30 años de la Aplanadora Universitaria

1973: el antes y el después del fútbol universitario

Para jugadores y entrenadores de ese entonces, el sentido de pertenencia a la universidad ha decaído.

Luego del campeonato nacional de Primera División de fútbol costarricense obtenido en el lejanísimo 1943, uno de los principales hitos del club de fútbol de la Universidad de Costa Rica (UCR) fue el primero de sus tres ascensos a esta categoría en la historia, 30 años después de ese histórico campeonato.

Si bien un ascenso de segunda a primera división puede no sonar a mucho, la importancia del suceso radica en cómo se dio ese regreso a la máxima categoría: ganó 14 juegos, empató 4 y perdió 4 en dos fases distintas, con un equipo conformado por estudiantes, profesores y funcionarios universitarios con alto nivel competitivo. Por algo se le llegó a conocer como la Aplanadora Universitaria.

Ese es el recuerdo de tres de los principales integrantes de esa generación: el director técnico de aquel entonces, Jorge Muñoz; el jugador de las ligas menores y posteriormente último exvicepresidente del club masculino, Óscar Chavarría; y uno de los aficionados y promotores del apoyo al deporte universitario más icónicos, Fernando Coto, quien además pondría años después la primera piedra del actual Estadio Ecológico.

Los tres evocan un gran sentimiento de pertenencia que hubo en ese entonces y que ayudó al club a ponerle punto final a 18 años de espera por su regreso a Primera, tras el desempate por la permanencia perdido ante el Uruguay de Coronado en 1955.

Aseguran que este sentimiento todavía persiste hoy entre los integrantes de esa generación setentera, como parte de un grupo de exjugadores y extécnicos del club, y también como parte de la fundación FUNdar, creada por Chavarría, con el fin de ayudar a otros excompañeros con necesidades económicas.

Muñoz le restó importancia a los insultos que afrontaban durante las prácticas en la Cancha de Derecho, a la falta de estadios y a las condiciones económicas, mientras en cada partido el recinto moraviano estaba lleno.

“Las condiciones eran las de cualquier otro equipo de Segunda División, la ventaja es que teníamos una cancha donde el equipo pudiera entrenar de manera constante (…). Algunos por ahí gritaban ‘vagos’ etcétera, etcétera, y era una cosa súper natural que la gente opinara de esa manera. Pero cuando se llegaba el domingo usted veía la cancha sede, que era el Estadio de Moravia, súper abarrotada de estudiantes universitarios, entonces las condiciones no importaban, eran vanas en tanto había una ganancia en todo sentido de un vínculo universidad-estudiante-persona, y eso da un marco referencial de que la Universidad tenía una presencia significativa”.

Agregó que su equipo solo tenía a estudiantes y a profesores universitarios, y rememoró que el ascenso de 1973, obtenido luego de ganarle a San Carlos 3-1 en Tibás, fue celebrado en una antigua laguna ubicada donde hoy están el Comedor Estudiantil y la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica.

Por su parte, Chavarría recordó su paso por las divisiones menores, creadas a partir de un proyecto experimental que asumió la Federación Costarricense de Fútbol para menores de 15 a 17 años, y que cuando el ente federativo se salió, el entonces presidente del club, Luis Fishman, ofreció llevárselos a su plantel.

“A partir del 73 formamos parte de las ligas menores y nos tocó vivir en las graderías este campeonato. Tanto impacto creó eso que en los siguientes cinco años, la Universidad aportaba jugadores a todas las divisiones menores, hasta que el equipo descendió en 1977”.

Sin embargo, para él este ascenso marcó un antes y un después, pues más allá de los resultados deportivos, quedaron varios valores de sentido de pertenencia e identidad universitaria que fueron y hoy siguen siendo su clave 45 años después, a través de su fundación FUNdar, creada en 2011 para poder ayudar a los excompañeros que más lo necesiten, quien a su vez gestionó el proyecto “Raíces para las futuras generaciones”, creado en 2017, una vez que salió de la vicepresidencia del club. Este proyecto tiene como objetivo integrar la parte social, académica y deportiva de los niños con los que trabaja.

Finalmente, Coto admitió que empezó a simpatizar con el equipo al momento de su ingreso en 1976 cuando fue elegido Presidente de la Federación de Estudiantes, y les dedicaron un partido en la Primera División, y así rememoró su anécdota de cómo empezó todo. “La Universidad entró como un torbellino, y que era su cancha, con su afición, nos pusimos adelante en el marcador, es una de las actuaciones que más tengo en la memoria. Entró arrollando a Herediano, un equipo de gran trayectoria. El partido quedó 3-3, reflejo de un partido muy disputado y emocionante”.

Apoyo decaído

Sin embargo, los tres coinciden en que los años posteriores mostraron el rezago deportivo de la Universidad debido al cambio de los tiempos que convirtieron al fútbol en una actividad empresarial, que trasciende los deseos de grupos de amigos por rescatar a un club.

Coto lamentó que el sentido de pertenencia bajó en los ascensos siguientes del club, en 2007 y 2013. “Resulta fuera de lugar hacer mención a lo que se llegó a convertir el equipo cuando volvió a ascender a Primera División, en donde no llegó a tener el apoyo del que gozó de los universitarios en estas épocas de oro anteriores. Los que estuvimos involucrados lo disfrutamos después. Siempre salió a relucir el espíritu estudiantil, pero la rectoría no le ha dado la importancia que merece a la acción social deportiva y la extensión cultural. Yo presenté un proyecto para hacer una actividad cultural nuestra dirigida a los estudiantes, para que se metieran en la actividad deportiva, y que aprendieran el oficio de las porras, pero nada quedó en claro. Hoy no hay un respaldo financiero claro y el equipo ha pasado penurias económicas”.

Muñoz explicó que a pesar de que la Universidad ha tenido tres ascensos de segunda división, le ha costado la adaptación en la máxima categoría debido a los cambios en el deporte a los que la Universidad no se ha conseguido amoldar. “El entorno del deporte fue cambiando de una manera tan rápida y radical que el mecanismo de adaptación no fue el más acertado (…) Habría que analizarlo y ver si el entorno nacional empezó a picar a los jugadores para que se quedaran jugando con otros equipos y no fueran a la universidad, porque además la beca, con todo el respeto del caso, no fue el suficiente atractivo económico para que la gente se quedara”.

Chavarría agregó que se necesita una visión empresarial para formar un equipo competitivo, y considera que existe un material humano sobrante como para evitarse penurias como el déficit económico de ₡443 millones que les ahuyentó patrocinadores y los puso en riesgo de cierre antes de ceder la administración a Con Talla Mundial.

“El medio exige competitividad, y los equipos de primera división que no llegan a ese nivel están condenados a sufrir, y la visión empresarial de algunos equipos aún es muy artesanal. Los equipos que tienen una visión empresarial de objetivos claros, metas claras, presupuesto claro, patrocinios, todo un trabajo profesional, son los que sobreviven. Quizás es donde la U se ha quedado con mucho del entusiasmo, de lo artesanal a nivel administrativo, deportivo y directivo. Esas son las limitaciones”.

Cerró enfatizando en la necesidad de reflexionar sobre los rumbos que debe tomar el deporte universitario en este momento, a raíz del 45° aniversario de su regreso a la Primera División.

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