Primera moneda usada en la Costa Rica independiente vino de México

Hasta ahora los estudios apuntaban a que provenía de Colombia, pero en realidad venía de territorios insurgentes mexicanos

La primera monedad utilizada por la Costa Rica independiente en 1822 no procedía de Colombia como se creyó durante muchos años, sino que fue acuñada en México, revela una reciente investigación del experto Carlos Jara.

A mediados de noviembre Jara, quien reside en Chile, viajó al país para revelar los detalles de la investigación que modifica la teoría del investigador y director del Museo de Numismática del Banco Central, Manuel Chacón, quien junto a su colega Jorge Murillo le había seguido el rastro a la moneda, que, al haber ingresado por Panamá, hizo que todas las pistas indicaran que venía de Colombia.

En realidad, la moneda proviene de uno de los estados insurgentes de México, probablemente Zacatecas, precisa el propio Chacón, quien lejos de estar preocupado porque su teoría queda sin efecto, está feliz con el hallazgo de Jara.
Por primera vez, también, se logró identificar en archivos extranjeros la existencia de la moneda, la cual se utilizó en el país en condición de “resellada”.

Eso significa que al haber una carencia de producción de monedas propias, esta había sido introducida al país, y fue cuando el gobierno decidió utilizarla como moneda nacional, para lo que era imprescindible esa marca conocida como resello.

La moneda, que tiene una corona imperial, fue empleada entre 1822 y 1833 en el país y tanto Chacón como Murillo le habían seguido el rastro a partir de los documentos del Archivo Nacional.
“Se le consideraba una moneda que provenía de un territorio insurgente, es decir, que se había rebelado contra la corona española que por entonces todavía mandaba en muchos de los territorios y países americanos”, expresó Chacón.

Antes del descubrimiento de Jara, los dos investigadores citados no habían podido contrastar la información del Archivo Nacional con otros que pudieran arrojar más luz en el asunto, hasta que se logró precisar que la moneda circuló originalmente en México.

La ruta de entrada de la moneda, como lo había detallado la investigación de Murillo y Chacón es la correcta, es decir, ingresó al país por la vía de Panamá, de la mano de un sacerdote costarricense.

Hasta ahora, la moneda se había dado como “reportada”, pero no “confirmada”; no obstante, con el descubrimiento de Jara se cierran todas las fases del círculo.

“El hecho de que se le considere una moneda de un territorio insurgente revela la búsqueda de la libertad en el proceso de independencia que por entonces se vivía en América”, dijo Chacón.

Agregó que las monedas en el proceso independiente se convirtieron en símbolos muy importantes de la soberanía de los pueblos y que, incluso, hubo una época a partir de la cual se prohibió la circulación de monedas que tuvieran relación con la España imperial y avasalladora.

“Al ser una moneda de un territorio insurgente nos dice la búsqueda de identidad que ya se daba por entonces, pese a ello, la moneda tenía, todavía, una corona imperial que era un símbolo español”.

SIGUIENDO EL RASTRO

Jara supo de la existencia de la moneda con corona imperial y la primera en ser empleada en Costa Rica como República independiente, gracias al artículo publicado por Murillo y Chacón en la Gaceta la Asociación Numismática Española en el año 2000.

El artículo que dio origen a la indagación de Jara se intitulaba Monedas colombianas en la numismática de Costa Rica.

Posteriormente en el 2007, Jara incluyó en su libro Central American Provisional and Provincial Mints (Casas de la moneda provisionales y provinciales en América Central) la idea de que la primera moneda utilizada en Costa Rica no provenía de Colombia, sino de México, sin embargo, carecía de pruebas. “Fue un tema que incluí en el libro, pero sin llegar a identificar las piezas”.

Ahora con el hallazgo de poder contrastar los documentos indagados por Murillo y Chacón con los que apuntaban a México ha permitido cambiar la visión por completo de dónde provino esa tan preciada moneda de ocho reales.

“Luego, al conversar con Chacón sobre el tema y considerar la operación de amortización de estas piezas reselladas, llevada a cabo en 1833 (fecha en que se emite la moneda de 8 Reales de 1831 CR-F) fue que hice el enlace correspondiente, al comprobar que existen al menos dos de estas monedas de 1831 CR-F amonedadas sobre piezas originalmente contramarcadas con una corona imperial. Al comparar el resello de la corona que todavía se apreciaba en las mismas piezas de 1831 CR-F, se hace la relación con las dos piezas provisionales de México que existen con el mismo resello”, puntualizó Jara.

Dado el anterior paso todo parecía enrumbado hacia el hallazgo, pero aún tenía que confirmar un detalle de sumo interés para la investigación: “Faltaba comprobar qué piezas provisionales de México podrían haberse encontrado en circulación en Panamá en 1822, lo cual se comprobó mediante estudios históricos”, precisó.

RESELLOS

En los primeros años de independencia era habitual el resello de monedas debido a que el país carecía de una casa de la moneda, la que se instauró a partir de 1828 y hasta 1949. Antes, en 1824 se había creado “Cuño Provisional”, conocido como “Ingenio San José de los Horcones”, donde se crearon las primeras monedas del país que, por entonces pertenecía a la a la República Federal del Centro de América, cuenta Chacón en su estudio “Historia de la moneda de Costa Rica”.

En ese contexto de acomodo de fuerza políticas en el área y del nacimiento a la vida independiente, la moneda como medio de circulación y elemento dinamizador del comercio, jugaba un papel de suma relevancia, tanto directa como simbólicamente.

De ahí que esta moneda procedente de México, permite reconstruir una serie de fases como lo haría el arqueólogo siguiendo las huellas de elementos mínimos de una civilización.

Y el primer elemento que pone de manifiesto, rescata el experto, es la dificultad que tenía el país para producir su propia moneda en los primeros tiempos de vida independiente.

El próximo reto, añade Chacón, es ver la posibilidad de que Costa Rica pueda adquirir una de las dos monedas dispersas en algún lugar del mundo, para incorporarla al Museo de Numismática y contar así con tan valioso tesoro.

“Ahora dependerá mucho de la oferta y de la demanda y de la forma en que se pueda gestionar la posibilidad de que el país pueda adquirir una de las dos monedas que el investigador Jara asegura que existen en el mundo”.

Queda todavía un desafío mayor, porque Jara confiesa que “el paradero de las piezas es desconocido hoy en día, pero debieran aparecer en el futuro”.


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