Shirley Campbell, poeta y activista negra

“Nuestro país es tremendamente racista y niega su racismo”

Invitada al Primer Encuentro de Mujeres Escritoras Afrodescendientes de Centroamérica y el Caribe, auspiciado por la Universidad de Costa Rica, la escritora y feminista Shirley Campbell considera que se debe penalizar el racismo en el país.

Es poeta, antropóloga y feminista; también, afrodescendiente y mujer negra. Esto último es una reiteración, al mismo tiempo no es y es retórica.

Es retórica porque la costarricense Shirley Campbell usa las palabras para designar el mundo poéticamente; no es retórica porque es una férrea activista por los derechos humanos de las personas afrodescendientes en Costa Rica y América Latina, tanto, que aboga por la penalización del racismo.

Campbell mira el mundo con sus ojos color miel y lo encara con un cuerpo “rotundamente negro”, como escribió en su famoso poema. Hay dulzura y arrojo en ella, así como vulnerabilidad y potencia.

Una mujer negra que se conmueve profundamente al hablar de sus hijos, a quienes desea que crezcan en una sociedad igualitaria, no solo entre hombres y mujeres, sino entre personas de diferentes etnias.

En el marco del Decenio de Internacional para la Población Afrodescendiente, Campbell fue invitada al Primer Encuentro de Mujeres Escritoras Afrodescendientes de Centroamérica y el Caribe, que llevó a cabo del 20 al 23 de agosto la Cátedra de Estudios de África y el Caribe de la Universidad de Costa Rica (UCR).

El objetivo fundamental del evento, que se celebró durante el mes histórico de la afrodescendencia en el país, fue visibilizar los aportes de las mujeres afrodescendientes, sus resistencias, lenguajes, historias, participación política y creación integral frente a las culturas hegemónicas.

En la conferencia inaugural, Campbell contó historias sobre mujeres negras en condiciones de pobreza y marginalidad que en la actualidad se han empoderado y están reescribiendo tanto sus propias narrativas, como la historia de Latinoamérica.

“Tenemos que escribir de nuevo la historia”, dijo esa mañana y reiteró al día siguiente en la entrevista con UNIVERSIDAD.

La sindicalista María Roja, de Colombia, la ambientalista asesinada de Brasil, Marlene Franco; las escritoras peruanas Lucía Charún y Mónica Carrillo; todas son afrodescendientes que representan a las 100 millones de mujeres negras que habitan América Latina.

Para la poeta y activista Shirley Campbell no se debe sentir vergüenza en ser feminista, “porque yo creo en la igualdad entre hombres y mujeres. Me denomino una feminista negra porque no me separo de mi comunidad afrodescendiente”. (Foto: Miriet Ábrego)

Ellas, como su abuela Vesta Viola, migrante jamaiquina en Costa Rica que se enamoró de Matthew Barr, tuvo cuatro hijas y murió a los 27 años, forman parte de las historias de “lucha y justicia” a las que se refiere con emoción Campbell.

“Somos mujeres negras con necesidad de reconocimiento y de ser escuchadas”, dijo.

Desde hace dos años reside en Panamá por razones laborales, en donde ha asumido un rol activo en las luchas del movimiento afro del país vecino, que está a las puertas del Censo.

“Apoyo los procesos para mejorar la autoidentificación” étnica cultural del censo anterior, explicó, mientras ella misma se autodefine como afrodescendiente rotundamente “feminista, negra y poeta”.

¿Cómo evalúa el movimiento en Costa Rica en comparación con Panamá?

 — Panamá tiene una característica y es que la población afro es mucho mayor que en Costa Rica, a pesar del censo en el que apareció que es un 9 %. Sin embargo, nosotros sabemos casi que a puro ojo que eso no es así, y los afropanameños saben.

Es similar al porcentaje de Costa Rica.

 — El de Costa Rica es un 8.5 %. En Panamá están definidas las dos poblaciones, la afroantillana, como ellos se hacen llamar, y la afro colonial, que llegó durante la colonización y que es mucho mayor. Panamá tiene una característica que no tiene ningún otro país de América Latina y es que tiene una oficina para asuntos afrodescendientes que es la Secretaría Nacional para los Afropanameños. La persona que la dirige es el resultado del consenso del movimiento afro, eso hace que sea un movimiento más fuerte. En Panamá hay una coyuntura particular que ha hecho que el movimiento esté en ebullición. En Costa Rica no me atrevería a decir que hay un movimiento como tal; hay muchas organizaciones, pero nos falta cohesión. Nos hemos acomodado porque Costa Rica tiene una historia particular en términos sociales, políticos que nos hacen no ver cosas que están ahí y evidencian que en muchos aspectos debemos avanzar en términos de derechos y ciudadanía.

¿Podría mencionar algunos aspectos? Don Quince Duncan dijo recientemente que no basta con que el artículo primero de la Constitución Política establezca que somos una nación pluriétnica y multicultural. El tema es cómo se traduce en la educación, en políticas sociales y económicas.

 — El artículo primero no es suficiente, es un paso importante, pero no resuelve nada en sí mismo. En Costa Rica tenemos retos fundamentales porque es un país tremendamente racista, que niega su racismo, que es más grave. La clave es la educación, que cuando no incorpora, no reconoce, no asume su responsabilidad en este sentido, es poco lo que se puede hacer. Yo soy una abanderada de que la educación es la que va a cambiar la percepción que se tiene. La educación (en general)  no incorpora una historia y una participación efectiva de los afrodescendientes, no voy a decir desde hace 300 años, sino milenaria, porque nuestra historia no comenzó con los procesos de trata y esclavitud, empieza mucho más atrás. El sistema educativo tiene una deuda con nosotros. Además, no se penaliza el racismo; la gente puede decir lo que le da gana y no tiene sanción social y menos penal. Eso contribuye a la impunidad.

Está estrechamente ligado a dos imaginarios costarricenses -que son muy metafóricos-: el blanqueamiento de la población y esta noción de que somos “igualiticos”, que nos hace creer que somos muy democráticos, que todo es muy parejo.

— Eso es una falacia. Hay que ver las cifras. Cuándo ves los indicadores de los indígenas, sabemos que no somos tan “igualiticos”. Los procesos de blanqueamiento no solo acontecieron en Costa Rica, sino en prácticamente todos los países de América Latina. Pero las bases del racismo están sustentadas desde los procesos de conquista y colonización, sociedades que fueron divididas por castas. Eso fue tan interiorizado y se instaló en las estructuras de nuestros países, se normalizó de tal forma -a pesar de que se acabaron algunas estructuras evidentemente racistas-, que es muy difícil reconocerlo. El problema es que al reconocerlo tenemos que hacer algo al respecto, cambiarlo. Tendríamos que abrir mano del privilegio y ceder, porque infelizmente del racismo se benefician unos.

El statu quo que se quiere perpetuar.

— Absolutamente. Aunque no se reconozca, la mayoría se beneficia de eso. Es el privilegio blanco que le da a usted no tener que preocuparse de cosas simples, como la mamá blanca que no debe preocuparse de que no dejen a su hija ir con el cabello con trenzas o afro. Para mí es una preocupación. El privilegio que da que usted no se tenga que preocupar de que la policía pare a su hijo de 17 años solo porque es negro y esté en el vecindario equivocado. Yo sí me tengo que preocupar por eso. En Brasil, cada 22 minutos muere un joven afrodescendiente a manos de la policía. El privilegio que tienen los jugadores de fútbol que saben que no les van a gritar “negro de mierda” en la mitad del partido. Eso se llama privilegio.

Hablamos del racismo como estructura de poder que en el caso de las mujeres se profundiza y su trabajo se encamina a develarlo. 

— Yo no puedo salirme de este cuerpo y esta piel, yo me asumo. Mi poesía me da una posibilidad que no tienen otras mujeres, me da una voz. ¿Qué significa una mujer negra? Significa que, en América Latina, los índices de las mujeres afrodescendientes al lado de las mujeres indígenas sean distintos a los índices de las mujeres no afrodescendientes. Por eso hablamos de la interseccionalidad. No es nada más ser una mujer negra, sino que me cruzan otros elementos.  Todavía somos hipersexualizadas. En el servicio doméstico las mujeres negras eran triplemente explotadas porque existe una estructura de estereotipos alrededor de las mujeres negras. En Brasil y Uruguay uno de los mayores empleadores de mujeres negras es el servicio doméstico. Tiene que ver con limitado acceso a ciertos espacios, a la educación. Esa es mi lucha feminista o como se llame -porque en los círculos no feministas el término asusta a la gente-, lo que es absurdo porque quiere decir que no entienden lo que es ser feminista. No hay vergüenza en ser feminista, porque yo creo en la igualdad entre hombres y mujeres. Me denomino una feminista negra porque no me separo de mi comunidad afrodescendiente.

En su conferencia inaugural del Encuentro habló sobre la importancia de reescribir la historia, contar la versión no solo de las mujeres sino de las mujeres negras.

— El Encuentro es un sueño para mí, porque tenemos una gran responsabilidad y tenemos que encontrarnos para eso. Tenemos que reescribirnos porque hemos sido escritas por otros y otras. Ahora se escriben más historias de mujeres costarricenses -yo tengo varios libros-, pero no hay ni una mujer negra. No puede ser que no haya mujeres negras ni indígenas que contribuyeran a la construcción de la identidad de este país. ¿Quién pensó en estas antologías no estaban pensando en las mujeres negras?, ¿quién está investigando sobre nosotras?, ¿quiénes están metidos en las bibliotecas? Históricamente nadie, también ahí hay racismo. Lo que no se manifiesta no existe.

Este primer encuentro estuvo dedicado a Toni Morrison. Ella decía que la mirada blanca no sería la dominante en sus historias, dicho de otro modo, que la mirada negra sería la dominante.

— Cualquier historia que yo cuente es la historia mía, de mi vivencia y ese es el valor que tiene. Muchos autores como Toni Morrison tomaron la decisión consciente de hablar de su mundo y para su mundo. Yo sé para quién escribo: para los afrodescendientes, y espero que todo el mundo se beneficie de eso, porque aprende, se educa y lo disfruta. Alguien tiene que escribir para nosotras y nosotros y quién mejor que yo que conozco nuestras vivencias, nuestra historia; entonces yo quiero llegarle al corazón de estas personas, porque sé que me ven y se sienten identificados conmigo. Yo quiero que las niñas me lean y quieran escribir como yo. Yo quiero contar mi historia.

Hablando sobre la escritura, ¿qué la llevó a la poesía?

— La literatura lo encuentra a uno. Estudié en el Conservatorio Castella donde había talleres de creación literaria. Me gustaba escribir y me metí desde segundo grado. Pero de repente uno descubre que una es invisible, una como individua y comunidad histórica porque todo lo que me leen o cuentan no tiene que ver conmigo; aunque mis profesores hicieron un gran esfuerzo, les voy a dar ese crédito.

Leí en una entrevista de La Nación que fue muy importante (el poeta cubano) Nicolás Guillén.

— Es el primero con el que me encontré, porque en la escuela teníamos un coro de poesía y las poesías que hacíamos la mayoría era de Nicolás Guillén por su musicalidad. Es el referente y será siempre, en particular, él marca un antes y un después. Además, porque Guillén asumió una posición política, desde su condición histórica de hombre negro. Eso fue determinante para mí, eso lo vuelve a uno un activista. En el momento en que uno se asume tiene una orientación más que artística o estética, política. Yo soy una abanderada de que el arte tiene que servirnos para emanciparnos, tiene que ser un instrumento de lucha y así ha sido, los tambores son políticos.

Cuándo hacen el censo a las personas les preguntan con cuál etnia y cultura se identifican, ¿cómo se responde? 

— Es una pregunta complicada. La identidad es una construcción. Yo sé que nosotros somos mestizos, que yo soy mestiza. Hay gente que tiene mis características y no se asume negra. Mi construcción identitaria es que soy una mujer negra. En Estados Unidos una gota negra te hace negro. En América Latina una gota blanca te hace blanco. La construcción de la identidad en América Latina coloca a las poblaciones negras e indígenas en unos escalafones mucho más bajos, entonces nadie se quiere identificar con estas poblaciones. Todos están buscando el antepasado blanco, como si los españoles fueran blancos. Por eso hemos hecho campañas de sensibilización para que la gente se autoidentifique, porque trae beneficios. El entrevistador tiene la obligación de colocar lo que le dice la persona.

Tiene que ver también en cómo nos autodefinimos como nación.

— ¿Por qué es que los costarricenses nos decimos blancos? Porque da un estatus; ¿por qué es que no reconocemos nuestro ascendente afro? Porque la historia nos enseñó que ser afro es ser feos, es ser animalizados, cosas que han cambiado, pero que otras muchas están instaladas en la mente. ¿Por qué es que a los jugadores negros de fútbol cuando fallan un gol la gente les dice negro maldito y o que es un mono? Es culpa del sistema. Hoy mismo a nosotros nos siguen viendo como extranjeros. Este es mi país, yo no tengo otro país, mis padres nacieron aquí, algunos de mis abuelos y abuelas nacieron aquí, yo no tengo otro país.

Pie de foto principal: La afrocostarricense Shirley Campbell se autodefine como “feminista, negra y poeta”, posición a partir de la cual lucha por reescribir la historia de las mujeres negras en Costa Rica y América Latina. (Foto: Miriet Ábrego)

Pie de foto 1: Para la poeta y activista Shirley Campbell no se debe sentir vergüenza en ser feminista, “porque yo creo en la igualdad entre hombres y mujeres. Me denomino una feminista negra porque no me separo de mi comunidad afrodescendiente”. (Foto: Miriet Ábrego)

 


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