

González mide las mayores pérdidas en lo deportivo y lo social, porque sus cerca de 100 integrantes afiliados, más que ritmo de juego, perdieron un ambiente familiar que no encontraban en sus casas. “Muchos chicos gozan solo de este espacio para relacionarse con otros por dos horas y no tener problemas económicos o sociales, se les olvida los problemas en casas, hay niños que tienen a sus padres en cárceles, que tienen problemas por bullying en escuelas, y en la academia no se da eso. Más bien les damos una atención especial y que los compañeros los apoyen para sacarlos adelante”. Además, lamentó que algunos de ellos vieron truncado su último año en la academia y con él la posibilidad de ser vistos en equipos de primera y segunda división.

El golpe económico por el cierre también lo tuvo el exfutbolista argentino Gustavo Martínez, quien junto con un extranjero residente de la zona, fundó la Academia Real Jacó apenas fue cesado como director técnico del Municipal Garabito en febrero de este año.

En solo un mes, tenía a 150 alumnos inscritos, por lo que el cierre le causó un impacto económico importante. “Es muy complicado, creo que ese es el sustento de toda la familia y de todas las personas que lo hacemos en la parte formativa o profesional. La primera división me dio mucho a lo largo de muchos años desde que llegué, pero ahora que nos toca estar en la parte formativa uno se da cuenta que hay mucha gente que vive de esto y es algo positivo, pero el efecto de la pandemia en sí es muy negativo porque dejás de percibir cosas y salarios que complican la situación económica”.

Pese a ello, enfatizó en la importancia de la reinvención continua y la fortaleza mental, aspectos que adquirió desde que jugaba y que hoy le sirven para enfrentar las crisis. “Tuve la posibilidad de trabajar con una gente en entrenamientos personalizados, ayudar en una empresa personal de mi señora de repostería (…) y en ese camino estamos. Gracias a Dios uno tiene muchos años en el fútbol profesional y no nos tocó pandemia, pero nos tocó ceses de contrato como jugador y técnico; entonces ya uno adquiere fortaleza mental y está preparado para falencias económicas en cualquier momento. El que está en el fútbol, en el ámbito que sea, tiene que reinventarse (…), los menos tecnológicos aprendimos a reinventarnos con la computadora y el zoom”.

Los dueños de academias coincidieron en la importancia de la nueva entidad para unificar el protocolo en primer lugar, y luego profesionalizar estas escuelas de modo que, sin importar su tipo, busquen licenciarse por la Federación Costarricense de Fútbol a partir de obtener condiciones comunes básicas para operar.

Sin embargo, aunque para el Ministro de Deportes, Hernán Solano, el protocolo no estaba mal planteado, sí lo devolvió con observaciones adicionales y estaba a la espera de una nueva versión que las contemple para analizarla. Pese a eso, el jerarca confesó en entrevista al diario La Nación que el protocolo no era el mayor de los problemas para autorizar la reapertura, sino la masividad de las academias (entre 500 y 600 según los propios cálculos de Ramírez), lo cual le genera dudas sobre una supervisión adecuada de las medidas.

“Son miles de personas que lo practican (fútbol). Además, la cantidad de canchas y el tipo de estas también es muy amplio. Entonces, tenemos que definir muy bien el momento (de reapertura)”.

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