Soñar con las estrellas

Hace un recorrido por los costarricenses que trabajan en distintos proyectos en la NASA, y destaca la importancia de despertar la curiosidad por la magia del universo.

“El cosmos está también dentro de nosotros. Estamos hechos de la misma sustancia que las estrellas”, solía repetir el famoso astrónomo y divulgador científico Carl Sagan, y la afirmación no solo se puede tomar en sentido literal, como ya demostró la ciencia, sino que también tiene una poderosa carga semántica que hace soñar a los jóvenes del mundo entero.

Para ellos se publicó recientemente Hacia las estrellas: Costa Rica en la NASA, un libro que busca despertar en los jóvenes costarricenses el interés por la ciencia y por la posibilidad de abrirse paso en el ámbito espacial.

¿Puede alguien que estudió en la escuela de Hatillo 2 aspirar a trabajar como oceanógrafo en el Centro Espacial Goddard de la NASA? ¿Puede alguien que hizo parte de su formación primaria en la República de Panamá de Desamparados soñar con contribuir en poner en órbita una sonda espacial que hurgue en los anillos de Saturno?

Visto a la distancia parece ciencia ficción; no obstante, Joaquín Chaves Cedeño y Víctor Mora, respectivamente, demuestran en el libro que los sueños se vuelven realidad si van acompañados de disciplina, esfuerzo y convicción. Y, además de sus historias, hay 11 más que procuran inculcar en los jóvenes estudiantes ese anhelo por conocer y alcanzar altas metas en la vida.

Víctor Mora trabaja para el Centro Espacial AMES de la NASA y participa en el proyecto Irazú, que puso el primer satélite de Costa Rica en el espacio.

La autoría de la obra le corresponde a Bruce Callow, canadiense radicado en Costa Rica, y a su esposa Ana Luisa Monge Naranjo, quienes a través de 150 páginas detallan cómo hicieron 13 costarricenses para vincularse en proyectos de alta envergadura en la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA).

El volumen, a cargo de la Editorial del Tecnológico, está cuidado en su presentación, tiene un claro estilo didáctico y las entrevistas fueron segmentadas de tal forma que se facilite la lectura.

El libro cuenta con versión en español e inglés y tiene como público meta a los estudiantes de secundaria que tienen inquietudes sobre qué pasos deben seguir si quieren abrirse paso en una carrera relacionada con el mundo aeroespacial, en el que la NASA ejerce un claro domino en este lado del continente americano.

Cada entrevistado demuestra que tanto la vía académica como la práctica pueden ser válidas para abrirse paso en el mundo aeroespacial, en el que la acreditación del conocimiento es igualmente válido.

SATÉLITE DE LA INDIA

La India trabaja en la actualidad en una iniciativa para lanzar al espacio un satélite que estudiará los peligros naturales y el cambio ambiental en la tierra, en un proyecto de cientos de millones de dólares. Hasta aquí todo indica que esta es una historia previsible. Lo interesante es descubrir que el coordinador de ese proyecto es Víctor Mora, un ingeniero aeroespacial que creció entre cafetales en Desamparados y que, a pesar de lo muchos años que lleva de vivir en California, todavía extraña aquellos paisajes, aquellos caminos y aquella vida rural en su Costa Rica natal, donde aún hoy viven muchos de sus familiares.

El proyecto mencionado es el Radar de Apertura Sintética (NISAR, por sus siglas en inglés), cuyo satélite permitirá que India, en colaboración con Estados Unidos, explore el espacio en busca de tan preciadas evidencias.

Mora cursó hasta el cuarto año en la escuela República de Panamá, en San Antonio de Desamparados, y luego emigró con su familia a Estados Unidos. Allí descubrió, por ejemplo, que la forma en que enseñaban las matemáticas en Costa Rica era de tanta calidad que le resultó mejor que la que encontró en California.

A él, que tanto le gusta ese mundo de los aviones, motivo por el que su primera aspiración profesional era ser piloto, la vida le abriría las puertas de la NASA, donde ha trabajado desde 1991 en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés).

“Para mí como costarricense es un gran orgullo tener la oportunidad de trabajar para JPL. Imagínese que, antes de venir a Los Estados Unidos, de pequeño, yo iba a la finca de mis abuelos a coger café. Uno de mis abuelos transportaba el café en la típica carreta de bueyes. Así que, desde mis humildes orígenes como el cafetal de mi abuelo y la Escuela República de Panamá, he llegado a contribuir en misiones que han estudiado diferentes planetas de nuestro sistema solar, como Marte, Saturno, Júpiter y nuestro planeta Tierra”, dijo a una consulta de este redactor.

Tras 20 años en órbita, Cassini se autodestruyó en septiembre de 2017, como estaba previsto, y Mora fue uno de los que participó en dicho proyecto, uno de los más exitosos de la NASA.

“He trabajado en proyectos para la exploración planetaria. El Mars Observer fue el primero, pero desafortunadamente falló al llegar a Marte. Solo pudo enviar algunas fotos antes de que fallara. Uno de mis proyectos favoritos ha sido Cassini, una misión en la que participaron la NASA, la Agencia Espacial Italiana y la Agencia Espacial Europea para estudiar los anillos y las lunas de Saturno. Tuve la oportunidad de trabajar en él desde que se estaba diseñando el subsistema de comando, que incluye la computadora, la integración y prueba del aparato, y estaba presente durante el acoplamiento al cohete y su lanzamiento al espacio desde Cabo Cañaveral. Este satélite fue lanzado en 1997 y tardó siete años para llegar a Saturno. Cassini llegó a ser una de las misiones interplanetarias con más éxito para la NASA”, afirmó.

Los hermanos Alexánder (izquierda) y José Mora, oriundos de Desamparados, son un caso singular, pues su interés por la ciencia los llevó a trabajar para la NASA, pese a que no obtuvieron ningún título universitario.

RUTA OCEÁNICA

Para alcanzar su meta de convertirse en oceanógrafo, Chaves antes pasó por la escuela Católica Activa y la de Hatillo 2, así como por el Liceo Roberto Brenes Mesén y luego por la Universidad Nacional, en la que obtuvo un bachillerato en oceanografía. Posteriormente, se desplazó hasta la Universidad de Rhode Island, en Estados Unidos.

Aunque en un principio, confiesa en el libro, no se había propuesto más que aprovechar sus estudios ya fuera en el campo investigativo o en el académico, en un momento dado de su vida se topó, a sus 40 años, con la posibilidad de trabajar en la NASA. Hoy labora en el Centro Goddard, desde donde efectúa mediciones sobre la biología del océano mediante sensores satelitales.

“La carrera que me ha traído a este punto es la oceanografía. Quizás, sin duda, como muchos niños crecimos en los años setenta, esa elección de carrera profesional fue influenciada por la fascinación por el océano y lo que entendimos por oceanografía, gracias a la televisión y los documentales de Jacques Cousteau”, explica en el libro.

En el 2017, Chaves formó parte de una gran expedición por el Pacífico Sur, por medio de la cual recolectaron información hidrográfica de gran valía, y que tuvo como objetivo comprender la función que desempeñan los mares en el clima de la tierra.

Para Chaves, la curiosidad debe ser uno de las herramientas que ayuden a los niños a querer interesarse por los más diversos conocimientos al alcance del ser humano hoy.

Un ejemplo es su propio desarrollo, porque en el libro recuerda que sus viajes a Puntarenas, cuando era niño, de alguna manera lo marcaron, dado que su madre era oriunda de esa provincia: “De ella adquirí mucha de mi curiosidad por el mar, por medio de sus historias de cuando creció allá, cerca del mar y los manglares”.

LA MARAVILLA DE EXPLORAR

Para Fernando Zumbado Vega, quien comenzó sus estudios superiores en la Universidad de Costa Rica (UCR) y los terminó en la Universidad Northwestern y en el Instituto Tecnológico de Georgia, lo principal que deben tener presente los jóvenes estudiantes es que los caminos para alcanzar las metas en el ámbito aeroespacial son muchos, y cada cual debe arriesgarse a tomar el que mejor le convenga.

Su fascinación por conocer nuevos mundos, incluso aquí en la tierra, lo ha llevado a tener una gran admiración por Marco Polo, Vasco da Gama, Cristóbal Colón, Meriwether Lewis, William Clark, Roald Amundsen y Ernest Shackleton.

“Les digo—a los jóvenes—que obtendrán muchos noes. Lo más importante es saber a dónde quieren llegar y recordar que no hay una sola manera de llegar allí. Algunas veces la mejor ruta es la que menos esperan”, aseveró.

Zumbado participa de forma voluntaria en el programa Consejo Asesor Científico del programa KIPP de las escuelas públicas de Boston, que busca darles acceso a los niños a una educación de excelencia.

Hacia las estrellas: Costa Rica en la NASA también incluye entrevistas con Sandra Cauffman, que recalca cómo aquel alunizaje del 20 de julio de 1969 la marcó de por vida, y la puso a soñar, contra todos los pronósticos por la condición social que ostentaba entonces su familia, con vincularse un día al mundo aeroespacial.

Aunque es una de las historias más conocidas, la de Cauffman es una de esas narraciones inspiradoras que hará reflexionar mucho a los jóvenes sobre que, cuando hay un propósito de por medio, por lo general siempre se encuentran los medios para conseguirlo.

A la pregunta de cuáles han sido los mayores obstáculos que tuvo que vencer para forjarse su futuro, Cauffman respondió en el texto: “vivir en la pobreza en mi infancia y adolescencia… y emigrar a Estados Unidos sin saber inglés”.

Un caso particular en este camino de acercarse al universo aeroespacial es el de los hermanos José Luis y Alex Mora, quienes hicieron la primaria también en la escuela República de Panamá, en Desamparados, porque no hicieron una carrera académica, pero su experiencia les permitió vincularse al Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, donde hoy se concentran en el telescopio James Webb, que en este octubre sustituirá al Hubble en el estudio de los exoplanetas.

Andrés Mora es ingeniero aeroespacial en el Centro Espacial AMES de la NASA y miembro del comité asesor del Proyecto Irazú, que puso en órbita el primer satélite costarricense en el espacio.

Su consejo para los jóvenes que se interesan por las ciencias y el espacio es que, para crecer como personas y profesionales, tienen que salir a “explorar otros lugares, culturas, pensamientos e idiomas”.

El libro incluye, además, una breve semblanza de Franklin Chang y una entrevista con Jeannette Benavides, una de las primeras costarricenses que se vinculó a la NASA, así como otras historias, hasta completar 13.

El texto incluye una serie de recomendaciones de lecturas, hechas por los entrevistados, para que los jóvenes encuentren en ellas información e inspiración de lo que significa la aventura infinita del conocimiento.

La idea que recorre el volumen es que ese polvo de estrellas de que está hecho el ser humano, y que en un principio parece tan distante, puede estar al alcance de la mano si se desarrolla una gran pasión por las ciencias, una curiosidad infinita, y se buscan las vías para dar ese salto espacial que ha puesto a soñar a gran parte de la humanidad.

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