Temporada se extiende hasta el 27 de mayo

Teatro Universitario: atisbar la prostitución con la obra “Caramelo”

La pieza resultó ganadora de un concurso abierto impulsado por la Universidad de Costa Rica

Caramelo es una prostituta en sus cincuentas que tiene una hija; una mujer trabajadora del sexo que, como cualquier ser humano, debe sobrevivir, comer y dormir; que tiene preocupaciones como estar envejeciendo, pero también afectos de los amigos a quienes abraza.

“Es una puta madre”, dice Natalia Mariño, creadora y directora de Caramelo, obra de teatro ganadora de un concurso para producciones impulsado por el Teatro Universitario y que se presenta hasta el 27 de mayo en la sala de la institución, ubicada en San Pedro de Montes de Oca.

Mariño dice “una puta madre” en el sentido estricto de las dos palabras, porque la historia se “basa en la condición de la trabajadora del sexo (y la relación con su hija) cuando llega a una edad en que su cuerpo no produce como antes y que por tanto se encuentra con esas resistencias sobre la ‘economía’ de su cuerpo y lo que no genera”, según indicó. 

La puesta en escena es la primera del 2018 del Teatro Universitario de la Universidad de Costa Rica y cuenta con la participación de los actores Tatiana Sobrado (Caramelo), Vivi Bonilla (Helena, la hija) y Leonardo Sandoval (intérprete cámara).

Es una especie de espejo que te hace preguntas”, comentó Sobrado, quien construyó al personaje de Caramelo a partir de un proceso investigativo que consistió, entre otros aspectos, en el acercamiento a varias trabajadoras del sexo mediante entrevistas personales.

Sobrado confiesa que de algún modo se ve reflejada en estas personas a las cuales hay que respetar. “Yo también soy mamá, soy mujer, soy actriz, me pongo ahí (en escena) para hacer cosas con mi cuerpo y me pagan”, expresó.

Desde ese lugar y en lo cotidiano, Sobrado conectó con ellas; tanto como conectó Mariño en el 2013 cuando le interesó trabajar en el tema de la prostitución que la llevó, en el 2015, a desarrollar un texto lírico que intituló La puta madre.

En ese momento, Mariño se cuestionó ¿qué pasa cuando realmente se es una hija de puta?  Entonces, planteó la relación de la madre con la hija, a partir de una dramaturgia escénica “que implica una metodología de recopilación de datos y de pruebas de improvisaciones en escena, con inicio y un final hacia donde llegan los personajes y una conceptualización plástica”.

Luego del estudio inicial llamó al grupo nuclear del elenco y al dramaturgista, Adrián Brais, quien posteriormente asumió el rol de asistente de dirección, para que colaboraran en el proceso creativo.

De este modo, “las actrices van generando la carnita, la profundidad de los personajes para construir la dramaturgia”, explicó Mariño.

Con una mirada en la cotidianidad de la vida familiar de la protagonista, el montaje permite reflexionar acerca de la relación establecida en la maternidad, los tabués al respecto y cómo madre e hija lo desarrollan.

De acuerdo con Mariño, esa aproximación a la intimidad pero no del oficio,  conduce al espectador a su cocina y comedor, para “acercarnos y decir: somos las mismas personas”.

Aún así, la obra no muestra una visión ingenua, aunque sí socialmente crítica, de las prostitutas y sus problemáticas.  “La puta es puta hasta el día de descanso; son cuerpos que han estado bajo la censura social por mucho tiempo. ¿Cómo podemos desestigmatizar, y quitarles esa condición? Son personas que hacen otro montón de cosas y tienen otro montón de preocupaciones, cuyo trabajo no está avalado a nivel de garantías”, resumió Mariño.

Sobrado también apunta a la conciencia que le despertó Caramelo sobre la responsabilidad social del arte,  específicamente del teatro y “de lo que estamos haciendo”.

Esto por cuanto es una realidad que se debe abordar con cuidado, según destacó Sobrado, “con respeto hacia estas personas, hacia este trabajo y sus circunstancias, ya que estamos llenos de estereotipos y clichés”.

En el fondo, Sobrado reconoce que ella también los tenía y que la problemática está más cerca de lo que pensaba.

Las entradas de Caramelo tienen un valor de ₡6.000 general y ₡4.000 estudiantes con carné y ciudadanos de oro. Para mayor información y reservaciones pueden comunicarse al teléfono 2511-6722 o al correo artesdramaticas@ucr.ac.cr

(Créditos: Foto: Cukoo photography)

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