Manuel Borja-Villel: “Pretender que la cultura es un lujo es hipotecar el futuro de un país”

El director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid, afirma que los museos deben servir para entender el mundo. (Foto: Katya

El director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid, afirma que los museos deben servir para entender el mundo. (Foto: Katya Alvarado)

En el 2008, tomó las riendas del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, uno de los más visitados del mundo, tiró todo abajo y lo reorganizó bajo nuevas líneas temáticas; se negó a subir el precio de la entrada al museo y aumentó los horarios de gratuidad, hizo acuerdos y trajo nuevas colecciones a las salas. Al 2010, había logrado un aumento de más del 40% en la visitación.

Manuel Borja-Villel, filósofo e historiador de arte de profesión, ha enfrentado, desde el inicio de su gestión, críticas por proponer un nuevo modelo de desarrollo de los museos en España que incluyen trabajos en red y acuerdos con el sector privado. Hoy, el Reina Sofía se ha recuperado de una de sus peores crisis.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que Borja-Villel dirige, es uno de los más visitados del mundo. (Foto: tomada de Internet)

Borja-Villel fue director de la Fundación Antoni Tàpies, del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y, además, preside el Comité Internacional para Museos y Colecciones de Arte Moderno. Recientemente, visitó nuestro país para impartir un taller en TEOR/éTica y una charla en la Universidad de Costa Rica (UCR), y compartió con UNIVERSIDAD sus percepciones sobre la importancia del arte, los museos públicos y la cultura en tiempos de crisis. A continuación, un extracto de esa entrevista.

¿Cuál es la función de los museos?

−Un museo es un lugar que nos permite entender el mundo, que nos ofrece herramientas para entenderlo a partir del arte. Nos hace reconciliarnos con nuestro presente, con nuestro pasado y poder entender el futuro.

También sirve como espacio de encuentro de los visitantes que van al museo y forman una comunidad a partir de su relación con las obras de arte. Estos son grupos de conocimiento, pero también de afectos; en esto de servir para unir el afecto con el conocimiento, posiblemente el museo sea único.

¿Son los museos de arte una vitrina a la belleza o una mirada a la historia?

−Ni una ni la otra, en sentido estricto, y a la vez las dos. Puede ser una mirada a la historia: progresista, reaccionaria, diseñada para turistas o para ser meramente un elemento de consumo, depende quien la haga. Un museo nos sirve para ver dónde estamos, de dónde venimos; a diferencia de otras explicaciones, la obra de arte es más una pregunta que una respuesta y, entonces, en lugar de explicarnos cómo somos, lo que hace es preguntarnos por qué somos, por qué somos como somos, por qué creemos que somos así, y lo hace a nivel capilar, hay un elemento de deseo. Así como las estructuras educativas enseñan la lección, el arte lo que nos propone es la dilección, el juego.

Siendo director de un museo que recibe más de 3 millones de visitas anuales, usted ha dicho que no es tan importante cuántas personas visitan los museos, sino cómo salen de ahí.

−Es que hay una dicotomía falsa entre cultura popular y cultura de élite. Se habla de que el museo ya no es un coto cerrado de los artistas y curadores, sino que es un lugar para el público. En principio sí, la idea del artista romántico en el estudio separado de la sociedad ha dejado de tener sentido, pero la otra cara de la moneda es el museo que, con la excusa de que tiene que ser del público, hace una programación meramente economicista, masiva, donde el público deja de ser sujeto, ciudadano y se convierte en consumidor.

La verdadera dicotomía es entre populismo y cultura. La cultura tiene muchas formas; por eso, más importante que los grandes números, es saber cómo entró la gente y cómo cambió.

Hay que entender que no hay grandes mayorías, sino múltiples minorías que se van asociando alrededor de obras, textos e ideas; lo importante es convertir el museo en un espacio donde todas estas minorías de algún modo negocien. Eso es transformar al visitante en un agente, alguien que hace suya la obra. Convertir al público en agente es el gran reto del museo: ni espectador, ni audiencia, ni consumidor; es público activo, público agente.

En el mundo de los recortes presupuestarios, ¿cómo hacer sobrevivir los museos?

−Hay una tendencia general a la privatización de la cultura, la sanidad y la educación; esto es un problema. No es que tenga nada contra el dinero privado, pero los museos, igual que los hospitales y la educación, tienen que mantener la idea de servicio público. Otro elemento, que va asociado, es el exceso de burocratización: continuamente se exigen papeles, procedimientos, explicaciones a todo lo que estés haciendo. Esto tiene que ver con una cierta sospecha hacia la cultura contemporánea.

Y hay otra falacia, que es muy populista, que en tiempos de crisis primero la economía y luego la cultura o la educación, cuando en el seno humano esto es inseparable, no hay economía sin cultura. Pretender que la cultura es un lujo es hipotecar el futuro de un país.

Ahora, ¿qué hacemos si no hay dinero y no lo va a haber? Pues los museos tenemos la responsabilidad de crear estructuras sostenibles para buscar recursos, siempre teniendo en cuenta la idea de servicio público. Además tenemos que entender que la cultura es un ecosistema, tiene que haber museos nacionales, centros de arte, lugares de producción. Por supuesto, para un museo como el Reina, como el Prado, como el Louvre, es fácil conseguir medios, pero es absolutamente necesario, estamos todos juntos en este cambio de paradigma y tenemos que ser solidarios, pues entre todos tenemos que buscar nuevos modelos de gestión, de relaciones, de educar, de pensar la historia, de modo que la razón final no sea ni la populista, ni la contable, sino la educativa y la de crear espacios de libertad.

¿Cómo democratizar el acceso al arte que hay en los museos?

−Primero es permitir el acceso a todo el mundo. Pero es más que eso, hay que crear estructuras de mediación, programas educativos donde no se trate al visitante como si no supiera nada, etc. A veces me da la impresión de que dar acceso a museos, así como a la educación, se resume meramente en dar acceso al consumo de espectáculos y esto forma parte de una estructura alienante, donde lo importante es que la gente gaste lo más posible. Por eso es importante replantearse las cosas, porque igual que en política hay una crisis estructural, estos cambios se están produciendo a nivel de cultura.

¿Cómo potenciar el arte y su difusión?

−Primero, estamos en un cambio de paradigma y el modelo casi dominante es el de franquicias. Esto ayuda un poco, pues es mejor que se vea algo a que no se vea nada, pero esto funciona por razones económicas, como una nueva forma de colonialismo. Es importante replantear las estructuras y para eso hay que trabajar en red, no en franquicia, entendiendo que el mundo del arte ya no es de los estados-naciones y tampoco puede ser una cosa globalizante donde prime lo financiero. Es crear una estructura en la que cada uno trabaja de un modo específico, en su realidad pero conectado con todos los demás y con cambios de escala, pues en las redes hay centros muy pequeñitos, grandes, lugares de estudio, lugares de exposición, de debate, centros con una visión más política, más estética, y creamos juntos una historia coral donde cada uno aporta lo suyo.

Otra cosa es replantear la premisa desde la que se entiende que los museos son dueños de las obras. Esto no es así, los museos son solamente custodios, las obras pertenecen a todo el mundo. ¿De quién es más el Guernica, del Reina o del Estado Español, o de quien tiene un póster en su casa y lo mira continuamente? Es de todos, de cada uno de manera distinta.

La cultura es un derecho, ¿cómo hacerlo valer en el mundo actual, ya que es un derecho al que no todos tienen acceso?

−Pues igual que la vivienda o el alimento, son derechos que hay que reivindicar. No es gratuito ni es para tener una vida más amable, es un modo de ser más libres, de saber mejor, de entender qué tipo de economía y de sociedad queremos. Vivimos una época complicada, hay un cambio también en el papel del artista, y hemos de saber encontrar nuestro lugar. Ahí es muy importante generar plataformas para luchar por estos derechos, porque “Papá Estado” ya no nos los va a dar ni los va a reivindicar por nosotros.

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