Balance Feria del Libro y Festival Centroamérica Cuenta

Volver a la realidad tras un multitudinario carnaval libresco

La conjunción de la Feria Internacional del Libro 2019 y el Festival Centroamérica Cuenta deja un saldo a favor; sin embargo, quedan desafíos como la conformación de la región centroamericana en un bloque literario.

“El lunes volvemos a realidad y va a pasar algo dependiendo del sector (literario)”, sentenció el escritor costarricense y miembro del Consejo Consultivo del Festival Centroamérica Cuenta (CAC), Carlos Cortés.

En entrevista con UNIVERSIDAD, Cortés se refería al pasado lunes 20 de mayo en que, luego de 10 días del carnaval literario que implica la Feria Internacional del Libro (FILCR), volvían a la normalidad los pocos kilómetros cuadrados capitalinos donde se celebraron ambos eventos con una espectacularidad inusual.

Este año, el CAC fue el invitado de honor de la FILCR. La plataforma festivalera presidida por el escritor nicaragüense y Premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez, se exilió de Managua a San José debido al estallido del conflicto y la represión política y social en el país vecino hace un año.

“Centroamérica Cuenta es un exiliado más”, dijo a UNIVERSIDAD, el escritor Sergio Ramírez, en alusión a los 50.000 nicaragüenses (o más) que han huido de la cruenta crisis.

A raíz de la situación, la prestigiosa organización solicitó a la ministra de Cultura y Juventud, Sylvie Durán, y al presidente de la República, Carlos Alvarado, trasladar el Festival a nuestra capital, puesto que la programación con los más de 120 invitados quedó en el limbo; eso sí, con el compromiso de los escritores de participar en la edición de este año.

Del 10 al 19 de mayo se celebró en San José la vigésima Feria Internacional del Libro 2019, una coproducción del Ministerio de Cultura y Juventud y la Cámara Costarricense del Libro con una inversión de ₡188 millones. (Foto: FILCR).

Fue así como de manera generosa -según afirmó el mismo Ramírez-, y en concordancia con la histórica apertura de Costa Rica hacia Nicaragua, el CAC se alojó a lo largo de cinco días en la médula de la FILCR, con más de un centenar de invitados y una agenda conformada por 90 actividades, entre conversatorios, encuentros, talleres formativos, conferencias y un simposio.

La directora del CAC, Claudia Neira, expresó también su entusiasmo al hacer un balance sobre ambos eventos. “Estamos felices de la acogida del público aunque fuera una agenda muy grande que probablemente en Costa Rica no había sido vista en el mundo literario”.

Este factor convirtió a la Feria en un evento de extraordinaria y enorme magnitud, aderezándola con una avalancha de actividades y personalidades del mundo literario, periodístico y académico hispanoamericano y de los Estados Unidos, efectivamente sin precedentes en Costa Rica.

A esto se sumó la propuesta programática de la FILCR, que a lo largo de 10 días concentró en el Complejo de La Antigua Aduana a casi 100 expositores del sector, y que, según datos del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ), coproductor de la Feria junto a la Cámara Costarricense del Libro, fue visitado por unas 70.000 personas.

De esta forma y gracias en una buena medida a la realización del CAC, se potenció la visitación al evento, en el cual el público tuvo la oportunidad de conocer de primera mano a autores de gran calibre, como los nicaragüenses Sergio Ramírez y Gioconda Belli, los salvadoreños Horacio Castellanos y Miguel Huezo Mixco, los mexicanos Ángeles Mastretta, Guadalupe Nettel y Benito Taibo, los argentinos Mempo Giardinelli, Claudia Piñeiro y Patricio Pron, la chilena Alejandra Costamagna, el estadounidense Jon Lee Anderson y el español Ray Loriga.

Por su parte, algunos de los escritores costarricenses que compartieron en las mesas y encuentros en el marco del CAC fueron Carlos Cortés, Dorelia Barahona, Luis Chaves, Shirley Campbell, Anacristina Rossi, Álvaro Rojas, Catalina Murillo, María Montero, Camila Schumacher y Daniel Quirós, entre otros.

Centroamérica: hipótesis por demostrar

Una de las preguntas reincidentes en las conversaciones de algunos de los escritores centroamericanos presentes en el CAC es la idea -o utopía, al fin- de una región literaria conformada por los países de la cintura de América.

Ramírez mencionó en entrevista con UNIVERSIDAD: “Creo que Centroamérica tiene unos parámetros de identidad de la que carecen otras regiones de América Latina (…), señales que están tendidas en primer lugar por la historia en común”.

El multilaureado autor enfatizó en que si bien políticamente en la región no ha funcionado esa utopía, sí se ha logrado en el ámbito cultural, “porque la historia y la geografía trazan un tendido que crea un cauce para que la literatura fluya por ahí”.

Para Ramírez, el CAC permite además que la literatura regional se conozca allende las fronteras y que de afuera se percaten de lo producido en la región.

Al respecto, el escritor salvadoreño y miembro del Consejo Consultivo del CAC, Miguel Huezo Mixco mencionó que los escritores centroamericanos denotan un sentimiento de queja permanente, debido a que “nadie nos conoce. Luego vienen autores de otras partes a decirnos qué es lo que debiéramos hacer. Me parece que debemos darle un giro a eso”.

En su valoración, Huezo Mixco señaló que los mismos centroamericanos desconocen los avances de la literatura regional, y que mientras no haya una unión aduanera efectiva en Centroamérica, los parlamentos de la región no se pongan de acuerdo y el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) siga siendo una entidad obsoleta e ineficiente “va a ser muy difícil que la circulación de bienes culturales, libros, entre otros, se convierta en una forma de vincularnos”.

Según datos de la FILCR y la Cámara Costarricense del Libro, más de 70.000 personas visitaron los espacios destinados al evento. A la izquierda la escritora mexicana, Guadalupe Nettel, interactúa con un lector. (Foto: FILCR).

En relación con la posibilidad de que la región sea vista como una unidad, la académica salvadoreña y participante del CAC en dos ediciones, Alexandra Ortiz Wallner, puntualizó que, más que invisible, la literatura centroamericana es periférica, “que no tiene que ser algo negativo”.

De acuerdo con Ortiz, los actores literarios poseen una apertura hacia lo regional aunque “el discurso y la literatura de lo nacional siguen funcionando de una manera muy eficaz”.

“Yo tengo la esperanza de que la posibilidad de estar en contacto con todos estos otros  mundos literarios sea una gran forma de verse a sí mismo desde otro lugar, para pensar en que deberíamos hacer más esfuerzos por ser una región, porque podríamos estar más presentes en diferentes contextos como festivales y ferias”, afirmó.

La especialista en literatura centroamericana instó a ver las propias cegueras hacia narrativas como las indígenas, y a no caer en las trampas de privilegiar la misma literatura de autores que circulan, ganan premios y son invitados a los eventos.

La escritora y filósofa costarricense Dorelia Barahona, por su parte, alegó que, sin mayor éxito, ella propuso a la ministra de Cultura, Sylvie Durán, la constitución de un corredor cultural regional y una plataforma digital de edición centroamericana, mediante los cuales no se vieran beneficiados solamente los sectores capitalinos.

Asimismo, plantea, por ejemplo, un canon postal uniforme para toda la región, ya que considera vital hacer circular los libros, ya sea en el marco de las ferias o iniciativas como el Festival Centroamérica Cuenta. “Si exportás una novela a Nicaragua vía correo hay una tarifa, y de ahí a El Salvador hay otra y a México se triplica el costo”, se lamentó.

Si bien la Feria del Libro y el Festival Centroamérica Cuenta dieron resultados positivos, en su balance el escritor Carlos Cortés enfocó la atención  en la industria editorial costarricense, que, según su criterio, en comparación con el resto de la región tiene una mejor capacidad instalada que no ha sido explotada.

Cortés percibe en el CAC una gran oportunidad para sumarse a un mercado editorial más grande -constituido por los países de la región y el Caribe (en especial Puerto Rico y República Dominicana)- en el cual el libro costarricense puede competir por su buena calidad.

Inmersos en esta dinámica, Cortés señala a algunas editoriales independientes más ágiles como Encino Ediciones y Letra Maya, que han sabido  “sacarle provecho” a las ferias del libro y a plataformas como el CAC para editar autores consagrados invitados a los eventos.

El escritor menciona así la novela inédita del autor mexicano Pedro Ángel Palou, La quinta estación, que publicó Letra Maya, así como los libros editados por Encino Ediciones. “Eso crea puentes de cooperación y un aprendizaje mutuo, porque me parece que estamos demasiado encerrados en nosotros y tenemos que acercarnos a mercados culturales más grandes”, concluyó Cortés.


Voces del CAC y la FILCR

Emilia Fallas, Letra Maya Editorial, Costa Rica: “Para Letra Maya la publicación de “La quinta estación” de Pedro Ángel Palou ha sido un honor y, a la vez, un reto importante, por su proyección en un medio más amplio y complejo. Esta publicación significa, no solo haber publicado a un autor de una amplia e impecable trayectoria literaria, reconocido representante de la “Generación del Crack”, sino también, porque la novela tiene un altísimo valor en la construcción literaria en relación con el desarrollo de temas muy profundos, magistralmente construidos desde la psiquis, filosofía y cuestionamientos existenciales de los personajes. El otro reto para Letra Maya, que es uno de nuestros objetivos, es cruzar las fronteras de la edición y temáticas locales, para abrir un espacio en Centroamérica y otros países latinoamericanos. Nos interesa exaltar voces literarias con producciones de alta calidad de contenidos y formas de escritura, para los lectores más exigentes y críticos en Costa Rica y fuera de aquí, desde una editorial independiente, orgullosamente costarricense”.

Mayra González, Editorial Alfaguara -México: “(En una mesa) platicábamos de si existe una literatura latinoamericana y no llegamos a ninguna conclusión. Lo que es cierto es que Centroamérica como región literaria es muy potente, sobre la cual no sabemos mucho ni aquí mismo en el continente. Hay otros autores que merecen conocerse y que están escribiendo de una manera universal. El festival aporta muchísimo a la conversación literaria universal.”

Miguel Huezo Mixco, escritor salvadoreño: “En las mesas de trabajo, por estar integradas principalmente por escritores, hay una tendencia muy fuerte a la exhibición de los egos personales, entonces hay pláticas que pueden ser interesantes para grupos pequeños de escritores pero que para públicos amplios no tienen trascendencia. En la literatura es muy dado a estarse echando incienso uno al otro, cuando la realidad centroamericana y mundial nos está planteando desafíos que no solamente podemos ver desde la perspectiva de la obra sino a partir del pensamiento. No todo tenemos que pasarlo por el prisma de nuestra obra, de nuestra propia experiencia”.

Ángeles Mastretta, escritora mexicana: “Me parece que Costa Rica ha sido muy generosa con el Festival Centroamérica Cuenta al decir “vengan para acá”. Nos sentimos cobijados porque el año pasado no pudo haber Festival porque estaban las desgracias a todo lo que daban en mayo. Fue una gloria venir. Esto le dio un tono que volvió internacional el Festival que solo era en Nicaragua y se consiguió que la palabra Centroamérica se volviera crucial”.

Claudia Neira, directora del CAC : “Un desafío puede ser que al tener una programación tan grande  tenemos que buscar un público o un país receptor de esa programación que pueda entender, que pueda mostrar interés, que pueda acoplarse y tener interacción con los autores. De nada serviría tener esta programación tan excelente con salas vacías. En Costa Rica no pasó eso. Era una complementariedad; es perfecta”.

Patricio Pron, escritor argentino: “Hay que considerar que las literaturas centroamericanas no son tan conocidas afuera de la región como deberían serlo. Esto nos lleva a quienes vivimos fuera de la región a perdernos magníficas cosas y es genial que se nos ofrezca la oportunidad de venir aquí y conocer estas cosas. En ese sentido, el diálogo que propicia el festival se extiende en el tiempo, y resulta enriquecedor para quienes visitamos la región con una gran curiosidad e interés como lectores”.

Benito Taibo, escritor mexicano: “Hemos perdido la enorme oportunidad de conocernos, de mirarnos a los ojos, de leernos, de establecer un diálogo que nos haría mucho más fuertes. México ha mirado hacia el norte con embeleso desde el principio de los tiempos y ha olvidado ver hacia el Sur, y mirar hacia el Sur es la única salvación. La lógica de la república centroamericana tendría que expandirse y convertirse en Mesoamérica, que aparentemente terminaba en las selvas del Darién; es más, debería de llegar a la Patagonia: el sueño bolivariano de América toda junta, unida”.

Jacques Aubergy, Editorial L’atinoir, Francia: “Todas las antologías (de L’atinoir) tienen un prólogo y el primero lo hizo Sergio Ramírez, donde explicaba que Centroamérica es un espejo roto, del cual se pueden reencontrar los pedazos e intentar pegarlos. Creo que es lo que está haciendo Centroamérica Cuenta. Me sorprende mucho la sensación de unidad aún con las diferencias, matices, las hablas que no son iguales, ni hablar de la vida social y política. A nivel literario veo una hermandad, comunidad e interpenetración, así como el interés del resto de América Latina y España por la literatura de la región. Es un tesoro con mucho talentos”.


 

 


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