Palmas para el humanismo y la defensa de las diversidades

El gobierno de Francia concedió a catedrático de la UCR Nacer Wabeau la Orden de las Palmas Académicas.

“La diversidad es nuestro tesoro común”, sentenció Nacer Wabeau en su discurso de aceptación al recibir la condecoración de la Orden de las Palmas Académicas de manos de Thierry Vankerk-Hoven, embajador de Francia en Costa Rica.

Wabeau es profesor catedrático de literatura francesa en la Escuela de Lenguas Modernas de la UCR y ya con la condecoración púrpura en su pecho, hizo un llamado a “poner un hasta aquí a los levantamuros y los extremismos de toda índole”.

La ceremonia se realizó en la residencia del embajador Vankerk-Hoven, quien describió a UNIVERSIDAD la relevancia de la Orden de las Palmas Académicas, la condecoración más antigua concedida por su país después de la Legión de Honor.

Añadió que el reconocimiento subraya “los méritos de las personas que contribuyen a la influencia de la cultura francesa a través del mundo. Nacer Wabeau es un académico de la UCR, profesor, investigador, periodista y escritor, publicó dos novelas increíbles”.

En efecto, se trata de los textos “Sin voz ni techo” y “Condenado sin Proceso”.

Vankerk-Hoven añadió que Wabeau es un personaje de tres continentes, el africano, el europeo y el latinoamericano; así como de tres países, Argelia, Francia y Costa Rica y en ese sentido destacó la tolerancia y la “apertura a los demás” como “los principios más importantes en el mundo de hoy”.

“En el contexto actual no es posible mantener una convivencia de lucha contra los desafíos transnacionales sin hacer prevalecer el principio de la tolerancia, cualesquiera que sean los intereses nacionales de los países”, aseveró.

SUMA DE DIFERENCIAS

El académico es en sí mismo una personificación de la diversidad que llama a defender. Es costarricense nacido en Argelia, concretamente en la región conocida como Cabilia, “patria de mi imaginación, de una cultura milenaria, cuyos habitantes se caracterizan por la generosidad, la solidaridad, la laicidad, la veneración de la naturaleza”.

Sin embargo, relató que su adolescencia fue “atormentada por una lucha existencial”, pues su lengua materna –tamazight-, fue prohibida; el francés, marginalizado; el escritor Albert Camus, “declarado extranjero en su tierra natal que tanto amaba”. Se trató de la “imposición de la arabización”, un proceso que describió como “un genocidio cultural, un crimen de lesa humanidad. Nada es más desgarrador para un pueblo que prohibirle su lengua”.

Wabeau luego estudió en París, donde estudió la Filosofía de la Escuela del Derecho Natural en la Sorbona y donde descubrió la “gracia de vivir libre”.

“Algún día diré lo que debo a Costa Rica, que me ha acogido generosamente, otorgándome la nacionalidad de manera casi honorífica”, por lo cual agradeció a la exvicepresidenta Victoria Garrón y la exmagistrada Maruja Chacón.

Tras recordar que se ha desempeñado en las juntas directivas del Liceo Franco-Costarricense y de la Alianza Francesa, apuntó que ello no habría sido posible “si yo no tuviese el privilegio de desempeñarme en la Universidad de Costa Rica, dedicada a la ciencia, el arte y el bien, mediante la docencia, la investigación y la acción social, donde prevalece la libertad de cátedra”.

Wabeau enfatizó que “hoy más que nunca, necesitamos el arte y la literatura para recordarnos lo esencial. ¿Qué es la humanidad sino una suma de diferencias, una adición de minorías? El respeto de los derechos de las minorías evitaría muchos conflictos. Cuanto más diversas son las culturas, más confluencia de idiomas, más belleza enriquecedora. Si la literatura no puede cambiar las cosas, por lo menos permite soñar e imaginar un mundo mejor”.

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