Teatro Espressivo

Obra expone amor y traición filial en medio de la guerra

El director israelí Ilan Hatsor vino desde supaís natal para dirigir Hermanos de sangre, en temporada en el Teatro Espressivo hasta el 21 de mayo

En el escenario del Teatro Espressivo, los actores que interpretan a los protagonistas de la obra Hermanos de sangre, escrita por el dramaturgo y director israelí Ilan Hatsor, hacen un ensayo “a la italiana”, es decir, dicen el texto rápidamente y sin intenciones.

Ilan Hatsor vino desde Israel para dirigir Hermanos de sangre, obra que trata sobre tres hermanos que experimentan el conflicto palestino-israelí.

Sin embargo, en la pasada general del montaje, esos mismos diálogos dichos de manera fría un rato antes, se convierten en el vehículo que lleva a la acción dramática, y que va develando la lucha entre tres hombres miembros de una familia palestina que vive en carne propia el conflicto contra los israelíes.

Hatsor se sienta en una butaca con el libreto entre las manos y va llevando el pulso al drama en silencio y a oscuras, en una trinchera desde donde los corrije en un par de ocasiones sin moverse de su puesto.

El director invitado por el Teatro Espressivo para realizar la puesta en escena de su obra -representada con gran éxito en más de 100 países- no habla español. Aún así percibe los cambios en la entonación de los actores, y se da cuenta cuándo no han seguido las líneas a pies juntillas.

Dirige en inglés al elenco integrado por Manuel Martín Alvarado “Momo” (que interpretea a Naim), Michael Dionisio Morales (que encarna a Haled) y Rodrigo Durán (que personifica a Daoud), quienes dan vida al drama sobre tres hermanos que experimentan de manera contradictoria su relación filial en medio del complejo y aún vigente conflicto entre palestinos e israelíes.

Hatsor aprendió a leer y escribir árabe y reconoce que esa cultura es herencia y parte de la vida de su país. “Nadie que vive en Israel puede ignorar esto”, afirmó. Este entorno influenció su escritura sobre el tema, así como el haber servido como soldado en el ejército.

Cuando escribió la obra en 1987, la zona estaba viviendo la primera intifada palestina. “Éramos parte del sistema que ocupaba el territorio palestino pero también éramos atacados por ellos”, contó.

Y si bien Hermanos de sangre se ubica durante esta cruenta guerra cuya solución no se vislumbra, Hatsor explica que la obra no pretende ser un manifiesto político, sino que aborda con una visión universal la relación entre tres hermanos, sus contradicciones y diferencias abismales que los hacen traicionarse entre ellos.

UNIVERSIDAD conversó con Hatsor sobre el conflicto palestino-israelí y sobre su texto dramático, una tragedia que el autor considera puede ser representada en cualquier lugar del mundo, incluso en un país que en su historia reciente no ha vivido una guerra ni tiene ejército.

¿Cómo abordó la dramaturgia de la obra?
-Escogí ubicar la obra en medio de una familia, tres hermanos, porque esto es algo muy básico que todos pueden comprender e identificarse con ello. No hay que explicar cómo son las relaciones entre los hermanos. Cuando escribes no pones mucha atención a la estructura, solamente después la gente lo analiza y te pregunta, y entonces ves para atrás y entiendes por qué hiciste las cosas como las hiciste. Para mí fue muy elemental, y no pensé en ellos como árabes o palestinos, pensé en ellos como tres hermanos, como un problema familiar, como una familia que es desgarrada por grandes fuerzas, y siempre me imaginé qué pasaría si fuera mi hermano.

¿Cómo hablar de un conflicto que ocurre desde hace muchas décadas y que tiene una gran complejidad?
-Es una respuesta muy simple: no meto toda la complejidad y la historia del conflicto israelí-palestino en esta obra pues no es sobre eso, es sobre hermanos que podrían estar en cualquier lugar, en Nicaragua uniéndose a la guerra civil o durante la guerra civil española. Podría ser en cualquier lugar donde hay conflictos, ocupaciones, donde las cosas no están ocurriendo como deberían en un país normal: si alguien es sospechoso de ser un espía es traído a la corte, y hay un abogado y justicia. En esta sociedad la gente no cree en la autoridad, entonces las decisiones sobre la vida o muerte algunas veces tienen que ser tomadas a lo interno de la familia. Y es muy importante entender que una obra no puede ser un manifiesto político. Si quiero decir algo sobre la situación política escribiría un artículo en el periódico o un libro. Una obra de teatro es sobre los seres humanos.

Pero al público que ve la obra le surgirán preguntas relacionadas con la guerra en ese contexto…
-Ese es parte de mi objetivo. Porque sí, la gente se interesará y hará preguntas y buscará más información, pero mi historia principal no es hacer un enunciado político, es contar una buena historia para que la gente se pregunte cómo actuaría si estuvieran en la situación de los personajes. El teatro no puede obviar la política, todo en la vida tiene un aspecto politico; y por supuesto esta obra critica la ocupación israelí pero también el comportamiento de los palestinos hacia Israel. Entonces no es pro israelí ni pro palestina. En alguna medida puedes decir que uso esa situación para contar la historia, y no es que escribí la obra sobre la situación. Si viviera en otro lugar usaría otra realidad, pero vivo en Israel, que es mi vida, mi cultura, mi idioma, es la realidad que conozco mejor y por eso escribo sobre eso. Honestamente cuando la escribí no pensé en que la gente fuera de Israel la entendería, pero desde entonces la obra ha sido montada en muchos países.

Aunque la obra toca temas de una realidad específica es a la vez universal…
-La obra ha sido respresentada en distintos idiomas, y en cada lugar la gente no hablaba solo del conflicto palestino-israelí sino de qué tipo de vida y realidad compartían con la obra. Por ejemplo, en Alemania hablaban sobre su colaboración en el tiempo del nazismo o en el Alemania del Este con la policía secreta. Eso es algo que yo aprecio, y me alegro de que ahí donde la obra vaya traiga a la superficie asuntos locales y los cuestione. Pienso que incluso aquí en Costa Rica, que es un país pacífico y últimamente no ha experimentado este tipo de problemas, aún es parte de una región que ha tenido guerras y guerras civiles, muchas ocupaciones y dictaduras. Estoy seguro de que traerá memorias o pensamientos sobre lo que pasó o aún sucede en Centroamérica y en Latinoamérica. Para mí ese es el valor agregado de la obra.

¿Cómo dirigir a actores costarricenses que no han tenido vivencias bélicas como las que expone la obra?
-Primero que todo son excelentes actores, y buenos actores pueden hacer cualquier cosa. Si eres buen actor puedes ser un rey o un asesino. No tiene que ver con tu nacionalidad o tu historia o experiencia. Tienes el texto, ensayas con el texto y construyes tu personaje, ensayas con el director, con tus compañeros. Estos actores en un mes o dos podrían ser escogidos para hacer Macbeth, personaje del medievo de Escocia, y no están familiarizados con esa realidad. Creo que el buen teatro tiene elementos que son universales y una buena obra puede hacer que los actores se identifiquen y que el público se identifique con ellos mismos y con los personajes.

Escribió la obra hace muchos años, ¿siente que ha envejecido bien?
-Muy bien, debido a que no es sobre una situación política específica, y el conflicto y las preguntas que hace son más profundas y amplias de lo que pasó en el momento en que la escribí. Desde que la escribí, que fue hace más de 25 años, no he cambiado nada.

¿Cuántas veces la ha dirigido? ¿Ha seguido los montajes de otros directores?
-La dirigí dos veces más, una en Israel y otra en Alemania. Los montajes de otros directores han sido distintos pero a la vez similares, debido a que la obra está muy amarrada, tiene solo tres personajes y dura una hora y 10 minutos, no puedes quitar una palabra o una frase sin destruirla. Es muy difícil de cambiar porque está muy bien escrita y construida.

¿Piensa que va a haber una solución del conflicto palestino-israelí?
-Algún día se resolverá, pero es muy difícil de decir. Desde que escribí las cosas iban para adelante con los Acuerdos de Oslo, y hubo un nuevo comienzo, pero todo colapsó y ocurrió la segunda intifada y muchos ataques terroristas. En muchos sentidos vamos para atrás y las personas se radicalizaron en ambos lados; tenemos un Gobierno muy nacionalista, los palestinos también tienen a gente muy radical especialmente en Gaza donde Hamas es un partido de la extrema musulmana. La tendencia no es buena, sin embargo trato de ser optimista, es decir hay algunas semillas de esperanza de que pudiera mejorar. Pero me temo que desgraciadamente tendremos más crisis, más víctimas, antes de que la gente entienda.

¿Cree que la situación cambiará con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump?
-Nadie sabe. Por un lado, él está apoyando el ala derecha y el Gobierno israelí está mucho más contento que con el Gobierno de (Barack) Obama, tal vez por que Trump es un hombre de negocios. Tal vez diga: “ok, quiero hacer un trato”, y fuerce a ambos lados a aceptar una acuerdo, pero no lo espero. En general no creo que la solución vendrá de afuera.

¿Qué piensa sobre la propuesta de crear un solo Estado?
-Pienso que es una mala solución. Toda mi vida he apoyado la propuesta de crear dos Estados y cada vez se vuelve más difícil que pase, y gente de la derecha y la izquierda están hablando de la solución de un solo estado. Pienso que los países donde habitan dos pueblos usualmente tienen muchos problemas, y también pienso que ambos, judíos y palestinos, merecen su propio Estado. Es el único Estado judío en el mundo. Estoy muy conectado con la cultura árabe, pero por otro lado, en términos de valores y creencias soy completamente occidental. Rechazo los valores y creencias árabes, soy un liberal, y no me gustaría vivir en un Estado árabe.

¿Aún si fuera secular?
-No creo que pudiera ser un estado secular, porque incluso Israel se ha convertido en un estado judío, tristemente. Pienso que nuestra región, el Medio Oriente, no ha pasado por revoluciones y traumas por las que ha pasado Europa -las dos guerras mundiales-, que los hizo adoptar los actuales valores y que ahora están en gran riesgo por muchas razones, sobre todo por la migración y los refugiados del Oriente Medio. Para mí la única solución posible es que se divida el país y que seamos buenos vecinos.



Fomento de la industria cultural

Qué: Obra Hermanos de sangre de Ilan Hatsor
Dirección: Ilan Hatsor
Dónde: Teatro Espressivo, Centro Comercial Momentum Pinares
Cuándo: Del 31 de marzo al 21 de mayo, viernes y sábados 8 p.m. / Domingos 6 p.m.
Precio de la entrada: ¢8000 general, ¢10.000 VIP
A la venta en: www.espressivo.cr



 

 


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