México premia la eterna lucha por la libertad de José León Sánchez

La Presea Nelson Mandela, que le entregó en julio de 2018 la Comisión de Derechos Humanos de México, reafirma el compromiso del escritor con el respeto al ser humano, retratado en sus 31 libros publicados.

Cuando José León Sánchez salió de la cárcel en 1967, con libertad condicional, tras 30 años recluido en diferentes centros, entre ellos la isla de San Lucas, empezó una larga lucha por la libertad, propia y ajena, la cual se extiende hasta el presente, en el que sigue ligado a la búsqueda de mejores condiciones para los privados de libertad del país.

Por esa constante preocupación por los reclusos y porque se generen leyes justas y humanas, Sánchez no solo se ha convertido en un autodidacta en varios campos del derecho, sino que además la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México le concedió la Presea Nelson Mandela en el 2018.

El premio le fue entregado en el Día Internacional Nelson Mandela, el 18 de julio, así establecido por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Desde un principio, cuando ingresó a la Penitenciaría Central con 20 años, acusado de un crimen perpetrado en la Basílica de Los Ángeles, del que fue exculpado por la Sala Constitucional en 1998, Sánchez siempre mostró su lado humano en favor de los privados de libertad.

El escritor en su biblioteca, en su casa en San Joaquín de Flores en Heredia.

 

Eso explica, por ejemplo, que gracias al apoyo del sacerdote Carlos Humberto Rodríguez, impulsara un banco de sangre para que ayudara a los reclusos que resultaban heridos en riñas dentro del penal.

A pesar de que hay elementos de la justicia costarricense que le preocupan en demasía y que considera deben cambiarse en beneficio de los ciudadanos y en particular de aquellos que caen en una cárcel, Sánchez considera que en México le entregaron el Premio Mandela en atención a la larga tradición civilista del país.

“A mí me dieron el Premio Nelson Mandela, el cual me honra mucho, porque tanto él como yo sufrimos lo que fue estar encarcelados por mucho tiempo, no por lo que yo soy en realidad, sino por lo que representa Costa Rica en el mundo. Es un agradecimiento a nuestra patria. Su ejemplo ante el mundo, porque hemos logrado libertades y hemos respetado derechos. Acordémonos de que fuimos uno de los primeros países en el orbe en abolir la pena de muerte, en 1870”.

Mandela estuvo en el presidio debido a la política del apartheid que prevalecía en Sudáfrica, a la cual el líder y posterior Premio Nobel de la Paz se oponía, razón por la que lo acusaron y lo metieron a la cárcel durante 27 años.

NO HAY REHABILITACIÓN

Al reflexionar sobre la situación de los reclusos en Costa Rica, Sánchez asegura que el propósito de rehabilitar a los condenados no se cumple y que ese es uno de los aspectos que el Estado debe de corregir, para que se acate lo que establece la Constitución Política.

En su criterio, se dan situaciones que no deberían de ocurrir en una nación que respeta los derechos humanos.

“En Costa Rica es prohibido entrar una propiedad privada, pero no es prohibido salir de ella; no obstante, cuando un reo intenta fugarse hay permiso para que lo maten, lo que atenta contra todos los derechos. Fíjese en la gravedad del hecho”.

El autor de la Isla de los hombres solos insiste en que hay muchos logros, pero sostiene que todavía la legislación tiene numerosos vacíos.

“En Costa Rica los gatos y los perros por medio de la ley animal tienen derechos que no tienen los reos. Sé que esto que digo es muy duro, pero es así”.

Al ganador del Premio Magón 2017 le preocupa, también, la inequidad que se da en la justicia en los diferentes ámbitos.

“En Costa Rica el reo carece de una buena defensa. Esa defensa muchas veces es de mentirillas. Así, una persona entra a un juicio a las siete de la mañana y al final del día termina con una sentencia de 30 años, sin que haya tenido una defensa adecuada, en múltiples ocasiones, porque el abogado defensor desconoce el alcance de las leyes. Esto está mal y hay que corregirlo”.

Sánchez asegura que la ley no es pareja y que los evasores fiscales evaden millones de millones de dólares y siguen tan felices como pocos.

“Los ladrones comunes ni aunque robaran 500 años alcanzarían lo que se robaron los grandes evasores fiscales solo el año pasado. ¿Entonces dónde están los culpables y a quién tenemos que perseguir?”

Desde otra óptica, asegura que en el presente la fuerza del poder audiovisual es tal que hay series “que enseñan a delinquir, contra lo cual no hay sistema educativo que pueda tener las suficientes respuestas para combatir el crimen”.

En el antiguo Palacio de Lecumberri, Sánchez recibió el reconocimiento el 18 de julio. Con la estatuilla del Premio Mandela 2018 que le concedieron en México

UN ÁNGEL EN LA CÁRCEL

Al recibir en junio pasado el Premio Mandela, mucha gente en México y en Costa Rica todavía se pregunta cómo un hombre sin educación, acusado de un crimen atroz y apodado el monstruo de la Basílica, no solo sobrevivió a un ambiente en el que incluso predominaban las pandillas dentro del penal y eran las que en muchos casos decidían quién vivía y quién no, sino que pudo salir convertido en escritor.

La respuesta no se hace esperar un segundo: “Yo conocí en la cárcel a quien fue para mí un ángel, al sacerdote Carlos Humberto Rodríguez que me inculcó que al ser yo inocente, algún día se me iba a hacer ese reconocimiento. Por lo tanto, yo no fui, ni soy, ni seré un hombre rehabilitado. No, contra mí también se cometió un crimen y por él pagué injustamente con 30 años de cárcel. Lo anterior significa que en La Basílica de Los Ángeles se cometieron dos crímenes: uno contra la Iglesia católica y uno contra mí, por el que me acusaron y me condenaron”.

Paralelo a ello, Sánchez descubrió que si aprovechaba el tiempo para enriquecerse culturalmente iba a tener mejores elementos para defenderse. De ahí que empezó por aprender a leer y a escribir bien, porque hasta entonces, apenas si entendía lo que leía. Le pidió, dijo, a la propia Evita Perón, mediante una carta, que le enviara libros sobre derecho penal para conocer a fondo sobre el tema y la sorpresa fue que un día le llegaron varias cajas desde Argentina con los libros solicitados.

Fue en la cárcel en la que José León Sánchez descubrió el poder omnipresente de la palabra, se enamoró de ella y así empezó a hacer en la Penitenciaría El ideal de un día, que era un periódico de una hoja, y fue también en el penal donde empezó a escribir en sacos de cemento La Isla de los hombres solos, texto con el que se convertiría en el novelista costarricense más leído en el mundo.

“Ahora que La Isla de los hombre solos se lee en los colegios me agrada mucho, porque monseñor Rodríguez me decía que la gente tenía que entender que la prisión es peor que un cáncer y que el delito no deja ninguna gloria ni ninguna salud espiritual al ser humano. El delito es un cáncer. Recordemos lo que decía mi personaje Cristino, de La Isla de los hombres solos: por la libertad yo diera una mano y un ojo, y quizá las dos manos, y quizá los dos ojos”.

SIN RENCORES

El escritor aseguró que en su corazón no hay rencor a pesar de las penurias que vivió en las distintas cárceles en las que estuvo y que uno de los momentos más especiales de su vida fue cuando la Iglesia Católica, por medio del padre Ángel San Casimiro, obispo de Alajuela, le pidió perdón.

“Eso es algo que ha sucedido muy pocas veces en el mundo y por eso estoy muy agradecido porque la iglesia me pidiera perdón por el crimen que se cometió contra mí”.

Según Sánchez, no se puede vivir con odio en el corazón, por muy duras que hayan sido las circunstancias que medien en una determinada situación.

Incluso, hoy se atreve a decir que luego de ser por muchos años ateo, quizá hubo un Dios que lo protegió de tantos momentos extremos por los que pasó en su etapa como recluso.

Las fugas, los aislamientos, las torturas: sobrevivir a esas situaciones, algunas de ellas en las que salió herido, solo se explica por un Dios amoroso que debió cuidarlo. Su visión cambió cuando empezó a estudiar el genoma y la arquitectura espectacular que significa un ser humano.

“Siempre recuerdo las palabras de Carlos Humberto Rodríguez: en los momentos de una gran alegría o en los momentos de una gran tristeza, Dios siempre nos está mirando. Me he leído muchos libros religiosos, incluso aquel que me da mucha pena leerlo, en el que dice que Dios se cansó de haber creado al hombre y al cuarto día se cansó, por lo que hizo un diluvio y destruyó al ser humano y eso no es cierto. No hay ningún Dios que haga eso. Tenía mis dudas, pero ahora que sé lo del genoma humano y lo que hay en una sola célula, y pienso distinto”.

Incluso una traducción al inglés de la Isla de los hombres solos llevaba por nombre: God was looking the other way (Dios estaba viendo para otro lado).

El verdadero lenguaje que triunfa, sostiene, es el lenguaje del amor: “Ahora sé que el amor necesita una célula de un hombre y una de mujer para crear la célula madre que va a crear a un ser humano, ahí tiene que existir un gran Dios que nosotros todavía no hemos entendido”.

AL FINAL DEL CAMINO

Después de una vida de ausencias (no conoció a su madre, perdió a su hermana adolescente, a quien mató su esposo), de haber perdido la juventud en la cárcel y luego haber recobrado todo el prestigio y convertirse en un escritor reconocido en México, sobre todo, pero con una obra desperdigada por el mundo hispano por medio de sus 31 libros publicados, ¿qué le puede faltar a una vida de novela de principio a fin como la suya?

“Todavía me faltan cinco minutos por vivir. Ya me compré dos terrenitos en el cementerio de Río Cuarto de Grecia, de donde soy oriundo, en uno me van a enterrar y a la par sembré un árbol de Llama del bosque. Hago, de paso, la propaganda de que los lotes en el cementerio de Río Cuarto son muy baratos, cuestan ₡15 mil”.

Sánchez quiere que su sufrimiento, por medio de sus libros, y sus acciones, le ayuden a mucha gente, porque él se rige por un evangelio particular.

“El evangelio de mi vida está marcado por el amor. No concibo una rosa sin aroma. No concibo un ser humano sin amor. Cuando se creó el mundo se hicieron dos leyes terribles: el bien y el mal, pero debe de prevalecer el amor, a pesar de la bomba atómica y otras creaciones diabólicas”.

Aunque quienes lo conocen saben que Sánchez “amenaza”, al menos, con vivir diez años más para llegar al siglo de existencia, no evade responder cómo le gustaría ser recordado: “Como un poeta. Yo soy un poeta. Mis libros están llenos de poesía”.

 

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