Metáfora de la piedad a través del sexo

En una novela que se adentra en temas como la tortura, la violencia y el sexo;  el escritor argentino Carlos Catania recoge la vida

El escritor Carlos Catania afirma que su novela le gustará algunos y a otros no, pero está seguro de que no soltarán el libro hasta el final (Foto: archivo).

El autor dice que en DIARIO DE BONKA intenta apegarse a los hechos tal cual sucedieron, aunque no niega que sea fácil introducir las afecciones del escritor.

En una novela que se adentra en temas como la tortura, la violencia y el sexo;  el escritor argentino Carlos Catania recoge la vida de una mujer extraordinaria que ha tenido una experiencia única en un contexto de dictadura militar.

Después de investigar durante más de diez años, Catania publicó, el año anterior, Diario de Bonka, una novela que narra la historia de “Bonka”, quien pasa por una serie de experiencias que la marcaron de por vida, entre ellas la sexual.

Entre la realidad y la ficción, Diario de Bonka, publicada en Costa Rica por la editorial Prisma, es una obra sólida y que confirma la calidad de Catania como escritor.

Con el fin de conocer detalles de cómo gestó la historia y otras motivaciones que lo llevaron a escribirla, les presentamos el siguiente extracto de la entrevista con el autor de Las Varonesas.¿Cómo surge la idea de escribir Diario de Bonka y cuánto tiempo de gestación le requirió la novela?
La idea o, mejor dicho, la imagen (pues toda obra nace de una imagen) me la proporcionó Julio Cortázar cuando estuvo en Costa Rica hacia 1976, es decir, dos años antes que Las varonesas se publicara en España. Cortázar me contó lo sucedido a una muchacha en los primeros tiempos de la dictadura militar en Argentina. El hecho me impactó de tal manera que inmediatamente comencé a investigar. Me llevó años. Por correo o por teléfono, me comunicaba con Max Hershell (no es su verdadero nombre), cuya dirección me fue proporcionada por Ernesto Sábato. Más tarde, dos viajes a mi país natal, me permitieron un contacto directo con Max y con los sitios donde transcurre la acción de la novela (que en realidad es más testimonio que novela). La gestación duró años, con prolongados intervalos en que dejaba a un lado lo escrito por considerar que los datos obtenidos no eran suficientes. Algo había que no cerraba. Hasta que un día, como suele ocurrir, hallé lo que, a mi juicio, faltaba.

La novela abarca varios temas como los sueños, la inconsciencia, la violencia y el sexo. En su criterio, ¿cuál de los temas marca más el contenido de la obra?
Quizás el tema más sostenido sea el del sexo. En realidad, Diario de Bonka aspira a ser una metáfora de la piedad a través del sexo.

Siempre hay un deseo del lector de conocer cómo trabaja el escritor, de cuál es el método que emplea. ¿En su caso cómo fue construyendo Bonka hasta llegar a su culminación?
No sé si en mi caso puedo hablar de método. Digamos que cuando una imagen se graba en mi mente, la alimento casi hasta que revienta. Luego, para decirlo de algún modo, la “expurgo”. La exultancia que experimento en un primer momento, cede ante cierta serenidad. Recién entonces ataco de frente y defino las dos islas de que hablaba Borges: el comienzo y el final. A continuación, escribo. Vale decir, relleno el espacio entre ambas islas.

¿La idea original de la novela varió mucho en el proceso de escritura o se mantuvo vigente a lo largo de la redacción del libro?
Salvo pequeñas variaciones, se mantuvo inalterable.

En la presentación del libro en Costa Rica, hecha por  Mario Zaldívar, se discutió mucho si Bonka es ficción pura o por el contrario hay un apego a “hechos reales”. ¿Cuál es su criterio desde la óptica del escritor?
Los hechos, como lo explico al comienzo del libro, son “reales”. Pongo esta palabra entre comillas porque lo que llamamos realidad, en ocasiones no responde a la verdad. Esto ocurre cuando se llama realidad a los efectos de realidades más profundas. Por otra parte, a menudo se llama verdad al error en que todos coinciden. En Diario de Bonka me apego, en la medida de lo posible, a los hechos tal cual sucedieron. Y digo “en la medida de lo posible” porque no es fácil evitar introducir las afecciones del escritor. Imaginé algunos pasajes, como aquél en que el pelotón de fusilamiento se disfraza de mujer, e introduje el personaje de José para resaltar el colaboracionismo del juez y el de Mabel, para confrontar las ilusiones convencionales con el problema de Bonka. Cambié lugares y fechas y, por supuesto, nombres de los personajes. La urna del monje bajo los arcos del Convento de San Francisco ya había sido retirada en esa época, pero me pareció interesante volverla a su lugar. Y así con otros detalles menores, como la obsesión de Bonka, que cree ver a cada rato el Ford Falcon (vehículo utilizado por los represores). El resto ocurrió tal cual, incluyendo diálogos y situaciones, según me fue referido.

Bonka responde a una estructura compleja, que exige una participación activa del lector. ¿Pensó en el aspecto dialógico del que hablaba, entre otros, Bajtín o es un resultado inconsciente de la escritura?
Quizás, como usted dice, sea un resultado inconsciente de la escritura. No había pensado en eso. Desde otro punto de vista, he dicho siempre que los personajes, por más disímiles que sean, pertenecen a una “porción” del autor. En Los hermanos Karamazov, Aliosa, Dimitri e Iván (incluso el bastardo Smerdiakov) constituyen la “totalidad” de Dostoievsky. Por más reales que sean los personajes que transitan en Diario de Bonka, es probable que todos ellos tengan algo de mí. ¿Cómo haría un escritor para no partir de sí mismo? Incluso está presente en las biografías. De todas maneras, los “dictámenes” literarios y todas las teorías acerca de la novela, entorpecen en gran medida el trabajo del escritor. Al respecto, soy muy mal alumno. La novela es el género más libre, más anárquico y desaforado que existe. Sin embargo, queda en manos del escritor resolver la tarea de no ofrecer 100 al lector, sino 70, a fin de que los 30 faltantes los “escriba” el lector.

El tema de la tortura ya estaba presente en su novela Las Varonesas, ¿es una preocupación recurrente en su obra? O hay vínculos temporales e ideológicos entre ambas narraciones?
Es cierto lo que usted apunta. La tortura está presente en Las varonesas y también en El pintadedos. Pero no solo la tortura física, sino la moral, a la que considero más universal y devastadora (aunque en muchos lugares no haya leyes penales para sancionarla). Considero que la vida es una enfermedad terminal y que el ser humano llega a un mundo ya hecho. O se amolda o perece. Un escritor, a mi juicio, es aquél que está conciente de la Gran Mentira que nos rige y su obra es un acto antagónico de lo que una inmensa mayoría llama “realidad”, que no es otra cosa que, como dije antes, los “efectos” de realidades más profundas. Como quiera que sea, los que escribimos somos, en palabras de Ciorán, incurables que protestan, panfletarios en un camastro. Y allá vamos, colaborando en una aventura sin destino.

Dijo que alguien tildó a Diario de Bonka como pornográfica,  ¿cómo separa lo erótico de lo porno y lo sexualmente ético?
La conducta de Bonka no es ni erótica ni pornográfica. Para ella, el sexo es un “elemento” para contrarrestar el “Mal”, para ayudar, para salvar. Si esto es difícil de entender, habrá que leer con atención el libro que, por otra parte, está escrito (a pesar del vaivén temporal) de manera sencilla. Además, la amnesia de Bonka le impide recordar de dónde vienen esos llamados (la luz roja y el timbre), que son algo así como “Vamos, muchacha, alguien te necesita”.

¿Es Bonka una mujer socialmente censurable?
Bonka puede ser socialmente censurable para las personas cuya “ética” exterior disimula la hipocresía aceptada y convencional de su vida cotidiana, que suelen ser las más pacatas y “espirituosas”, con sus clichés de escaparate y cómoda indigencia intelectual. Para personas libres, no atadas a prejuicios, Bonka (como un lector me dijo) es una santa. ¿Por qué hacer del sexo al que ella se entrega un acto de prostitución cuando está claro de qué se trata? Un lector atento nunca caerá tan bajo.

¿Cuáles son los atractivos  del libro para el público costarricense?
Para un autor y, más aún, para quien, en este caso, recrea un hecho tal como ocurrió, esa pregunta resulta muy difícil de responder. El lector costarricense cuenta con una abundante tradición literaria. Ignoro cuáles son los atractivos del libro. A unos les gustará; a otros no. De lo que estoy seguro es de que no lo soltarán hasta el final.

¿Sigue alimentado por Camus, Pavese y Sábato en esta novela?
Me gusta eso de seguir “alimentado”. En efecto, uno se nutre de toda la literatura. El arte se hace sobre el arte. En mi caso,  aunque le parezca raro, no he experimentado apetito por Sábato, Camus y Pavese, aunque los tres discurren por mis venas. Los admiro como escritores, pero no han influido en mí tanto como Musil, Kafka o Witkiewicz. En Diario de Bonka  he permanecido muy solo.

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