Exposición de Rossella Matamoros

Sentir el arte de adolescentes madres en alto riesgo social

La artista visual Rossella Matamoros presenta una exposición envolvente y conmovedora creada junto a adolescentes madres que viven en condiciones de gran vulnerabilidad familiar y social.

El casi medio centenar de adolescentes madres que participaron en los talleres realizados por la artista interdisciplinaria costarricense Rossella Matamoros para la exposición ¿Lo has escuchado? ¿Lo has sentido? no están de cuerpo presente en el Museo Calderón Guardia.

No están ahí ni tampoco sus bebés. Sin embargo, su energía envolvente se percibe en las decenas de figuras dibujadas por ellas mismas en cartones coloridos que las representan, y que reciben al público con sus preguntas, necesidades, inseguridades, problemas, expectativas, afectos, y, por qué no, complicidades y alegrías.

Ellas forman parte de ese 14,7 por ciento de madres que en el 2017 eran adolescentes cuando parieron a sus hijos, cifra que, en comparación con el 19,4 por ciento del 2012, disminuyó en un 24 por ciento, según consignó la Caja Costarricense de Seguro Social el año pasado.

“Adolescente 8” ¡Papi es dios! porque trabaja con las leyes… soy Loli, tengo 15 y medio, todos los jueves él se mete a mi cuarto…tengo un atraso de 2 meses. ¡Me quiero morir! Técnica: pintura sobre tela, 0.80 x 1.65 metros. (Foto: Katya Alvarado).

Las adolescentes madres del proyecto se manifiestan artísticamente junto a Matamoros en videos, audios, collages, pinturas y grafitis, amalgamadas a lo largo de un año y medio de talleres con la sensible y amorosa guía pedagógica y técnica de la artista.

Son tres vídeos (en stop motion) construidos a partir de pinturas de Matamoros y del trabajo de las muchachas; 40 cuerpos de cartón que representan a las adolescentes; un audio con diálogos de diferentes situaciones a las que están expuestas las madres; y ocho pinturas en tela de 0.80 x 1.65 mts de la artista.

Asimismo, cuenta con un montaje en tercera dimensión de cedazo con unas manos y unos pies dibujados y recortados en papel; unos cuerpos de infantes en cartón pintados por las adolescentes y dos de sus hermanos; y, para cerrar la exhibición, en la última sala hay un grafiti monumental -de más de 90 metros cuadrados- sobre mantillón industrial, spray y acrílico.

Los cartones con las figuras de las adolescentes están acompañados con letras de reguetón impresas en papel y pegadas en las paredes, que, según comprobó Matamoros en los talleres, son la banda sonora nefasta de estas jóvenes madres.

Bad Bunny

“Callaita”
Ella es callaita
pero p’al sexo es atrevida, yo sé
marihuana y bebida
gozándose la vida cómo es

La baby llega y se siente la presión
ella ni trata y llama la atención
ey, el perreo es su profesión
siempre puesta pa’ la misión

Sociedad sorda

La muestra también incluye textos de profesionales liberales y funcionarios de instituciones que apoyaron la iniciativa de Matamoros, y que contextualizan la maternidad de las adolescentes en riesgo social.

La Fiscala General de la República, Emilia Navas, escribe: “En Costa Rica, aún persisten resabios del sistema patriarcal, en el que dentro de las relaciones de poder se cosifica a las personas vulnerables y vulnerabilizadas, y el embarazo de las adolescentes es una manifestación de este sistema”.

Navas continúa diciendo que los altos niveles de corrupción tienen como efecto indirecto un alto número de embarazos de mujeres adolescentes, puesto que generan pobreza, desigualdad, imposibilidad de acceder a la  educación, a oportunidades de trabajo y a la información en todo sentido. “La corrupción genera exclusión social e inequidad de género”, sentencia.

Del mismo modo, la doctoranda de ciencias políticas y salud pública de la Universidad de Toronto de Canadá, Ariana Fernández, expone la violencia con que las adolescentes experimentan su maternidad en Costa Rica.

“En el país, más de 14,000 adolescentes son madres cada año. Alrededor de 1.60 cada hora.  La mayoría deja la escuela y entra en una situación precaria de dependencia de sus padres, su pareja o el Estado y sus instituciones. Las madres adolescentes se concentran geográficamente en lugares de pocas oportunidades y bajo desarrollo humano”.

Según Fernández, en la actualidad en el 85% de los casos, las parejas (muchas veces agresores) de las muchachas las duplican o triplican en edad, en una relación que se define como impropia; es decir, un delito.

De acuerdo con Rossella Matamoros, la felicidad más grande para la mayoría de las adolescentes madres son sus hijos. “Alegría”. Técnica: cedazo, goma, papel, pintura acrílica. “¡Estos son reales!”. Técnica: pintura acrílica sobre cartón. (Foto: Katya Alvarado).

En otro de los textos, la psicoanalista especializada en Historia y Teoría del Arte, Priscilla Echeverría, plantea las consecuencias de cómo el sistema social expulsa a las adolescentes embarazadas de las escuelas y colegios, y de las propias familias.

“Tenemos entonces a aquella joven que se enfrenta, muy sola, al acontecimiento de la maternidad a temprana edad. La sociedad, sorda, la precipita de muchas maneras, una de las cuales es el poner fin a las preguntas subjetivas sobre su deseo y su feminidad, al enarbolar y normatizar la ecuación mujer es igual a madre, sentencia-muro donde se estrellarán”, detalla.

Algunas de las preguntas lanzadas por Echeverría y que subvierten esta injusta normalidad son: ¿qué significado tiene para esta adolescente madre semejante acontecimiento en su vida? ¿Cómo lo vive? ¿Qué angustias o temores despierta? ¿Qué sueños y alegrías? ¿Qué fantasías? ¿Qué herramientas tiene o de cuáles carece para enfrentar lo que demanda esa transformación en su existencia y su corporalidad?

Cuerpo/casa

Frente a las condiciones de gran vulnerabilidad afectiva, familiar, social y económica, Matamoros afirma que la experiencia artística las llevó a entender su propio cuerpo como la casa que deben cuidar: “su casa espíritu, su cuerpo espíritu, su cuerpo alma, su cuerpo madre, su cuerpo adolescente, su cuerpo ser social”.

No es la primera vez que Matamoros aborda la temática adolescente en investigaciones que la han hecho concluir que la maternidad en esas edades provoca que sean “las mujeres más pobres del planeta”.

La vivencia junto a las niñas y jóvenes menores de 18 años le posibilitó comprender que interrumpen un proceso de identidad integral y que “de repente son madres que no tienen recursos, que dependen del núcleo familiar que muchas veces no les da el apoyo”.

De acuerdo con las historias que compartieron con Matamoros, las adolescentes tienden a relacionarse con hombres mucho mayores que les prometen un futuro halagüeño, que en la mayoría de los casos no llega a concretarse.

“Son mujeres que se aferran a su chiquito como un tesoro porque es lo único que las sostiene con alegría para seguir adelante, en medios tan violentos y tan escasos y tan a la deriva socialmente”.

Para Matamoros, la problemática social de estas adolescentes madres “es una herida abierta”; de ahí que su objetivo sea mostrarlo desde la perspectiva de ellas mismas y contribuir a su empoderamiento, al darles voz a través de la creatividad artística y la promoción de sus intereses vocacionales.

La plataforma para lograr este propósito fue apoyada el Parque La Libertad, en Desamparados, el Centro Saint Exupéry de Fundamentes, en Pueblo Nuevo de Pavas, y el Centro Cívico por la Paz de Guararí, en Heredia, del Ministerio de Justicia y Paz.

Este último espacio fue cedido para recibir a adolescentes madres convocadas por el Patronato Nacional de la Infancia (PANI).

En esos lugares, Matamoros en conjunto con las niñas y muchachas fueron haciendo dibujos en papel con marcadores, para verter sus viviencias y dialogar sobre su realidad y entorno, sus emociones y sentimientos.

También, en los talleres evidenciaron aquellas personas e instituciones que las apoyan. “Es importante reconocer quién te puede poner la mascarilla de oxígeno cuando vos estás con tu bebé y decís ‘¿ahora qué hago?”.

El ejercicio consistió en enseñarles cuáles son los recursos que poseen a su alcance en ese proceso de madurez acelerado y obligado que es la maternidad.

La intención de Matamoros es hacer un llamado de atención; “es un alarido de la selva para decir que las adolescentes madres lo pueden lograr”.

“Hay algunas que lo logran, hay miles de adolescentes madres en alto riesgo social y sumamente pobres que todos los días y a todas horas pasan angustias, pero algunas de ellas lo logran y eso se puede seguir replicando. Cada uno tiene que pensar que puede colaborar con una situación donde la sociedad mejore”, subrayó Matamoros.

“Casas / cuerpos” ¿Cómo me percibo? ¿Cómo me perciben? Las adolescentes madres dibujaron sus cuerpos sobre cartón y los pintaron, mostrando a veces cómo las perciben los demás, cómo se ven ellas y dónde quisieran verse en el futuro. Como en una plaza todas buscan, anhelan y piensan en el mañana con mucha incertidumbre. Rossella Matamoros. (Foto: Katya Alvarado).

Por eso, en la última sala de la exposición, Matamoros muestra el grafiti con la frase: “Lo logré”. “Sí, lo logré porque tiene que haber esperanza para la gente joven, tiene que  haber un futuro para los niños y las adolescentes y para esos niños recién nacidos que son ciudadanos costarricenses”.

Para la artista visual es vital querer que el país, la comunidad y el barrio lo sigan logrando, independientemente del pensamiento político y religioso. “¿Cómo puedo colaborar?”, se pregunta, y aunque suene idealista, Matamoros defiende su posición.

“Yo creo que la gente que fundó este país era muy idealista y, bueno, lo hemos ido logrando, sigamos lográndolo”, puntualizó.


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