Una odisea de 50 años por la literatura afrocaribeña

El autor al que se le dedica la XIX Feria Internacional del Libro, Quince Duncan, reseña cómo fueron sus inicios de escritor y habla de los desafíos de los afrocaribeños por afianzar su cultura.

Al cumplirse 50 años de haber realizado su primera publicación, aunque desde adolescente comenzó a escribir, Quince Duncan celebra en 2018 su largo andar en las letras costarricenses y la difusión de la cultura afrocaribeña.

La Universidad de Costa Rica (UCR) le entregará a comienzos de setiembre un Doctorado Honoris Causa y será el dedicado de la XIX Feria Internacional del libro, la cual se realizará entre el 24 de agosto y el 2 de setiembre. El 23 de agosto, en el Teatro Nacional, recibirá un homenaje.

Como profesor de inglés en la Universidad Nacional y varios colegios, Duncan reconoce la trascendencia que puede tener un buen educador. Por eso, recuerda con gratitud a Obdulio Cordero, quien fuera el primero en reconocer en él su temprana vocación por las letras.

“Cuando yo estaba en Estrada, en Batán, aspiraba a ser carpintero, porque pretendía  hacerle una casa a mi abuela. Lo más cerca a la carpintería que encontré fue el hacer práctica en un taller de ebanistería. Así comencé a aprender el oficio. Era el año 56, con un San José con carretones”, relató.

Marcus Garvey podría inspirar la próxima novela de Duncan. (Foto: Internet).

En medio de esas búsquedas, la biblioteca del abuelo resultó clave para que el joven Duncan descubriera el mundo de los libros y, desde entonces, se convirtió en un buen lector. Después, transformó todo ese bagaje en la narrativa que desarrollaría a lo largo de su vida.

Su libro más conocido es que el que coescribió con el historiador Carlos Meléndez y que se publicó en 1972: El negro en Costa Rica. Al día de hoy, este texto lleva más de 25 ediciones y es de consulta obligada cuando se investiga el tema de la cultura afrocaribeña en el país.

“Fue muy interesante porque yo anduve como seis meses con la idea de decirle a don Carlos que por qué no escribíamos algo sobre el negro en Costa Rica, pero no me atrevía. Me parecía que don Carlos, por ser yo tan joven, no me tomaría en serio, hasta que un día me lo topé y me dijo: ‘Quince, por qué no escribimos un libro sobre el negro en Costa Rica, yo me encargo de la etapa colonial y usted de la de Limón’. Así nació ese libro que creo es citado en todos los estudios que desde entonces se han hecho sobre la cultura afrocostarricense”, explicó.

Ya antes, cuando estaba en la escuela, Duncan había ganado, a los 14 años, un concurso con una composición sobre el árbol.

“Ahí empezó mi carrera como escritor. La maestra mandó el cuento a un concurso y yo gané el Premio Nobel. Me dieron ₵25 colones y una carta de reconocimiento del Ministro de Educación”, detalló.

Duncan, de 77 años y quien recibirá un homenaje durante la Feria del Libro, recuerda que siempre quiso escribir y que incluso durante mucho tiempo anduvo con la idea de pertenecer al círculo de escritores del que participaba Jorge Debravo, pero que no se animaba a mostrar sus textos.

“Me daba pena enseñar mis cuentos y escritos. En ese entonces, estaban Julieta Dobles, Ronald Bonilla, Laureano Albán, entre otros”, afirmó.

Posteriormente, en 1967, recibiría la infausta noticia de que el poeta de Turrialba había muerto de forma trágica el 4 de agosto.

“Estando en Estrada me llegó La Prensa Libre en la que Alberto Cañas hablaba sobre la muerte trágica de Jorge Debravo y fue cuando me dije: ‘Ah no’, y me fui al círculo de escritores y comencé a leer mis escritos”, dijo.

La vocación por la escritura se puede identificar por su afán no solo por escribir, sino también por publicar. Los primeros folletos y composiciones aparecieron en forma mimeografiada. Sería con Canción en la madrugada cuando iba a aparecer su primer libro salido de una imprenta.

De aquellos años, los folletos se perdieron por una circunstancia particular, pero queda un artículo en el que José León Sánchez anuncia al país que ha nacido un escritor llamado Quince Duncan.

Hoy, muchos años después, Duncan hace una pausa, respira, sonríe y afirma que, gracias a ese artículo publicado en prensa por Sánchez, no hay ninguna duda de que su carrera “oficial” como escritor comenzó hace 50 años.

LITERATURA DIDÁCTICA

 Al celebrar los 50 años de su andadura como escritor, Duncan reconoce que siempre ha tenido una aspiración didáctica en su literatura y que ello le viene de su labor como educador.

“En Una canción en la madrugada, por ejemplo, quise explicar qué era una llena, qué son las inundaciones que vivíamos en Limón. Cuando en San José se informaba de las inundaciones en Limón, la gente no entendía cómo eran. En ese cuento sobre la llena narro lo que eso realmente significaba para nosotros subidos en una cama o en una mesa mientras el agua pasaba por debajo. Eso lo narré en un cuento y esa era la función didáctica que buscaba”, manifestó.

En relación con el aporte de la cultura afrocaribeña al país, Duncan considera que por muchos años Costa Rica olvidó que era una nación multicultural y diversa.

“Este es un país construido sobre la diversidad étnica, que no era necesariamente una población blanca. Con los conquistadores vinieron los ladinos, ladinos negros, y luego los esclavizados de África. En el último censo que hicieron los españoles, la población blanca era como de un 10%, la mestiza como de un 59% y la negra y la indígena eran poblaciones pequeñas. Eran sobretodo mestizos. En Costa Rica decidieron construir una nación blanca, pero las cifras no decían eso”, afirmó.

Por tal motivo, el escritor considera que el cambio en el primer artículo de la Constitución, que reconoce esa diversidad multicultural, es de gran relevancia y que incluso merece una mayor atención en la actualidad.

“Cualquier costarricense, como se dijo en un artículo publicado recientemente en la prensa, puede ser que tenga entre un 10% y 15% de genes con ascendencia negra, aunque sea como Rodrigo ‘El Macho’ Carazo, con los ojos claros. Él era afrodescendiente. Además, hemos tenido cinco presidentes de la República con ascendencia afrocaribeña. El problema es que la idea era construir nación blanca, entonces ocultaban y luego inventaban”, aseveró.

Para Duncan este dato refleja cómo se construía la idea de la nacionalidad costarricense: “El último censo español dijo que el 10% era población blanca y el 90% todos los demás. El primer censo en Costa Rica dijo que un 80% de la población era blanca y un 20% era mestiza. Nos blanqueamos por decreto”, explicó.

No obstante, los cambios se han ido dando y esa percepción se entiende hoy como una forma de transmitir una visión ideológica de la sociedad que entonces se construía.

Para quien tenga dudas, Duncan, no sin humor, recomienda darse una vuelta por Noruega y por el resto de Europa para percibir cómo los van a percibir.

“Ningún europeo nos considera blancos. Los argentinos, por ejemplo, cuando empiezan a hablar en Europa, de inmediato comienzan a ser considerados sudacas”, afirmó.

RACISMO ESTRUCTURAL

Lo que más le preocupa al autor de Final de calle y Hombres curtidos es que hay un racismo estructural que se impone tanto en el ámbito privado como en el público, para lo cual no se requiere una ley, porque ello está en el inconsciente colectivo.

“El problema es para qué se quiere al negro. Si lo que se quiere es que sea futbolista, con mucho gusto. Si lo que se requiere es que barra el laboratorio, con mucho gusto. Ahora, si quiere ser el jefe del laboratorio, se le va a decir: ‘Qué torta, llegó un poquito tarde. Hace 15 minutos nombrados al director’ y luego lo nombran 15 minutos después”, aseveró.

Incluso, Duncan sostiene que un estudio del Instituto de Investigaciones Psicológicas de las UCR ha comprobado con estudios ese racismo estructural al que se refiere.

“Es un racismo estructural que se aplica de forma inconsciente. La gente en Costa Rica se enerva cuando uno dice que hay racismo. Lo vimos con la última discusión en torno al tema de Cocorí. Lo último que se dijo en esa discusión fue: ‘Váyanse, dejen a los costarricenses en paz’, como si nosotros no fuéramos costarricenses”, afirmó.

Duncan alude a una extensa polémica que se desató en torno a Cocorí, la obra internacionalmente conocida de Joaquín Gutiérrez, que en su momento fue tachada de racista. Hubo numerosos argumentos en pro y en contra de la tesis que aludía a la novela como racista y ha sido tal la situación que hasta el día de hoy parece estar abierta.

El escritor recuerda, de paso, que la famosa ley que se derogó tras la guerra del 48, en la que se autorizaba a los negros de Limón a poder ingresar a San José, en realidad es una leyenda, porque nunca existió.

“Yo nací (5 de diciembre de 1940) en San José, en el hospital San Juan de Dios. Los Curling nunca vivieron en Limón, por ejemplo. Eso es una leyenda. Yo, al menos, nunca he podido encontrar esa ley que prohibiera a los limonenses ingresar a San José. Una vez Luis Alberto Monge me preguntó por esa ley y yo le dije: ‘Don Luis Alberto, usted era el secretario de la Junta de Gobierno, y ustedes fueron los que derogaron esa ley’, y don Luis Alberto me dijo: ‘Yo después busqué esa ley y nunca la vi’.

‘¿Y entonces cómo hicieron para derogarla?’, le pregunté, y me dijo: ‘Yo puse una cosa general en el acta, por la que quedaban derogadas todas las leyes racistas que existían”, relató.

Añadió que la leyenda nació porque en San José había una campaña en la que los intelectuales decían que era necesario mantener a los afrocaribeños allá en Limón, porque podrían venir a deteriorar la raza, y ello se vio reforzado con las políticas del gobierno fascista de León Cortés.

Además, existió, dijo Duncan, una ley de 1934 que prohibía a los negros ir a trabajar a la bananera en la zona sur y esa iniciativa contó con el respaldo de las distintas agrupaciones políticas de la época.

DESARRAIGO

Para Duncan, en el universo de lo afrocaribeño actual hay una herida y es la situación que vive Limón, pues el narcotráfico penetró en la provincia con gran fuerza y no solo afecta a los que pasan por allí, sino también a los que viven, porque miembros de la comunidad se han ido integrando al negocio del tráfico de drogas.

Considera que hoy hay más limonenses en Desamparados que en la propia provincia de Limón y que ello obedece a la falta de oportunidades laborales.

“Eso da una idea de lo que se vive y ahora, para colmo, el narcotráfico es fuente de negocios. Hasta hace poco decía con cierto falso orgullo que no era un problema de los limonenses, pero en este momento no puedo seguir diciendo eso”, afirmó.

En criterio del autor de Un señor de chocolate, uno de los grandes errores históricos fue bloquear la educación bilingüe en Limón, porque hoy en día, si se hablara inglés como se hacía en los primeros tiempos, los ciudadanos tendrían una gran herramienta para hacerles frente a los avances y desafíos que se dan, como es el caso del arribo de APM Terminals.

“Se recibía una educación con estilo y calidad británica en Limón, y era muy buena. Se dijo en su oportunidad que lo que nosotros hablamos era el patuá, pero no es cierto, aprendíamos un inglés que hoy sería de gran utilidad para la provincia”, aseveró.

Destacó que lo que se ha perdido en Limón es esa “dignidad”, ese “orgullo” y ese sentido de pertenencia..

LA NOVELA DE MARCUS GARVEY

En una conversación con un líder como Duncan, es imprescindible preguntarle por el legendario Marcus Garvey, quien a comienzos del siglo XX soñó con regresar a todas las personas negras a África.

Para Duncan, la afirmación, poco antes de morir, de William Edward Burghartd (W.E.B.) Du Bois sobre Garvey, del cual había llegado a ser su enemigo acérrimo, resume a las mil maravillas lo que aquel representó para los afrodescendientes del mundo entero.

“Du Bois finalmente se movió a Ghana. Antes de morir, dijo que Marcus Garvey había sido el más grande negro del siglo XX. Y eso es lo que yo creo. No vamos a encontrar ningún movimiento libertario que no haya tenido influencia de Garvey: Nelson Mandela, Martin Luther King y Malcolm X, entre otros. Él le devolvió a la población negra del mundo el sentido de que somos un pueblo con historia y que podemos superar la estupidez de quienes dijeron que África no tenía historia.

Gracias a él, hemos redescubierto las grandes civilizaciones africanas. Gracias a él, pudimos recuperar a Egipto, que lo habían blanqueado, utilizando a Cleopatra. Y gracias a él, hemos podido descubrir a ese africano real sobre el cual nos habían mentido tanto. El gran sueño de regresar a África era irrealizable. Cuando dijo eso, Gran Bretaña era dueña del 25% de la tierra y era la época de los imperios. No tenía ninguna posibilidad, pero lo que metió en la mente de los afrodescendientes, y que lo canta Bob Marley en una de sus canciones, son palabras textuales de Garvey: ‘Liberen de su mente la esclavitud mental’. Esa es la primera tarea que hay que hacer’.

Garvey vino a recordar: ‘dejen de pensar que la civilización comenzó en Europa’. Cuando había civilización en África y en Asia, los europeos andaban con taparrabos.

Hace un tiempo descubrí, por ejemplo, que el famoso teorema de Pitágoras está demostrado en una pirámide egipcia muchos cientos de años antes de que naciera Pitágoras. Descubrí, también, que Pitágoras había estudiado en Egipto y había sido iniciado como sacerdote. O sea, Pitágoras se trajo el teorema y en Occidente quedó como que él lo inventó. Casi todos los grandes griegos fueron a estudiar a Egipto.

Fue muy importante cuando Garvey habló de la relevancia de conocer la historia. Un pueblo sin historia, dijo, es como un árbol sin raíces. Un pueblo sin historia no sabe para dónde va”, explicó.

Garvey vivió en Limón y volvió cuando ya había pensado en el regreso de la comunidad negra a África. Por todo lo que significó, Duncan se plantea un desafío al conmemorar medio siglo de su literatura: “Tengo la idea de escribir una novela sobre Marcus Garvey”.

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