Quijongueros son premio de Cultura Popular 2014

El santacruceño Isidoro Guadamuz construye y toca el quijongo guanacasteco desde los 9 años. (Foto: Fabián Hernández)El premio de Cultura Popular 2014 fue otorgado

El santacruceño Isidoro Guadamuz construye y toca el quijongo guanacasteco desde los 9 años. (Foto: Fabián Hernández)

El premio de Cultura Popular 2014 fue otorgado de forma compartida a los quijongueros guanacastecos Lalo Guadamuz e Isidoro Guadamuz

Un jícaro, una cuerda, un cajón y una vara de madera son los materiales que se necesitan para construir un quijongo guanacasteco. A simple vista pareciera un instrumento sencillo, pero acoplar sus partes y hacerlo sonar se las trae.

Si no que lo digan Isidoro Guadamuz y Lalo Guadamuz, que no son hermanos aunque compartan el mismo apellido, así como algunas características: son longevos, guanacastecos, crean y tocan quijongos, y desde la semana pasada son premio de Cultura Popular 2014, distinción otorgada por el Ministerio de Cultura y Juventud.

Don Lalo es oriundo de Liberia, pero vive desde los 14 años en Bagaces. Ahí se ha dedicado a mantener el quijongo y su música. (Foto: Fabián Hernández)

El jurado del galardón, compuesto por Vera Beatriz Vargas, Karol Montero, Freddy Calvo y Fernando González, consideró que, entre otros aspectos, “el quijongo guanacasteco es un instrumento tradicional que se encuentra a punto de desaparecer, siendo don Eulalio Guadamuz, de Bagaces, y don Isidoro Guadamuz, de Santa Cruz, dos de los últimos quijongueros que se han dedicado a la transmisión del conocimiento de la construcción e interpretación, así como la promoción de este instrumento musical en Guanacaste”.

Demandando una ineludible obligación, don Isidoro afirma que recibir el premio “es algo lindo, precioso, porque cuesta hacerle un reconocimiento a algo guanacasteco, pero que cuando desaparezca va a hacer falta (…) Le voy a pedir a las ministras de Educación y de Cultura que den clases de quijongo, que traten de hacer algo por enseñar el instrumento”.

Por su parte, don Lalo dice que se siente muy alegre por el reconocimiento, pero que “dejar perder la tradición del quijongo por falta de interés sería una lástima”.

QUIJONGO SANTACRUCEÑO

Según cuenta don Isidoro, a los 9 años cursaba la escuela de varones Josefina López, de Santa Cruz, cuando conoció a un profesor que tocaba el quijongo y le entraron “ansias de aprender”. “Yo fui el único alumno interesado y me dijo: ‘Vea bien cómo es porque al principio no le va a sonar nada, pero insista para aprender a tocar bien”.

Finalmente, al cabo de dos años logró interpretar una o dos piecitas, una de ellas la parrandera “El brinco del sapo”, que sacó tarareada. Luego, ingresó al colegio, siempre insistiendo en las artes quijongueras de la construcción y la interpretación.

Una de las singularidades de su quijongo es que la cuerda es de llanta de carro. “Primero la hacía con bejuco ventanilla; después, con cuero de res, pero se la comían las polillas; luego, usé alambre de construcción, pero aflojaba mucho, hasta que ya con la cuerda de la llanta del pickup me dio resultado”.

Cuando don Isidoro tenía 40 años logró construir el quijongo de sus sueños, es decir, con la medida exacta: 2,20 metros con un sobrante de 5 centímetros. Con ese preciado instrumento, en la actualidad, interpreta un repertorio de unas 40 canciones de géneros tales como el pasillo, el bolero, las parranderas y callejeras; incluso, ha compuesto piezas como “La Tanela”, pues desde pequeño aprendió a leer música; además, a los 35 años estudió en la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica (EAM-UCR), en la sede en Liberia.

También dio clases de quijongo hasta que se pensionó en la Etapa Básica del EAM-UCR, pero –según afirma– muy pocos alumnos mostraron interés por continuar la tradición.

En la familia de don Isidoro, tanto por el lado paterno como materno, hay tal cantidad de músicos que juntos formarían una nutrida banda con saxofones, tubas, trombones y marimba. De toda la estirpe, uno de los nietos le salió quijonguero, “yo le enseñé y es detallista, minucioso. Sale a buscar el jícaro hasta encontrar el adecuado que se adapte al instrumento”, expresa con orgullo.

En abril, don Isidoro cumple 79 años y aún toca el saxofón, el trombón y la marimba, si bien su instrumento amado es el quijongo. “Siento que es algo guanacasteco y santacruceño puro, es el mejor instrumento”.

EN BAGACES

Oriundo de Liberia, don Eulalio –mejor conocido como Lalo– se inició en el arte del quijongo a los 14 años, cuando trabajaba en la hacienda ganadera llamada Ciruela, en Bagaces, donde fue llevado luego de quedar “moto” (huérfano). “Durante el tiempo que viví en Liberia no llegué a ver un quijongo”, narra el músico de casi 9 décadas.

Aprendió a tocar el instrumento solo, a escondidas del terrateniente, en 1939. La primera vez que se presentó fue en un salón de la zona, en 1940.

Don Lalo también construyó su propio quijongo. “Busco una vara de guácimo ternerero que esté derecha, ni muy gruesa ni muy delgada (de una pulgada), le quito la cáscara con un machete para que queda resbalante; careo la vara de dos metros y medio, la amarro abajo, la arqueo y la amarro arriba. La jícara queda independiente y la voy entonando, porque si no no le da ninguna música”, explica con detalle.

Con el jícaro, el quijonguero le da dos tonos al instrumento, uno claro y otro sordo, hasta que la canción suene afinada, según su memoria auditiva. “Aprendí las piezas porque fui marimbero; tocaba bolero, swing, guaracha, paso doble, vals, conga y cocalea”, enumera don Lalo.

Es músico de oído y la primera tonada que interpretó con el quijongo fue “Ña Jesusita”, que según recuerda contaba la historia de dos candidatos a la presidencia –uno de ellos, León Cortés–. “El que tiene interés aprende solo, como lo hice yo”, afirma don Lalo.

No obstante, aún cuando algunos educadores recibieron talleres patrocinados con él por el MCJ en Liberia y colegiales de Bagaces tuvieron la oportunidad de conocer el instrumento y su belleza sonora, ninguno mantuvo el legado. “Los muchachos dejaban los quijongos y se ponían a comer jocotes”, se lamenta don Lalo.

QUIJONGO EN EXTINCIÓN

Tanto la antropóloga Adriana Méndez, quien postuló a don Lalo y a don Isidoro para el premio, como Gerardo Duarte, pianista y profesor de la EAM-UCR en la Sede Rodrigo Facio, hicieron un llamado a la institucionalidad del país para preservar la tradición del quijongo y los quijongueros.

Méndez consideró importante presentar la postulación porque sus exponentes están muy mayores y es fundamental dar a conocer el trabajo de estos pioneros, cuyo arte y conocimiento no están siendo reproducidos.

A la vez, Duarte manifestó la relevancia del legado de don Lalo y don Isidoro al mantener la cultura musical del quijongo a puro esfuerzo personal. “Es uno de los instrumentos autóctonos más singulares de nuestra historia musical. Son rústicos, muy sencillos, pero albergan un repertorio muy valioso que ha sido trasmitido por tradición oral, y si se desaparece el instrumento desaparece la música”, expresó.

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