Los monstruos del claroscuro pandémico

Cuatro pensadores costarricenses reflexionan en torno a la pandemia causada por el Covid-19, sus manifestaciones sociales, económicas, políticas y culturales y los cambios que se avecinan al otro lado del túnel.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

La frase del teórico marxista Antonio Gramsci (Italia, 1891-1937),  la citó el filósofo costarricense Roberto Herrera en entrevista con UNIVERSIDAD, medio que conversó con cuatro pensadores en torno a la pandemia causada por el Covid-19 y que azota al mundo desde principios de este año.

Ellos han pensado en este contexto como un ejercicio intelectual, para aportar ideas a la reflexión y el debate en nuestro país que no escapa a una aguda crisis no solo sanitaria, sino socioeconómica, política y cultural.

Este Semanario entrevistó a los filósofos Dorelia Barahona, Dina Espinosa y Roberto Herrera, y a la socióloga Nancy Piedra, quienes expusieron las preocupaciones e incertidumbres que los asaltan y que giran en torno a temas que, de modo contundente y doloroso, se desnudan entre la población.

La enfermedad y la muerte, el espacio hacinado, las cuarterías, la desigualdad y la pobreza, la ética y la solidaridad, el egoísmo, la salud mental y la vulnerabilidad fueron analizados, entre otros aspectos relevantes, a lo largo de las conversaciones.

El diseño en las urbes y los cuerpos en el espacio como una manifestación estética, sensible y material, es la temática que Barahona estudia en estos meses en su rol de investigadora de la Escuela de Filosofía de la Universidad Nacional.

“Nos hemos acostumbrado a vivir el espacio de una forma y la pandemia nos obliga a cuestionarnos esa manera en que vivimos y experimentamos y deseamos en ese espacio. Esto implica que somos cuerpos, materia”, dijo.

Para Espinosa, la pandemia pone de relieve la noción de crisis y los valores, creencias y orientaciones con que vivimos esa conflictiva realidad.

¿Cómo hemos estado haciendo las cosas? ¿Cuáles son las soluciones para enfrentar y adaptarnos a los cambios que impone la cruenta situación? ¿Tenemos claro hacia dónde vamos y con qué perspectiva?

Estos son algunos de los cuestionamientos que plantea Espinosa, quien además hace referencia a la muerte y sus rituales -como el funeral- que se han truncado, y que vuelven aún más difícil el proceso del duelo.

A las preguntas de Espinosa responde indirectamente la socióloga Piedra, al explicar que la coyuntura pandémica la aborda a partir de la tesis de que se viven dos crisis: una sanitaria y una socioeconómica.

“Tenemos dos crisis que se relacionan entre sí; una impacta a la otra, pero que podemos diferenciarlas para comprender las particularidades en términos de las lógicas y principios que tienen”, precisó Piedra.

Como solución, la científica social agrega que un sector de la sociedad civil organizada, en el cual ella participa, impulsa lógicas diferentes de gobernanza como la economía social solidaria, para poner en cuestión y romper el esquema del sistema capitalista que ha puesto el acento en el crecimiento económico y el Producto Interno Bruto (PIB).

Finalmente, Herrera destaca que a lo largo de la historia las pandemias se han vinculado con las transformaciones profundas de las sociedades.

Pone como ejemplo la peste del cólera que se desató en Europa durante la revolución de 1830, conocida como las Tres Gloriosas, que inició en Francia y se extendió en la mayoría de las naciones del continente.

“El otro gran movimiento es el de 1920, con la pandemia de la influenza española y el momento de la revolución rusa y su bolchevismo. Es el mismo periodo de Max Weber, el surgimiento del expresionismo alemán, el cine moderno y el fin de las matemáticas clásicas”, anotó.

A continuación ofrecemos un extracto de las reflexiones de los pensadores consultados:


“Las reivindicaciones sociales tienen que volver. Las condiciones de la materia son objetivas y la salud es objetiva. La pobreza y la enfermedad van de la mano, eso nos está diciendo esta crisis”, Dorelia Barahona.

La pandemia nos llama a tierra.Dorelia Barahona, escritora y filósofa

— Somos un cuerpo material. La pandemia ha restituido a los cuerpos físicos en su rol de importancia, no solamente para vivir día a día sino para mantenerse sanos.

A partir de esa evidencia de que necesitamos un espacio para mantenernos sanos, yo cuestiono el abandono y la abulia en que se han tenido los espacios para la vida de las personas. Como ejemplo están los tugurios, las cuarterías, el hacinamiento y la congestión urbana. La desigualdad y la pobreza son reflejo la una de la otra, que parten de un abandono en las políticas públicas y se manifiesta en el “qué me importan a mí” de los ciudadanos individualmente.

La pandemia nos llama a tierra, nos dice que necesitamos estar sanos en un ambiente y un espacio sano para habitar también nuestro espacio interior. Sino está sano lo de afuera no está sano lo de adentro.

Hemos estado viendo para otro lado, y la pandemia levantó la alfombra y nos mostró el problema migratorio de los nicaragüenses, cuya políticas nacionales y municipales deben revisarse. Esa problemática se invisibiliza y se muestra solamente el Festival de La Luz en un metáfora constante sobre la oscuridad y las tinieblas.

Esta crisis de salud saca a luz la forma de vida de muchísima gente que vive, no en dos o tres cuarterías, sino en 400; en donde vive hacinada sin agua, sin acceso a la salud, en una cadena de la miseria. No solo es un cuarto chiquito, es lo que implica ese sistema de vida en que vive con lo mínimo.

Esa migración no es contabilizada por el Estado para crearle un hábitat mejor y tampoco se contabiliza porque ellos no quiere ser chequeados en los censos. Los hacemos invisibles y ellos también se autonombran invisibles, y la pandemia rompe eso porque lo desestructura todo. Cada vez la desigualdad es más grande en Costa Rica, los ricos son más ricos y los pobres son más pobres.

Las reivindicaciones sociales tienen que volver. Las condiciones de la materia son objetivas y la salud es objetiva. La pobreza y la enfermedad van de la mano, eso nos está diciendo esta crisis.

No es solo ver la foto del tugurio, de la cuartería, sino ver en esa imagen las emociones y el mundo sensible que hay ahí. Todo ese sistema tiene que ver con lo ético porque es realmente inconcebible que las personas no tengan acceso a lo básico para la salud.


“Ahora tenemos la obligación de discutir y enfrentar los problemas que tenemos y buscar soluciones, pero no podemos si no tenemos claro en cómo y hacia dónde y con qué perspectiva a futuro”, Dina Espinoza.

 

Amarrar a la muerte como en Uvieta. Dina Espinosa Brilla, filósofa de la Cátedra de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica

— Pensar en la crisis en términos filosóficos es muy relevante. Es poner en duda o revisión todo lo que nos acontece, los valores, las orientaciones generales que uno tiene para la vida.

Esta crisis nos plantea cuál es nuestra visión de mundo, hacia dónde queremos ir, cómo hemos estado haciendo las cosas, qué no hemos estado haciendo bien. Si hay una crisis es porque algo falló.

Ahora tenemos la obligación de discutir y enfrentar los problemas que tenemos y buscar soluciones, pero no podemos si no tenemos claro en cómo y hacia dónde y con qué perspectiva a futuro.

Tenemos que plantearnos escenarios como el autocuidado en su dimensión ética personal y comunitaria; en el espacio del accionar político, ¿qué vamos a hacer?, ¿vamos a colaborar o no? Alguna gente no distingue entre el querer y el deber de colaborar que, como civiles, nos tocan dentro de una organización social que tiene ciertas exigencias.

Falta preparación y educación para la vida en democracia, y sobre todo voluntad política en distintas esferas estatales. Tuvimos la oportunidad de tener unos números muy deseables en cuanto a contagio, pero luego la gente relajó medidas. No es que la apertura implique hacer lo que viene en gana.

¿Cómo enfrentar la muerte? Es una pregunta de toda la historia de la humanidad. La filosofía surge a partir del enfrentamiento con la muerte. ¿La vida para qué? ¿Cuál es su fin último, ulterior?.

En la posmodernidad la gente se queda con su opinión o creencia, pero una creencia no es un saber. Hay gente que dice que no hay pandemia, y que ya oraron y están libres de contagiarse o que solo le da a las personas malas.

Esto tiene que ver con el miedo que hunde sus raíces en el miedo a morir. ¿Para qué desarrollamos el conocimiento? Para mantenernos vivos. Este límite nos recuerda que estamos en una absoluta vulnerabilidad, nos lo vuelve señalar y queremos buscar una manera de estar a salvo.

Es una sensación de que algo nos puede poner en alguna medida a salvo de la muerte, diciendo “a mí no me va a pasar”, y si me contagio me va a dar leve. Es amarrar a la muerte como en Uvieta.


“En nuestra visión humanista juegan elementos como es el bienestar físico y emocional, el bienestar de los trabajadores, la generación de empleo, y la creación de mercados de intercambio alternativo, como el trueque”, Nancy Piedra

Hay dos crisis: una sanitaria y otra socioeconómica. Nancy Piedra, Directora del Programa de Posgrado Centroamericano en Sociología de la UCR

— Tenemos un panorama donde coexisten dos crisis que se relacionan entre sí y que obedecen a lógicas y principios distintos. Por un lado está la crisis sanitaria que trata de resolver un equipo de trabajo con una perspectiva humanista, y que obedece a valores de política social universalista y proteccionista.

Este equipo se enfrenta a un equipo económico con una perspectiva y enfoque fundamentado en políticas de corte neoliberal, no solo en la lógica del mercado como regulador del sistema económico, sino anclado en políticas conservadoras y regresivas, impulsadas por sectores como la cámara de empresarios (Uccaep) que ganan terreno en medio de la crisis humanitaria.

Estos sectores poderosos económicamente buscan una reestructuración del Estado, que achique las instituciones públicas. Es una paradoja.

Hay un tercer actor político, constituido por el Presidente de la República  y su equipo más cercano, que no tienen un nivel de liderazgo contundente y la claridad para determinar a qué le da más peso.

Acuerpado por el equipo económico, el Ejecutivo ha planteado propuestas que atentan contra los trabajadores, entre ellas, el 15% de reducción de la jornada laboral, que implicará una reducción en los salarios y que impactará de forma negativa a instancias como la Caja Costarricense del Seguro Social e implicará una reducción en la liquidez de los hogares, con la consecuente contracción de la demanda en el mercado.

Yo participo en el grupo denominado En pro de la solidaridad, conformado por sectores universitarios, de mujeres y ambientalista. Impulsamos lógicas de desarrollo basadas en la economía social solidaria, para romper la lógica centrada en el crecimiento económico, en el Producto Interno Bruto (PIB), ya que deja de lado otros aspectos de la vida en general.

En nuestra visión humanista juegan elementos como es el bienestar físico y emocional, el bienestar de los trabajadores, la generación de empleo, y la creación de mercados de intercambio alternativo, como el trueque.

A la vez propugnamos por un desarrollo económico más igualitario, que considere el trabajo reproductivo de las mujeres y lo que implica en el trabajo productivo, aspectos invisibilizados y relacionados con el cuido”.


“En el momento en que hay más tribulación, más incertidumbre y fragilidad, es cuando la humanidad logra inventar lo nuevo”, Roberto Herrera.

La pandemia va a revelar la esencia de lo que cada quien es. Roberto Herrera, profesor de filosofía política de la Universidad de Costa Rica

— A veces parece que la humanidad avanza por el costado malo; sin embargo, en el momento en que hay más tribulación, más incertidumbre y fragilidad, es cuando la humanidad logra inventar lo nuevo.

Estoy muy lejos de esa idea de que la peste nos va a hacer mejores. Va a pasar que la pandemia y la crisis económica y social, van a revelar la esencia de lo que realmente cada quien es.

La gente que es solidaria va a ser más solidaria, la gente más valiente va a ser más valiente, la gente que solo le interesa sus negocios y ganancias solo le va a interesar sus negocios y ganancias. Por primera vez eso se va a reflejar en primer plano, va a ser transparente.

Oyendo a los jefes de la Uccaep está claro que lo que les interesa es su dinero. Poco les falta decir: que mueran los que tienen que morir.

Lo que pasa con la pandemia es que te permite ver con transparencia el alma de las personas. No hay engaño. Deja caer la verdad con todo su peso.

Aquí hay dos guerras: la de la humanidad contra la pandemia, y otra que es la guerra de los gobiernos y los ricos contra sus propios pueblos. Los intelectuales tienen la labor de colocar eso en debate.

Las medidas sanitarias que serían necesarias para resguardar a las personas no se llevan a cabo por la guerra económica. Es muy evidente que hay una relación entre el contagio y la exposición en el trabajo, y mientras no se toquen los intereses de los más ricos, la política sanitaria va a fracasar.  ¿Cómo hacés una cuarentena en una cuartería?

¿Qué revela la crisis sanitaria? ¿Es producto de la irresponsabilidad personal de cada uno?  No. Es la Costa Rica profunda que se ha construido en 30 años de neoliberalismo, son los más empobrecidos, los que están en primera plana por la pandemia.

Otra cosa interesante es la relación del tiempo y la naturaleza porque la pandemia no es un castigo de Dios, sino que tiene que ver con la relación violenta contra la naturaleza y la acción violenta se devuelve.

Nosotros creemos que esto se va a resolver con el tiempo corto del capitalismo, y la naturaleza se va a tomar todo el tiempo que sea necesario para que el virus cambie, mute o decida irse, es el tiempo largo de la naturaleza y no el tiempo veloz del proceso de producción. La ilusión es que va a pasar algo que va a resolver esto ya.

Por eso es un gran momento para tomarse en serio al movimiento ecologista que hasta hace cinco meses sonaba muy radical y que ahora empieza a sonar muy sensato.

La pandemia ha ayudado a pensar en el problema de la finitud del capitalismo como modelo societal y de la finitud de la naturaleza. Hay solo un planeta y hasta el momento nos sabemos si se puede habitar otro lugar del universo.


 

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