Premio Nacional de Cultura Magón 2015

Rónald Bonilla: “El afán revelativo es una arista de mi temática”

Al recibir el máximo galardón nacional de la cultura, Rónald Bonilla confirma la arista revelativa y trascendentalista de su poesía.

El poeta Rónald Bonilla es el Premio Nacional de Cultura Magón 2015, reconocimiento dado por el Ministerio de Cultura y Juventud por “la labor de una vida” dedicada, en su caso, a la promoción de la creatividad literaria.

El jurado del galardón, integrado entre otras personas por la también premio Magón 2013 Julieta Dobles, consideró relevante la constancia en el trabajo de Bonilla a través de talleres y distintas actividades de promoción de la escritura lírica. Asimismo, destacó la trascendencia e impacto cultural de su obra en el país.

Aunque Bonilla empezó siendo el “benjamín” de un grupo poético autodefinido como trascendentalista, cuyo polémico “Manifiesto trascendentalista” fue redactado y rubricado por los colegas Laureano Albán, Julieta Dobles, Carlos Francisco Monge y él mismo en 1977, a sus 64 años asegura que su escritura se ha “contaminado” de tendencias como el coloquialismo y la poesía concreta.

Al hacer un balance de la expresión lírica costarricense actual, el escritor considera que las nuevas generaciones de poetas escriben desencantadas e influenciadas por un decadentismo urbano.

UNIVERSIDAD conversó con Bonilla el viernes por la mañana, en su casa en Curridabat, y fue inevitable referirse al famoso decálogo. Bonilla lo sigue estimando un “parte aguas” de la poesía nacional.

Así, casi cuarenta años después y a pesar de negar estar “casado” con algún canon poético, el autor confiesa su arista revelativa, en busca de la trascendencia.

A continuación, un extracto de la entrevista al nuevo “Magón”.

Usted afirma que se inició en la escritura poética a los 8 años. ¿Podía tener la certeza a esa edad?

–Yo a los ochos años, con toda certeza, le dije a mis padres “voy a ser poeta”, y nunca me sacaron de ahí. En primer año de colegio entré al (Conservatorio) Castella –que fue otra gran motivación porque me encontré gente que le gustaba el arte– y todos los días escribía un poema. Mi primer libro es aprosado, pero con sentencias muy fuertes y revelativas que buscaban la trascendencia.

¿Cuáles han sido sus lecturas desde entonces?

–A los doce años yo leía, primero, a los modernistas de Costa Rica, y de ahí pasar a Rubén Darío, Leopoldo Lugones fue fácil. Luego leí los modernistas de América Latina como (Pablo) Neruda y César Vallejo, y a los poetas de la generación del 27 (Federico García) Lorca, Miguel Hernández –que me apasiona–. Vallejo fue la gran influencia mía, pero Miguel Hernández fue el que más afectó emocionalmente, me vapuleó. Vallejo me hizo romper esquemas y yo imitaba lo que yo leía. Es lógico, ese es el aprendizaje. También leía clásicos y me gustaba mucho el teatro griego.

El Círculo de Poetas fue un impulsor del trabajo suyo y de sus colegas…

–Yo creo que fue muy importante para el país: fue el primer taller literario que se inició en Turrialba; luego se vino a San José con Jorge Debravo, Laureano (Albán) y Marco Aurelio (Aguilar).

En el 78 paré un poco mi trabajo literario; me había metido mucho en el sindicalismo. Estudié Filología en la Universidad de Costa Rica, me faltaba poco para terminar, no terminé y me metí mucho en política, en los grupos de izquierda de la Universidad, y empecé a dar clases en el Castella como profesor de creación literaria.

Por un lado usted firmó el manifiesto trascendentalista… y, a la vez, participó de la efervescencia política de esa época.

–Hay una referencia equivocada del trascendentalismo, porque nosotros muy claramente exponemos en el manifiesto que la temática es muy amplia y la poesía se puede ocupar de cualquier aspecto de la vida cotidiana, contingencial, social. Pero la perspectiva trascendental y metafísica la llevábamos por dentro y se salía hasta en la poesía social.

De todos los poetas trascendentalistas hay libros muy políticos y sociales. Por ejemplo, mi libro Consignas en la piedra es más político; en mi poemario hay un planteamiento antiimperialista claro, en contra de la guerra en Vietnam y en contra de la opresión, etc. Hacíamos poesía ocasional para las bananeras y para ALCOA, en solidaridad, pero a la vez hacíamos mucha poesía revelativa y metafísica, la poesía social incluso tendía a eso. No es lo mismo Laureano Albán hablando de las dictaduras en Suramérica que Ernesto Cardenal que lo hace desde una estética totalmente aprosada y exteriorista, desde lo fenomenológico.

El Manifiesto procuraba delimitar una estética, un uso del lenguaje…

–Por eso yo digo que el Manifiesto marca una diferencia, hay un cambio en la poesía costarricense; algunos dicen que para mal, yo digo que para bien, porque nos distancia de un lenguaje desabrido, muy aprosado, que rehuyó de la imagen poética, de la metaforización.

En la actualidad hay una tendencia hacia lo cotidiano, lo concreto…

–Ahora la poesía se ha fusionado mucho con el coloquio. En la nueva poesía, en nosotros mismos, ha cambiado. El trascendentalismo deja abierto a que el poeta pueda hablar de lo que quiera y pueda, el problema es que lo haga con lenguaje metafórico. Esa era la crítica que le hacíamos a otros, que se abandonaba la poesía por hacer política, por hacer revolución o por hacer ética. Con el trascendentalismo es muy fuerte la posibilidad de la comunicación expresiva y no decir como dicen los periódicos las cosas; eso marca una diferencia con respecto a lo que se hacía en Nicaragua, en Cuba. Sin embargo, nosotros también éramos gente de izquierda. Estén o no de acuerdo con el manifiesto trascendentalista, muchos poetas hacían lo que nosotros consideramos trascendentalismo, aunque no nos querían y muchos de los que han estado en contra de esa tendencia están preconizando cosas muy parecidas respecto a la necesidad revelativa del arte.

A lo largo de estos años, ¿sigue “casado” con esa misma línea?

–Yo no me caso con nada. Creo que el trascendentalismo era recuperar, en ese momento, que se abandonaba tanto la poesía por hacer otras cosas; era un rescatar y decir “la poesía es un arte que tiene su propio lenguaje”. El afán revelativo es una arista de mi temática, pero también tengo poemas cuyo lenguaje metafórico está más contaminado de lenguaje aprosado y de otras vertientes coloquiales y donde hay parodia, paradojas, hay ironía sobre la forma en que vivimos y hasta de las relaciones de pareja.

Hablemos de su labor como tallerista con Poeisis…

–El Círculo de Poetas era muy cerrado al final, en la última etapa. Cuando Laureano se fue a Francia en el 98, yo dije “tenemos que salir y encontrarnos con los poetas que están en otras comunidades, ver qué están haciendo”; e hice encuentros con los de San Ramón.

Luego mi separación de Albán –seguimos siendo amigos– y la creación del grupo literario Poeisis a raíz de mi encuentro con Lucía Alfaro, que es mi compañera de vida en esta última etapa, que me impulsó a que creara mi propio taller. Poeisis tiene entre su misión la unión del gremio, entonces hemos empezado a ir a recitales a San Ramón, a hacer encuentros con Turrialba, con Pérez Zeledón, con Guanacaste. Unir y que no nos dividan los aspectos estéticos, porque es una tontería que andemos peleando porque alguien quiere hacer realismo sucio. ¡Que lo haga, por Dios! Para eso tiene toda la libertad de expresión.

En sus talleres debe haber gente de distintas edades con búsquedas también distintas. Esta riqueza se debe expresar, las nuevas generaciones están en otra sintonía.

–En los setentas nosotros teníamos una utopía, pero los jóvenes en los ochentas con el desencanto, en los noventa, no tienen nada y la palabra se convierte en mi necesidad de expresarme, pero esto no sirve para nada. Hay un vacío, una decadencia.

¿Es tan desesperanzado?

–Hay desesperanza, hay una ciudad que nos oprime, entonces nosotros también nos hemos contagiado de ese decadentismo urbano. Los jóvenes tienen derecho a expresar eso que viven; ojalá nazca entre ellos la luz y la esperanza que nosotros tuvimos y que mantenemos, de que a través del arte podemos ayudar al ser humano a ser mejor.

¿Esa es su percepción a partir de los talleres que imparte?

–En mis talleres no tanto, pero también se da. Poetas que han empezado haciendo poesía metafórica con nosotros han terminado haciendo poesía totalmente aprosada, coloquial y que han buscado otro camino, y algunos se han ido. Pero siguen siendo grandes amigos y compañeros. Porque eso seguimos siendo como una hermandad.

He colaborado con poetas que tienen una estética totalmente diferente a la mía. Por ejemplo, el primer libro de Paul Benavides. Él me buscó para que yo se lo revisara y la versión que fue aprobada por la UNED fue la que yo trabajé. Es un gran talento, con una poesía muy bukowskiana. A mí Bukowski no me gusta, pero Paul Benavides me gusta.

Hoja poética

Rónald Bonilla nació en 1951, en San José. Estudió Filología en la Universidad de Costa Rica. Fue miembro del Círculo de Poetas Costarricenses desde 1965. Pertenecía al Movimiento de Perspectiva Trascendentalista y fue uno de sus creadores en 1977.

Es fundador y coordinador del taller literario Poeisis desde el 2007.  Ha merecido, entre varios reconocimientos: Premio Joven Creación de Poesía (Editorial Costa Rica), 1977. Premio Nacional de Poesía Aquileo Echeverría, 2001; Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2001-2002, Panamá; Primer premio de Poesía Lisímaco Chavarría, Ciudad de San Ramón, 2003; Premio Una Palabra con Apuntes para un grafiti, Universidad Nacional.

Además, ha publicado los siguientes poemarios: Viento adentro, Colección Líneas Grises, Círculo de Poetas Costarricenses, 1969; Las manos de amar, Editorial Costa Rica, 1971, Consignas en la piedra, Editorial Territorio, 1974; Sonar de frente, Editorial Costa Rica, 1978, Un día contra el asedio, Editorial Mesén, 1999; Porque el tiempo no tiene sombra, Editorial Costa Rica, 1971, A instancias de tu piel, 2002, Editorial Géminis y Universidad Tecnológica de Panamá; La ciega certeza, Colección Perspectiva Trascendentalista 2005, Después de sonarte, EUNED, 2006; Sed de otras piedras, EUNED, 2013; Hoja de afiliación y otros clichés, EUNED, 2015.

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