Cultura

Secretos de las esferas del Sur se cuentan en el Museo Nacional

Procesos de conservación y restauración de las esferas de piedra del Diquís se explican con detalle en una sucinta exposición temporal en el Museo Nacional de Costa Rica.

Quien no viaje a presenciar la maravilla cultural de las esferas de piedra en su entorno natural y original ubicado en el Sur profundo del país tiene la opción de visitar el Museo Nacional de Costa Rica y en media hora comprender quiénes, cuándo, cómo y por qué las esculpieron nuestros antepasados indígenas.

Hasta diciembre de este año, la exposición temporal “Legado en piedra” mostrará en detalle los “secretos” de la conservación y restauración de las esferas que especialistas de Costa Rica y México realizan en los sitios arqueológicos del Diquís, específicamente con tres esculturas de El Silencio y Finca 6.

Fragmentos desprendidos de la esfera E en Finca 6 en Palmar son reintegrados por el equipo de conservación y restauración del Museo Nacional de Costa Rica. (Foto: Museo Nacional de Costa Rica).

Las esferas de los sitios arqueológicos declarados Patrimonio Mundial en 2014 por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), ubicados en Osa de Puntarenas, son objeto de investigación y acciones explicadas mediante un guión sencillo, versátil y atractivo, que combina formatos audiovisuales, fotográficos y gráficos.

De manera clara y concisa, y con muestras de esferas legítimas, el público entra en contacto con la historia de las tres esculturas restauradas y el proceso de conservación obligatorio que la Unesco solicita al Museo Nacional, en su rol de institución que vela por el patrimonio cultural del país.

La exhibición situada en la sala Casas de los Comandantes del antiguo Cuartel Bellavista pasa por tres ejes mediante los cuales el visitante conoce los avances del estudio de las esferas, la definición del método, los materiales y formas de restauración.

Desde el 2017, el proyecto se ejecuta gracias un convenio de cooperación entre el Programa de Conservación del Departamento de Protección del Patrimonio Cultural del Museo Nacional de Costa Rica y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía de México (ENCRyM), en asociación con otras entidades públicas y privadas nacionales.

En un proceso de prueba y error, el proyecto de restauración de las tres esferas de piedra en El Silencio y Finca 6 realiza pruebas de cal y arena colocadas en piedras de río. (Foto: Museo Nacional de Costa Rica).

Prueba y error

En un primer módulo, la exhibición da información básica sobre qué son las esferas de piedra y dónde se han encontrado.

El arqueólogo conservador y curador de la exposición, Javier Fallas, explicó que un mapa no solo señala la ubicación de los sitios Patrimonio Mundial El Silencio, Finca 6, Batambal y Grijalba-2, sino los puntos en donde se localizan las otras más de 300 esculturas que forman parte del legado de los pobladores indígenas del Diquís.

Asimismo, en esta sección se muestra una piedra desgastada, herramienta que posiblemente se utilizó para el proceso de desbaste de la esfera más grande encontrada en El Silencio, cuya circunferencia mide 2,66 metros.

Según afirmó Fallas, los antiguos pobladores de estas latitudes elaboraron los monolitos tanto con piezas en roca ígnea proveniente de la costa, como en piedra caliza, de uso menos común.

“Los escultores escogían los bloques para trabajarlos y llevar las esferas completas o semicompletas al asentamiento”, agregó Fallas.

El segundo eje de la exposición muestra los avances del programa de conservación que inició de manera intensa en 2017, cuando el Museo Nacional gestionó la colaboración de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía de México (ENCRyM).

Los especialistas mexicanos apoyan el proyecto pues en Costa Rica no existe una instancia académica ni institucional para esos fines. “Yo soy arqueólogo y me he capacitado en conservación con ellos; hemos aprendido la teoría y la práctica simultáneamente”, subrayó Fallas.

La primera labor realizada en este marco colaborativo fue determinar los daños que tienen las esferas de los cuatro sitios Patrimonio Mundial, a partir de un estudio riguroso que generó una metodología de registro.

Este registro de deterioro se clasificó en cuatro grandes categorías: alteraciones biológicas (impacto de los líquenes y los hongos que producen coloraciones verdosas); alteraciones químicas; daños físicos (desprendimientos, fisuras y grietas); y el impacto del ser humano.

Como ejemplo de esta última categoría, Fallas menciona las esferas enterradas de Finca 6, a las cuales solo se le ve la corona. “Nosotros las excavamos nuevamente y usamos una metodología que consistió en tomar una fotografía de la parte superior y de los cuatro puntos cardinales, imprimimos las fotos y con filminas transparentes empezamos a registrar en capas los daños por el impacto de la maquinaria de las bananeras que las removieron en los años treinta”.

Gracias a este diagnóstico también se registraron los resultados de estudios paralelos que documentaron la dureza de las piedras en diferentes sectores, aquellos más vulnerables frente a los sanos y sus colores.

Dentro de los daños por el medio ambiente, se apuntó el efecto que el agua provoca en la corona sobresaliente, pues producto de los aguaceros se forma alrededor de sus anillos una capa verdosa de hongos.

Fallas enfatiza en que la restauración es la última decisión o lo que se evita hacer, ya que es preferible realizar acciones preventivas que disminuyan o acaben con los deterioros.

Este principio se aplica a las esferas expuestas que tenían alrededor arcilla y barro y que cuando llovía salpicaba el suelo y se depositaban restos en la superficie. “Eso generaba el escenario idóneo para que el musgo y liquen fueran creciendo rápidamente”.

Como solución primera y con una metodología de prueba y error colocaron arena para que absorbiera la lluvia; sin embargo terminó por lavarse.

Finalmente colocaron piedra cuarta que no se mueve y cumple con la misma función de absorber el agua.

Luego de observar los resultados de las acciones de conservación preventiva y el diagnóstico de los deterioros tomaron la decisión de cuáles esferas restaurar, a la vez que establecieron un orden de prioridad para ese proceso.

El proyecto de restauración y conservación en la esfera E de Finca 6 realiza mediciones de la absorción del agua con tubos Karsten. (Foto: Museo Nacional de Costa Rica).

Restauraciones

De ahí surgió la pregunta sobre qué material usar. “La roca ígnea es mucho más dura que la rudimentaria y en la mayoría de los sitios las rocas son ígneas. Además teníamos que apegarnos a principios internacionales de conservación y uno de ellos es que para colocar una restauración el material tiene que ser más suave que la piedra”, destacó Fallas.

Por esta razón, Fallas explicó que no se puede restaurar con cemento, ya que al ser más duro revienta la roca.  “Hicimos pruebas con algunos materiales como rocas similares en materia prima, también con tinta coloidal que mezclamos con arena. Esto nos gustó mucho porque se parece al material de la esfera pero a los 15 días no funcionó. Se deshace”.

Después jugaron con cal mezclada con arena en diferentes proporciones y su resistencia, realizaron pruebas pequeñas en las esferas y las dejaron expuestas para registrar cuánto tardaban en destruirse.

Para todo este proceso, el equipo del Museo Nacional ha contado con el apoyo de especialistas en áreas como la meteorología y tecnología digital, además de arqueólogos, biólogos y químicos; estos últimos señalaron que la arena al igual que la cal tiene cuarzo y por lo tanto son compatibles.

Como resultado se produjo una pasta de cal con arena para restaurar las tres esferas escogidas, con el problema de que el color posterior al secado es de un gris diferente. Entonces se hace un patinado general, que posteriormente se reintegra con un tono que asemeje el color a la superficie más cercana de la piedra.

“Visualmente se debe reconocer la restauración, pues según los principios internacionales no puede ser un falso histórico: no es dejarla lo más exacta posible, sino que se reconozca su restauración”.

Hasta la fecha, el Museo Nacional ha restaurado tres esferas: la de El Silencio en 2019 y las A y E de Finca 6 en el 2020.

La restauración ha implicado dos tipos. Por un lado, la reintegración consistente en devolver aquellos fragmentos desprendidos a través del tiempo, y por el otro las integraciones.

Las integraciones corresponden a la colocación de pastas elaboradas con cal y arena, colocadas en sectores con grietas, faltantes o áreas vulnerables.

En el caso de las reintegraciones, Fallas asegura que es muy difícil “porque no es como un rompecabezas en que la esquinita va a calzar exactamente”.

El monolito de El Silencio, los estudios químicos determinaron que la esfera tiene capas (como una cebolla) que se van desprendiendo y por ello a veces permanece la parte superficial pero no las intermedias.

Esto provoca que los desprendimientos no se acoplen. “Es un proceso arduo y minucioso lograr que calcen”, dijo Fallas.

El conservador trajo a colación que una de las preguntas que hacen los vecinos de la comunidad en el Sur es las razones de no dejar redondas las esculturas. “Nosotros tenemos que cumplir con el principio del respeto a la historia que no ponga en peligro su propia conservación. Históricamente esas esferas han estado en un proceso de deterioro para bien o para mal. Por eso sellamos algunos sectores de las piedras y así evitar que continúe el proceso de deterioro”.

El programa de conservación lo integran arqueólogos, conservadores, restauradores y a través de los años han colaborado químicos y biólogos de la Universidad de Costa Rica (UCR), entre otros. Asimismo, desde el 2017 el químico Manuel Espinoza, de México, realizó estudios muy minuciosos.

La última sección de la exposición refleja la importancia del involucramiento de la comunidad con este Patrimonio Mundial.

Fallas lamenta que la población muchas veces no sabe dónde están las esferas por lo que la divulgación realizada por el Museo es de vital importancia. “La comunidad debe conocer y empoderarse de este legado”, afirmó.

A través de esta alianza, una de las áreas en que los pobladores del Sur pueden apoyar la conservación de las esferas del Diquís es mediante la toma de conciencia y la denuncia del tráfico ilícito de las esferas y de la destrucción de los sitios arqueológicos.


Audiovisuales complementarios

Como parte de una estrategia de divulgación de los sitios arqueológicos del Diquís, el Museo Nacional de Costa Rica realizó el año pasado una serie de videos que permiten al público apreciar y entender la belleza e importancia de las esferas ubicadas en el Sur del país.

Los productos audiovisuales grabados en una buena medida con drones y con un narrador en común (el periodista e historiador Rodolfo González) se adentran en Finca 6, El Silencio, Batambal y Grijalba-2, sitios declarados Patrimonio Mundial por la Unesco en el 2014.

La directora del Museo Nacional de Costa Rica, Rocío Fernández, comentó que son cuatro producciones dirigidas por el realizador independiente Luis Bruzón.

“Son historias sobre los cuatro sitios pero recordándole al público que es una serie, porque la Unesco reconoce la unicidad, originalidad e integralidad de esos cuatro sitios que dialogan y se complementan”, explicó Fernández.

Si bien a la fecha no se pueden visitar los cuatro sitios, pues el único que tiene infraestructura museística y personal permanente, con servicios y facilidades apropiados es Finca 6, a los otros tres de El Silencio, Batambal y Grijalba-2 se puede acceder con cita previa.

Además de los videos, el Museo Nacional invirtió en la realización de un documental de 48 minutos que sintetiza la información de los cuatro audiovisuales y que se presentará oficialmente con invitación en el marco del Bicentenario, el 29 de abril a las 10 de la mañana en el Cine Magaly.

En junio próximo, para la celebración del aniversario de la declaratoria de la Unesco, el Museo Nacional realizará una serie de actividades en el Sur entre las que se incluye la proyección de los videos, con el fin de tener una devolución de la comunidad.

“Para nosotros es muy importante cumplir con una de las directrices de Patrimonio Mundial de la Unesco, que establece que la gestión del patrimonio tiene que tener una participación activa de las comunidades, y al compartir un medio tan efectivo como la imagen audiovisual, queremos llegar a más población, para que los esfuerzos que hagamos tengan mayor empatía, mayor recepción y se multipliquen”, comentó Fernández.

Sumándose a esta serie de audiovisuales, la institución elaboró cuatro videos más que se presentarán en próximos días.

Se trata de pequeñas historias sobre Ciudad Cortés, Cantarero (sitio arqueológico en Puerto Jiménez con 12 montículos ancestrales), la comunidad indígena Curré y la Fiesta de los Diablitos de Boruca en Buenos Aires.

“Hay un sentido de pertenencia y de identificación social que tenemos que fortalecer, para que, sumado a los avances de los esfuerzos entre las instituciones gubernamentales y las fuerzas vivas de la región para generar emprendimientos en el Sur, el tejido se vaya moviendo y genere mayor riqueza con bienestar social”, concluyó Fernández.


 

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