Cultura Entrevista Mía Gallegos, Premio Aquileo J. Echeverría en Poesía

“Un poema debe crecer como un árbol; hacia arriba”

La escritora Mía Gallegos recibió el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2020 en la categoría de Poesía, por una antología de textos escogidos

Mía de nadie. Mía de nadie más que de ella misma. Así se autoafirma Mía Gallegos con su antología titulada Para alcanzar la espuma. Poesía escogida (1976-2018), editada por la Editorial de la UNED (EUNED), y por la cual fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2020.

La edición de gran formato y a color, viene acompañada de estampas al trazo de la artista visual Marcia Salas, quien aceptó dialogar con Gallegos en un libro que es la suma de los mejores poemas seleccionados por la autora.

“Marcia se emocionó mucho e hicimos una buena combinación”, destaca Gallegos en entrevista con este Semanario a propósito del reconocimiento otorgado por el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ).

Son los poemas de Mía, “que crecen como un árbol; hacia arriba”, como ella misma describe que deben ser los versos buenos, maduros, coherentes, enteros, con síntesis y precisión del vocabulario, sin lugares comunes, y con un esqueleto firme que los sostenga.

La antología es un repaso por su escritura a lo largo de cuatro décadas, un recorrido por siete libros, incluido Es polvo, es sombra, es nada, poemario inédito que espera ser publicado en junio de este año por la editorial Nueva York Poetry Press.

La publicación premiada arranca con textos seleccionados del primer poemario escrito por Gallegos Para alcanzar la espuma; sigue con Golpe de albas; luego con Makyo (que significa en sánscrito lugar que habitan los demonios), el cual reúne Los reductos del sol, Jaguar de agua y El claustro elegido; continúa con El umbral de las horas; y cierra con Es polvo, es sombra, es nada.

Gallegos empezó a escribir en su adolescencia, cuando en realidad quería ser pintora, Y aunque logró ingresar a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica (UCR), no pudo iniciar la carrera de Artista plástica.

Durante su segundo embarazo escribió los dos poemarios iniciáticos. Luego de épocas de mucho dolor, parir y criar a sus dos hijas y a su nieta, se ha iluminado la vida de Gallegos, para quien la niñez, la adolescencia y la juventud fueron un tránsito “espantoso”, según confiesa.

A través de la antología, los lectores palpan la vida, cuerpo, afecto y pensamiento de Gallegos, quien en estos días escribe menos y pinta más, pues, al desnudarla, la escritura le resulta una labor angustiante. La pintura en cambio, la hace feliz.

¿Por qué empezó a escribir poesía a los 21 años?

Por una gran necesidad de poder comunicarme, y porque yo soy una persona que sueña mucho despierta, vivo haciendo asociaciones de ideas, además, tengo una gran fantasía e imaginación. De ahí nace mi poesía; de la observación, de crear mundos posibles, y por qué no, también, de épocas de muchísimo dolor que he vivido sobre todo en mi niñez, adolescencia y primera juventud. Ya después las cosas van a cambiar un poco, porque mi vida va a ser más fácil y más bonita conforme crecen mis hijas, voy a dejar muchos dolores atrás que ya no me van a acompañar nunca más, pero mi niñez y juventud están atravesadas por dolores muy terribles. Entonces, la poesía también es una catarsis en mi caso.

La artista plástica Marcia Salas dialoga con sus estampas al trazo con la escritora Mía Gallegos en la publicación de la EUNED.

En la antología se puede sentir una tensión con las figuras genealógicas: los abuelos, la madre, el padre; pero luego hay una luz que sale de tus poemas cuando se refiere a sus hijas, por ejemplo.

Ellas son mi luz. Ellas me abrieron el camino. Sin ellas yo no habría hecho todo lo que he hecho en estos años. He publicado mucho, investigado, estudiar más; pero mi niñez y juventud fueron muy problemáticas, llenas de sufrimientos que me marcaron durante muchísimo tiempo, y me costó superarlo. Yo diría que he vencido todo eso. Ttengo una maravillosa relación con ellas y con mi nieta, entonces vivo una vida muy bonita, yo no me puedo quejar de nada en estos momentos de mi vida.

¿La escritura de los poemarios coinciden con períodos específicos de su vida, y que decantan en temáticas o formas de abordar el lenguaje poético?

La poesía primera está atravesada por el dolor, pero la poesía de madurez es diferente; hay una mayor síntesis y un cuestionamiento a la vida, al destino humano. En el libro que es inédito y que va a publicar Nueva York Poetry Press hay una gran preocupación por el armamento nuclear, es más una preocupación por la especie, hay poemas que son filosóficos y de una gran ironía, cosa que yo no había utilizado antes.

Sus poemas tienen relación con los elementos de la naturaleza.

Sobre todo en Para alcanzar la espuma hay un gran arraigo a la naturaleza, porque cantan los elementos terrestres, canta la naturaleza: yo me siento parte de la naturaleza, no aparte sino parte de la naturaleza. Y también en Golpe de albas está presente.

Hablas de los elementos terrestres…hay una energía suya que también percibo en  Eunice Odio, aunque el lenguaje es muy distinto.

En mi primer libro, la influencia de Eunice Odio es definitiva, pero nada más ahí. Después yo no vuelvo a sentir que me influya, pero sí hay otras influencias: (César) Vallejo, sobre todo, el creacionismo de (Vicente) Huidobro, y un trabajo de intertextualidad que yo hago a partir de cuentos de (Jorge Luis) Borges. Leo cuentos de Borges y tomo elementos para construir un poema. Yo he hecho eso en muchísimos momentos, desde que escribí el poema Asterión, el cual está recopilado en el libro y que pertenece al poemario Los reductos del sol, así como en otros poemas como La intrusa, integrado en El umbral de las horas; en todos esos poemas hay una gran intertextualidad con los cuentos de Borges. Aquí nadie lo ha señalado, que yo sepa. Hago un juego a partir de lo que he leído de Borges. Podría sonar que es una poesía muy conceptual o muy intelectual pero no, es que hacer eso me permite decir muchas cosas de una manera indirecta, para no ser tan literal. No me gusta ser literal.

¿Qué le aporta Borges y su literatura, su forma de crear estos cuentos, el mundo borgeano? ¿Qué de esos elementos le permiten jugar?

Toca algo que me mueve la imaginación y me dan ganas de crear. Es como en música cuando se da el primer “Do” para que empiece la orquesta; me toca una fibra y de ahí surge una idea para escribir un poema.

Cuando escribimos hacemos intertextualidad de lo que nos alimenta. Oliver Sacks en su libro El río de la conciencia cita a Mark Twain para “honrar” el plagio, dice que es parte de la vida.

Venimos de otros, es decir, no somos totalmente originales. Yo no me siento totalmente original, soy producto de muchas lecturas, de gente con la que disfruto, que siento que es mi amiga aunque la conozca nada más en el campo de la literatura, pero que me da una idea y un camino por recorrer; eso me ocurre con la filósofa María Zambrano, quien ha influido mucho en los últimos años en lo que yo escribo y pienso, pero eso, sobre todo, se ve en el libro La deslumbrada, que ahí es donde está más presente el pensamiento de Zambrano, lo cual quise que fuera así.

Hay un poema que publicas en la antología premiada: Mía de nadie…

Ese es un poema que escribí en un momento terrible. Yo me acababa de divorciar, estaba muy golpeada, muy herida; tomé un bolígrafo, un papel, y lo escribí, tal cual existe el poema. El poema no tiene nada que yo le haya agregado después. Salió tal cual lo conoce la gente que lo ha leído. Es un poema iracundo, fuerte, sentido, de duelo pero también de mucha fuerza. Yo no soy de nadie, soy de mi.

 Su nombre es una enunciación ontológica muy potente, porque llamarse Mía es reafirmarse como mujer, que se pertenece a sí misma, que su cuerpo es suyo. Toda usted es suya.

Pensá que fue escrito en los primeros años en que se empezaba a hablar de literatura escrita por mujeres, entonces, es un poema muy fuerte para la época en que se escribió.

¿Todavía la representa, todavía es esa Mía?

Claro que me representa. Ahí no tengo nada de relación con Eunice Odio, no hay ninguna influencia.

A propósito de que mencionas el momento en que lo escribió y el feminismo, ¿qué piensa como Mía, la poeta, en un mundo machista, patriarcal, misógino; todo esto que se visibiliza ahora y está en ebullición con reivindicaciones feministas poderosas, sociales y políticas?

Eso se ha venido dando como un proceso y es justo que ocurra. Yo nunca me he sentido demasiado golpeada por los hombres en el campo de la literatura, en la vida sí. Sin embargo, sé que no todas las mujeres lo viven igual. Yo creo que hay que abrir espacios para más mujeres. y esa es la lucha que hay que dar, abrir más espacios para más escritoras jóvenes y enseñarlas a luchar, que puedan publicar, formar, y que reciban crítica en la medida en que la crítica sea para formarse, para darle importancia a lo que están escribiendo. En ese sentido, creo que la crítica es muy importante.

Decía hace un rato que en este país no hay crítica y eso no permite que el medio literario crezca.

No. Es que la crítica que se da es la académica, pero muy restringida. Además hay que decirlo: de la gente que se forma en el campo de las letras en las universidades, muy pocos se dedican al análisis de la poesía; está Ronald Campos, Jorge Chen y Jordan Arroyo. Los profesionales en literatura sobre todo se dedican al cuento y a la novela, pero muy poca gente se desarrolla para ser crítico de poesía, y nos urge que haya crítica.

¿Por qué?

Para mejorar, para depurar, porque no todo lo que se publica es de buena calidad, no. Y al no haber crítica nos estancamos todos. Tiene que haber crítica, es fundamental. En los setenta, eran los últimos años del Estado benefactor, todos nos conocíamos, había más análisis y crítica en los medios periodísticos, pero ahora no hay nada, ¿quién escribe crítica literaria que se publique en los medios? En Forja en el Semanario Universidad, nada más, es lo único que queda.

¿En _u caso, cómo le ha afectado?

Me ha afectado porque he tenido que volverme muy autocrítica. Cuando hice esta selección para la antología, muchos poemas no me gustaron y los eliminé. Pero eso nadie se va a atrever a decirme: esto está mal, usted puede escribir mejor; eso me lo tuve que decir yo misma.

¿Porque nos da miedo, por qué no nos gusta que nos critiquen? ¿Hay temor de dar una opinión o hacer un análisis?

Lo que pasa es que a los ticos nos da mucho miedo comprometernos y enfrentarnos a otros, y decir lo que pensamos. Nosotros somos expertos en no polemizar, nos da terror, porque eso es adquirir un compromiso y quedar mal. Yo una vez critiqué a un poeta porque no me gustó su libro, porque no estuve de acuerdo en cómo trataba a las mujeres dentro del poemario, ¡y la que se me armó!, fue un pleito espantoso, que yo creí que me iba a pegar. Ya se ha suavizado un poco conmigo pero lo tomó muy mal, entonces, ¿quién va a querer hacer crítica?

Usted dice que es muy autocrítica. ¿Por qué los poemas de la antología son los poemas que sí publicaste?

Están mejor logrados, así como vi otros poemas que les faltó síntesis y elaboración.

¿Cómo describiría esos elementos que tiene que tener un buen poema?

Tiene que tener coherencia, fuerza, que no decaiga, que sea una sola pieza de principio a fin, que esté armado, que el vocabulario esté logrado, que no tenga lugares comunes, y que tenga un esqueleto que lo sostenga. Yo digo que un poema debe crecer como un árbol; hacia arriba, si el poema crece hacia arriba como un árbol, es un buen poema, y si se enreda en ramajes, por lo menos en mi caso, no estoy tan segura de que sea un buen poema.

¿De estos poemas podría identificar uno que le toque mucho?

Hay un poema que me sé de memoria, -que salió del alma así como Mía de nadie-, que es el poema XIV de Makyo, que en realidad debería llamarse La mujer que conduce el coche. Es una prosa poética que empieza diciendo:

“Toco la carta suavemente. El mago murmura algunas palabras que no entiendo. Dice que la mujer del coche soy yo. No puedo lanzarme desde aquí, aunque quisiera tener el valor de hacerlo. Soy yo la mujer, esta criatura mágica que tira de las riendas de este coche, sin haber descubierto nunca quién las puso en mis manos…”

Ese poema nació así, no tiene ningún arreglo, salió entero desde adentro, escrito en una sentada, salió tal cual es, y tiene toda la armonía del mundo y me refleja.

Sobre su vuelta a las artes plásticas…

Tengo unos 15 años de estar pintando. Los últimos días he estado dibujando mucho y trabajando con tinta china. Pintar me produce un placer infinito. Estoy pintando más que escribiendo en estos momentos. He escrito algunos poemas recientes, pero sobre todo tengo mucho anhelo por pintar, me produce una gran felicidad.

¿Escribir poesía le produce felicidad o le genera conflicto?

Me da angustia, porque saco mucho de adentro y a veces no quisiera sacar tanto.


Mía de nadie

Mía Gallegos.

Mía de nadie. Mía de mí.

Sin una biografía.

Tierna. Casi ácida.

Con un destino trazado

en una cruz.

Mía Gallegos. Mía de nadie,

de nadie, nadie, nadie, nadie.

Aferrada a la ternura

como único pan que no consuela.

Mía de nadie. Mía de mí.

Sin aire. Umbría.

Deja que el tiempo pase.

Deja que la vida pase.

Deja que el amor pase.

Deja que la muerte pase.

Mía sin biografía y sin abuelo.

Sin un sitio.

Ni siquiera santa.

Ni siquiera puta.

Mía de mí.


Mía Gallegos, San José, 1953.

Poeta y narradora, tiene una larga y galardonada trayectoria profesional. Su obra ha sido traducida al inglés y al francés.

Fue elegida en junio de 2014 para ocupar la silla N de la Academia Costarricense de la Lengua.

Entre sus publicaciones, destacan Golpe de albas (1977), Los reductos del sol (1985), El claustro elegido (1989), Los días y los sueños (1995), El umbral de las horas (2006) y Deslumbrada (2013).

Ha sido distinguida con el Premio Joven Creación (1976), el Premio Alfonsina Storni (1977), el Premio Rubén Darío del Verso Ilustrado (1983), el Premio Nacional Joaquín García Monge (1984) y el Premio Nacional Aquileo Echeverría (1985, 2006 y 2020).


 

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