Cultura

Selva Godoy y el arte como hallazgo

Muestra de la carrera polifacética le valió a este artista su segundo reconocimiento en artes visuales

Su cerámica a veces tiene algo, mucho, de sicodelia. En otras ocasiones más bien ofrece ejemplos de eclecticismo, en las cuales tradiciones culturales autóctonas encuentran eco en técnicas modernas, y estéticas exógenas.

Su arte en vidrio, por lo general, interpela al público a través de una geometría concreta, su rock rehuye apellidos, sus aventuras cinematográficas obedecen en buena parte a sus inquietudes ante un mundo retrógrado y ecocida, y a su vocación por democratizar un medio elitista. Su literatura se desarrolló, sobre todo, de la mano de su vocación docente.

El artista también ha trabajado ampliamente la expresión artística en vidrio. (Foto: Cortesía Gerardo Selva)

Ofrece, además, franqueza y humildad refrescante: “Nunca me he considerado el dueño, señor y maestro del material, me considero un aliado del material, un compa con él diálogo, y de ese diálogo aparece el producto”.

Gerardo Selva Godoy hace arte desde los años 70, y recientemente este exprofesor de cerámica de la Universidad de Costa Rica (UCR) por segunda vez fue designado ganador de un Premio Nacional de Cultura, específicamente el  Premio Nacional Francisco Amighetti en la categoría Tridimensional, por su exposición Los cinco rostros de Gerardo Selva Godoy, la cual incluyó obras en cerámica, vidrio, cine, música y literatura, en el Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia.

Para mayor certeza sobre su actitud de trabajo, añadió que “no soy de los que se sientan y dice ‘Uy tengo esta gran idea, voy a ver en qué material la hago’. Yo primero veo lo que tengo a mi alrededor; veo qué es lo que voy a ocupar, veo que necesito y qué va apareciendo. Yo no busco, yo encuentro. Hay una gran diferencia, porque cuando usted busca, sale con una idea personal para fortalecer su individualidad, mientras que cuando usted camina observando lo que hay y dice ‘me encontré con esto, voy  a utilizarlo’, trabaja más dentro de una armonía alrededor del universo entero, por decirlo así con una frase cliché”.

“No busco, sino que encuentro”

A inicios de los años 70 un joven centroamericano que estudiaba economía en México abandonó todo y se largó a Londres, Inglaterra. Unos 24 años de edad tenía Selva Godoy, oriundo de Nicaragua, cuando se graduó de una especialidad en cerámica en la Gran Bretaña. “Si pudiera poner el dedo a una sola cosa que me dejó el estudiar en Inglaterra, fue abrirme los ojos a un panorama infinito, pues en esos lugares la creatividad y el arte es algo tan amplio”.

Con el título bajo el brazo aterrizó en Costa Rica, donde impartió clases de cerámica en la UCR. “Di clases, fui profesor, lo cual también disfruté. Trabajaba un cuarto de tiempo y con ese salario podía cubrir mis necesidades básicas. Tuve familia (tres hijas), las logre educar de forma sencilla y básica. Ellas sabían eso, yo les dije ‘nunca les voy a dar un lujo, les voy a dar lo que necesiten, cuando quieran lujos si están grandes se los compran ustedes”.

“Llegué -recordó- sin miedo de nada, tuve que empezar de cero: buscar arcilla y hacer un montón de cosas muy complicadas, porque en ese tiempo la cerámica estaba en Santa Ana, Desamparados y Guaitil, todo de forma muy artesanal y muy incipiente, pues no había materiales, ni nada desarrollado para un ceramista de estudio, que es lo que soy, no soy ceramista de ninguna tradición, sea santaneña o guanacasteca”.

Siempre polifacético. Gerardo Selva durante el 2020 publicó una novela, un libro de cuentos y un libro de texto para producir teatro en escuelas. Se le puede escribir a [email protected] (Foto: Cortesía Gerardo Selva)

Tuvo, sin embargo, el acierto de sumergirse en esa tradición, pues pasó un tiempo en Liberia y visitó la comunidad de Guaitil para aprender de las formas tradicionales. Con ello, se empezó a acercar a un lenguaje particular, el cual ya desarrolla, la cerámica oro jade, así llamada por recurrir a un esmalte verde que da una apariencia de jade a las piezas.

A mediados de los 80 viajó de nuevo, esta vez a Rochester, Nueva York, para profundizar sus estudios en arte. “En el sótano donde yo estudiaba había una tonelada de pedacitos de vidrio, nadie le paraba bola a pesar de tener dos o tres años de estar ahí. Como yo no busco, sino que encuentro, encontré la tonelada de vidrio y empecé a usarla, a hacer todos mis trabajos con ese vidrio de ventana transparente”. A la fecha el prestigioso Museo Corning.

De regreso en Costa Rica, ya a principios de los años 90, empieza a interesarse por la producción audiovisual y a escribir sus primeros guiones. Una muestra de ello es el largometraje Chirripó, filmado en el año 2000 tras ocho años de trabajo en el guión, el cual expone algunas preocupaciones ambientales que ya entonces eran importantes, pero hoy tiene que ver con la supervivencia de la humanidad.

Por esa época empezó a trabajar en la Escuela del Valle, de Pérez Zeledón, donde sus alumnas y alumnos han aprendido lecciones de vida sobre responsabilidad individual y colectiva al darle vida a obras de teatro.

Exigencias

Al referirse a la exhibición premiada y esa vocación polifacética suya, admitió que “lo que sí puede ser peligroso es que uno se diluya en demasiadas actividades”, pues “hoy en día a veces uno quiere hacer de todo”. Por ello, en cada proyecto creativo, lanzó los demás a segundo plano, según confesó, pero en realidad encontró que cuando se trata de arte, siempre se encuentra que son actividades complementarias: “cuando hago cerámica en el taller, estoy pensando en algún guión o planeando o alguna cosa, después en la noche descanso del trabajo duro del taller y me pongo a escribir”.

“Lo que sí puedo decir es que nunca he tenido mucha vida social. No soy de salir, ni de pasear, ni de ir a la playa ni nada de eso. Casi que el 100% de mi tiempo lo dedico a la creación. Un día a la semana ensayaba con los compas en el grupo; los cinco rostros son música, literatura, cine, vidrio y cerámica”.

Explicó que de hecho el trabajo en vidrio y en cerámica “se complementan mucho”, pues en ambos casos los trabaja en el mismo taller, “son muy cercanos, ambos de horno, de temperaturas”, mientras que “la literatura, la música y el cine tienen en común la escritura”.

“Tengo otra cualidad que no se si todo el mundo la tiene, y es que soy obsesivo compulsivo”. Por ello, según relató, “toda la vida tuve mucho miedo al alcohol”. Sin embargo, admitió que “tuve un momento en que consumí algunas drogas, como todo el mundo, para experimentar”, pero esas obsesivas compulsiones fueron dirigidas hacia el arte.

Respecto a recibir el reconocimiento, dijo que “es bonito”, pero con su típica franqueza añadió que “si no hubiera tenido ninguno de los dos premios, sería el mismo Gerardo Selva que habla con usted, y estaría haciendo exactamente lo mismo”.

Añadió que como artista siempre ha buscado salir de la mentada zona de confort, “me he preocupado por exponer, no sólo por vender en ferias, porque la exposición te exige hacer algo nuevo, extraordinario. Si no tengo ninguna exposición en mente, entonces probablemente siga haciendo jarritos para tomar café”.

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