Pacífica Grey: una cofradía con pasión por el cine independiente

Luego de siete años de fundada, Pacífica Grey, única empresa centroamericana distribuidora de cine independiente, consolida su catálogo, prestigio y credibilidad en la región.

Tenaces, estratégicos y apasionados. Así son las “dos mitades” de Pacífica Grey, pequeña empresa de origen costarricense que distribuye cine alternativo en el país y en Centroamérica.

Hace nueve años, haciendo un curso de una maestría en Barcelona, España, a los productores audiovisuales Karina Avellán y Marcelo Quesada les tocó idear un proyecto con su respectivo plan de negocios.

“Nos preguntamos cómo podíamos desarrollar una idea que nos permitiera hacerle frente a la etapa de distribución de cine”, mencionó Avellán.

Pacífica Grey pasó de ser una quijotada de un par de Quijotes muy jóvenes a consolidarse, siete años después, como la única empresa costarricense distribuidora de cine independiente en Centroamérica. Cuenta con un catálogo de 30 películas, y cosecha prestigio y credibilidad en festivales cinematográficos tan renombrados como Cannes, en Francia. (Fotos: Pacífica Grey).

Habían visto muchas películas en diversos festivales en Europa y querían dar con la clave de cómo proyectarlas en una sala en Costa Rica. “La pasión y el plan de empresa confluyeron”, dijo Avellán.

No fue sino hasta el 2012 que ese –apasionado– plan de negocios cristalizó en la compañía bautizada Pacífica Grey y que hoy es sinónimo de profesionalismo y contenidos cinematográficos independientes de calidad.

El emprendimiento emergente pasó de ser una quijotada de un par de Quijotes muy jóvenes a consolidarse siete años después como la única empresa distribuidora de cine independiente en Centroamérica. Ahora cuenta con un catálogo de 30 películas, y cosecha prestigio y credibilidad en festivales cinematográficos tan renombrados como Cannes, en Francia.

Llegar a este punto fue una tarea de hormiga, de fortalecer vínculos y músculo, y desarrollar criterio, buen olfato y timing para estar en el lugar y tiempo apropiados.

“Fue hasta el tercer o cuarto año que fuimos escalando y el catálogo empezó a hablar por sí solo. Logramos acercarnos a empresas para ofertar por la película Paterson de Jim Jarmusch diciendo: hemos lanzado diez películas de directores con recorrido. El proyecto se empezó a defender por sí mismo. Había claridad de que era un empresa profesional”, contó Quesada.

Para Avellán, la importancia del factor “cara a cara” fue entendida por ellos rápidamente, por lo que han viajado, hasta la fecha, a festivales de cine como el de Cannes, Berlín y Ventana Sur, en Buenos Aires.

“Nos tocaba hacer la inversión. Por lo menos teníamos que ir una vez al año a alguno de esos mercados grandes a estar vivos, presentes, a recordarles quiénes éramos, a mostrar nuestro catálogo, a ver los contenidos que ellos estaban promocionando en ese momento”, recordó Avellán.

En la actualidad, Pacífica Grey puede disfrutar del privilegio de no estar de cuerpo presente en todas estas plataformas, porque mantiene un vínculo a través del correo, y acceder a las películas que le interesan mediante un enlace para visionarlas.

En el 2012 cuando cuajó la empresa, aún el Cine Magaly no fungía como el epicentro de la exhibición de cine independiente en Costa Rica, como sí lo es en la actualidad.

Tampoco la Sala Garbo mantenía una programación novedosa de contenidos alternativos, llevada a cabo desde los años setenta, ya que la tecnología de proyección cambió de 35 milímetros a digital y no se pudo actualizar.

Entonces, Pacífica Grey se echó al agua y lanzó en paralelo las ramas de producción y distribución, a las que agregaron posteriormente la exhibición alternativa.

Singularidad

Vinculada al ámbito independiente, Pacífica Grey es la única compañía costarricense de distribución en Centroamérica.

Quesada aclaró que hay otras dos empresas “muy grandes” que representan  -sin ser titulares de los derechos de las películas-, a los estudios cinematográficos llamados majors de los Estados Unidos.

Una es Discine, representante de algunas empresas que extrarregionalmente compran contenido independiente para Centroamérica; y la otra es la Distribuidora Romali, que alimenta al Cine Magaly.

Ambas compañías solamente lanzan las producciones en salas de cine; mientras que Pacífica Grey adquiere los derechos para todas las ventanas de explotación como televisión, salas de cine, circuito alternativo e Internet.

Debido a este perfil de negocio, Pacífica Grey se convirtió en la distribuidora costarricense que pudo comprar los derechos de películas premiadas en el Festival de Cine de Cannes, como Dogman (Italia, 2018)  y Rams (Islandia, 2015), y de filmes nacionales como Medea, El despertar de las hormigas y El baile de la Gacela, de reciente proyección en el país.

Avellán explicó que comprar todos los derechos (all rights) significa tener la posibilidad de distribuir y comercializar las películas en Centroamérica por un período estándar de cinco a siete años.

Para Quesada, el gran plus de las grandes empresas distribuidoras es que conocen al dedillo al mercado y saben cuál película programar dependiendo de las preferencias del público.

Pacífica Grey comprendió las reglas del juego y conforme desarrolló el proyecto asumió mayores riesgos. “Nosotros empezamos en paralelo comprando y entendiendo el mercado, porque como no habían experiencias previas, tocaba hacerlo así”, puntualizó Quesada.

Así se mezcló la intuición de principiantes con los gustos de ambos socios, lo cual dio como resultado que en sus inicios Pacífica Grey comprara películas para distribuir en Costa Rica, como Las marimbas del infierno (Guatemala, 2010), del guatemalteco-mexicano Julio Hernández Cordón, con quien desarrollaron una relación cercana.

A la vez, a medida que la empresa descifró el funcionamiento de la distribución de cine independiente, experimentaron dos cambios importantes: la compra de títulos para Centroamérica como región y la ampliación de la oferta de contenidos.

“En el 2012 lanzamos una película, en el 2013 lanzamos dos, y de ahí fuimos creciendo hasta el 2017, en que desde ese año lanzamos más o menos seis películas por año”.

Todas estas producciones forman parte del actual catálogo con el cual se consolidaron, y aunque algunas están de salida por cumplir el término de la adquisición de derechos, Pacífica Grey podría renovarlos si quisiera.

De este modo, al superar en la actualidad las 30 películas, es el momento de valorar si conservan los títulos más viejitos, elección que depende de las características de los mercados.

Películas y públicos

Los socios de Pacífica Grey sopesan el mercado de Costa Rica y Centroamérica, en comparación con territorios con demandas enormes como Estados Unidos, España y México.

El mercado local e internacional está compuesto por contrapartes de quienes adquieren los derechos de sus producciones, por un lado, y los espectadores centroamericanos, por el otro, que son disímiles.

Al público de cine independiente de Costa Rica Pacífica Grey lo caracteriza como un nicho de adultos jóvenes de 20 a 35 años; luego se produce una brecha de unos 15 años para volver a posicionarse en personas de 50 años en adelante.

El vacío generado en la mediana edad se relaciona con la etapa de la vida en que las personas deciden tener hijos y prefieren ver en sus hogares contenidos en plataformas vía streaming o cable.

Según Quesada, también han notado que el público ha crecido considerablemente desde que Pacífica Grey empezó a operar, por eso decidieron ampliar la cantidad de títulos que compran.

A partir de la reapertura del Cine Magaly en el 2012, el público de cine independiente alcanzó los 20.000 espectadores, y aumentó a 100.000 en el  2018.

“Hubo un crecimiento de un 400% que parece que se asentó y llegó a cierto límite y que nos ha dejado entrever que sí hay un público interesado en una oferta diferenciada”, valoró Quesada.

El reto ahora para Pacífica Grey es cómo sacar la oferta, tanto fuera de San José como de la Gran Área Metropolitana (GAM), pues a pesar de que hay focos fuertes de población en provincias que podrían demandar este tipo de contenido, no hay infraestructura. Tal es el caso de Limón, donde no existe ni una sola sala de cine.

Para ello, los empresarios tendrían que interesarse en promover producciones alternativas sin que medien razones comerciales, sino la llana intención de generar acceso a las películas. “Realmente no es rentable en este momento colocar cine independiente en salas comerciales, en la generalidad de los casos”.

A esta ecuación, de acuerdo con Avellán, se suma que el público encuentra un valor adicional en los espacios de proyección como tal; en eso radica, en parte, el éxito del Cine Magaly.

“Es la idea de que Dogman puede estar disponible en cinco salas, pero el Cine Magaly va a ser la opción uno para ese público”, afirmó Avellán, ya que encuentran en el lugar un sentido de pertenencia a una comunidad.

Este comportamiento del público en Costa Rica no aplica para el resto de Centroamérica, según precisó Quesada, ya que es un mercado en etapas distintas.

“Costa Rica tiene una demanda más clara. Luego podría seguir Panamá, con un festival de cine con una convocatoria de público que supera ampliamente al festival de acá, ya que en diez días atrae a 40 mil personas. Sin embargo, a lo largo del año no sobrevive en cartelera una película independiente quizá por la ausencia de espacios”, describió Quesada.

El otro mercado centroamericano más dinámico es el de Guatemala, pues tiene cineastas que en el circuito independiente internacional han llegado a ámbitos donde los realizadores costarricenses nunca han llegado y con una calidad muy alta.

Asimismo, aun cuando no hay un festival ni un circuito comercial con una oferta de cine independiente amplia, en Guatemala existen emprendimientos culturales que proyectan filmes alternativos.

Diversidad

Si bien Pacífica Grey no escoge a pie juntillas las películas por género, estilo u origen -sino más bien por conectar con ellas-, la línea editorial sí se define por transitar entre producciones más asequibles y otras más arriesgadas.

Avellán afirma que a pesar de que nunca han tenido ese objetivo consciente, este año están “súper latinoamericanos”. “Las tres películas que nos quedan por estrenar todas son latinas, y dos de tres que ya tenemos cerradas para estrenar el próximo año también son regionales”, precisó.

No obstante, para Quesada el punto de partida del proyecto era generar una diversidad en la oferta en aristas como el origen, ya que la mayoría de las películas que circulan en el país vienen de una misma geografía: Estados Unidos.

“Estábamos muy conscientes de traer cosas de entre más lugares posibles”, continuó Quesada. “Por eso nos pusimos muy felices cuando encontramos Rams, una película de Islandia”.

Lo azaroso de haber comprado los derechos de cinco películas latinoamericanas, también para proyectar próximamente, tiene que ver con que se enamoraron de las propuestas.

El único interés consciente ha sido el de agregar cine costarricense y centroamericano al catálogo, y por esta razón han lanzado títulos como Medea, El despertar de las hormigas, Atrás hay relámpagos, Cascos indomables, El baile de la Gacela, Ixcanul y Temblores.

 


Netflix y el juego de poder de la distribución

La concentración del poder en la distribución de contenidos cinematográficos históricamente ha estado en manos de los estudios majors, es decir, de las seis compañías más importantes de Hollywood: Disney, Fox, Sony, Paramount, Warner y Universal.

Sin embargo, según analiza Marcelo Quesada de la distribuidora Pacífica Grey, “los pesos y contrapesos se han reacomodado y esas cuotas de poder de la industria audiovisual en un sentido más amplio las llevan las plataformas digitales, superando ampliamente a los estudios excepto a Disney, que es un conglomerado gigantesco”.

Estas plataformas han llegado a mover el mercado fuertemente, tanto para el cine comercial como independiente.

A la vez, para las etapas de producción, los estudios se están llevando el talento a participar en series y películas para las plataformas.

En lo que respecta a la distribución se están saltando los intermediarios por ser medios que funcionan a nivel global; “están yendo directo al público”, dijo Quesada.

En el nicho de trabajo de Pacífica Grey, Netflix y Amazon, entre otras, están comprando desde pequeñas producciones autorales, hasta cine de directores más reconocidos como el multipremiado mexicano Alfonso Cuarón.

“Las están comprando por cantidades de dinero nunca antes visto en estos sectores, y ni siquiera tiene que ver con recuperar ese dinero, sino con posicionar su oferta”.

Así, las películas llegan a las plataformas de internet al mismo tiempo en todo el mundo, lo cual “que podría verse como muy positivo”, pero no lo es, según lo puso en entredicho Quesada.

“Lo malo es que no se acompañan las películas con esfuerzos de promoción que permitan que no queden enterradas al fondo de Netflix, donde nadie se va a dar cuenta nunca que están”.

Las empresas como Netflix tienen políticas de consumo para que expresamente solo se vean sus contenidos en los hogares, razón por la cual bloquean la proyección en las salas de cine mediante la compra de los derechos de películas.

De acuerdo con Karina Avellán, la otra socia de Pacífica Grey, “en una visión más macro hay que valorar lo que significa para un director o una directora que está lanzando su carrera y que podría tener la posibilidad de que la vea todo el mundo a través de Netflix, pero no necesariamente esa promesa se cumple porque su película queda perdida entre todo el contenido”, expresó.

Para Avellán es distinto que eso le suceda a un filme como Roma de Cuarón, ya que es un director conocido y posee una poderosa plataforma mediática, a que lo experimente una directora como la italiana Alice Rohrwacher y su filme Happy as Lazaro.

“Una distribuidora pequeña como Pacífica Grey podría tomar esa película y llevarla a la sala de cine y presentarla a un público que potencialmente iría a verla, pero está bloqueado”.

Este panorama actual está en movimiento y acomodo constante y debido a ello también varía. “Hace dos o tres años cuando Netflix ofertaba por una película todo el mundo le decía que sí porque era mucho dinero y la promesa era: “tu película se va a poder ver en todo el mundo”.  Ya hay seis estudios de caso de directores que hicieron eso y su carrera dejó de existir durante dos años”.

Hoy en día Netflix ha ofertado a varios proyectos que se han rehusado, puesto que prefieren ganar menos dinero y ponerse en manos de los distribuidores de cada país, “porque hay un compromiso de realmente promocionar la película”, comentó Quesada.

Avellán concluyó que no hay absoluta certeza de cómo funciona el ecosistema audiovisual contemporáneo y si continuará desempeñándose de esta forma, aunque de seguro ha impactado a la industria y al público en la forma de consumir cine.

Según Quesada, este año será telúrico para Netflix puesto que durante cuatro o cinco años el nombre de la compañía era la palabra genérica para hablar de plataformas de visionado en línea, y este año va a tener competencia real de Disney y Apple, “que tienen el músculo económico”, pronosticó Quesada.


 

La urgencia de votar la Ley de Cine

En relación con el proyecto de Ley de Cinematografía y Audiovisual (No. 20.661) que está vivo en la Asamblea Legislativa y saldrá de corriente legislativa en el 2021, el productor audiovisual Marcelo Quesada considera que es vital que se apruebe.

“No solo como productora, sino sobre todo como distribuidora, me interesa la discusión de la Ley, porque en nuestro contexto el sector independiente ha priorizado el diálogo vinculado a la producción, al guion, a la dirección, a la fotografía”, opinó.

Quesada aseveró que, por lo tanto, siempre ha estado muy descuidada la otra parte de la cadena de valor que es la distribución, que permite que no se genere un cuello de botella, “y que hagamos películas que nadie vea”.

En el 2014, cuando el Ministerio de Cultura y Juventud llevó a cabo un congreso audiovisual, Pacífica Grey participó en una mesa de diálogo en la que se preguntaron cómo visualizaba “en lo bueno y en lo malo” al sector a años plazo.

“Nosotros planteamos que lo único peor que nos podía pasar es que tuviéramos más películas y los mismos espacios de exhibición y distribución de cine”.

Para Quesada es fundamental entender una ley de cine como un texto jurídico que reglamente y genere incentivos para las diferentes etapas de la cadena de valor, “porque si solo se entiende como promoción de la producción, no se va a completar el ciclo de estos procesos”.

Karina Avellán añadió que la ley es una deuda política para un sector que, a pesar de producir con muchas limitaciones, está logrando concretar proyectos interesantes que tienen resonancia no solo a nivel local sino internacional.

“Sin apoyo, el sector en cualquier momento podría desaparecer y es terrible que haya un país sin cine habiendo no solo personas que pueden producir películas, distribuirlas y exhibirlas, sino un público para verlas”, se lamentó Avellán.

La socia de Pacífica Grey explicó que el proyecto de ley no toca el tema de las cuotas de distribución, pero al menos incluye dentro de sus objetivos el apoyo a los espacios de distribución y exhibición.

Aunque Quesada considera que es una ley general, al menos deja la puerta abierta para que luego se reglamenten líneas de apoyo específico que emulen el derecho audiovisual en Chile y Colombia, en donde se disponen líneas de financiamiento para producción, festivales y salas de exhibición alternativas.


 


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