Viaje en el tiempo con Rafa Fernández  

La exhibición “Viajero del tiempo” es la primera muestra póstuma en homenaje al pintor, quien falleció el 9 de setiembre de 2018.  

Los seguidores del pintor costarricense Rafa Fernández, fallecido el 9 de setiembre de 2018, podrán realizar, con el artista, un viaje en el tiempo, gracias a la exposición que se encuentra en la Galería Nacional del Museo de los Niños y que está abierta al público del 17 de enero al 24 de febrero.

Viajero del tiempo, en óleo sobre tela, de 121 centímetros de ancho por 91 de alto, de 2015, es uno de los 83 cuadros que se pueden apreciar en la exposición póstuma en honor a Rafa Fernández y que da nombre a la muestra.

La exhibición lleva por  nombre  “Viajero del tiempo”, como uno de sus cuadros, y es un recorrido por 83 pinturas, número de edad que cumpliría el artista en setiembre próximo si estuviera vivo, de distinto formato y realizadas con base en diferentes técnicas.

La organizadora de la muestra es Alma Fernández, hija del pintor y curadora de arte, quien destacó en la inauguración que la exposición era un “barco de imágenes que el viajero del tiempo les invitaba a recorrer con 83 obras que hemos seleccionado de su última etapa en honor a sus 83 años, y en las que podemos sentir el latido de la huella que nos dejó su luminosa pintura”.

El segundo piso de la Galería Nacional dedica todo el espacio a la exposición, en la que una sala se encuentran objetos que utilizaba el artista para pintar. Así por ejemplo, está la silla de ruedas del pintor, quien en enero de 2002 sufrió dos derrames cerebrales que lo tuvieron al borde de la muerte; no obstante, superada dicha etapa crítica, volvió a su pasión en 2004, con pinturas que tenían un corte más abstracto.

Alma Fernández dijo en una sala con bastante concurrencia que “hoy más que nunca sus obras gritan a través de los trazos y colores que le sirvieron para comunicarse cuando su voz se hizo tenue”.

Entre sus objetos personales también está un caballito en madera que esculpiera el autor, su premio Magón otorgado en 2002, sus pinceles, un caballete y otros objetos que le acompañaban en su estudio.

“Hoy cada una de estas pinturas cuenta cómo un hombre puede liberarse y trascender a través de su pasión y talento, y cómo su espíritu de lucha y su genio le alcanzaron, no solo para superar la adversidad a través de su lenguaje, sino que se hizo cada vez más profundo, más rico y más sofisticado”, enfatizó en su disertación Alma, quien estuvo acompañada de su madre, Mirna Tercero.

Mujeres en la estación del tren, óleo sobre tela, de 100 centímetros de ancho por 80 alto es otra de las pinturas, hecha en 2015. (Foto: José Eduardo Mora).
 

A lo largo de sus 82 años, el pintor vivió varias etapas en su creación, pero según los expertos, entre ellos Bélgica Rodríguez, los años setentas y ochentas fueron los más prolíficos.

A Fernández se le asoció durante mucho tiempo con sus famosas mujeres, pero quienes conocen su obra saben que ella es más amplia y profunda.

Entre esas etapas se encuentran la más figurativa, la que al final de su vida se volvió más abstracta, aunque en su pintura siempre hubo elementos oníricos y surrealistas.

“Este homenaje póstumo permite hoy dimensionar a un costarricense universal, que dejó su poesía en los papeles y lienzos blancos que pobló de magia y maestría, que llenó de alas que representan ilusiones, sueños y esperanzas, y de barcos que hablan de amores perdidos y de lunas que iluminan sus azules”.

Fernández, quien nació en el Barrio La Constructora, hoy inexistente, en la zona sur de la capital, el 24 de octubre de 1935, hizo sus primeros estudios a los 15 años en la Casa del Artista, con la guía de maestros como Teodorico Quico Quirós, Carlos Salazar, Francisco Amighetti y Dinorah Bolandi.

En la Casa del Artista descubrió la pasión que le acompañaría siempre, porque antes se había aficionado a la tauromaquia, la que luego iba a reflejar en sus creaciones y era un motivo por el que durante muchos años viajó a España, para presenciar las corridas en las mejores plazas.

“Pintó miradas, pintó tauromaquias que no son otra cosa que la lucha, su lucha, entre la vida y la muerte, y desde luego sus únicas e irrepetibles mujeres, ataviadas, poderosas, ancestrales, pintadas con el alma”, dijo Alma.

La exposición estará abierta del 15 de enero al 24 de febrero en la Galería Nacional, donde la entrada es gratuita. (Foto: Katya Alvarado).

AZULES Y MUJERES

Quien se disponga a observar la exposición “Viajero del tiempo” debería de ir a la Galería Nacional en un día en cuya agenda no figuren las prisas, para que pueda detenerse en las diferentes salas y pueda así apreciar la amplia muestra en toda su dimensión.

Se topará con sus clásicos colores, en especial el azul, sus mujeres abordadas desde diferentes miradas y sus guiños a lo onírico y a la tauromaquia, la cual fue, como ya se sabe, una de sus pasiones de juventud y que posteriormente retrató desde una mirada muy singular.

Las lunas, azules, rojas, también aparecerán en la muestra, en la que predominan las composiciones de su última etapa creativa, en especial de 2015 en adelante.

Los cuadros en los que trabajó están hechos en litografía, litografía iluminada, técnica mixta sobre papel, serigrafía iluminada, serigrafía, óleo sobre tela, entre otras formas de abordaje.

En la exhibición hay cuadros de tamaño grande, medio y pequeño, y en ellos, tanto los conocedores de la obra, como el público en general percibirán esa marca que a cada creación le imponía Fernández.

Con el desaparecido pintor costarricense sucede aquello que dijera José Ortega y Gasset sobre el arte en su libro La deshumanización del arte y otro ensayos, en el sentido de que todo arte “tiene un algo” y que ese algo es lo que le da riqueza y vigencia a lo largo del tiempo.

La citada Rodríguez, crítica de arte, de amplia experiencia en este campo, dijo en su oportunidad esto del pintor y que se resalta en su página web oficial.

Rafa Fernández pinta antes de ver la luz. Profundamente figurativo y refinado su pintura es un ente vivo con una vida interior y otra exterior, capaz de comunicar un mensaje a quien la mira. Es para él la fascinación del asombro. Si bien parece gravitar sobre un mismo tema, los caminos que ha transitado han sido de diferente tenor”.

La sólida trayectoria le permitió a Fernández hacer exposiciones en España, Estados Unidos, Francia y México, así como en otras naciones de América Latina.

En 1990, una noticia conmocionó al ámbito local del arte al conocerse que por un cuadro suyo un comprador había pagado la suma de ₡1 millón.

Entre sus múltiples logros, destaca el hecho de que tenga un autorretrato de 1957, de cuando tenía 22 años, en la Galería Uffizi, en Florencia, Italia. La petición le llegó en 2005, lo que le permite tener una obra al lado de figuras de talla mundial como Chagall, Delacroix y Rembrandt.

La tauromaquia es un elemento vigente en la obra de Fernández. Aquí Tauromaquia VI, 10.5 centímetros de ancho por 13.5 de alto en óleo sobre cartón. (Foto: José Eduardo Mora).

DESPUÉS DE LA OSCURIDAD

Quien contemple la exhibición y desconozca por completo la biografía del autor, jamás pensaría que esas obras las hizo un hombre a partir de los 67 años y luego de superar un derrame cerebral que le inmovilizó una buena parte de su cuerpo y le impidió, desde entonces, el poder movilizarse con facilidad.

Si bien los expertos en el arte de Fernández pueden ver matices y rasgos que el público en general no apreciará, las piezas que se presentan en la muestra de 83 composiciones son  las de un pintor que sabe su oficio y que evidencia que ha sido capaz de sobreponerse a sus limitaciones físicas.

Y la evocación de los universos que caracterizan su obra revela que aunque ese torero-pintor estaba herido, no lo estaba de muerte y el arte más bien le servía como catarsis y signo de rebelión ante las aplastantes circunstancias.

Como bien lo dijera Alma Fernández en la apertura: la exhibición permite adentrarse en los mundos del pintor, pero ante todo y sobre todo, sacan a relucir ese compromiso del artista con su causa: la de crear un mundo en sus pinturas y plasmar en el lienzo esa visión interior que siempre le ha acompañado.

Por las razones esgrimidas a lo largo de este artículo y por muchas más, aquellos que aman el arte han de hacer un espacio en sus agendas e irse a apreciar la primera exhibición póstuma de Fernández, quien, paradójicamente, hizo en vida su última exposición en la Galería Nacional.

Dama enamorada de un cuadro de Rafa Fernández evoca el humor del pintor. (Foto: José Eduardo Mora).

Y lleva razón Alma Fernández, cuando cerraba así su discurso en honor a su padre: “El viajero del tiempo emprendió su viaje a los azules más profundos, pero el legado que nos deja confirma que, aunque la vida es corta, la fe es eterna”.

En 83 pinturas, el observador puede hacer un viaje con Fernández por sus mundos realistas, oníricos, sus mujeres, sus lunas y su búsqueda incesante en ese “algo” que solo el arte es capaz de transmitir.

El abanico es una pieza de 2017 y fue realizada en serigrafía, intaglio laminado en oro y plata, y mide 95 por 71 centímetros. (Foto: José Eduardo Mora).


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